Decidí caer en la tentación
Hoy he estado releyendo los post que he ido escribiendo desde que comencé este blog. En principio no pretendía hablar sobre mis sentimientos ni sobre el amor pero he acabado contando mi historia. Por pura casualidad este pequeño rincón de la red ha sido testigo de un importante cambio en mi vida, porque cuando empecé a escribir no me podía imaginar que dos meses más tarde iba a conocer a alguien que me iba a marcar de esta manera. La verdad es que me ha venido de perlas el ir escribiendo todo porque ahora puedo volver atrás y ver como han ido cambiando mis sentimientos.
En un primer momento prácticamente no me fijé en él, no era más que un chico mono con el que crucé un par de palabras en una noche de fiesta en la que estaba con mi pareja. Luego llegó el día en el que hablé realmente por primera vez con él y me pareció muy simpático, un hombre interesante. Nos vimos varias noches más y seguimos hablando. Siempre me hizo sentir algo, aunque en un primer momento yo no me diera cuenta o no quisiera ser consciente de ello… fuera como fuera llegó un día en que me percaté de que él no era uno más, que buscaba involuntariamente el encontrármele, que me encantaba mirarle y se me aceleraba el pulso cuando le tenía cerca. Y no es que no hayan aparecido hombres que me hayan atraído físicamente durante los años de relación con mi ex, es que con él no era sólo una atracción, era un cúmulo de sentimientos que me hacían morirme de ganas de encontrar un momento para dedicárselo.
Esos ratos en los que mi novio estaba de cachondeo con sus amiguetes y me dejaba sola, dejaron de ser malos para pasar a ser momentos en los que podía hablar con él, aunque sólo duraran cinco minutos merecían la pena. Y así fui cayendo en sus redes poquito a poco. No sólo despertaba mis más bajos instintos al estar cerca de mí, sino que también me lo pasaba genial escuchando lo que me contaba y riendo juntos. Muy pocas veces tenía la oportunidad de que mis amigas también se alejarán un poco y poder tenerle sólo para mí, pero esos momentos me volvía loca de verdad. Llegaba a mi casa con él en la cabeza y en una de esas ocasiones me habló de tal manera que me produjo un calentón que me duró todo el fin de semana… y si eso lo conseguía tan sólo con sus palabras no quería ni imaginarme lo que podía conseguir con su cuerpo. Así que, ¿qué podía hacer? Pues lo que hice, dejarlo todo para perderme con él. Qué orgullosa me siento de haber tomado esa decisión.
Y que sufran todas esas lobas que andaban detrás de él contoneándose e intentando calentarle porque es a mi a quien mete en su cama cada noche y a quien hace gozar, y yo soy la que puede besar y lamer cada centímetro de su piel y despertar a su lado cada mañana.
En un primer momento prácticamente no me fijé en él, no era más que un chico mono con el que crucé un par de palabras en una noche de fiesta en la que estaba con mi pareja. Luego llegó el día en el que hablé realmente por primera vez con él y me pareció muy simpático, un hombre interesante. Nos vimos varias noches más y seguimos hablando. Siempre me hizo sentir algo, aunque en un primer momento yo no me diera cuenta o no quisiera ser consciente de ello… fuera como fuera llegó un día en que me percaté de que él no era uno más, que buscaba involuntariamente el encontrármele, que me encantaba mirarle y se me aceleraba el pulso cuando le tenía cerca. Y no es que no hayan aparecido hombres que me hayan atraído físicamente durante los años de relación con mi ex, es que con él no era sólo una atracción, era un cúmulo de sentimientos que me hacían morirme de ganas de encontrar un momento para dedicárselo.
Esos ratos en los que mi novio estaba de cachondeo con sus amiguetes y me dejaba sola, dejaron de ser malos para pasar a ser momentos en los que podía hablar con él, aunque sólo duraran cinco minutos merecían la pena. Y así fui cayendo en sus redes poquito a poco. No sólo despertaba mis más bajos instintos al estar cerca de mí, sino que también me lo pasaba genial escuchando lo que me contaba y riendo juntos. Muy pocas veces tenía la oportunidad de que mis amigas también se alejarán un poco y poder tenerle sólo para mí, pero esos momentos me volvía loca de verdad. Llegaba a mi casa con él en la cabeza y en una de esas ocasiones me habló de tal manera que me produjo un calentón que me duró todo el fin de semana… y si eso lo conseguía tan sólo con sus palabras no quería ni imaginarme lo que podía conseguir con su cuerpo. Así que, ¿qué podía hacer? Pues lo que hice, dejarlo todo para perderme con él. Qué orgullosa me siento de haber tomado esa decisión.
Y que sufran todas esas lobas que andaban detrás de él contoneándose e intentando calentarle porque es a mi a quien mete en su cama cada noche y a quien hace gozar, y yo soy la que puede besar y lamer cada centímetro de su piel y despertar a su lado cada mañana.





