(...de vuelta...)
Entre el vaivén de los días, se cuela tu olor, entre la noche y el día me llega el calor que empapa de tibieza mi piel. La sonrisa se posa alegre en los labios, y los buenos días arropan con colores variopintos.
Horas de espera que eran tortura, ahora son dulce momento contenido, las risas se estrellan en las paredes del refugio que construí para cobijarnos, de los detalles que se escriben con las miradas de complicidad.
Puedo dejar entre paréntesis el silencio colmado de palabras, las respiraciones entrecortadas, los susurros que se escapan sigilosos de tu boca estampándose en mi boca, los momentos compartidos, los instantes suspendidos, lo vivido de primera mano y lo que quedó atrás.
Me alimenta la alegría de tus ojos al contemplar el mar, la emoción de la mirada al infinito, y saberme a tu lado, el sentirme tan cerca que se funden las esencias jugando a bailar en la clandestinidad, caída libre al centro de esas olas que te abrazan llenas de promesas cumplidas y otras enlazadas en tu pelo, en el gesto, todo dentro de ti, todo fluye contigo y a tu paso…





