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Cosas de una Hada
Una puerta abierta a las emociones y vivencias.
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La seducción es un arte en sí misma. La sutil insinuación de las líneas trazando el camino directo al infinito.
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Voz apagada.......


No grites silencio, tu susurro se ahoga en la nada. No clames sonido, tu voz se estrella en el abismo. La garganta seca y dolorida, el llanto no sacia lo suficiente para aliviar un dolor transparente. La rutina hace hueco en los sentidos, se instala cómoda y grácil, es un cálido hogar dónde albergar y clavar raíces. Unas cuerdas vocales rotas y hastiadas, con cortes sangrantes, dejando al descubierto heridas no cicatrizadas. Nudos invisibles que atan las palabras, las van encadenando a lo trivial e insignificante. Las horas quedan atrapadas en el reloj de tu mente, y los minutos se escurren con el leve ruido que provoca las agujas en su andar.

Desgastas los labios, una lucha sin tregua porque el pensamiento se materialice y llegue a los oídos de quién no quiere oír. La batalla está servida, y el muro dónde se estampa la voz inerte sigue su curso, inamovible, imperturbable, y el precipicio de la soledad muestra el sendero dónde dejarse caer es señal de una cobardía perpetua. Las manos vacías y sin marcas hacen de justificación y la ignorancia con su atrevimiento juzga tus actos más banales. El alma, pérdida en los años que los sueños todavía se posaban en tu descanso nocturno. Se quedó suspendida en algún momento, de tanto intentar tocar cielo, vino a estrellarse en el suelo, dejando el hueco directo al infierno. De tanto fuego la esencia se fue fundiendo con la agonía, y un día tras otro van a todas partes unidas con la sonrisa de victoria desdibujada…..
 
Vienes..............


Vienes con tu historia en los ojos, me dejas mirarte un instante y voy leyendo en cada lágrima las palabras que se fueron clavando como dagas. Mientras bebo de tu mirada la sangre que tiñe de rojo y negro la luz que un día se cobijó en ti.
Vienes con la cabeza agachada, hombros caídos y manos cerradas. Proteges con los restos que te quedan el poco latir que todavía desprende tu helado corazón. Y el ardiente aire se esfuma por tus poros opacos.
Vienes con pasos pesados y torpes, tu ser amaga sucumbir a la caída libre, la tierra se mueve bajo tus pies, y pequeños espasmos ponen a prueba tu equilibrio. Tentación de correr a tu encuentro y dejar que mis brazos sean tu soporte más directo. Me quedo expectante.
Vienes con el alma recogida en un atillo tan pequeño que no llena tu bolsillo vacío. Con recelo vas mostrando trazos de lo que fuiste, lo que ya no eres y sabes que no serás. Impulsiva tu voz clama clemencia, pide sosiego y muere en el nudo que atenaza tu garganta. Lloras la impotencia, un campo floreciente que hoy se cubre de cenizas.
Vienes con la desesperación inyectada en la piel, y cuando mis manos luchan por calmar tu ardor huyes al rincón dónde las puertas se cierran y las ventanas se tapian. Oigo tus sollozos constantes y con ellos el dolor diluyéndose en lo inerte que se va evaporando en las gotas que emanas. La tristeza sutil se desliza y nota como lentamente queda relegada a la oscuridad de lo invisible. Y cuando la nostalgia te visita, ella intenta acompañarla. Un día, se quedará en el destierro dónde cumple condena.

Y vuelves…. Y el viento se cuela entre tus ropas, la sonrisa juega a posarse en tus labios, los momentos de alegría revolotean por tu día a día. La calma se hace presente. Y yo sigo expectante………….

Y vuelves….y dejas la ausencia, la cubre tu esencia que camina firme para ser presencia.

 
Destierro.....


Destiérrame al olvido de tu memoria, enciérrame en el abismo de un frío infierno. Con el cuerpo despojado de un todo y cubriéndolo de la infinita nada. Manda mi alma a la perdición, al lugar de dónde las puertas sin cerrojos vigilan con mirada desafiante las valientes manos que luchan por liberarla. Entiérrame en tus pupilas vacías y desencajadas, vacías de ti, vacías de mí, huecas de tanto hastío. Deja que mis pasos corran desquiciados al precipicio de un acantilado sin mar dónde aplacar mi desasosiego. Tápiame con espesor y negrura inerte el cielo que pinta la luz con brillantes estrellas y las desdibuja con la luna llena.

Destiérrame al volcán de fuegos gélidos, dónde sus espadas afiladas harán de mí sangre el fluido que calme su sedienta boca. Abandóname en el huracán de pasivos vientos, y mi caída será su impulso constante. Extiéndeme en el epicentro del terremoto sin movimiento, y me engullirá como arena de roca. Tírame al océano y que sus secas aguas mojarán mis poros cerrados.

Y si en tanto destierro y abandono encuentras de mí lo que un día fui, es por qué algo dejé que naciera en ti……….
 
Tu lienzo...........


Mis dedos, pinceles para pintar en el lienzo de tu cuerpo. Recrear cada rincón, descubrir los pliegues que escondes en espacios sin tiempo. Senderos que dejaron marcas sobre tu piel, momentos suspendidos en retales de ti. Me entretengo con los trazos, desdibujando tus miedos, dando color al abandono de caricias. Diluyo en tus lágrimas el tono oscuro que deja el abismo, se va escurriendo lento por tus líneas más imperfectas y se estrella en el frío suelo, naufragando en su propio vacío. Divago por cada poro, buscando tus expresiones más personales, las emociones que dormitan, los lazos atados con el hilo de la sensibilidad.

La gama infinita de luz se hace paso entre las llamas que se desprenden de tus labios entreabiertos, ese fuego que resurge de entre las sombras para latir con fuerza. Se acelera la esencia perdiendo la noción de un lugar que va perdiendo formas. Movimientos erráticos buscando el compás del calor de lo compartido. La timidez va dejando paso al instinto más esencial, abriendo las puertas y ventanas que encerramos. La brisa de alientos, batalla por llevar las riendas de unas lenguas que mueren y renacen en las bocas sedientas. Intercambio constante y pausado, sin tregua al descanso dejando al silencio de palabras relegado al segundo plano, y los sonidos primitivos se hacen con el protagonismo de un instante que se graba en la piel…

Y una vez más, el amanecer se colará en nuestras sonrisas….
 
Eres, somos...


Me cuelgo tus penas a mi espalda, las dejo instalarse por mis poros, las voy fumando lentamente cuando la soledad me hace compañía. En mis manos las voy retorciendo como barro fresco, y siento que se van diluyendo con el agua que destilan. Las hago mías, porque tu caminas por mis venas, adentro, eres la luz que se nutre del aire que alimenta mi ser. Instalo la ternura de tu mirada en mis ojos, cansados de percibir destellos vacíos con tintes de claridad. Ato en mis labios la sonrisa que tras una esquina me robó el sueño regalándome el desvelo. Coso a mis costados las alas que prendiste en el techo de mi cielo apagado por las lluvias acaecidas. El insomnio con su infinita bondad me trae las caricias envueltas con palabras no dichas ni escritas. Vuelo al lugar dónde pasean mis emociones acompasadas a tu rastro. Te espero y me esperas. El desasosiego me invade cuando el tiempo inclemente no sucumbe al tic- tac del reloj. Abordo tus inquietudes y defiendo tu fuerte de los ataques de los fantasmas que amenazan con atormentar tu plácido descanso. Despliego el amplio abanico de las tácticas, todo por escuchar tu silbido suave y pausado al respirar. Relego a tus miedos a morir en el abismo de la nada, bajo los candados sin llave. Condena de perderse en el purgatorio de la absoluta indiferencia…
Cuelgo tu esencia a mi yo, y mi yo se funde con tu ser, porque somos dos y somos una.


 
Lo cotidiano…….

Los buenos días los recibo con el calor que me da el agua al resbalar por mi cuerpo adormecido y ese café bien cargado, un modo como otro cualquiera de regalarle la primera sonrisa al día. La mirada al horizonte, la ironía al ver el tráfico denso y oscuro y la sonrisa sigue en las comisuras de mis labios. Dejo colgada en la puerta la impaciencia, con un hasta luego, volveré cuando me apetezca. Atropellando a mis ojos con destellos, llegan el verde, ámbar y rojo. Al límite de lo legal y lo ilegal ese caballo de metal se va fundiendo con otros. Dejando atrás el sendero de asfalto. Y un ir y venir de gente y de miradas, de movimientos inconclusos se van acomodando en la retina para luego buscar un hueco en la memoria.
- Ehh! Ayer tu estabas aquí, a la misma hora, en el mismo cruce- pienso, ¿la conoceré?

De tanta rutina y costumbre, esos seres anodinos forman parte de mi vida, hasta puede que eche de menos su falta si no están en el punto de encuentro. Los veré crecer y envejecer a medida que yo vaya desgastando mi vida. Que sería de este mundo de locura si cada vez que cruzamos la mirada con el desconocido/a regalásemos una sonrisa, un gesto agradable, la mirada amable…. Dejando el esfuerzo imposible, reduciéndolo a lo posible.
Que las risas de los niños corriendo sigan invadiendo mis oídos, que los besos furtivos de los adolescentes enamorados, me traigan la ternura de lo inocente a mis ojos empañados, que el tacto inusual de los transeúntes me deje un hilo de calor humano. Que las lágrimas que no quieren abandonarme, sigan siendo cristalinas, transparentes, y cada amanecer mis sentidos se estremecerán al sentir su luz, su calor, su alegría, y esa fuente de vida que me sabe a inagotable. Y el color de lo mágico seguirá atropellando mis púpilas......


 
Espacios cerrados…


Paredes sin ventanas, cielo cerrado, lluvia ácida que abre los poros de una piel herida. Mi ser desnudo sobre una cama llena de ausencias, flores marchitadas en el lugar dónde descansaban los sueños. La almohada llora el perfume y el frescor de tu cuerpo abierto. La oscuridad con su ímpetu habitual cubre este universo sin estrellas y sin luz, el mismo manto que una vez fue cobijo y guía de los anhelos unidos. Arrastro mi alma a un desahucio agónico y me recreo en cada instante mientras su latir se va perdiendo en mis manos. Mis dedos aprietan fuertes como garfios de acero. Matar quiero esa esencia que vaga decrepita a mi alrededor, dejarla atrás como ropa vieja, usada y descolorida. Que sus uñas afiladas dejen de rasgar los muros que levanté con el pasar de los días para encerrar lo que quedó de mí. Ese hilo de vida que subsiste en mí y me hace resurgir con alas cosidas, dejando ver los remiendos, secuelas de las batallas libradas y no ganadas. Trozos esparcidos en pieles ajenas, momentos suspendidos en algún lugar.