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··· CoMo GoTaS dE aGuA ···
... que al final del viaje, de cualquier modo, deben juntarse en uno u otro mar...
Acerca de

Puede que sea algo distinta, pero prefiero pensar que la diferencia radica en que veo lo que el resto desestima, y eso me hace única. Opto por quedarme con los amigos que poseo porque tienen garantías y sé prescindir de los que surgen para no aportarme nada. Tampoco soy tan distinta de ti.

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- A eLLoS -
A mi abuelo le encantaba verme comer milhojas de nata. Al menos eso me han dicho siempre mis padres. Todos los sábados, cuando íbamos a visitarles al pueblo de mi padre, él cogía su bicicleta, iba a la confitería y compraba una bandeja llena de pasteles, sólo por verme comer una milhoja, sólo por ver cómo me llenaba la cara de azúcar en polvo. Disfrutaba con ello. Y yo disfrutaba yendo, saliendo al patio y corriendo entre los miles de gatos que había. Eran mis sábados por la tarde. Pero uno de esos sábados fue el último, y con una despedida como las de todos los demás sábados, con los pies negros de correr entre la hierba quemada y dos besos que olían a abuelo, no volví a verle más. Se fue sin despedirse en condiciones, como cuando la gente se despide al saber que no va a volver. Y yo no tuve edad de ir a decirle adiós cuando él me esperaba… me saludaba ya desde arriba y yo no me daba cuenta.

Mi abuela se fue, poco después, también sin despedirse. Otro sábado fue el último. A ella le encantaba que yo cantase en el coro, que fuese coqueta, que leyese. En invierno, mi tío traía miles de revistas para que las mirase estando allí. Ella las miraba durante la semana y el sábado eran sólo para mí, y si alguna me gustaba, me la traía a casa y, recortando fotos y pegándolas en folios, hacía cuentos escribiendo al pie de la imagen. Recuerdo que de un reportaje, “La Ciudad Bajo el Mar, Alejandría”, hice una historia de tesoros, de sirenas, de mares ocultos… Siempre le gustó que anduviese por ahí, con amigas, supongo que se veía en mí, cuando tenía mi misma edad. Y días después de despedirnos, como todos los sábados, se cayó al cielo…

De mi otro abuelo… ni pude saludarle a la llegada, ni a la despedida… Yo no era más que dos meses de náuseas para mi madre, y sin presentarse a mí siquiera, se fue. Se fue en la cama, en la habitación oscura que nunca me ha recordado a él… Se fue del todo, incluso de mi memoria porque en ella no he encontrado nunca su cara. Sus únicas fotos me dicen que ya me quería, que me enseñó a leer, a escribir, a hablar. Que de él he aprendido a madurar porque en sus ojos es lo que veo, además de una protección inexplicable, que mis padres siempre han ensalzado: de haberme conocido, habría vivido por mí. “Su otra mano” debía haber sido yo. Pero tenía prisa por marcharse…

A pesar de que no están, me han enseñado mucho de lo que sé, han puesto en mí a todas las personas que tengo; donde están, me miran y reaccionan como otra gente cuando salgo, cuando leo, cuando escribo… Y sé que estaban en los momentos importantes, sintiéndose orgullosos de ver dónde he llegado, y mucho más por saber que puedo llegar a más. Y que por mucho que mis padres digan siempre lo de "si hubiesen estado…", yo sé que estaban, y muy cerca de mí…



Gracias por hacer de mí lo que hoy soy.



 
- El CaMiNo De La ViDa -

"Porque no sabemos cómo caminar en la vida, porque a veces andamos sin pensar hacia dónde..."



"Una vez hubo tres hermanos. Los tres caminaban por el camino de la vida, pero cada uno lo hacía a su manera. El mayor de todos medía cada paso que daba, se detenía en cada detalle, miraba de no equivocarse en nada, avanzaba lento pero seguro... Pero resultó que tanta cautela le demoró y pasó su vida sin llegar a ningún sitio. El pequeño de los tres, miraba a su futuro como una fuente que la que emanaba toda su vida. Caminaba mirando al frente, al futuro que, aunque lejano, ya vislumbraba. Tanto afán ponía en mirar hacia delante que un día cayó en un pozo y nunca logró alcanzar su meta. Sin embargo, el mediano, caminaba midiendo sus pasos y mirando, a la vez, de no equivocarse al tomar ningún desvío. Atendía al futuro y al presente por igual, de modo que al dirigir su mirada al suelo y al frente, quedó bizco..."

Entonces, ¿cuál es la mejor forma de que vivamos nuestra propia vida? ¿Y si hagamos lo que hagamos vamos a equivocarnos? Ojalá el camino fuese algo más fácil y las preguntas menos complicadas...



"Y notar la vida supurar bajo mi piel...
y apreciar los pasos que me hacen caminar..."



 
- ÚlTiMaS hOrAs -




Con todo mi atrevimiento, que aseguro es bastante escaso, me adentro en un tema que, comprendo, puede ser algo difícil, pero que todos, alguna que otra vez, nos hemos planteado: la muerte. No en el sentido escabroso de ésta, sino en el sentido de máximo aprovechamiento de la vida. No para temerle ni para sufrir leyendo, sino para reflexionar y, ahora que estamos a tiempo, quitar aquellas espinitas que nos duelen cada día, por aquello del “hoy debía haber hecho/dicho…” o “¡mañana lo hago!” y así un sinfín de ideas más.

Hace días, en clase, nos propusieron la idea de: “La serpiente”. Imaginando, imaginando… imagina que cierto día, no más especial que ayer, una serpiente te pica. Su veneno es tan mortal que no existe remedio y lo único que consiguen paliar es sus efectos en ti durante 24 horas. Tus próximas 24 horas antes de la muerte segura. En esas horas eres totalmente óptimo para hacer cualquier actividad, sin dolores, sin mareos… Aparentemente saludable. Pues bien, aquí se plantea la duda, casi metódica, de: ¿En qué emplear TUS 24 horas?

Las reacciones de la gente que había a mi alrededor fueron de lo más inesperadas, al menos en mi opinión. Algunas eran: ir a la peluquería, viajar, hacerse un piercing, un tatuaje, gastar todo el dinero posible, comprar compulsivamente, hacer el amor, dejar cartas a determinadas personas… En todo caso, siempre se coincidía en cultivar el cuerpo y evitar las conversaciones. Se esquivaba el cara a cara con la gente, la idea de explicar la situación a la familia, el reencuentro, el perdón, la amistad… Ninguno esperaba encontrarse con nadie, y eso fue lo que más me sorprendió. No sé si es por la edad, o porque se trataba de una actividad oral, abierta al grupo… Pero mi opinión era totalmente distinta, aunque no llegué a comentarla, no sé si por vergüenza personal o por vergüenza colectiva a ser distinta… Pero no lo hice. A mí se me antoja más algún viaje, muchos encuentros, muchos mensajes para muchas personas… Esa mirada, que me hace falta, a los ojos de tanta gente. Pero sobre todo ese abrazo que no podría superar ninguna tienda de ropa por grande que fuese… Determinados abrazos que necesito sentir antes de irme con la serpiente… Pero sobre todo, necesitaría patinar de la mano de alguien. Por tonto que parezca es un sentimiento que anhelo desde pequeña y que nunca he dicho a nadie. Y sobre todo, querría reírme, salir a comer con la gente que más me ha importado en toda mi vida y disfrutar de mis mejores 24 horas, aunque fuesen las últimas…

De todos modos, lo importante es que nos demos cuenta de cuándo nos pica la serpiente, no vaya a ser que nos percatemos tarde y no podamos comprar, besar o bailar cuanto queramos antes de irnos…


 
- IRREPETIBLE -
Tres días al máximo, dando todo lo que he podido dar de mí. Sintiéndome necesitada, vital, querida, acompañada… Un Viña-Rock desde otro punto de vista en el cual no esperaba encontrarme con todo lo que me he encontrado y me han dado. Tengo tanto para agradecer… Primero de todo a Raquel, que sus palabras de hace semanas hicieron mella en mí, y más que en mí en una hoja suelta en la que escribió lo que debía hacer.

Llegué sola y me vengo con miles de caras nuevas, miles de saludos y proposiciones… Pero sobre todo me vengo con un cara a cara de Carlos Escobedo que prometo no olvidar nunca, en esa primera fila con mis lágrimas en sus letras y sus ojos entornados por el sol de las 5.30. A menos de un metro de un gran sueño, se me escapaban los dedos del cuerpo para alcanzarlo… Igualmente le mando un beso desde aquí abajo, desde el suelo. Otra vez será.

Me quedo también con las idas y venidas por el recinto, corriendo de un lado a otro con nuestros chalecos amarillo limón, dando horarios a velocidad máxima, repartiendo de dos en dos, de cinco en cinco, regalando tacos de publicidad a los mismo responsables de los conciertos y la organización… todo para poder terminar y pasearnos delante de nuestros simpáticos gaditanos “los seguratas” a restregarles nuestro fin de la jornada. Un beso también para ellos, que pasaron mucho calor con el famoso “traje negro”, que acabó tomando otras tonalidades gris polvo. También me merece la pena recordar a Juan: “¡Niña, quítate el chaleco! ¿No? ¡Pues te lo quito yo!”. Encantada de compartir el sol contigo, ¡¡morenazo!!

Y finalmente quiero agradecer la presencia de cierta gente conmigo, como la de la profesional de los tickets “Rakel” (que aunque no estaba, se sentía), la de IsA, Candela, Merce, Cris… y cómo no, las mil y una veces que vi al Señor Catalanito… Un besazo a todos. Gracias por este Viña-Rock 2006.