El veterinario
El lunes dimos un paseo muy largo, y lo mejor fue que cruzamos un parque que me gusta mucho, el parque que hay donde antes estaba el rio (eso me conto “M”), es un parque muy “guau” que está lleno de olores, de plantas y de muchos muchos perros, así que siempre que pasamos por allí no veas cómo me lo paso corriendo y jugando.
Me dijeron que íbamos a ver al veterinario, algo que yo no recordaba lo que era hasta que llegamos allí. Resulta que es un humano muy simpático con el que estuvieron hablando mucho “E” y “M”.
Le preguntaron muchas cosas sobre mí, cómo cuidarme, que podía comer (yo creo que no tiene razón, porque les dijo que solo me dieran pienso y a mí me gustan muchas más cosas, yo diría que me gusta todo, por eso cuando vamos paseando y se descuidan me como lo que encuentro, lo que sea, pero si me ven me dicen NO NO y si no hago caso “M” me hace abrir la boca y me lo quita, esto no me gusta que me lo haga pero como normalmente me da de comer él, pues lo perdono).
Después “M” me subió a una mesa que estaba muy fresquita y el veterinario me toqueteo todo, todo (menudas confianzas se tomo conmigo), yo me deje hacer porque mientras “M” me tenia cogido y me decía cosas, el caso es que no me quejé nada, ni cuando me pusieron una vacuna (es que soy muy valiente).
Al acabar el veterinario me dio un poco de pienso (por eso os dije que era simpático), me pesó (24 kilos) y me dijo que era muy bueno. Todo estuvo bien, pero no me gustó que en un descuido “M” se fue un momento y cuando lo vi en lugar de venir corriendo conmigo (que es lo que debe hacer), se quedaba un poco lejos, así que le llame y me puse un poco nervioso hasta que “E” me soltó y me pude ir hacia él (es que lo quiero mucho).





