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gotas de lluvia en la ventana
Si quieres saber de que va échale un vistazo porque es jodidamente dificil describirlo ;-)
Acerca de
Nací hace algunos años bajo el signo de geminis y la lámpara de la habitación de mi abuela (es que nací en su casa jeje),fuí al colegio cuando no existian los bollycaos,hice la mili en Ceuta al ritmo de tambores y zambombas,aprendí algunos chistes en Lepe, me quemé con la salsa rosa de un coctel de gambas,jugué a futbol con uno que una vez le pidió un autógrafo a Maradona y en reconocimiento a mis méritos en la cría del champiñon; en París le pusieron mi nombre a un champiñon y luego se lo comieron. En fín...que méritos tengo pocos y si tengo alguno probablemente no sea muy confesable...que se le va a hacer.
Sindicación
 
medio dolar
Cuando el taxista le tendió el cambio una moneda de medio dolar se le escurrió entre los dedos y se perdió en el asfalto mojado. Debajo de su turbante púrpura el taxista arqueó las cejas. Él buscó en vano la moneda plateada con la mirada, maldiciéndose a si mismo por ser tan torpe. El taxi arrancó y finalmente él entró en el hall de la grand central station con la gabardina empapada por la lluvia.
A aquella hora de la mañana la estación aún no era un caos. Desde los grandes ventanales laterales los chorros de luz caían oblicuamente sobre el suelo iluminando en su camino las partículas que flotaban en el aire. Desde los altavoces del techo, muy arriba, escapaban casi silenciosamente los acordes de la sonata claro de luna de Beethoven y el ambiente cálido en contraste con la fría mañana de febrero del exterior hizo que se sintiese más animado.
Siempre puede saberse el tiempo que hace afuera viendo lo que venden los chinos frente a los lavabos públicos de la estación. Se cuelgan una acreditación de vendedor en la solapa de sus trajes baratos, extienden una sábana gris en el suelo y ofrecen su mercancía. Paragüas y toallas pequeñas si llueve, helados y bebidas frías, que transportan en unas neveritas portátiles, si hace calor, bufandas y guantes de lana si hace mucho frío.
Él compró una toalla pequeña con las letras NYC bordadas en azul y se secó la frente. esquivó a uno de esos perrillos de andares graciosos y mirada vivaracha que atado a una correa negra acompañaba a su dueña (una anciana muy maquillada) al dentista.
Recorrió el hall. Bajó dos escaleras. Anduvo por un largo pasillo en el que un ciego tocaba el clarinete y desembocó en uno de los andenes.
Por la nada absoluta del tunel llegó el tren. Unos de esos trenes metropolitanos de color gris plateado salpicado de grafitis. Se abrieron las puertas y descargó en el anden su carga humana pero él no entró. Por el rabillo del ojo la había visto bajar con su mochila de cuero colgándole del hombro. La vió detenerse en cuanto se bajó del tren y esperar a que el reguero humano fluyera hacia el exterior. Si ella hubiese estado más cerca quizás le hubiese hecho un comentario intrascendente y la hubiese mirado a los ojos para saber de qué color eran. Esperó la llegada del siguiente tren.
Ella contempló las baldosas grises del suelo que se alejaban en todas direcciones. Se miró la punta de sus zapatos gastados y escupió el chicle de menta que llevaba en la boca en dirección a la vía. Le vió allí con su gabardina mojada y su cartera baqueteada colgando de su mano derecha, consultó su reloj sólo para observarlo un poco más y vió como él la miraba. Si se le hubiese ocurrido algo que decir se habría acercado y se lo habría dicho. Finalmente comenzó a andar. Anduvo por un largo pasillo en el que un ciego tocaba el clarinete, subió dos escaleras, recorrió el hall, compró un paragüas plegable a los chinos que estaban frente a los lavabos públicos porque preveía que afuera estaba lloviendo. Salió a la calle, abrió el paragüas y la lluvia comenzó a tamborilear sobre la tela. Pensó en llamar a un taxi justo cuando uno conducido por un paquistaní con turbante se detuvo a su lado junto a la acera. Al abrir la puerta trasera del coche vió una moneda de medio dolar sobre el asfalto, el perfil plateado de JFK estaba mojado. La guardó en un bolsillo pensando en que no debía gastarla para que le trajera suerte. Entró en el taxi y desapareció entre el tráfico de la mañana.
 
 
Comentario:
Relectura! la imagen de la estación facilita visualizar la historia, y aunque el turbante del taxista es púrpura, veo la historia en blanco y negro. Ya me gustó la primera vez que lo leí!;)
No