LOS NÚMEROS
Hay que ver lo importantes que son los números en nuestra vida. Naces, y ya te están midiendo y pesando, sólo para que tus padres presuman ante todo el que se acerque a verte al hospital. Son inevitables las comparaciones con otros niños de la familia, con comentarios del tipo "pues Elenita pesó algo más, pero a las pocas semanas superó a Carlitos en 30 gramos". Por supuesto, antes de nacer, a tu madre ya le han asignado un número de habitación, y según tu padre, cuando comenzaron las contracciones, "montó un númerito" (pero eso ya es otra cosa).
Sales del hospital, y te espera tu casa, con su número de portal, de escalera y de piso correspondiente.
En la guardería eres el 8º de la clase, y te toca ir siempre de la mano de Martita, una niña con coletas muy repipi que no hace más que llorar e imitar a Sin-Chan, y que tiene el número 7. En el colegio empiezan a darte las notas, aunque ahora parece que han sustituido los números por conceptos más enrevesados como "mejora progresivamente", que en cristiano es un 6.
Creces, te haces el carné de identidad, que lleva un número muy largo, salvo que te den el denominado comunmente como "de muerto", que es más corto y da mal rollo.
Luego te sacas el de conducir, que también tiene número y encima ahora va a ser con puntos, como si fuera una tómbola.
Empiezas a ir al cine con tus amigos, y ves películas como "Porky´s" o "American Pie", y luego otras como "Porky's 2" o "American Pie 2". En ellas dicen algo de un 69, tú no coges el concepto, pero al salir te lo explica el típico amigo repetidor. Y aquí hago un breve inciso: acaban de estrenar una película de dibujos animados que se titula "Pinocho 3000". Yo no he visto las 2.999 anteriores, pero me alegro porque por fin han superado a "Viernes 13".
Sigo. Antes también te daban un número al tallarte y pesarte para hacer la mili, pero afortunadamente, eso pasó a la Historia.
Bueno, y ya cuando empiezas a ser adulto, comienza el festival de números en tu vida: el precio y la matrícula de tu primer coche de segunda mano, la fecha de aniversario de tu primer amor, el importe del recibo de la hipoteca, los 6 números de la Primitiva que repites todas las semanas, tu número de la tarjeta de crédito, el del teléfono fijo, el del móvil (con el pin y el pum), el del mostrador del embutido en el supermercado, los números de los canales de la tele (que, por cierto, en cada casa los tenemos de una manera, y siempre hay discusiones sobre la colocación más adecuada), ... Y así sucesivamente, nos vemos envueltos en una espiral de números, que, de una manera u otra, condicionan nuestra vida. Incluso cuando nos morimos, en el cementerio, somos un número.
Ya lo decía ese gran fílósofo que es José Luis Rodríguez "El Puma" en su gran y único éxito "Pavo real": "numerar, numerar, viva la numeración"...
Sales del hospital, y te espera tu casa, con su número de portal, de escalera y de piso correspondiente.
En la guardería eres el 8º de la clase, y te toca ir siempre de la mano de Martita, una niña con coletas muy repipi que no hace más que llorar e imitar a Sin-Chan, y que tiene el número 7. En el colegio empiezan a darte las notas, aunque ahora parece que han sustituido los números por conceptos más enrevesados como "mejora progresivamente", que en cristiano es un 6.
Creces, te haces el carné de identidad, que lleva un número muy largo, salvo que te den el denominado comunmente como "de muerto", que es más corto y da mal rollo.
Luego te sacas el de conducir, que también tiene número y encima ahora va a ser con puntos, como si fuera una tómbola.
Empiezas a ir al cine con tus amigos, y ves películas como "Porky´s" o "American Pie", y luego otras como "Porky's 2" o "American Pie 2". En ellas dicen algo de un 69, tú no coges el concepto, pero al salir te lo explica el típico amigo repetidor. Y aquí hago un breve inciso: acaban de estrenar una película de dibujos animados que se titula "Pinocho 3000". Yo no he visto las 2.999 anteriores, pero me alegro porque por fin han superado a "Viernes 13".
Sigo. Antes también te daban un número al tallarte y pesarte para hacer la mili, pero afortunadamente, eso pasó a la Historia.
Bueno, y ya cuando empiezas a ser adulto, comienza el festival de números en tu vida: el precio y la matrícula de tu primer coche de segunda mano, la fecha de aniversario de tu primer amor, el importe del recibo de la hipoteca, los 6 números de la Primitiva que repites todas las semanas, tu número de la tarjeta de crédito, el del teléfono fijo, el del móvil (con el pin y el pum), el del mostrador del embutido en el supermercado, los números de los canales de la tele (que, por cierto, en cada casa los tenemos de una manera, y siempre hay discusiones sobre la colocación más adecuada), ... Y así sucesivamente, nos vemos envueltos en una espiral de números, que, de una manera u otra, condicionan nuestra vida. Incluso cuando nos morimos, en el cementerio, somos un número.
Ya lo decía ese gran fílósofo que es José Luis Rodríguez "El Puma" en su gran y único éxito "Pavo real": "numerar, numerar, viva la numeración"...





