...cae...
Se va, se aleja, tras de sí deja sus ropas desechas de tanto darse, su piel quebrada, llorando sus poros y el alma hecha añicos se sumergió en la oscuridad en los años que la soledad fue su compañía.
Se atormenta con las últimas gotas de sentir, se lastima la vida arañando las últimas ilusiones que se posaron en sus ojos. Su mundo de color se fue difuminando con el paso de amores vencidos, rendidos a sus pies, muriendo con la lentitud de las hojas en otoño, cubriendo de hielo las emociones más íntimas.
Se apodera de su nada, ata con dignidad sus más grandes miserias, las carga a su espalda, acaricia su frente, y con los dedos recorre cada espacio, su rostro, los surcos que dejaron los vientos más gélidos y más cálidos.
Se abraza, su cuerpo desnudo se deja tomar, baila al son de las olas, sus pies besan la arena, y la sal se va clavando en cada centímetro de piel, se siente agua pura, su esencia en estado líquido, y se siente fluir, se eleva y las corrientes van arrastrando su ser.
Se ama, por un instante la pureza vuelve de la mano de la nostalgia y los que pudieron ser y no fueron se mezcla con los que son, las imágenes se muestran en un desfile de ironías no invitadas al festín de los recuerdos.
Se repliega, el dolor ha golpeado de lleno, un impacto certero y profundo, sin cura ni remedio, el consuelo se escapó como viento desértico en busca de humedad, y las heridas del pasado afloran con tintes sangrantes.
Se va, se aleja, sus pasos siguen besando la arena, y ya su cuerpo es la piel del mar, los sueños rotos acaban estrellándose una y otra vez contra las rocas y el dolor deja de sentirse...
...en tí...
Abro la ventana, cierro la puerta, taladro las paredes que oprimen y liberan los sueños que como barro fresco mis manos moldean. Respiro ese aire que invade cada espacio de unos pulmones anhelantes de tu aliento. Ahora que la presencia se hace constante, que a mi lado camina, que me da los buenos días y las buenas noches con la dulzura de la mirada reflejada en mis ojos.
Notas que se cuelgan en cualquier parte de ese espacio dónde tu y yo somos solo piel, dónde los lazos se olvidaron de anudarse quebrando la lógica de su existir, dónde la palabra se acompaña de un gesto y la soledad de un paréntesis propio se pasea para alimentar y sosegar los gritos del alma. Que somos la contradicción en sí misma, que nuestra humanidad nos hace desfallecer y volver a nacer, cada vez que caemos a ese abismo desolador que nos hace el vacío.
Porque vives en mí, porque formo parte de ti, porque mis días llevan tu olor y tus días se nutren de mi voz, y en esta marea nos subimos con la calma que trae la tormenta que muere en el océano.
Si eres y soy, si soy y eres, si mi piel se alimenta de tu piel, si mis sentidos se adormecen y despiertan con tu sentidos, si mi locura se cobija en tus desvaríos y mi divagar juega con el límite de tu cordura…





