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Reflexiones en voz baja para todos los públicos.
Acerca de
NO DEBES CERRARTE A TODO UN MUNDO DE SENSACIONES. DEBES SABER QUE TU VIDA PUEDE CAMBIAR AL DAR DE COMER A UN GATO ABANDONADO, AL OIR UN DISCO DE RAPHAEL, AL ESCUCHAR EN EL AUTOBÚS UNA CONVERSACIÓN DE DOS CHICAS DE 15 AÑOS, AL ENTRAR EN UN "TODO A 1 EURO", AL ASISTIR A UN CINE FORUM SOBRE LA RELACIÓN ENTRE EL CINE DE MARIANO OZORES Y LA FÍSICA CUÁNTICA, AL BAILAR UNA CANCIÓN DE RICCHI E POVERI, AL IR AL BAR "ESCUETO" DE LA CALLE DEL BARCO (MADRID), AL COGER UN TAXI CON SU CONDUCTOR FUMANDO UN PURO CON LAS VENTANILLAS CERRADAS, AL VER UNA ACTUACIÓN DE FAEMINO Y CANSADO, AL LEER LA COLUMNA DE LOS DOMINGOS DE ELVIRA LINDO, AL ESCUCHAR A ORTEGA EN "LA VENTANA" DE LA SER, AL VOLVER A VER EL ÚLTIMO CAPÍTULO DE "VERANO AZUL" POR 17ª VEZ, ...
Sindicación
 
LOS NÚMEROS
Hay que ver lo importantes que son los números en nuestra vida. Naces, y ya te están midiendo y pesando, sólo para que tus padres presuman ante todo el que se acerque a verte al hospital. Son inevitables las comparaciones con otros niños de la familia, con comentarios del tipo "pues Elenita pesó algo más, pero a las pocas semanas superó a Carlitos en 30 gramos". Por supuesto, antes de nacer, a tu madre ya le han asignado un número de habitación, y según tu padre, cuando comenzaron las contracciones, "montó un númerito" (pero eso ya es otra cosa).
Sales del hospital, y te espera tu casa, con su número de portal, de escalera y de piso correspondiente.
En la guardería eres el 8º de la clase, y te toca ir siempre de la mano de Martita, una niña con coletas muy repipi que no hace más que llorar e imitar a Sin-Chan, y que tiene el número 7. En el colegio empiezan a darte las notas, aunque ahora parece que han sustituido los números por conceptos más enrevesados como "mejora progresivamente", que en cristiano es un 6.
Creces, te haces el carné de identidad, que lleva un número muy largo, salvo que te den el denominado comunmente como "de muerto", que es más corto y da mal rollo.
Luego te sacas el de conducir, que también tiene número y encima ahora va a ser con puntos, como si fuera una tómbola.
Empiezas a ir al cine con tus amigos, y ves películas como "Porky´s" o "American Pie", y luego otras como "Porky's 2" o "American Pie 2". En ellas dicen algo de un 69, tú no coges el concepto, pero al salir te lo explica el típico amigo repetidor. Y aquí hago un breve inciso: acaban de estrenar una película de dibujos animados que se titula "Pinocho 3000". Yo no he visto las 2.999 anteriores, pero me alegro porque por fin han superado a "Viernes 13".
Sigo. Antes también te daban un número al tallarte y pesarte para hacer la mili, pero afortunadamente, eso pasó a la Historia.
Bueno, y ya cuando empiezas a ser adulto, comienza el festival de números en tu vida: el precio y la matrícula de tu primer coche de segunda mano, la fecha de aniversario de tu primer amor, el importe del recibo de la hipoteca, los 6 números de la Primitiva que repites todas las semanas, tu número de la tarjeta de crédito, el del teléfono fijo, el del móvil (con el pin y el pum), el del mostrador del embutido en el supermercado, los números de los canales de la tele (que, por cierto, en cada casa los tenemos de una manera, y siempre hay discusiones sobre la colocación más adecuada), ... Y así sucesivamente, nos vemos envueltos en una espiral de números, que, de una manera u otra, condicionan nuestra vida. Incluso cuando nos morimos, en el cementerio, somos un número.
Ya lo decía ese gran fílósofo que es José Luis Rodríguez "El Puma" en su gran y único éxito "Pavo real": "numerar, numerar, viva la numeración"...
 
EL MOVIEOKE
¡Menuda revolución! ¡Se acabó el karaoke! ¡Llegó el Movieoke! Es un invento que está a punto de llegarnos de Estados Unidos, que es de donde nos llega todo, fundamentalmente los avances tecnológicos, las hamburgueserías y los asesinos en serie.
El Movieoke consiste en sustituir las canciones del tradicional y nunca bien ponderado karaoke, por fragmentos de películas para que les pongamos voces a nuestros actores favoritos.
Algo me dice que este engendro va a tener éxito. Cada uno elegirá la película que más le haya marcado. Los más románticos y Malena Gracia querrán hacer mil y una veces la escena de la bañera de Pretty Woman. Los más pesados intentarán ponerse en la piel de los personajes de las películas de Bergman, mientras al resto del local se la trae floja. Los más valientes y aguerridos preferirán a Schwarzenegger o a Stallone. Me da la risa sólo de imaginarme a mi vecino del 2º, un señor bajito, rechoncho y con peluquín, doblando al bueno de Arnold. De todos modos, será una tarea fácil, porque en esas películas tampoco hay mucho que doblar.
A mi prima Marisa se lo comenté el otro día, y se pidió "Tomates verdes fritos". Le pregunté que si el personaje de Jessica Tandy, el de Kathy Bates o cualquiera de las dos chicas, y me contestó que ella quería doblar a las cuatro. Siempre has sido muy acaparadora, le dije. Se cabreó, y hasta hoy. Ya se le pasará. Es que es, además de acaparadora, muy susceptible.
Yo estoy deseando que el invento llegue a España, para poder doblar cine español del bueno: ya me veo en la piel de Fernando Esteso en la mítica película "Los bingueros". Será total. Pongo a Dios por testigo.
 
OFERTA: PRAGA, 5 NOCHES, DESDE 239 EUROS
De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda la palabra "DESDE" en la publicidad. Sobre todo en los anuncios de las agencias de viajes, a las que la inmensa mayoría de la población recurre cuando se acerca el verano. El uso que se hace de la mencionada preposición es un FRAUDE (sí, sí, con todas las letras y en mayúscula). La técnica es bien sencilla: tú vas por la calle pensando si tienes tomates en casa para hacerte un gazpacho (por ejemplo), y te paras ante un escaparate con un cartel gigantesco en el que se puede leer: "OFERTA: PRAGA, 5 NOCHES, HOTEL AMBASSADOR (O SIMILAR) ***, DESDE 239 EUROS". Y claro, entras. Ya tengo solucionadas las vacaciones, piensas mientras esperas una larga cola, abanicándote con un folleto de playas de Cancún. Te toca. Preguntas por la oferta a una amable señorita con traje de chaqueta verde, medias verdes y gorro verde, y aquí empieza tu calvario:
- Es que he visto el viaje que anuncian en el escaparate.
- Sí, ¿para cuando lo desea?
- Para principios de septiembre.
- Pues mire, saldría el día 2 de Madrid, haría escala en París, y de ahí a Praga. Llegaría por la noche al Hotel Cutreluxury y...
- Fuera pone Hotel Ambassador, señorita.
- Ya, ya, pero es que el Hotel Ambassador ya está lleno. Le vamos a enviar a otro que está muy bien comunicado con el centro de la ciudad (cuando dicen esto en las agencias se refieren a que está a 40 minutos andando, una persona preparada físicamente, y atravesando bonitos descampados). Por el cambio de hotel, sólo tiene que abonar 20 euros por noche. Es que es de una categoría superior. Ya verá qué vistas tiene.
- Y el desayuno, ¿es buffet?
- Bueno, si quiere desayuno hay un recargo de 10 euros por día.
- Entonces el precio total, sumando lo que ponen ustedes en la oferta y lo del cambio del hotel y el desayuno, sería de 389 euros, ¿no?
- No, eso es en temporada baja, en enero, siempre que sea después de las Navidades, salga un miércoles a las 4 de la madrugada y se aloje en una habitación compartida con otras cinco personas.En septiembre le saldría por 598 euros por persona. Un chollo. Es que es una época...
- ¿598 euros?
- Sí, sí, una ganga, ya le digo.
- Bueno, me parece algo caro, pero lo acepto. Tengo que dejar esto solucionado.
- ¿Cómo me lo va a abonar?
- Con tarjeta de crédito.
- Muy bien, pues son 667 euros.
- ¿Por pagarle con tarjeta?
- No, por Dios, no. Es por las tasas del aeropuerto, que van aparte.
- ¿ Y el IVA? ¿No se le habrá olvidado el IVA?
- Huy, sí, qué despistada. Claro, con tanta gente esperando, vamos muy rápido. Son 812 euros. Gracias por recordármelo.
- De nada.
Y te levantas. Y la miras fijamente.
- ¿ Pero a dónde va? ¿No quiere el viaje? A lo mejor la semana que viene ya no tenemos estos precios.
- Mire, señorita del traje de chaqueta verde, medias verdes y gorro verde, voy a contar hasta diez, voy a salir por la puerta y no voy a ponerla del color del traje que lleva, por educación, y porque usted no tiene la culpa de todo esto. Ni se le ocurra decirme una sola palabra más o me empiezo a acordar de su familia y de la de Ramón García, que, por lo que veo desde aquí, sigue tan contento en el escaparate. Buenas tardes, y hasta nunca.

Ya en la calle, respiras hondo, te vuelves a abanicar con el dichoso folleto de playas de Cancún y silbas, porque te han dicho que sirve para canalizar tu agresividad.
Empieza a anochecer, y una leve brisa acaricia tu rostro. Esto es vida, pensaría un optimista. Bueno, otro año a La Manga, pensaría un conformista. Hay que joderse, piensas tú.
 
ÉL NUNCA LO HARÍA
Más de 200.000 animales son abandonados al año en España. Todos los años la misma canción. Los padres regalan a sus hijos un cachorrito en Navidad, sin tener ni idea de lo que supone tener un animal, y al llegar el verano, ese perro ha crecido, hay que irse de vacaciones y molesta. Pues se abandona y punto, como quien tira un mueble a la basura.
Los dejan en los arcenes de las carreteras, en parques... donde pillan. Y los animales no entienden por qué quienes les han cuidado y dado de comer en los últimos meses, quienes les han sacado a pasear, quienes les han acariciado, ya no quieren estar con ellos. Y encima se quedan en el arcen, en el parque o dónde sea, con cara de espera, de una espera que durará toda la vida (generalmente corta porque mueren atropellados o apaleados).
A ver si por fin alguien en este país se pone manos a la obra y se hacen campañas de tenencia responsable, se controla la venta de animales y se fomenta la adopción. Popongo que sea ahora, en cuanto acaben los Sanfermines, por ejemplo.
A propósito, esta mañana, a las 8, he visto el encierro. Dura tres minutos escasos, pero la retransmisión que hace TVE1 llega hasta casi las 8:30. ¿Por los anuncios?, se preguntarán algunos; ¿porque los presenta Hermida?, dirán los otros. Pues no. Dura casi media hora, porque se recrean en las cogidas, en los aplastamientos, en la sangre, en las caídas de los mozos... Cuantas más cogidas (y si son mortales, mejor), más audiencia. Los humanos somos así. Y los que acaban en la cuneta, o en una plaza torturados, son los animales.

Más cosas, y por cambiar un poco de tema: los franceses tendrán que pagar 1 euro cada vez que acudan al médico. Allí no se andan con medias tintas, como aquí con el céntimo para Sanidad que se cobra en algunas comunidades cada vez que se echa gasolina. En Francia son más directos. 1 euro. Lo que no sé es si te lo devuelven si estás más de una hora en la sala de espera, o si el médico no te mira ni a la cara mientras te atiende, o si te mandan al especialista cuatro meses más tarde, cuando, o ya se te ha pasado la dolencia, o ya has fallecido.

Y acabo con una noticia que leí ayer en el periódico: "Ricky Martin es el personaje latino más buscado en Internet". Y luego continúa el diario: "por delante de personajes como Dalí o Picasso".
Pero de qué se extrañan. Es normal. Para fomentar consultas más intelectuales, podrían poner reclamos del tipo "Visita la página más cachonda de la Historia: las fotos prohibidas de Marie Curie" "Fernando Savater, sus posturas nunca vistas" o "Mario Vargas Llosa, el que la tiene más hermosa" (la página, claro).
 
SILENCIO, POR FAVOR
A ver, una pregunta que no sé si alguien me sabrá responder: ¿por qué a la gente, en general, le gusta tanto hacer ruido?¿qué extraño placer les produce? ¿son ganas de llamar la atención? ¿es por jorobar al prójimo?
El ruido proviene de muchas fuentes. Ahora en verano, muchos coches a cualquier hora del día y, lo que es peor, de la noche, van con la música a tope y las ventanillas abiertas. Parecen discotecas móviles. Otros tienen la mala costumbre de pitar al llegar a su destino, en lugar de tomarse la molestia de bajarse y llamar al telefonillo, o dar un toque con el móvil a la persona que le espera.
También están esos vecinos tan simpáticos a los que les gusta hacer bricolaje a todas horas: con la lijadora, con el taladro, con el martillo, con todo lo que pillan, pero que sea ruidoso, eso sí.
Bueno, y luego está lo de los gritos: en la piscina, en el mercado, en el metro, el autobús, hablando por teléfono, ... hasta en la tele. ¿Gritan para que se les oiga, o es que hablan así siempre?
Y qué me dicen de los servicios municipales de limpieza: esos camiones de la basura, las motocacas, los aspiradores-sopladores, ... Yo prefiero que todo esté un poco más sucio, a despertarme todos los sábados a las nueve de la mañana con cualquiera de ellos.
Y si se te ocurre entrar en un bar, prepárate: la mayoría no están insonorizados debidamente. En nuestro país no se le da importancia a algo tan básico. El ruido produce estrés y te altera, y aquí todavía no nos hemos dado cuenta.

Conclusión: uno de los lujos más preciados de este siglo que está comenzando será el silencio, y si no, al tiempo. Yo cada día lo valoro más, y siempre me acuerdo del cartel que tenían todos los ambulatorios hace unos años: una enfermera con el dedo índice en los labios (mandando callar, vaya). A más de uno se lo ponía yo en la cabecera de su cama, en su salvapantallas o en su coche. Y bien grande, además.
Mira, ya no aguanto más. Ahora mismo me voy a bajar a la calle con un megáfono a gritar: ¡ABAJO EL RUIDO! ¡VIVA EL SILENCIO! Ya les contaré lo que pasa.
 
Y VOLVER, VOLVER, VOLVER
Ya he vuelto. "Se me ha hecho muy corto, como siempre, pero me ha servido para desconectar un poco", pienso mientras bajo del avión.
Salgo del aeropuerto y, zas, un puñetazo de calor y 20 euros de taxi me reciben. Ya estoy en Madrid, lo empiezo a notar.
Llego al portal. El buzón a rebosar. Cojo el montón de cartas: del banco, para informarme de lo que me queda de hipoteca (qué amables, siempre hurgando en la herida); de una empresa de mudanzas, que me ofrece sus servicios (para mudanzas estoy yo); unos pintores, que lo pintan todo, todo, señora, se ofrecen a darme una manita a la casa (quita, quita, otro año será); una revista (por llamarle algo) del Círculo de Lectores o algo parecido, que me regala una cadena musical y una cámara de fotos digital marca Roadster o Firster o algo parecido, si llamo en las próximas 24 horas (a partir de cuánto contarán) y encargo todos los premios Planeta y los DVDs de "David El Gnomo" o de "Érase una vez... el Hombre"; un resguardo de entrega de un televisor que me ha tocado, a condición de que asista, con mi familia, a una presentación de dos horas sobre el inquietante y nunca bien ponderado mundo de la multipropiedad (eso sólo lo pone en la letra pequeña, lo he tenido que leer con una lupa), y también hay una postal. Es de un amigo, que en cuanto acaban el curso sus hijos, se va a Torrevieja, porque tiene un apartamento, que, casualmente, y debe ser de los pocos, no le tocó en el "Un, dos, tres..." Me cuenta que ya se ha tomado la primera paella del verano, que su hijo pequeño ya se ha quitado un manguito y que este año no hay muchos mosquitos. Pues vale, pues muy bien, pienso yo en mi portal. Por cierto, qué fresquito hace siempre en los portales. Yo hay veces que me bajaría una silla, y me sentaría al lado del ascensor. Pero al final no lo hago, me da corte.
Subo, abro la puerta, me invade un olor a cerrado muy, pero que muy agradable, abro las ventanas, pero poco, por el calor, y me dirijo hacia mis tres macetas. Están un poco mustias. Las riego (pero sin encharcarlas, como me dice mi madre) y parece que se van recuperando. Yo no sé cómo me sobreviven, la verdad.
Abro las llaves de paso del gas y del agua, y suena la cadena del water, que se quedó a medio tirar desde junio hasta ahora, la pobre.
Deshago la maleta. Pongo una lavadora. Compruebo que está todo lleno de polvo. Decido que limpiaré mañana (me acuerdo de la famosa frase: no dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana, y me da la risa). Me tumbo en la cama. Cierro un poco los ojos. Pasa un coche con Bisbal a tope. Lo maldigo, pero bien maldicho. Me levanto. Voy a la nevera. Bebo agua fría, y saludo al limón y al yogur caducado que hay dentro. Mañana compraré. Hoy abriré unas latas. Qué rico: mejillones en escabeche, anchoas y chipirones en salsa verde. Son restos de la cesta de Navidad. Esto con unos biscotes resecos está tan rico, me digo, autoengañándome claramente.
Abro las latas y enciendo la tele. Qué mejor que comer viendo discutir a la gente, me vuelvo a decir a mí mismo. Me entero de la muerte de Marlon Brando, del desnudo de Fresita en Interviú (¿era necesario?) y de que vuelve la Máqina de la Verdad, pero sin Julián Lago. Bueno, pero por lo menos vuelve, me consuelo de nuevo.
Recojo, friego el plato y aquí estoy, escribiendo este blog, el primero del mes de julio de 2004. Hogar, dulce hogar.