Soy un tragón
No puedo evitarlo, soy un tragón, da igual que acabe de comer la mejor comida del mundo.
Esta mañana estaban “B”, “A” y “M” desayunando el terraza del bar que hay al lado de casa, mientras yo estaba jugando con “Charco”, un Mastín del Pirineo de dos meses y medio de edad, que es el cachorrito de “B” y “A”, es un perrito muy juguetón. Pues nada entre juego y juego “A” se ha despistado y le he dado un mordisquito a su bocadillo (es que olía tan bien que no he podido resistirlo), “M” me ha reñido. Pero no he podido evitarlo.
Para redondear el día, esta tarde cuando hemos salido a pasear, salían los niños del cole y el aire olía a bocadillo (¡que aroma, que perfume para mi nariz!) yo iba como loco, mientras “M” le decía a “E” que no sabía que me pasaba (yo sí, que quería bocata). Cuando nos cruzábamos con los niños he echado el ojo a uno de jamón que llevaba un chico despistado y “ñam” le he dado un mordisquito, pequeñito pequeñito, “M” (sofocado pedía disculpas a la mamá del niño) me ha vuelto a reñir pero mira lo siento, soy un tragón y no puedo evitarlo, pero yo soy bueno, ¡eh!





