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RARO ENTRE LOS RAROS
Sensaciones, pensamientos y reflexiones de un homosexual
Sindicación
 
¡DIABLILLOS!
Estoy consternado, como buen gay preocupado por el mundo de la moda que soy, por la noticia de la semana: Dolce y Gabbana se han separado. Después de veinte años en la cumbre de la moda y del amor, han decidido acabar con su relación. Pero lo mejor es que lo han hecho de la manera más civilizada posible: siguen trabajando juntos y se llevan bien. Un ejemplo que ya les gustaría seguir a muchas parejas heterosexuales, que acaban tirándose los trastos por menos de nada. Pues no, éstos han sido muy politicamente correctos, y algo interesados también, para qué negarlo, ya que disolver una sociedad que está valorada en 600 millones de euros no es algo que se haga así a la ligera. Vamos, digo yo.

Tambíen he estado pendiente del joven sevillano que ha sido acosado por algunos de sus compañeros por ser homosexual. El chico salió del armario en el colegio, y la reacción de algunos alumnos fue gritarle "maricón, pégate a la pared", escupirle, empujarle al servicio de las chicas y esas cosas tan típicas de los "machitos de la clase". Para que luego digan que la sociedad ha cambiado, que es más tolerante con los gays. Y una mierda. No nos equivoquemos. La sociedad ha evolucionado, pero no tanto como nos creemos, o nos quieren hacer creer políticos, medios de comunicación y otras "elites".
Gran parte de la sociedad española sigue siendo cavernícola, machista y homófoba. Y si lo son chicos de 15 o 16 años, qué no serán gente de 50 y 60.

Y a todo esto, el Papa, con traqueotomía y todo, saca un libro. "Memoria e identidad" se llama. Y por supuesto, se refiere a nosotros, como no podía ser menos. Hay cosas que no cambian. Tiene una obsesión que ya es preocupante. Yo me la haría mirar. Dice que los homosexuales estamos poseidos por el diablo. Pues lo que nos faltaba: de rojo, con cuernos y un tenedor siempre dispuesto. Ni que fueramos Cardenales.
 
ZOO LOCO
"Un zoo germano importa cuatro hembras de pingüino desde Suecia para intentar seducir a seis machos homosexuales". Noticia recogida por el Diario El Mundo del pasado martes, y a tres columnas.
Por lo visto, de cinco parejas de pingüinos que se han formado (no sabía yo que estos animales eran tan poco promiscuos) hay tres que son homosexuales. Y los del zoo están preocupados, porque no les aumenta la población pingüinil (o como se diga), y por eso les han traído a varias pingüinas suecas (como en las películas de Alfredo Landa), que deben ser tremendas, para que les seduzcan y les hagan cambiar su orientación.
Desde este blog, una llamada a estos pingüinos alemanes: "resistid, amigos, resistid", que si no, luego saldrán dos o tres científicos jactándose de haberos cambiado a base de unas pingüinas sexys, y después, otros médicos diciendo que si con estos animales lo han conseguido, con los humanos por qué no. Y ya la tenemos liada.

De todos modos, no sabemos lo que pasará, pero eso sí, que nos tengan informados, que se ocupen de hacer el seguimiento de esta noticia "tan importante" (recuerdo que iba a tres columnas) según El Mundo.
Pues no sé si será una coincidencia, pero a mí, de toda la vida, los animales que más me han gustado han sido los pingüinos y las jirafas. Dicho queda, por si dentro de unas semanas las jirafas lesbianas hacen su aparición...
 
DISFRAZ
Pues ya estamos en febrero, así como quien no quiere la cosa. En plenos Carnavales, momento en el que mucha gente aprovecha para disfrazarse de aquello que le gustaría ser.
Y hablando de disfraces, hoy he conocido el caso de un hombre que, para todo el mundo que le rodea, es el "perfecto" heterosexual: casado, con un hijo, con una vida modélica y un trabajo normal. Pero resulta que él, en su interior, sin su "disfraz" de hetero, se siente gay. Y la verdad es que lleva una doble vida con mucho mérito (porque para eso hay que valer) pero con mucho engaño. No sólo un engaño a sí mismo, sino a los demás. Supongo que le compensará.

Siempre todos los gays, en mayor o menor medida, hemos estado acostumbrados a una doble vida, a saber qué podíamos decir o no decir en tal o cual circunstancia, a distinguir en qué compañías podíamos expresarnos y comportarnos con total libertad, y en cuáles no... Es algo que nos ha acompañado en algún momento de nuestras vidas. Hemos fingido por el qué dirán, por la sociedad, así en general, o en particular, por la familia y la gente que la rodea. Y la verdad es que lo de fingir cansa, pero ahí está cada uno para decidir hasta dónde quiere llegar. Yo decidí un buen día que sólo se lo diría a la gente que me importara. Los demás que piensen lo que quieran, o que se imaginen lo que les apetezca. Son muy libres. Ellos sí. Algunos de nosotros, tristemente, no lo somos tanto.