URANISTA, MÁS QUE URANISTA
Ay, Corripio, Corripio...Si es que con ese nombre, no podía esperarse nada bueno de usted. Fernando Corripio es el autor de un diccionario, el de ideas afines. Y entre estas ideas, se permite asociar el término "homosexual" a los de "invertido", "anormal", "pedófilo", "vicioso", "depravado", "corrompido", "degenerado" y "uranista". A mí que me llame "uranista" me la trae al pairo, la verdad (más que nada porque no sé lo que es), pero que a estas alturas se nos siga asociando con los demás términos, no es de recibo. Y sobre todo, ahora que también está de actualidad ese egregio representante de la homofobia periodística que fue Jaime Campmany, al que Gallardón y el PP de Madrid quieren ponerle una calle. Una idea mejor: que le pongan una avenida: la avenida de la Intolerancia, y ya está, ya han cumplido. Sólo de pensar que un franquista represor, autoritario, censor, homófobo y maleducado pueda tener una calle en la que jueguen niños, por la que pasen taxis y en la que haga obras el propio Alcalde, se me ponen los pelos de punta. Ya de paso, que le pongan a otra calle el nombre de Fernando Corripio. Pero eso sí, mientras, que retiren de las librerías tamaño despropósito, o el ínclito don Fernando se las va a tener que ver con más de un "mariconazo", y lo que es peor, con más de un "uranista".





