logotipo

img_google
La Guerra Civil Española
Información histórica y de opinión acerca de la guerra civil española
Acerca de
Para recuperar la memoria histórica
Sindicación
 
La rendición de Santoña
Nos encontramos con este interesante artículo de Jesús Loza, parlamentario del Partido Socialista de Euskadi por Vitoria. En él critica a Madrazo, de Ezker Batua, por su gestión de las indemnizaciones por trabajos forzados durante el franquismo, de la cual se habló en este weblog y se calificó de lamentable.

Pero el interés del artículo se centra en las citas que aparecen de una polémica histórica de gran calado: La rendición de Santoña. Este incidente, protagonizado por mandatarios nacionalistas vascos, supuso la apertura de una brecha en el frente norte y significó la pérdida de éste para la República, que quedó herida de muerte y sin ya prácticamente posibilidades de ganar la guerra.

Como hace Jesús Loza en este artículo, Santoña se ha usado muy habitualmente como arma arrojadiza contra el nacionalismo vasco. La creencia extendida es que, incapaces de defender el País Vasco por las armas, los nacionalistas negociaron la rendición con las fuerzas italianas y Franco por medio de El Vaticano. De modo que el resto de fuerzas republicanas quedaron diezmadas por esta rendición y fueron vencidas finalmente en Asturias sin haber podido oponer una resistencia considerable.

¿Qué es lo que ocurrió en realidad? En el País Vasco la organización de un ejército corrió a cargo del partido mayoritario, el PNV, un partido conservador. Desde un principio este partido mostró más recelos de sus propios aliados que del enemigo. Era un partido de orden y muy católico, que no entendió en ningún momento lo que había en juego en la Guerra Civil. Del Estado Mayor para la defensa que constituyó el PNV, son muy relevantes datos como que el comandante Arbex se pasó al enemigo a los pocos días de ser nombrado; o el propio Jefe de Estado Mayor, que declaró algo tan políticamente incorrecto hoy en día en las latitudes nacionalistas que debería sonrojar a los líderes abertzales que justifican sus posturas en la Historia reciente: "Nuestros campesinos, si usted quiere oir la verdad, están de corazón más con el enemigo que con nosotros" (G.L. Steer, The Ree of Guernika, p. 223). No es extraño pues que, con este ambiente, el gobierno vasco mostrara una tolerancia con sospechosos, traidores y el enemigo en sí que era inconcebible. De hecho, el capitán vasco Goicoechea, jefe del Cinturón de Hierro -fortificaciones para la defensa de Bilbao- se pasó al enemigo con los planos de toda la defensa. Así se selló la suerte de Bilbao. El gobierno, sobre este incidente, dijo: "Es un buen sujeto; se llevaba muy bien con nosotros. No, no es fascista; es un vasco de corazón. En su caso no ha sido una traición vulgar; es que estaba aterrado de la pobreza de nuestros recursos cuando se marchó. Acudió con frecuencia a nuestras oficinas -las del PNV- y pudimos convencernos de que favorecía realmente nuestra causa" (Steer, p. 151). La caída de Bilbao supuso miles de muertos.

Pero la rendición de Santoña ocurrió días más tarde: con el gobierno vasco instalado en Santander tras la caída de Bilbao, los fascistas rompieron las líneas republicanas e intentaron tomar la ciudad cántabra, algo que les llevó más de dos meses. Los republicanos combatieron con inferioridad de medios, tan sólo apoyados por dieciocho areoplanos rusos, diecisiete bombarderos y una colección de antiguos aviones ya prácticamente obsoletos enviados desde Madrid con carácter de urgencia. Durante este lance, el general Gamir Ulibarri, jefe de las fuerzas de la República en el Norte, ordenó a los batallones vascos cubrir las posiciones en la línea de Santander, orden que desobedecieron: "Por primera vez los vascos se negaron a luchar. No estaban dispuestos a dejarse matar por Santander. Ya se habían apartado demasiado de su propio país; no se moverían de donde estaban, en la frontera de Vizcaya" (Steer, p.380) Más adelante llegó la orden de retirarse hacia Asturias, pero los batallones nacionalistas fueron a Santoña, Laredo y Colindres; los jefes del nacionalismo habían decidido firmar una paz con las fuerzas italianas. Juan de Ajuriaguerra, presidente de la comisión ejecutiva del PNV, había parlamentado con el general Mancini, comandante de la división italiana "Flechas Azules". Mientras tanto, el Lehendakari salía en avión hacia Francia, dejando una Junta de defensa para la capitulación.

Estas son las condiciones de la rendición que los líderes nacionalistas vascos firmaron con los italianos:

Por parte vasca:
1.Deponer las armas y entregar el material de guerra a las fuerzas legionarias italianas, que ocuparán Santoña sin resistencia.
2.Mantener el orden público en la zona que ocupaban
3.Asegurar la vida y libertad de los presos políticos en las cárceles de Laredo y Santoña

Por parte italiana:
1.Garantizar la vida de todos combatientes vascos (subrayado porque, obviamente, hay que destacar que sólo la vida de los combatientes vascos merecía respeto para los líderes nacionalistas)
2.Garantizar la vida y autorizar la salida al extranjero de todas las personalidades políticas y funcionarios vascos al presente territorio de Santander y Santoña
3.Considerar a los combatientes vascos sujetos a esta capitulación libres de toda obligación de tomar nueva parte en la guerra civil.
4.Asegurar que la población vasca leal al gobierno provisional de Euskadi no sea perseguida.

Lo ocurrido después fue que los italianos ocuparon sin resistencia los territorios cántabros defendidos por los nacionalistas vascos, mientras estos mantenían el orden, lo cual quiere decir: que no se moviera nadie. Completada esta operación, se prohibió la salida de las autoridades en barcos y todos los responsables nacionalistas fueron detenidos y condenados a muerte en su mayoría. Es decir, ocurrió lo mismo que venía pasando en el resto de España. Los nacionalistas no entendieron que con un enemigo fascista no se puede negociar, pues siempre miente, y engañados, obraron de mala fe con una actitud mezquina en el sentido de que se sirvieron de los combatientes no vascos cuando persiguieron la victoria, y se desentendieron de ellos, inmovilizándolos para que los fascistas les encarcelaran a su llegada.

Finalmente, el ejército republicano quedó desprovisto de un importante capital humano y bélico y fue aplastado hasta la caída de Asturias. Algunas asociaciones nacionalistas minoritarias, en cambio, siguieron combatiendo hasta el final.

Visto esto, entendemos cuál fue la actuación del nacionalismo mayoritario. Que cada uno extraiga sus propias conclusiones. Una destaca por encima de todas las posibles, los nacionalistas no consideraban vascos a los soldados vascos no nacionalistas. Así lo hicieron, así les abandonaron y, hoy en día, persiste tanto en las declaraciones de los líderes e ideólogos nacionalistas, como en sus detractores, la idea de que el comportamiento del PNV fue el comportamiento de "los vascos en general". Por lo que se deduce que, pese a perder la batalla y rendirse, con el paso del tiempo, ésta se ha transformado en una victoria, ya que han logrado instaurar la idea de que sólo los vascos nacionalistas son vascos.

Como apéndice, hay que señalar un dato que completa la síntesis de lo sucedido en el enfrentamiento civil en el País Vasco. Cuando cayó Bilbao, los líderes militares de la UGT decidieron volar los altos hornos de Bilbao y demás industria susceptible de ser usada con fines militares. Los nacionalistas vascos se negaron llegando a combatir contra las propias unidades de la UGT con el fin de impedirlo. Al final el propio lehendakari puso paz inutilizando la industria con averías estratégicas.
Toda la industria vasca tardó pocos días en volver a funcionar tras la ocupación, y de ella salió gran parte de las armas y las bombas que sesgaron miles de vidas de ciudadanos y defensores de la libertad.
No