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Historias de un goblin en el mundo moderno
¿Que pasaría si soltaramos un goblin en la ciudad?
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Verde. Si algo tengo claro, es que soy verde.
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El beso de Milena - Las Sombras
En el año 2029, un programa televisivo de investigación mostró al público como algunas organizaciones ilegales estaban utilizando a las muñecas en negocios ilegales de prostitución. Durante la retransmisión del programa, los espectadores pudieron observar como las muñecas eran tratadas de una forma brutal. Amparándose en las leyes de algunos países, o en la clandestinidad de otros, aquellos que contrataban el uso de una muñeca para satisfacer sus placeres personales llegaban a tratarlas de tal manera que en algunos de los locales que aparecían en el documental contemplaban en la lista de precios la posibilidad de una sustitución completa de la muñeca.

Los actos de degeneración enfermiza y las escenas censuradas por la crudeza y violencia de sus imágenes (que se podían descargar sin ningún problema desde las redes de comunicaciones) que mostraban el documental causó el clásico movimiento pro-loquesea, esta vez con las muñecas como objetivo a salvar. Volvieron a reactivarse las tertulias que hablaban de las hadas como seres humanos, de concederles derechos, de blablabla blablabla blablabla... Todas las tertulias acababan con el mismo razonamiento: “No tienen iniciativa. No piensan por si solas. La única manera de liberarlas definitivamente seria no volver a crear mas o darles inteligencia”.

La INTERPOL se puso a investigar y tropezó con varios problemas que hasta el momento habían sido considerados relativamente menores o de mínima importancia. Por un lado, las mafias internacionales habían crecido desmesuradamente en Europa y Asia. Las fuerzas de seguridad de países con mayor incidencia delictiva habían perdido gran parte de su control, sino todo, sobre estas organizaciones, y surgían conflictos armados con preocupante frecuencia. Erróneamente, dichas fuerzas de seguridad intentaban erradicar los problemas delictivos centrándose en delitos relacionados con la prostitución, trata de blancas, violencia domestica, peleas de gallos, perros u otros combates ilegales, sin darse cuenta, o tal vez con esa intención, de que sus operaciones servían para tratar los síntomas de una enfermedad, las organizaciones criminales, en lugar de la enfermedad en si. Sin embargo, la sociedad era engañada por un falso sentimiento de seguridad. Los drogadictos y sus problemas eran erradicados por la misma mafia cuando dejaban de ser rentables a los camellos. La violencia se mantenía a un nivel mínimo, y si se producía por algún ajuste de cuentas, ocurría de forma brutal, rápida y muy, muy sangrienta. La INTERPOL se encontraba en un dilema. Debía acabar con las organizaciones criminales que controlaban ilegalmente la mayor parte de los países euroasiáticos. Pero no sabían como hacerlo, ya que estas se encontraban en una situación de perfecto equilibrio. Como se decía en los pasillos, “Joder, lo que habría que hacer es negociar con ellos para que sustituyan a la policía”. Algunos, incluso lo pensaban en serio. Se daban cuenta de que acabar con una de ellas implicaría una guerra sangrienta del resto para controlar el territorio disponible. Incluso tomando la mejor solución, morirían muchos inocentes. Así que se pusieron a discurrir cual era el mejor plan estratégico a seguir... o dicho de otra manera, perdieron tiempo a ver si las cosas se arreglaban por si solas.

Sin embargo, las cosas empezaron a joderse por si solas.

Las mafias se dieron cuenta de que tenían un problema grave. Desde el documental, HardWorker había comenzado una política de restricción sobre los modelos que vendía. No les gustaba la publicidad que estaba teniendo la compañía por culpa de las acciones ilegales que llevaban a cabo las organizaciones criminales con sus productos, y restringía las ventas a organizaciones legales, factorías, administraciones públicas y organismos similares. Eso no impedía que, tarde o temprano, alguna organización corrupta o una entidad fantasma consiguiera una adquisición de un numero considerable de muñecas, pero la nueva vía de adquisición pronto se veía cortada y las organizaciones criminales se ahogaban en una demanda que ellas mismas habían creado. Así que arreglaron sus problemas de la única manera que sabían. Las mafias que no consiguieron sobornar a los científicos genetistas para que trabajaran con ellos les extorsionaron, amenazaron, secuestraron o un conjunto de todas esas acciones a la vez con el único fin de conseguir sus servicios.

Fue en esa época cuando desapareció en circunstancias no muy claras uno de los genetistas más importantes, el Doctor Mureau, científico de LabCom (filial de HardWorker). Todo apuntaba a otro de los secuestros de las organizaciones criminales, solo que esta vez realizado sobre uno de los peces gordos en cuanto a investigación genética. El interior de la casa mostraba marcas de lucha y la puerta había sido forzada. Sin embargo, las pistas eran, en el mejor de los casos, confusas, y a pesar de ser declarado como secuestrado, los investigadores del caso mostraban su reticencia a aceptar el secuestro como única posibilidad.

Además de las acciones policiales que se llevaron a cabo, las dos empresas internacionales más importantes en el desarrollo de tecnologías y productos genéticos tomaron sus propias medidas contra este ataque velado por parte de las organizaciones criminales. Por un lado, HardWorker creo una fuerza de seguridad envidiable por cualquier otro organismo público o privado. Aprovechándose en parte de la tecnología que ya disponían, y creando nuevos departamentos que investigaban en tecnologías especificas del área de la seguridad, consiguió, sin proponérselo, una nueva vía de negocio que llenase de oro sus arcas. Pronto empresas de todo el mundo, y no pocos ejércitos y fuerzas de seguridad, acabaron adoptando las nuevas tecnologías en sus entornos, tales como los LFIS (LifeForm Identification Search), los SGPS (GPS-Skin) o PHW (Poker HardWorker), además de los nuevos modelos HW que continuamente iban saliendo de las factorías. LifeGen decidió proteger a sus trabajadores de otra manera, y desarrolló las FactoCitys, ciudades completamente autónomas creadas específicamente para responder a una necesidad empresaria. Parecidas a los barrios dormitorio, pero con unas medidas de seguridad muy elevadas y de una autonomía completa en cuanto a las necesidades básicas, eran zonas construidas expresamente para vivir una vida tranquila, vigilada y donde se podía residir sin tener nunca la necesidad de salir fuera de las zonas vigiladas. Lo único que diariamente entraba y salía de esas FactoCitys eran los productos pedidos por compradores externos o algunos productos básicos de los que no tenían otra forma de conseguir.

Ambos desarrollos fueron muy populares en la época. Quizá por el nivel que sus productos genéticos habían alcanzado en el mercado, y precisamente por el sentimiento de profesionalidad que presentaban ante futuros inversores, ambas empresas vieron como la cartera de pedidos se incrementaba, añadiendo los nuevos productos. Europa, y dentro de ella, sobretodo, los países de Alemania, Holanda y Suiza, adoptaron las FactoCitys como futuras gestiones a adoptar, y no pocos pueblos y ciudades se reconstruyeron siguiendo los modelos de gestión que, amablemente, LifeGen les vendía por un módico precio. Fue, precisamente, en esas FactoCitys donde se establecieron otras macroempresas, mas centradas en el campo de las comunicaciones o de la investigación tecnológica. En el resto de Europa, así como en otros continentes, eran los productos de HardWorker los que recibían mas demanda, y cargamentos de nuevos sistemas de seguridad cruzaban el mundo.

Sin embargo, la respuesta de HardWorker y LifeGen consiguió que las mafias acabaran por decidirse, y dos de las organizaciones mas poderosas acabaron aliándose en búsqueda de una solución que les fuera rentable. Mientras el resto de organizaciones ilegales intentaba crear infructuosamente un departamento propio de investigación, los descendientes de la mafia de Europa del Este y la nueva Familia de los Giolarno, repartida en Italia, Francia y la costa mediterránea de España, se reunieron en París con la intención de colaborar.

 
Comentario:
Y que más pasa ahora, jo, quiero info, quiero info, quiero leer...
No