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Gata Salvaje
Maullando sobre los tejados

Acerca de

Así soy yo, dulce como un gatito pero también sé sacar las uñas si la ocasión lo requiere. gatasalvaje_massassi@hotmail.com Contadores Web
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Sindicación

 
Ser la invitada
Hay una cosa que me fastidia muchísimo y es el hecho de que cuando vamos de visita a una casa de una amigo o amiga, pareja o lo que quieras que todavía viva con sus padres, en el 90% de las ocasiones estos te van a dar el coñazo.
El ámbito que más nerviosa me pone es el de la comida, precisamente aquel en el que más pesados se suelen poner. Es de buena educación ofrecer algo a los invitados pero no hace falta obligarles a comer. A mi me parece muy bien que quieran quedar bien y me ofrezcan todo lo que tengan en la casa y se lo agradezco, pero si digo que no me apetece no es porque tenga vergüenza sino porque de verdad no me apetece. En estos casos tampoco es tan difícil salir del apuro porque les aceptas un café te comes una pastita y ya se quedan contentos pero cuando vas de invitada a comer la cosa se complica. Recreación de una situación típica:

- ¿Quieres un filete o dos?
- Uno, por favor.
- ¿Sólo? No, no, tú te vas a comer dos.
- No gracias, que yo soy de comer poco y no me apetece, en serio.


Y al final te ponen dos. Y te están dando la plasta durante toda la comida para que te lo comas todo. A los filetes tienes que añadirle el platazo de macarrones que te han hecho tragarte antes y cuando crees que ya ha terminado y te van a dejar tranquila viene el postre. No les basta con que te tomes un café sino que te sacan la “carta” de postres de la madre o abuela y te presionan hasta que dices que sí para que se callen.
Te has puesto literalmente hasta el culo y te toca quedarte sentada escuchando su conversación mientras intentas superar el dolor de tu estómago. Si tienes suerte podrás irte pronto pero como pase una hora y media o dos y sigas en la casa van a empezar a ofrecerte cosas para merendar.

- “Venga, come algo que estás muy delgada”.

Es horrible, tanto ir al gimnasio e intentar seguir una dieta equilibrada para que en un rato te hagan ganar cuatro kilos… te dan ganas de matarlos a todos. Y tú te preguntas, ¿si comen todos los días así cómo es que todavía no han reventado?

Si la casa que visitas es la de un tío con el que estás liada además del eterno show de la comida va a haber otro paralelo inmiscuyéndose en tu vida. Vamos, que no te preguntan con cuantos tíos te has acostado a lo largo de tu vida por guardar un poco el decoro.
La madre un chico del que no quiero dar ningún dato no vaya a ser que lea esto y se de por aludido, es ya un caso extremo de cotilla. Estando los dos encerrados en su habitación la mujer abre disimuladamente la puerta, asoma la cabeza, se nos queda mirando y pregunta: ¿qué hacéis? En el caso de que tengas el ordenador encendido o estés con unos papeles o algo así se te acerca, cotillea por encima de tu hombro y pregunta, como no, para quedar bien enterada de todo.
No sé pero a mi me daría un poquito de vergüenza el meterme de esa manera en una habitación con una pareja por lo que me pueda encontrar. Nada, que en uno de esos ¿qué hacéis?, dan ganas de contestar: “pues nada, echar un polvo si conseguimos que nos dejes en paz”.
No