trenes
Como cuando un gato comienza a dar vueltas para encontrar un lugar donde acomodarse a su gusto, he estado esta mañana vagando por el barrio buscando un sitio a la sombra lo suficientemente cómodo para sentarme a escribir esto (aunque dudo que alguien lo lea). He escogido al final una escalera de piedra y cemento que lleva a la playa y por donde corría una brisa agradable.A veces me monto en un tren de cercanias a esas horas en que van casi vacios para escribir mientras por la ventanilla desfilan los instantes.
Siempre me han gustado los trenes. Recuerdo los viajes en tren a Cádiz, cuando era un niño, para ver a la familia. Tomábamos el expreso que viajaba de noche, solía dormirme y por la noche despertaba a menudo para encontrarme con que el tren estaba detenido en la estación de Albacete. Era una de esas estaciones de ladrillo viejo y metales antiguos con un reloj enorme de esfera blanca sobre la pared y techos altos con vigas de hierro que me recuerdan a las películas de nazis. Algunas veces había por allí un vendedor de navajas que llevaba su mercancía en un carrito de madera y siempre alguien subía o bajaba con celeridad antes de que el tren retomase la marcha. Los trenes siempre me han gustado, cuando viajabas en aquellos trenes compartimentados se creaba al poco rato de camino una agradable complicidad entre los viajeros que compartíamos el habitáculo y así acababas sabiendo del motivo del viaje de todos, de la vida de cada cual y adivinando siempre más de lo que se decía, a menudo con una copa en el vagón restaurante como testigo. Ahora mi hijo cuenta los trenes de cercanías que pasan por las vías junto a mi casa, les dice adios con la mano a los pasajeros, se asombra cuando los vagones son de colores diferentes y sueña ,como soñaba yo cuando era un niño, con hacer un viaje largo en tren que termine en un parque de atracciones.
Hoy casi hace calor pero mientras escribo y en la escalera se acumula la hojarasca, levanto la vista al cielo azul claro y descubro que se han marchado las golondrinas
sonando: "Humble me" de Norah Jones
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Trenes que…
invitan a la contemplación, a la meditación y a la conversación… ¡me ha surgido una idea!
Gracias!
invitan a la contemplación, a la meditación y a la conversación… ¡me ha surgido una idea!
Gracias!
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En Colombia saben a nostalgia, ya están oxidados, sus estaciones abandonadas y se percibe un murmullo de un gentio, el vapor el anuncio de la próxima salida. Son cadáveres vestidos con esa vieja pompa, mostrando con orgullo lo que alguna vez fueron y reconstruyo en mi mente las historias de mi padre cuando era chico y en pantalón corto con sólo un botón anudado y unos zapatos derriudos inventándole cuentos al tiquetero para que lo dejara viajar gratis y poderse escapar sin miedo al castigo que vendría al regreso...
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Melancolía. Esta es la palabra que mejor define para mí los trenes. Una melancolía silenciosa, de reflexiones, de situaciones pasadas y futuras que, quizá, nunca han sucedido, o nunca llegarán a suceder. Sola, pero acompañada de cientos de personas, los pensamientos fluyen en mi mente como agua de mar, como viento en el aire, y surco por sueños, realidades, ilusiones... El suave balanceo del vagón adormece mis sentidos, pero mi alma sigue despierta, y busca respuesta a lo que tanto viaja por ella. Y ahí aparece; la melancolía aparece al son de mi soledad. Miles de recuerdos brotan sin cesar; de lágrimas rotas, de noches de insomnio, de días eclipsados... Todos ellos se apoderan por un momento de mí.
El vagón se para, y despierto. Las mismas personas en los mismos lugares. Siguen ahí. Como si nada hubiera pasado. Vuelvo a la realidad, y miro al tren desde la estación. Sólo ha sido un instante, pero un instante eterno que se repite cuando percibo su monotonía. El tren ha llegado a su destino. Camino y pienso; ¿por qué me ocurre esto cuando viajo en tren? No lo se, simplemente sucede. Y aunque sea la melancolía la única que me acompaña, me gusta esa sensación que sólo dura un despertar. Me gusta ver la realidad, las personas, ver de nuevo el día... Me gustan los trenes.
Un saludo.
El vagón se para, y despierto. Las mismas personas en los mismos lugares. Siguen ahí. Como si nada hubiera pasado. Vuelvo a la realidad, y miro al tren desde la estación. Sólo ha sido un instante, pero un instante eterno que se repite cuando percibo su monotonía. El tren ha llegado a su destino. Camino y pienso; ¿por qué me ocurre esto cuando viajo en tren? No lo se, simplemente sucede. Y aunque sea la melancolía la única que me acompaña, me gusta esa sensación que sólo dura un despertar. Me gusta ver la realidad, las personas, ver de nuevo el día... Me gustan los trenes.
Un saludo.
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Melancolía. Esta es la palabra que mejor define para mí los trenes. Una melancólía silenciosa, de reflexiones, de situaciones pasadas y futuras que, quizá, nunca han sucedido, o nunca llegarán a suceder. Sola, pero acompañada de cientos de personas, los pensamientos fluyen en mi mente como agua de mar, como viento en el aire, y surco por sueños, realidades, ilusiones... El suave balanceo del bagón adormece mis sentidos, pero mi alma sigue despierta, y busca respuesta a lo que tanto viaja por ella. Y ahí aparece; la melancolía aparece al son de mi soledad. Miles de recuerdos brotan sin cesar; de lágrimas rotas, de noches de insomnio, de días eclipsados... Todos ellos se apoderan por un momento de mí.
El bagón se para, y despierto. Las mismas personas en los mismos lugares. Siguen ahí. Como si nada hubiera pasado. Vuelvo a la realidad, y miro al tren desde la estación. Sólo ha sido un instante, pero un instante eterno que se repite cuando percibo su monotonía. El tren ha llegado a su destino. Camino y pienso; ¿por qué me ocurre esto cuando viajo en tren? No lo se, simplemente sucede. Y aunque sea la melancolía la única que me acompaña, me gusta esa sensación que sólo dura un despertar. Me gusta ver la realidad, las personas, ver de nuevo el día... Me gustan los trenes.
Un saludo.
Me gustan los trenes.
El bagón se para, y despierto. Las mismas personas en los mismos lugares. Siguen ahí. Como si nada hubiera pasado. Vuelvo a la realidad, y miro al tren desde la estación. Sólo ha sido un instante, pero un instante eterno que se repite cuando percibo su monotonía. El tren ha llegado a su destino. Camino y pienso; ¿por qué me ocurre esto cuando viajo en tren? No lo se, simplemente sucede. Y aunque sea la melancolía la única que me acompaña, me gusta esa sensación que sólo dura un despertar. Me gusta ver la realidad, las personas, ver de nuevo el día... Me gustan los trenes.
Un saludo.
Me gustan los trenes.
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En Colombia no hay trenes (o sí, pero poco funcionan). Mi primera oportunidad de montar en tren la tuve hace muy poco, casi dos meses cuando vaijé a Escocia y monté en tren Glasgow-Edimburgo-Glasgow y luego Oxford-Horsham-Oxford. Mi primer viaje al otro lado del charco...
Gracias por la visita y el comentario.
Tengo otra página: http://otagluza.blogspot.com
Bienvenido siempre.
Gracias por la visita y el comentario.
Tengo otra página: http://otagluza.blogspot.com
Bienvenido siempre.
Comentario:
Los trenes!!! medio de transporte especial para mi, chicomalo.
Gracias por tu visita y comentario en el tag ;) Si me lo permites, cotillearé un poco por aquí.
Un beso
Gracias por tu visita y comentario en el tag ;) Si me lo permites, cotillearé un poco por aquí.
Un beso
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Si, los trenes. silencio y ruido. se completa cuando ha pasado, en nuestra cabeza, el tren sigue sonando. como cuando se ve una nube cercana y esta a decenas de kilometros, también te preguntas por donde andará ese tren ahora, imcluso haces cálculos. Pero muchas veces, como la barca flotando sobre el río, nos damos cuenta que el tren nos recorre por dentro, esa consciencia llega a nosotros después de a ver pasado por infinidad de afectos interiores, y como al final de un proceso, ese crisol subterráneo se hace consciente, vemos el Tren, pero en realidad vemos tantas cosas... el pasado, el presente, el futuro. nos vemos por dentro, por fuera. la forma, la velocidad, lo circundante, el sol, las nubes, el entramado viario, el andén, los cables de alta tensión, el biombo enmohecido. y en definitiva todo sumido en una misma cosa. Paradigma el tren de todo eso, de lo intenso y de lo extenso, de lo sensible y lo transcendental. ¿por qué será pues que nos fascinen los trenes? ¿Será quizás, por que no sabemos por que nos fascinan?, ese es el principio del "hechizo", la receta con sus ingredientes desconoidos solo se nos hace visble con el sabor final. solo no damos cuentas de que estamos en el tren cuando nos apeamos. llegado a este punto, pienso en una frase de Pessoa, Aquél que se encuentra en un rincón de la sala de fiestas, baila con todos los bailarines. os dejo meditar sobre esto, un Saludo. LSC
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durante años conocía los secretos de los trenes, despertar a medias en la estaciones intermedias.
ver pasar lo trenes. Cuantas imagenes y recuerdos asociadas.
saludito.
ver pasar lo trenes. Cuantas imagenes y recuerdos asociadas.
saludito.
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enlazame,compadre. yo lo haría si supiera cómo.
Te recomiendo que te bajes "preciso me encontrar" buscala en internet y me cuentas.
un saludo,
Aitor
Te recomiendo que te bajes "preciso me encontrar" buscala en internet y me cuentas.
un saludo,
Aitor





