" - Así empieza otra historia de amor. El perro salvaje con su valor, su fuerza, la corza con su dulzura, su intuición y su elegancia. El cazador y la presa se encuentran, y se aman. Conforme a las leyes de la naturaleza, uno debería destruir al otro, pero en el amor no hay bien ni mal, no hay construcción ni destrucción, hay movimientos. Y el amor cambia las leyes de la naturaleza." (...) "En las estepas de donde vengo, el perro salvaje es un animal femenino. Sensible, capaz de cazar porque ha desarrollado su instinto, pero al mismo tiempo, tímido. No usa la fuerza bruta, usa la estrategia. Valiente y cauteloso, rápido. En un segundo cambia de un estado de relajación total a la tensión de saltar sobre su objetivo." (...) "La corza tiene los atributos masculinos: velocidad, conocimiento de la tierra. Ambos viajan en sus mundos simbólicos, dos imposibilidades que se encuentran, y superando sus naturalezas y sus barreras hacen que el mundo también sea posible. Así es el mito mongol: de las naturalezas diferentes, nace el amor."
- El Zahir -

Me detengo en las miradas.
Me escapo detrás.
Busco en ese mar de miradas perdidas.
Azules, verdes, de todos los colores.
Son tan libres como libres son los hombres.
(...) Se va el alma silenciosa por la ventana... (...)
Hace unos días hablaba con un amigo sobre lo que necesito y lo que no. Mientras él cree que necesito SALIR para poder vivir, yo me escudo en no querer ver que en verdad sí lo necesito. ¿Por qué? Por miedo, por dudas, pero sobre todo por falta de confianza en mí misma. A la vez me doy cuenta de que no todos están cuando son llamados, o que ni siquiera se acuerdan de que deben venir… y me hago un poco más pequeña, más difícil de ver entre las cajas en las que estoy. Y cuando parezco tan poco importante, voy a mi habitación a por “la caja”. Desde que tengo uso de razón, he ido guardando cosas que, en algún momento, han sido muy importantes para mí. A veces no me acuerdo ni de que estaban, ni desde cuándo llevan ahí. Pero al verlas guardadas en la caja me animo. Puede que no las tenga cada día en mi cabeza, pero al menos las atesoro demostrándome que siguen siendo parte de mí, que son importantes. Y, sobre todo, que me son necesarias, incluso cuando no me doy cuenta.
Y ahora me digo que no me quiero ir, que no quiero dejar todo esto, pero que si no lo hago me voy a arrepentir como me he arrepentido ya tantas veces. Sé que es razón suficiente como para arriesgarse y salir, e incluso para cruzar la calle y salir de las cajas, pero el miedo me coge y me ata… Y lo peor de todo es que ese miedo tiene nombre, que me lo trajo la confianza, y que cuando las cosas van bien, vuelve para hacerme torcerlas. Hasta hoy.

“No elegiré la opción que tú me das, sentarme y ver marchar… quiero borrar de mí tu recuerdo, quiero cerrar esta herida y volar.”





