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La Guerra Civil Española
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La Batalla de Madrid
Actualmente, con la publicación de varios libros sobre La Batalla de Madrid, han florecido numerosas teorías sobre las consecuencias y las características de la misma. El tema resulta harto curioso porque en este enfrentamiento, como es habitual en la Guerra Civil, tuvieron lugar numerosos hechos que hoy en día se magnifican y se califican de heroicos cuando fueron intrascendentes, mientras otros se olvidan cuando verdaderamente fueron heroicos. Pero el asunto más polémico en torno a esta batalla es el enigma que encierra la actuación de Franco, quien teniendo la carretera a Madrid desde Talavera completamente libre tras la toma de esta ciudad, decide desviarse para liberar el Alcázar de Toledo.

Un hecho del que no se habla y que sospechosamente quizá responda a un deseo premeditado, son los bombardeos que sufrió la ciudad. Los combates en el aire sobre Madrid fueron muy importantes, pero los aviones rusos de las fuerzas republicanas no estuvieron al principio de la contienda y Franco pudo maniobrar desde el aire sin resistencia. En los primeros días, cayeron sobre Madrid más de dos mil bombas por hora sobre la población civil. Luego fueron Guernica, Barcelona, Granollers… experimentos cada vez más meticulosos en los que los Junkers alemanes ensayaron sus célebres bombardeos sobre población civil de la II Guerra Mundial. El dato más curioso es que Franco evitó bombardear barrios ricos, como el Barrio de Salamanca, y se centró en los obreros, lo que ocasionó que espontáneamente el pueblo de Madrid más humilde tomara la zona privilegiada de la ciudad como rehén para huir de las bombas nacionales. Hoy día no se habla demasiado de este hecho y se omite que Madrid fue una de las primeras capitales europeas en sufrir la violencia bélica indiscriminada del fascismo internacional.

Respecto a la decisión de Franco de no tomar la ciudad se han hecho numerosas conjeturas. La más habitual es la que dice que Franco pretendía alargar la guerra y no tenía prisa por tomar Madrid. Sin dejar de ser cierta, es un tanto obvia a tenor de los acontecimientos. Porque es un hecho demostrado, a juzgar por la conducta de Mola, de Yagüe o por los discursos de Queipo de Llano en Radio Sevilla, que la intención de los sublevados no era únicamente tomar el poder. Como en todas las guerras ideológicas del siglo XX, la insurrección tenía visos de cruzada -como lo fue posteriormente la nazi contra los judíos- y el fin de aniquilar o eliminar físicamente al rival político. Por lo tanto, no tiene lugar acusar a Franco de decidir alargar la guerra en ese momento; él ya tenía claro que lo que no tenía era prisa, sino más bien la intención de acabar con cualquier oposición política. Por otra parte, con su buen criterio militar y guiado por sus ambiciones políticas, la simple posibilidad de una derrota o “no victoria” en Madrid era un obstáculo muy grande en su carrera hacia la jefatura del estado.
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