...un secreto...
Si, estas ahí, con lágrimas de olvido llenando tu vacío. Dejando señuelos de tristezas pasajeras, dónde habita el desconsuelo. La voz se va apagando, como vela sin oxígeno tus pulmones dejan de sentir la frescura. Desnudando un alma de harapos, despojos de noches huecas, sin sentido, dejando que por tus venas fluya lo insulso, trivial, desgastando las horas de un reloj que no te pertenece.
Sigues en esa espera irremediable, el querer y el poder, el compartir y la soledad, líneas delgadas que separan, y algunas veces atan, encadenan en cárceles de coral. Espejos que te devuelven la imagen de la fachada que cada día maquillas, y el decorar se vuelve tu arte para subsistir. Agotando la inocencia, descalzando la agonía y saber que tu piel pide arder entre llamas de una emoción que niega a posarse en tus poros resquebrajados de tanto sentir caricias hastiadas y falsas.
Sabiendo que la noche te traerá su aroma, que lo embeberás con la desesperación, la mirada opaca, los párpados rememorando lo que no tuvieron, y la ansiedad se sienta en la primera fila, será protagonista de un espectáculo que se repite abrazado a las agujas del reloj. Fundirás en tus manos el barro de la inquietud, dejando que su agua se escurra entre tus dedos, su textura quedará herida, dejando surcos de desasosiego, atormentado los pensamientos fugaces.
El deseo quema tus pasiones dormidas, arrasando con las ganas que descansan.
...tu momento...
Abrió las ventanas que dan al interior de ese mundo encubierto, dónde solo habitan los pensamientos más sinceros, más íntimos, dónde la desnudez se desviste, dejando resbalar las gotas que abrigan el alma.
Llegó con las manos cubiertas de deseos de años en soledad, bajo las uñas las ansías de anclarse a una nueva piel, fresca, suave y la vez cálida. Dejó en esa estación gris colgados momentos con sabor agridulce, un antes y un después se instaló en su punto de inflexión.
Desabroché con esmero los botones de esa camisa que juega a esconder lo que se muere por ser admirado. La cascada de pliegues fue perdiendo el equilibrio y acabó en el suelo, y sus dedos se alzaron, tocando el cielo.
Cubrí sus ojos con la venda de la pureza, mientras con la de la pasión llenaba su cuerpo de caricias, me detenía en cada rincón para beber de su néctar, para saciar la sed de este tiempo de espera. Me fui enredando con sus curvas, haciendo malabarismos por mantener la cordura, mientras el fuego de la hoguera azotaba inclemente.
Me até a su cuerpo, dejé que el aroma que desprendía me fuese embriagando, emborrachando de emociones, que cada punto, cada escalón que escalar fuese lugar dónde culminar y volver a empezar.
Entregué lo que soy, sin pedir más que un instante que el recuerdo anidase.
Y ella, dejó su esencia colgada en mi pecho…
...Miedo a Sentirte, Inevitable Vivirte...
Me vestí de inquietud, con pasos decididos, agarré fuerte tu mano, y el quiero perderme en tu torbellino fue cómplice. Las risas elevan el correr de un sin rumbo, la premura de un estar, de un sentir ajeno a lo mundanal, a lo arbitrario, a ese manto gris que viene y va, con tempestad, que en su ilógica, trae calma, sosiego, y fortalece ese lazo de vernos a través de los años.
A destellos intermitentes aparece tu timidez, que se refugia en tu silencio, y dejas el instante suspendido. Y me quedo entre tus brazos, con la suavidad de tus caricias, con tus labios húmedos, con tu paréntesis atemporal, con el pudor que adorna tus mejillas.
Envuelves la brisa, y la dejas sobre mi regazo, aire que renueva nuestro día a día, dónde te paras, y con dulzura templada te vas empapando de esta esencia que te abrió sus puertas. Cuelgas a tu paso los anhelos, las noches vacías llenas de deseos, las mañanas con sabor de amanecer con alguien, las ganas, las apetencias de un compartir, el hilo que roza la locura, los besos furtivos, el descaro encontrado, la lengua insolente que se pierde en ese sube y baja, dejando rastros cálidos con espasmos volcánicos.
Perdimos la ropa al querer cubrir nuestras debilidades, quedaron al desnudo las imperfecciones que más perfectos hacen nuestros cuerpos, bajo las uñas, piel con piel, roces con ansías de fundirse y crear lo único, complementar lo que sentimos incompleto dentro de nuestro ser.
...sigo en tí...
Descanso en tu vientre, un instante, quiero empaparme de los olores que ofreces al aire que nos va envolviendo con brisa de jadeos. Fijo mi mirada en tu rodilla, mientras intentas controlar los espasmos de tu cuerpo. Esa curva, que juega a hacerse recta, que juega a doblarse y desdoblarse a tu antojo. Me gusta oírte en tu silencio, mientras dentro de ti se libra la batalla, ese encumbrar la montaña más alta, con los ojos empapados de anhelos y los poros destilando ansiedades, dejando a su paso los rastros de un fuego que ha devorado hasta la última gota de ti para cubrirte con las cenizas de las que resurgirás con más fuerza. Una vez más posarás tu boca en mi boca, una vez más beberás mi energía dejándola diluirse en tu interior. Posarás la plenitud en tus manos y la conciencia de mi femineidad se adherirá a tu piel, recorriendo un camino de curvas que tanto te atrapa, caminando sobre pliegues de sensaciones, dejándote hacer, dejándote elevar donde el instinto te quiera llevar…
...mirándote...
Sujetaba entre los dedos las ganas mientras con docilidad iba degustando tu invitación a tan singular lugar. Con mirada impertinente me detenía en tu cuello. El reflejo de uno de tus zarcillos me había hipnotizado por un segundo. Y la visión de posar mis labios en el lóbulo de tu oreja un instante fugaz.
Me hablabas sonriendo, con inocencia descarada, creyendo dominar la situación, las palabras y las respuestas que te iba a dar. La sorpresa se instalaba en tu rostro, la incertidumbre de verte despojada de tu seguridad empezaba a inquietar tu esencia.
Mil caminos que confluyen en un mismo punto, un torrente invadiéndolos sin descanso, cuando mi mano roza a modo accidental con tu mano, tu sangre emprende la velocidad de vértigo llegando con ánimo exhausto al corazón, late tan frenético que escucho su latido.
Un tono rosado ha venido a instalarse en tus mejillas, titubeas a la hora de seguir, un deseo cruza la línea de tu mirada y con acierto inusitado comienzo rumbo a dejar descansar uno de mis dedos bajo tu muñeca y te acaricio. Con insolencia trazo un sendero hasta bajar despacio, dejando posar mi mano sobre tu rodilla. Me miras directamente, y suplicas en silencio un sigue y un detente. Te muerdes el labio cuando sientes el ascenso hacia tu cadera, se eriza tu piel, y pierdes el control mientras cierras con fuerza tus manos. Las riendas las colgaste en el primer intento de abrazar este fuego sin quemarte. La pasión te ha vencido dejando la rendición sobre tu cuerpo.
Me hablabas sonriendo, con inocencia descarada, creyendo dominar la situación, las palabras y las respuestas que te iba a dar. La sorpresa se instalaba en tu rostro, la incertidumbre de verte despojada de tu seguridad empezaba a inquietar tu esencia.
Mil caminos que confluyen en un mismo punto, un torrente invadiéndolos sin descanso, cuando mi mano roza a modo accidental con tu mano, tu sangre emprende la velocidad de vértigo llegando con ánimo exhausto al corazón, late tan frenético que escucho su latido.
Un tono rosado ha venido a instalarse en tus mejillas, titubeas a la hora de seguir, un deseo cruza la línea de tu mirada y con acierto inusitado comienzo rumbo a dejar descansar uno de mis dedos bajo tu muñeca y te acaricio. Con insolencia trazo un sendero hasta bajar despacio, dejando posar mi mano sobre tu rodilla. Me miras directamente, y suplicas en silencio un sigue y un detente. Te muerdes el labio cuando sientes el ascenso hacia tu cadera, se eriza tu piel, y pierdes el control mientras cierras con fuerza tus manos. Las riendas las colgaste en el primer intento de abrazar este fuego sin quemarte. La pasión te ha vencido dejando la rendición sobre tu cuerpo.
...dentro de tí...
La pregunta sobrevuela este espacio cerrado, con humos que van trayendo olores, y lo incierto ha hecho hueco entre las sábanas que claman la presencia de tu piel, tu textura, tu suavidad y tu calor.
La casualidad plantó cara y tu camino cruzó fugaz por este sendero que es mi vida. El trato fue claro, las palabras certeras, no te quedarás, no me quedaré, tu regazo no será mi refugio, ni mis alas las que lleven buenas nuevas cada amanecer. Los besos serán furtivos, los abrazos pasionales, y las caricias calmaran el fuego del deseo.
Compartiendo la misma melodía, siendo protagonistas de la misma historia, con llantos escondidos tras las sonrisas, y con la necesidad de sentir guardada por ese temor irracional a que sea dañada. Sin saber que ya y sin querer dejamos una huella, una herida de amor, un si y un no colgado en nuestras bocas.
Y lloverá, un vez más, sobre tu cielo, sobre mi infierno, arrastrando con su tempestad lo que un día fuimos, trayendo la serenidad y una plenitud renovada.
...Y si.....
Si en este mar de olvido colmado de recuerdos, cada vez que te sumerges fueran los momentos vividos oxígeno que hinchar tus pulmones agotados de tanto repartir aliento.
Los resquicios luchan por sobrevivir y la seguridad muerde por sellar aquello que se escapa como agua entre las manos, como brisa entre las ropas que te cubren.
Dejo los trozos de mis alas en tu regazo, no te pido que construyas entre tus dedos su puzzle. No quiero que hiles las cenizas de lo que pudo ser y no fue. Calma, que siga fluyendo esta alma que se pasea entre precipicios, sintiendo cada nueva emoción correr por sus venas.
No me preguntes por qué, me conoces bien, sabes del dolor, de lo que atormenta y me apasiona. No susurres palabras con dardos de condescendencia. Eres transparente a mi mirada, tanta claridad te desnuda y mis anhelos te van vistiendo. Ganas, ansías, angustia que va partiendo los muros de unos brazos vacíos. Caímos, ni el abismo con su oscuridad podría arroparnos, esta espiral de deseos dormidos nos atrapa. Me quedo en tu silencio.
Vuelves con tus historias volcadas en tus ojos y los golpes bajo la piel, con el llanto surcando tus mejillas mientras los sollozos se van escapando entre tus labios…





