PARECE MENTIRA
El día de ayer fue inolvidable. Fui feliz durante dos horas que, además, se pasaron volando. Me vinieron a la mente recuerdos, frases, risas, emociones de un pasado no muy lejano, pero feliz. Ayer canté, salté, grité, lloré y se me puso la carne de gallina. Todo el rato. Rodeado de gente también emocionada, recordando canciones que ya forman parte de ti, que se te han quedado grabadas para siempre, canciones que son como los himnos de tu vida, canciones que te transportan autómaticamente y sin esfuerzo alguno a otras épocas, otros lugares y otra gente con la que compartiste mucho. Ayer las emociones estaban a flor de piel. Confieso que me desbordó. Pero me encantó la sensación.
Parece mentira que después de tanto tiempo, siguiéramos manteniendo la ilusión de volver a vibrar como vibramos ayer. No era 7 de septiembre, pero como si lo fuera. El 15 tampoco está mal. Casi 15 han sido los años que han pasado desde que escuché por última vez en directo esas canciones, que han superado la barrera del tiempo, y que oidas hoy mantienen ese "no-sé-qué-que-qué-sé-yo" (soy incapaz de definirlas).
Ayer me sacudieron por dentro. Me limpiaron. Y eso, de vez en cuando, viene muy bien. Fui completamente feliz. Y eso es lo que cuenta. Eso es con lo que me quedo. Para siempre.
Hay llamas que ni con el mar...
Parece mentira que después de tanto tiempo, siguiéramos manteniendo la ilusión de volver a vibrar como vibramos ayer. No era 7 de septiembre, pero como si lo fuera. El 15 tampoco está mal. Casi 15 han sido los años que han pasado desde que escuché por última vez en directo esas canciones, que han superado la barrera del tiempo, y que oidas hoy mantienen ese "no-sé-qué-que-qué-sé-yo" (soy incapaz de definirlas).
Ayer me sacudieron por dentro. Me limpiaron. Y eso, de vez en cuando, viene muy bien. Fui completamente feliz. Y eso es lo que cuenta. Eso es con lo que me quedo. Para siempre.
Hay llamas que ni con el mar...
QUEER AS FOLK 2
El miércoles me dieron la comida. Éste podría ser el comienzo de una página del diario en la cárcel de Julián Muñoz, pero no, la cosa va por otros derroteros (me encanta la palabra "derroteros").
Estaba viendo tranquilamente el capítulo del día anterior de QAF (los vídeos de todos los gays españoles deben echar humo los martes por la noche) y se me atragantó el melón (iba por el postre cuando pasó lo que pasó) al oír la conversación que mantuvieron Michael-ojos-de-cordero-degollado y David, su pareja. Estuvieron discutiendo acerca de la infidelidad de David, que se había ido a una sauna en lugar de a una cena de negocios, mientras Michael había estado con sus amigos en el Babylon y había rechazado las "proposiciones deshonestas" de un chico (por cierto, ¿por qué será que entre todos los tíos que intentan ligar con el grupo de protagonistas nunca hay ninguno feo, o con un poco de tripa, o calvo, o bajito? cosas de las series, supongo, igual que Tori Spelling en "Sensación de vivir" ligaba). Bueno, resumiendo, la conclusión a la que llegaron es la que hizo que se me atragantara el melón antes mencionado: algo así como que "nosotros somos hombres, e independientemente de si somos gays o heteros, tenemos unas necesidades, y las tenemos que satisfacer, tengamos o no tengamos pareja, así que cuando alguien se nos ponga a tiro y nos apetezca, pues nos lo tiramos, volvemos a casa como si tal cosa, y hala, nos ponemos a hacer la cena o a ver la tele".
"Qué pena", pensé (tras decidir que el resto del melón se quedaba en el plato), "para una pareja gay que parecía que funcionaba, van y te echan un jarro de agua fría y te sueltan así, sin anestesia, que en lo que tú crees que debe basarse una pareja (confianza, complicidad, fidelidad, honestidad, etc, etc) está obsoleto, que tienes que cambiar el chip y pensar que cuando tengas una relación (y como, por suerte o por desgracia, la vas a tener con un hombre) pues a joderse tocan: tendrás que aguantar ese tipo de comportamiento. Así es la vida. Unas veces se gana, y otras se pierde, pero lo importante es participar, como decía Mayra en el Un, dos, tres cuando se llevaban la Ruperta (yo, en mi línea, siempre citando a los clásicos).
Pues no, me niego.
Conclusiones rápidas:
1) Yo soy un hombre (y no una monja, como podrá pensar alguien).
2) No concibo la infidelidad dentro de una pareja, aunque respeto a quien de mutuo acuerdo decida otra cosa.
3) Mis necesidades vitales son comer, beber y dormir.
4) Si quiero sexo (que me gusta como al que más), y tengo pareja, lo tengo con él.
5) Voy a seguir comiendo melón, aunque se me vuelva a atragantar. Me encanta, y hay que aprovechar, que dentro de nada llega el otoño.
Estaba viendo tranquilamente el capítulo del día anterior de QAF (los vídeos de todos los gays españoles deben echar humo los martes por la noche) y se me atragantó el melón (iba por el postre cuando pasó lo que pasó) al oír la conversación que mantuvieron Michael-ojos-de-cordero-degollado y David, su pareja. Estuvieron discutiendo acerca de la infidelidad de David, que se había ido a una sauna en lugar de a una cena de negocios, mientras Michael había estado con sus amigos en el Babylon y había rechazado las "proposiciones deshonestas" de un chico (por cierto, ¿por qué será que entre todos los tíos que intentan ligar con el grupo de protagonistas nunca hay ninguno feo, o con un poco de tripa, o calvo, o bajito? cosas de las series, supongo, igual que Tori Spelling en "Sensación de vivir" ligaba). Bueno, resumiendo, la conclusión a la que llegaron es la que hizo que se me atragantara el melón antes mencionado: algo así como que "nosotros somos hombres, e independientemente de si somos gays o heteros, tenemos unas necesidades, y las tenemos que satisfacer, tengamos o no tengamos pareja, así que cuando alguien se nos ponga a tiro y nos apetezca, pues nos lo tiramos, volvemos a casa como si tal cosa, y hala, nos ponemos a hacer la cena o a ver la tele".
"Qué pena", pensé (tras decidir que el resto del melón se quedaba en el plato), "para una pareja gay que parecía que funcionaba, van y te echan un jarro de agua fría y te sueltan así, sin anestesia, que en lo que tú crees que debe basarse una pareja (confianza, complicidad, fidelidad, honestidad, etc, etc) está obsoleto, que tienes que cambiar el chip y pensar que cuando tengas una relación (y como, por suerte o por desgracia, la vas a tener con un hombre) pues a joderse tocan: tendrás que aguantar ese tipo de comportamiento. Así es la vida. Unas veces se gana, y otras se pierde, pero lo importante es participar, como decía Mayra en el Un, dos, tres cuando se llevaban la Ruperta (yo, en mi línea, siempre citando a los clásicos).
Pues no, me niego.
Conclusiones rápidas:
1) Yo soy un hombre (y no una monja, como podrá pensar alguien).
2) No concibo la infidelidad dentro de una pareja, aunque respeto a quien de mutuo acuerdo decida otra cosa.
3) Mis necesidades vitales son comer, beber y dormir.
4) Si quiero sexo (que me gusta como al que más), y tengo pareja, lo tengo con él.
5) Voy a seguir comiendo melón, aunque se me vuelva a atragantar. Me encanta, y hay que aprovechar, que dentro de nada llega el otoño.
QUEER AS FOLK
Por fin ha llegado el día. Llegó la hora de emitir mi juicio sobre la "serie del momento" (aunque ya tenga sus añitos, se está empezando a emitir en España). Supongo que habrá gente que ya se habrá visto todas las temporadas. Yo no. Ni he podido hacerme con DVDs de importación, ni tengo adsl (que yo creía hasta hace poco que era una enfermedad o una droga) para irmela bajando, ni he dejado que me las cuenten (ahora hay una especie de gays nueva, que, para tirarse el pisto, insiste en contarte con pelos y señales todo lo que va a pasar en los capítulos que aún no han llegado a España, y te dice cosas "misteriosas" del tipo: "pues ya verás la evolución tan rara que tiene ese personaje...bueno, mejor no te cuento nada". Pues coño, cállate y no me digas ni eso).
Pero bueno, entremos en materia.
Antes de nada: menos mal que he sido prudente y he esperado para comentarla, porque si lo hubiera hecho, viendo sólo los primeros capítulos, otro gallo hubiera cantado. La serie se ha "tranquilizado" un poco, afortunadamente. Al principio, dió muchos bandazos de tramas, todas las conversaciones versaban sobre el sexo, los tíos y el Babylon. Ahora, se ha "humanizado" más y se habla de relaciones personales y no sólo sexuales, cosa que se agradece bastante.
QAF, como tantas otras, tiene su punto fuerte en esa relación de amor no consumado entre Brian y Mike. Eso ha funcionado siempre. Baste recordar a Bruce Willis y a Cybill Shephard en "Luz de luna" o, sin ir más lejos, a Nacho y Alicia (o sea, Emilio Aragón y Lydia Bosch) en "Médico de familia". Sólo de imaginarme a Lydia Bosch en su casa viendo un capítulo de QAF, y me da la risa. ¿Qué pensará?
Michael es el favorito de casi todos los gays que conozco, a pesar de estar interpretado por un actor bastante soso y con menos registros que Don Pimpón (se limita a sonreir y a hacer largas caídas de ojos en todas las escenas). Ahora, además, está mucho más valorado por tener pareja estable: ese quiropráctico que todos soñamos encontrar para que además de ESO, nos dé un masajito en las cervicales de vez en cuando. Soso y posesivo sí que es un poco, pero nadie es perfecto.
Brian es el más polémico. Todo el mundo lo odia. Todo el mundo dice que es asqueroso. Todo el mundo dice que no es para tanto. Es el JR gay. Cuando aparece en escena, suena una música como de película porno, y ya sabes que el primer hombre que pase cerca va a ser presa de sus encantos, vamos que va a acabar en su moderno piso y en su cama, casi tan frecuentada como la de Blanche, la de "Las chicas de oro". Por cierto, ¿echará a lavar las sábanas Brian cada vez que las usa con alguien? Si es así, ¿en qué gastará más: en suavizante o en lubricante?
Luego está la madre de Michael, una madre más mariquita que su propio hijo, y que pronuncia la palabra "polla" con mucha más soltura que el propio Brian. Muy enrollada, muy gay-friendly, la mujer.
Y no olvidemos a los amigos fieles: Emmet y Ted. La pluma y la discrección. La loca (que ya no es tan loca) y el soso (que ya no es tan soso). El Yin y el Yan. Les ha pasado de todo en estos primeros capítulos: drogas, sectas, un coma, sadomasoquismo... y nada, tan panchos, han sobrevivivdo y ahí siguen, en su Babylon, tan ricamente, como si nada.
Y para el final, he dejado a Justin, al que sólo le falta mascar chicle y vestir de marinerito con un aro para ser la "Lolita" perfecta que cualquier James Mason (o Jeremy Irons, para los más modernos) querría que se le pusiera a tiro. Ese niño no tan niño al que parece que le han dicho que base su capacidad actoral fundamentalmente en sus labios y su culo, y él, obediente, los potencia, y de qué manera.
En fin, aunque no lo parezca, me gusta la serie y la seguiré viendo, aunque sólo sea para no quedarme fuera de las conversaciones de sobremesa de cualquier cena en la que haya más de dos gays.
Pero bueno, entremos en materia.
Antes de nada: menos mal que he sido prudente y he esperado para comentarla, porque si lo hubiera hecho, viendo sólo los primeros capítulos, otro gallo hubiera cantado. La serie se ha "tranquilizado" un poco, afortunadamente. Al principio, dió muchos bandazos de tramas, todas las conversaciones versaban sobre el sexo, los tíos y el Babylon. Ahora, se ha "humanizado" más y se habla de relaciones personales y no sólo sexuales, cosa que se agradece bastante.
QAF, como tantas otras, tiene su punto fuerte en esa relación de amor no consumado entre Brian y Mike. Eso ha funcionado siempre. Baste recordar a Bruce Willis y a Cybill Shephard en "Luz de luna" o, sin ir más lejos, a Nacho y Alicia (o sea, Emilio Aragón y Lydia Bosch) en "Médico de familia". Sólo de imaginarme a Lydia Bosch en su casa viendo un capítulo de QAF, y me da la risa. ¿Qué pensará?
Michael es el favorito de casi todos los gays que conozco, a pesar de estar interpretado por un actor bastante soso y con menos registros que Don Pimpón (se limita a sonreir y a hacer largas caídas de ojos en todas las escenas). Ahora, además, está mucho más valorado por tener pareja estable: ese quiropráctico que todos soñamos encontrar para que además de ESO, nos dé un masajito en las cervicales de vez en cuando. Soso y posesivo sí que es un poco, pero nadie es perfecto.
Brian es el más polémico. Todo el mundo lo odia. Todo el mundo dice que es asqueroso. Todo el mundo dice que no es para tanto. Es el JR gay. Cuando aparece en escena, suena una música como de película porno, y ya sabes que el primer hombre que pase cerca va a ser presa de sus encantos, vamos que va a acabar en su moderno piso y en su cama, casi tan frecuentada como la de Blanche, la de "Las chicas de oro". Por cierto, ¿echará a lavar las sábanas Brian cada vez que las usa con alguien? Si es así, ¿en qué gastará más: en suavizante o en lubricante?
Luego está la madre de Michael, una madre más mariquita que su propio hijo, y que pronuncia la palabra "polla" con mucha más soltura que el propio Brian. Muy enrollada, muy gay-friendly, la mujer.
Y no olvidemos a los amigos fieles: Emmet y Ted. La pluma y la discrección. La loca (que ya no es tan loca) y el soso (que ya no es tan soso). El Yin y el Yan. Les ha pasado de todo en estos primeros capítulos: drogas, sectas, un coma, sadomasoquismo... y nada, tan panchos, han sobrevivivdo y ahí siguen, en su Babylon, tan ricamente, como si nada.
Y para el final, he dejado a Justin, al que sólo le falta mascar chicle y vestir de marinerito con un aro para ser la "Lolita" perfecta que cualquier James Mason (o Jeremy Irons, para los más modernos) querría que se le pusiera a tiro. Ese niño no tan niño al que parece que le han dicho que base su capacidad actoral fundamentalmente en sus labios y su culo, y él, obediente, los potencia, y de qué manera.
En fin, aunque no lo parezca, me gusta la serie y la seguiré viendo, aunque sólo sea para no quedarme fuera de las conversaciones de sobremesa de cualquier cena en la que haya más de dos gays.





