Llueves...
Caes, como la lluvia que ahora baña esta tierra sedienta de días abiertos a pleno Sol. Mojas cada rincón para saciar una sed reseca de aguantar las ausencias del fluido que empapa las grietas del pasar de un tiempo inclemente. Suave destilas un aroma cargado de esencias pasadas mezcladas con la frescura que emana de tu primavera nueva.
Caes, gota a gota tu piel se va envolviendo en rocío plateado, dejando en cada círculo la perfección que sueñas poseer. Dejas debajo de tu hombro lo mortal, abrazando fuerte lo mágico y divino que tiene vivir en el mundo de la ilusión. Lento mueves tu cuerpo al compás de una música que solo suena en tus oídos, y la sordera mundanal no es capaz ni tan siquiera de percibir.
Caes, agua limpia y clara, entrando con la fuerza sostenida que albergan los muros de una presa rebosante, deteriorando incansable las paredes que oprimen su existir. Golpeas con llanto contenido los brazos que apresan esa parte de ti que muere por explotar en colores.
Caes, buscas ese abismo, el fondo del oscuro pozo, necesitas sentir en la venas la sensación de no poder más, y así tomar el impulso que te lance de nuevo a la realidad que te espera con la expectación en los labios. La emoción bebiendo en tus poros hastiados que se esperanzan con ser endulzados por la mirada de alguien que vuelva a darle luz a tus ojos cerrados….
Tu lastre...........
Que las noches con olor a ti se diluyen en las mañanas grises con sabor a lluvia. Y el perfume se pierde con tu ausencia, te vas, y escucho tus pasos correr y su sonido estrellarse en los adoquines que visten esta ciudad vacía, desamparada. Tu presencia ya no la acompaña.
Que las noches acunan la nostalgia, y van empapando mis frías sábanas los recuerdos que dejaste olvidados. Las imágenes vienen y van a su antojo, algunas se quedan unos instantes y otras no son más que reflejos. Impactos visuales que adolecen mis retinas cansadas.
Que las noches más inclementes atenazan mi garganta, apretando ese nudo que embarga el llanto que lucha por no salir y desparramarse por las mejillas hastiadas y resquebrajadas, anhelantes de los labios húmedos portadores de la ternura que te llevaste colgada en tu espalda desnuda.
Que en estas noches dónde la tristeza viene a sentarse a mi lado, y darme el calor de la realidad, es cuándo el lastre que anudaba mis tobillos amenaza con soltarse y sumergirse en el destierro de los amores vividos y olvidados.
Alegato......
Hoy cierro nuestro libro, miro la última hoja, en blanco, no escribiste el final, dejaste la historia inconclusa. Tu pluma se quebró en un instante insulso y trivial. Por tus ojos se iba descomponiendo la madurez que clamabas a los cuatro puntos cardinales. El viento no me trae tu olor, ni me susurra tus recuerdos, el aire se va filtrando por ese hueco negro, hueco dispuesto a engullir el dolor y sellarlo a modo de cicatriz.
Recojo de esta decepción un lazo de insensibilidad, lo guardo en el agujereado bolsillo, desgastado de tanto retorcer mis manos en su interior. Con la calma forjada del temple que da el tiempo, acaricio con la mirada ese trocito de mí, grabado en los días del ayer, ató serena ese libro, ligados con sonrisas quedan los capítulos vividos y aquellos sueños que murieron antes de nacer. No alimento con llamas el fuego ardiente del odio, ni dejo que recorra por mis venas el rencor para acabar anidando en el corazón.
Hoy cierro una etapa, tomo nuevamente un candado sin cerrojo, la puerta queda tapiada, la oscuridad se presenta con la carta del olvido, dejando la fisura que trae instantes compartidos, fugaces y furtivos.
No quedan reproches en el tintero, ni cartas de despecho que escribir, ni la leve intención de la pregunta sin respuesta. Ni la sensación de caminar por el borde de un precipicio, dónde la tentación de dejarse caer atrapa con cada paso.





