...sintiéndote...
Sentada, Ella, al borde de ese precipicio que la engulle, que la posee entre embestidas de lento y suave. Amada, se siente cuando se entrega al tacto sutil de unas manos que llevan inscritas la delicadeza. Se deja llevar, abandona su piel al calor que presiona cada poro, destilando el deseo de compartir, el anhelo de beber, el ansía de darse en un todo y que sea devuelta en nada. Acariciando su cuerpo laxo el placer se instala entre los pliegues de seda y algodón, dejando entre mis dedos la tibieza de la esencia. La respiración se corta para volver con fuerza dejando gemidos en el aire. Su mirada felina se posa en cada rincón por descubrir, mordiendo mis labios castigadores, se apresura a perderse en la boca que acaba de elevarla. No da tregua, su necesidad de provocar se apodera de sus manos temblorosas, latente el terremoto que la abrazaba instantes atrás.
Sigue buscando senderos dónde dejar pétalos a su paso, explorando cada centímetro, y el instinto guía los movimientos, el baile de caderas hace acto de presencia. El fundirse, ser volcán y dejar rastros de lava, ser huracán y dejar aire para respirar, ser mar y dejar la humedad dónde nadar.
Con fuerza atrapa mis manos entre las suyas, apresura el ritmo de su baile, su pasión, sentir como viajo su lado, mi rendición, su cuerpo sobre mi cuerpo.
Ella sigue jugando a pasearse sobre ese acantilado, cruzando líneas para conquistar mis laderas, forjando sueños para beber de mis valles, entregando vida para subir a mis montañas….
...sin y con...
Quebrante la regla de oro, esa que con lazos inertes nos iba enredando. Tu silencio, muro dónde se estrellan mis palabras. No hay vencedora ni vencida. Ni tus piernas son seda anudando mis muñecas. El placer de sentirme bajo tu piel te hace débil ante mí, y yo soy títere de emociones nadando en tu mar.
Rompiendo el código de amantes, de querer ser única y exclusiva, sin saber que ya lo eres por lo que me haces sentir en cada encuentro furtivo. No es más dama ni más señora aquella que camina con la frente alta llevando el apellido. Tienes el título de ser dueña de mi pensamiento, del aire que respiro, de la mirada encontrada y pérdida, que muero por velar tus sueños y siento marchitarme cuando no vienes a mis brazos.
Equilibrio al andar por tu cuerda floja, y cuando las fuerzas empiezan a flaquear, llegas y resurges de la nada y me acunas en tu pecho, instalas la seguridad en mis manos y tu esencia la envuelves en mi alma.
Vuelve el vacío de letras a posarse entre tu espacio y yo. Dejando una puerta entreabierta, que invita a poseer tu piel dormida, la cordura se queda atrás, esperando que la locura de amarte termine haciéndola naufragar. Bajos tus uñas, restos de lo compartido, bajo mis ojos, trozos de ti, en tu oídos, susurros que recordar, bajo mis labios, tu sabor…
...delirando...
Me quede abrazando tu silencio, mientras las horas las consumía el reloj. Velando cada uno de tus sueños, dejando la sonrisa al culminar y al empezar una nueva secuencia de imágenes. Dejando que el sonido de tu respiración fuese la melodía que llenase el espacio. Camino entre las siluetas de tus formas, calibrando cada conquista, jugando con mantener el equilibrio y no desbordar para caer en el precipicio de tu mar.
Me quede entre tus besos y mis sentidos. Con caricias nuevas que inventar, con pensamientos que hilvanar y las ganas impregnadas de intensidad. Senderos de fuego que recorrer en cada ascenso. Ríos dónde beber y calmar una sed atrasada de tiempo de espera, dejando el desierto en mi piel. Bordeando tu perfil más personal voy entregándote mi intimidad más absoluta dejando en tu regazo la confianza plena. Voy derritiendo mis manos sobre tu cuerpo, el deseo y la necesidad de sentirte ganan la partida a la paciencia.
Ahora, preciso de tu mirada, de tus besos, de tus abrazos, de tus caricias, de lo que eres, de lo que me haces ser, una en dos, de querer ser Luna en la noche y Sol en el día…
...pintando...
Me cuelgo de tu boca, refugio dónde se adormecen mis anhelos. Te beso con la timidez de una adolescencia ya pasada. Busco tu lengua, y me das la dulzura que escondes tras el descaro de tus palabras. Recorro la cavidad que alberga tus gemidos, una y otra vez, sin descanso, sin pausa, tu aliento me alimenta, me invade, y se convierte en mi norte.
Los dedos se apresuran a acompañar el movimiento de mis labios, con soltura dibujan tu sonrisa, te dejas hacer, te dejas caer en ese remanso de tranquilidad que lleva tu nombre junto al mío.
Guardas silencio, y solo me hablan tus ojos, ahora abiertos, intentando en un grito desesperado calmar tu necesidad. Me baño en ese instante, lo acomodo entre mis pliegues, quiero seguir sintiéndote temblar. Te abrazo y suspiro en tu cuello. La fugacidad ha dejado restos de plenitud, y una calma sin fin, jugamos a provocar tormentas, sobre tu océano, sobre mi cielo, sobre esta tierra que nos pone a ratos en vertical y tantos otros en horizontal. Mis manos se hacen pinceles para ti, y tu piel, lienzo que colorear. Sobre tus montañas voy dejando el color del sol cuando anochece, rojos y ocres, pasando por algún tímido rosado que se encumbra para luego oscurecerse al sentirse empapado de sensaciones con la ligereza de fricciones suaves y acompasadas. Sigo colocando texturas, con la deliberación de quién sabe y calla. Suspendidas entre frases entrecortadas, se van agarrando las olas que amenazan con invadirnos, dejando solo vestigios, mis ganas de naufragar en tu mar, tus ansías de levitar en mi aire.
Tu valle lo vestiré del tono de ese amanecer, al despuntar el alba sobre esa cascada que te llena de frescura, y al sumergirme en su interior me abraza deseando adentrarme en el calor que encierra para mis osadas manos y atrevida boca.
Los dedos se apresuran a acompañar el movimiento de mis labios, con soltura dibujan tu sonrisa, te dejas hacer, te dejas caer en ese remanso de tranquilidad que lleva tu nombre junto al mío.
Guardas silencio, y solo me hablan tus ojos, ahora abiertos, intentando en un grito desesperado calmar tu necesidad. Me baño en ese instante, lo acomodo entre mis pliegues, quiero seguir sintiéndote temblar. Te abrazo y suspiro en tu cuello. La fugacidad ha dejado restos de plenitud, y una calma sin fin, jugamos a provocar tormentas, sobre tu océano, sobre mi cielo, sobre esta tierra que nos pone a ratos en vertical y tantos otros en horizontal. Mis manos se hacen pinceles para ti, y tu piel, lienzo que colorear. Sobre tus montañas voy dejando el color del sol cuando anochece, rojos y ocres, pasando por algún tímido rosado que se encumbra para luego oscurecerse al sentirse empapado de sensaciones con la ligereza de fricciones suaves y acompasadas. Sigo colocando texturas, con la deliberación de quién sabe y calla. Suspendidas entre frases entrecortadas, se van agarrando las olas que amenazan con invadirnos, dejando solo vestigios, mis ganas de naufragar en tu mar, tus ansías de levitar en mi aire.
Tu valle lo vestiré del tono de ese amanecer, al despuntar el alba sobre esa cascada que te llena de frescura, y al sumergirme en su interior me abraza deseando adentrarme en el calor que encierra para mis osadas manos y atrevida boca.
...tu latido...
El deseo se instalo entre las sábanas, un murmullo la fue arrullando lentamente, dejando que su cuerpo aflojase, dando paso a un suspiro de rendición. La cama fue cómplice y con la frescura del algodón derrumbó sus defensas, y las paredes blancas se adornaron con flores de algún jardín.
De fondo, el sonido de un piano con notas distantes de guitarra, fusión de una melodía, velas encendidas, olor a incienso, y las promesas que no se dijeron al oído se quedaron colgadas del momento. Fuera queda el mundo de los mortales y sus trivialidades. Regalo de días atrás reservado para la ocasión. La estancia se vistió de gala. Y la melodía trajo un paréntesis dónde encerrar el presente. Quise en este instante detener el tiempo, pero se fue escurriendo como agua entre los dedos del necio que no quiere escuchar.
Pose mis manos en su espalda sedienta de caricias, y la embebí de sabores nuevos, de esencias esparcidas en cada poro. Con lentitud premeditada enterré mis dedos sobre su piel. Con movimientos suaves, apenas rozando, sintiendo la textura, disfrutando la fricción. Mis labios distraídos fueron a posarse sobre su nuca, y la necesidad de arrancar un gemido de su garganta gano a la paciencia.
Dibuje con calma sobre sus pliegues los recuerdos y las vivencias. Deje llamas sobre sus labios, explorando su boca abierta para mí. Sin aliento que respirar pose aire en su cuello y bajo mis palmas sentí como se erizaba. Camine por los senderos que su cadera me iba marcando. Bailando a ritmo de un mismo latido nuestros sentidos se fueron emborrachando con palabras dulces. Clavo sus ojos en los míos, y nos perdimos en ese mar que estalla cada vez que buceo en su ser.
...besando el cielo...
Desnudando su cuerpo, dejando que la blanca camisola que lo cubría iniciase el camino del descenso hasta acabar posándose en sus tobillos. Despacio fue acariciando sus imperfecciones, apenas rozando aquello que la hacía única. Buscando lo vital, saliendo al balcón, se dejo envolver por la lluvia que caía, bañando sus poros. Ente las sábanas, su amante, ardientes curvas que la hicieron descender al infierno para con velocidad de vértigo hacerla subir como lava dentro de volcán. Sus ojos embebieron los momentos, arrastrada por la necesidad, por los gritos que resonaban en su interior, una y otra vez. Las llamas la fueron cubriendo, creyendo que la harían cenizas que dormitarían sobre seda. No había límites, los lazos anudan a su antojo los miembros de un cuerpo extasiado. Cadenas que arrastrar por una eternidad, por un momento efímero, por un todo o por una nada. Con un reloj marcando horas existenciales, rumbos perdidos de un camino que fue senda y luego piedras.
Lo emocional cuelga sobre los ríos que desbordan las almas cuando se besan. Se abraza fuerte a su cuerpo mojado, se deja invadir una vez más, la plenitud tiene su nombre, lo irracional su marca, lo prohibido se esconde tras sus labios y la perdición aguarda tras sus besos. Los puntos de inflexión se refugian en sus caricias. La voluntad se pierde cuando enreda su piel…
Lo emocional cuelga sobre los ríos que desbordan las almas cuando se besan. Se abraza fuerte a su cuerpo mojado, se deja invadir una vez más, la plenitud tiene su nombre, lo irracional su marca, lo prohibido se esconde tras sus labios y la perdición aguarda tras sus besos. Los puntos de inflexión se refugian en sus caricias. La voluntad se pierde cuando enreda su piel…
...La Reina que jamás fue Princesa...
Miente, por necesidad, por esa espiral que la atrapa, y la arrastra, golpeando una y otra vez todo lo que la rodea. Ella calla las verdades, las ahoga, llevándolas dentro de la esencia, y las devuelve con infamias, productos de su imaginación. Moldea los contornos, los infecta de sutilezas esclavizadas a cadenas de un camino sin retorno.
Clava espinas, sentada desde su trono de un reinado en ruinas de tiempos de antaño, juega a manipular unos títeres que yacen inertes en el fondo de esa caja de Pandora que abre tarde tras tarde. Con deliberación se salta su propio guión, y pensando inocente que ha ganado su propia guerra, sin saber que cada día ha salido derrotada en la batalla por mantener el equilibrio y se adormece sobre la desorientación, vertiendo lágrimas negras.
Ella, solo ella maquilla su rostro opaco, tan resquebrajado que entre tanta fisura anidan el desasosiego mientras conversa tranquilo con la mentira, sabiéndose abrigados por la inclemencia y la rota balanza de la justicia. El espejo no le devuelve ninguna imagen, no tiene faz, las huellas de un pasado pleno se borraron entre las calumnias que cubrían su boca, sus labios sellaron lo incómodo. Y perdió el horizonte en el ocaso de un día cualquiera. El punto de apoyo se hizo trizas, añicos bajo los pies de quién predica con palabras y en la oscuridad se alimenta con actos deleznables.
Y en ese mar atormentado sigue viviendo Ella, creyéndose Reina destronada sin saber que ni tan siquiera fue Princesa…





