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Gritos desde la inopia
...nunca llevo el corazón encima por si me lo quitan...
Acerca de
Hasta hace poco vivía, sufría y repetía los mismos errores que siempre había cometido. Ahora estoy aprendiendo.
Sindicación
 
Omar

Hoy alguien me ha contado una historia (triste):

Él se llama Omar. Se desconoce si viene del Senegal o de Camerún. Tiene la piel de color marrón terroso y no sabe muy bien la edad que tiene... él calcula que alrededor de 38 años. No sabe ni el día en que nació. Está casado y tienes tres hijas. La menor de ellas es igualita a él. Lleva una foto de su familia consigo todo el tiempo.

Vino, como muchos, aquí a España a ganarse la vida ya que en su país no había nada: ni comida, ni dinero, ni oportunidades... Habla español un poquito, lo mínimo para que le entiendan o para hacerse entender.

Omar destacaba por su alegría. Siempre reía. Siempre iba a trabajar con una sonrisa que dejaba ver su bondad. Porque él era buena persona. No tenía maldad ninguna y eso se notaba. Era de esas personas que realmente se merece que todo le vaya bien. Cualquier gesto que tenías con él te respondía con su más sincera gratitud.

Sus pertenencias consistían apenas en un par o tres de camisetas finas, la foto de su familia, una bicicleta que le permitía desplazarse, su perpétua sonrisa y poca cosa más...

En invierno él solo iba a trabajar con su camiseta fina de manga larga pasando un frío inimaginable... No tenía abrigo ninguno que ponerse, y presumo que tampoco dinero para comprarse uno. Por suerte, alguien le dio unos jerseys con los que poder calmar la tiritera que sufría diariamente.

No hace mucho, se le empezó a notar que le faltaba algo, una de sus pocas pertenencias ya no estaba: SU SONRISA. Ya no reía como antes. Simplemente se la habían robado. Aquí, en España, se la robaron.

Un día, mientras él trabajaba afanosamente, se le acercó un hombre y le dijo que si al día siguiente, a las 9, estaba ahí, él le proporcionaría trabajo. Él ilusionado, a la mañana siguiente se presentó ahí y esperó. Esperó y esperó... y ese hombre no apareció. Decidió no esperar más. Cogió su bicicleta y se fue. En un cruce, un hijo de puta con un coche rojo le atropelló y se dio a la fuga. Omar quedó malherido. Se rompió los dos dientes de delante y sangraba abundantemente. La bicicleta quedó inservible. Se le llevó a un centro hospitalario y allí se le atendió.

Ahora Omar ya no tiene ni sonrisa ni bicicleta. Omar quiere volver a su país ya que en España no sólo no tiene trabajo, sinó que encima le roban lo poco que tiene.

Quería rendirle un tributo a esta gran persona con este humilde post. Le deseo toda la suerte del mundo. Él no sabe ni que existo pero da lo mismo. Ojalá Omar, ojalá la vida a partir de ahora te dé todo lo que necesario para ser feliz.

Te recordaré.