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La Guerra Civil Española
Información histórica y de opinión acerca de la guerra civil española
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La "No" Intervención de Portugal en la guerra española
Con la Guerra Civil española ocurre lo mismo que con todas las guerras, como la II Guerra Mundial o la de Vietnam: sobre determinados capítulos de la contienda existe una saturación de datos, libros, revisiones, películas e interpretaciones. En cambio, sobre pasajes más oscuros y mucho más determinantes no hay prácticamente documentación.

Es el caso de la intervención portuguesa en nuestra guerra. No existe prácticamente material publicado sobre las relaciones entre España y Portugal durante la GCE. Buscando en el catálogo colectivo de las bibliotecas públicas del Estado, de la Biblioteca Nacional y del catálogo colectivo portugués aparecen las siguientes obras: "Fuerzas Armadas y poder político en el siglo XX de Portugal y España" de Hipólito Gómez de la Torre; se trata de una obra de máximo interés puesto que comprende todo el siglo XX, un periodo en el que Portugal ha sufrido los mismos destinos políticos que España. Aunque aún más interesante es el de Iva Delgado "Portugal e a guerra civil de Espanha", del que sería muy esclarecedor poder leer el capítulo titulado "As forças armadas portuguesas e a Guerra Civil de Espanha".

En todo caso, la intervención de Portugal en la Guerra Civil Española, país que paradójicamente había firmado el Pacto de No Intervención, se remonta a mucho antes de la rebelión. Desde 1934 se concentraron en Lisboa y Estoril numerosos monárquicos españoles que conspiraron con total impunidad contra el régimen republicano, proceso que concluyó en 1936 con el vuelo de Sanjurjo desde Lisboa hacia España para ponerse al frente de la rebelión y que, como es comúnmente sabido, se vio truncado por un oscuro accidente que ha dado lugar a multitud de suposiciones, historia-ficción y conspiranoia -como cualquier suceso histórico confuso, por otra parte.

Una vez desatado el golpe, iniciada la guerra y estrellado Sanjurjo, si por algo destacó la intervención portuguesa fue por dejar campar a sus anchas en los territorios fronterizos -y en muchos casos bien entrados en terreno portugués- a los sublevados, que se dedicaban a la caza y captura del huido republicano. De hecho, la policía portuguesa colaboraba amigablemente en estas campañas con partidas en busca de fugitivos, la mayor parte de ellos trasladados a Extremadura y fusilados en el acto, sin ningún tipo de proceso.

Legalmente, Portugal dejó de lado a la embajada española e inició relaciones con una asociación diplomática y comercial constituida por Gil Robles, representantes de la CEDA, y desertores de la embajada española. Al embajador legal, Sánchez Albornoz, se le sitió y amenazó constantemente. Su comunicación con Madrid estaba cortada y las raras veces que le llegó algún telegrama lo hizo de dos formas: o bien mutilado, o bien ilegible.

Militarmente, en la faceta logística, mientras Extremadura fue republicana, las comunicaciones entre Mola y Franco se hicieron vía Lisboa. Nos estamos refiriendo a un momento crucial en el inicio de la contienda, cuando el golpe ha fracasado en la mayor parte del territorio y la República, de haber reaccionado o -siendo honestos- de haber podido reaccionar, podría haber apagado los focos de rebelión. Más escandalosa fue aún la llegada a Lisboa del vapor Romeu, procedente de Tenerife, con tropas de falangistas, el ejército de retaguardia y tanques de gasolina. En lo que respecta a munición y armamento, Franco obtuvo en Lisboa importantes remesas de armamento alemán, la fábrica de armas Barcarena les facilitó ametralladoras y bombas de mano mientras, otra fábrica, la Bemfica, se comprometió a facturarles la totalidad de su producción.

En resumen, hubiera sido imposible que la República le hubiera declarado la contienda a Portugal desplazando las "lindezas" de la guerra a su territorio en la medida de lo posible, pero motivos no le faltaron. El país vecino declaró la guerra al régimen legalmente constituido en España con todos los medios a su alcance. Lo más gracioso es que Portugal suscribía el Pacto de No Intervención, con lo que tamaño cinismo tuvo que hacer enrojecer a los diplomáticos con más años de carrera. Aunque lo cierto es que las "No" Intervenciones de Italia y Alemania también fueron sonadas.

España y Portugal llevaban dos siglos sin meterse ninguno en los asuntos del otro. El dictador Oliveira Salazar rompió esta provechosa tradición. Sin duda alguna, su dictadura era más sostenible al lado de una España presa por otra dictadura de similar condición.
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