Y ahí estaba yo, pensando todas estas cosas mientras buscaba mi salón. Así fue que entré, temerosa y nerviosa a un salón lleno de gente desconocida que me miraba igualmente asustada y nerviosa. Me senté sola, sin hablar, esperando a que llegara el maestro… nunca llegó. En cambio, atrás del salón, un grupo de 5 se reía como si llevaran años de conocerse. Dos chavas nuevas y tres zonzos que jugaban a hacerse pasar por niños de primer ingres; se notaba a leguas. Sin embargo, aburrida de no hablar con nadie y esperando algo de emoción, me uní a aquél grupo que tan divertido se iba haciendo. Y ahí estaban, Sol y Laura, mis amigas hasta la fecha. Desde ese momento compartimos muchas cosas; pintas al cine, bromas tontas que nos hacían reír por horas, pastelazos extraños en los cumpleaños y visitas al edificio “T” donde se encontraban los galanes que nos gustaban, y que jugaron a novatearnos los primero días. Pasaban los días y más amigas nos volvíamos. Éramos quinceañeras que pensaban estar enamoradas de otros tontos que se hacían los galanes. Pero más cosas pasaban con Laura. Juntas lloramos y nos contamos nuestras aventuras en una rocola de la Central Camionera cercana a la escuela. Nos sentábamos en las mesas a oír como José José cantaba nuestras “penas”. Ah! que tiempos aquéllos cuando pensábamos que nuestra mayor tragedia era que el “galán” y el “bromista” no nos hicieran caso. Tres años estuvimos juntas pasando la adolescencia, pasando una de mis épocas más felices. Después conocí al que hoy es mi ex, y ellas conocieron a sus respectivos también. Salimos del CCH, yo tuve que quedarme a un curso especial por no pasar Matemáticas, pero aún así, la última noche que compartimos juntas fue inolvidable y divertida. Bailamos, lloramos y reímos en un salón improvisado donde muchos ya no nos volveríamos a ver. Medio borrachos y contentos, fuimos a casa de Laura a dormirnos los amigos. Después, cada quién tomo su rumbo. Después de todo, decidí que tendría que sacrificar mi entrada a la UNAM por estudiar Comunicación en la UAM. Laura eligió quedarse, estudiando lo mismo.
Así que separadas un tiempo, seguimos nuestras vidas sin saber una de la otra un rato.
Hace 4 años nos volvimos a contactar, ella era ya gerente de una estación de radio, después de haber entrado haciendo servicio social, tenía un nuevo novio y la vida le había cambiado completamente. Ya no era la niña flaquita y rosa que escribía poemas y oía a Cristian Castro (jiji) esperando que el 14 de febrero, el amor de ojos verdes tocara a su puerta, no. Ahora mi amiga era toda una mujer responsable, madura, con un puesto que sabía manejar muy bien y que vivía independiente con un chico que ya no era el que conocí en el CCH. No, ahora ya no quedaba mucho de esa amiga del CCH, y tal vez tampoco quedaba mucho de mi en esa época. Nos encontramos cambiadas y luchando en el medio que elegimos.
Volvimos a separarnos otro año, hasta que en febrero del año pasado me volví a topar con mi amiga. Visité su casa, platicamos horas y decidí que no iba a separarme de ella otra vez por tanto tiempo. Había cambiado; los dolores, las experiencias nuevas y las responsabilidades la habían madurado. Había rentado un departamento con su novio. Fue una de las mejores pláticas que he tenido. Y empezamos a ser uña y mugre otra vez.
Meses después, su casa fue testigo de mis noches solitarias (y otras no tanto) después de mi relación fallida de casi 11 años. Estuvo ahí para apoyarme y jalarme las orejas cuando fuera necesario. Y recordé esas épocas de adolescentes cuando la cosa era al revés: yo le jalaba las orejas en vez de ella a mi. En fin, qué vueltas da la vida.
Gracias en gran parte a ella y a su apoyo, salí del hoyo y me enseñó un mundo diferente y una vida que no me había atrevido a experimentar.
Hace poco tiempo fue el aniversario de su estación de radio, y tuve la oportunidad de trabajar con ella. Hicimos un video que festejara la ocasión, y ha sido el segundo trabajo que más he disfrutado después de mi documental.
Ahora es una mujer fuerte y decidida que no se ha visto afectada por el medio, en el fondo sigue siendo esa niña tierna y noble que conocí en ese salón del CCH. Buena jefa, sencilla y simpática, pero ante todo, alguien que aprende de sus errores y no se deja caer.
Ayer me llegó un mensaje, era mi amiga que me avisaba que ya no era más la gerente de la estación, así que le llamé alarmada y preocupada, sólo para que me confirmara que ya no lo era porque la habían ascendido de puesto. Y ahí en el teléfono, esta retrospectiva de nuestra amistad pasó por mi mente mientras las lágrimas se me salían, porque por un momento, en algún lugar de mi memoria, me volví a ver junta ella sentada en el salón diciéndole: Hola, ¿cómo te llamas?.
| No crezcas más que te quiero así como eres hoy, no crezcas más que me asusta el que vayas a cambiar. Es posible que mañana los problemas te hagan cambiar, tus amigos, tus hermanos te dirán que ya no eres la misma, y es verdad que con los años ves la vida de otro color, te hace seria, responsable y tal vez te olvides de quién soy. No crezcas más que te quiero así como eres hoy, no crezcas más que me asusta el que vayas a cambiar. Es posible que tú pienses que cuando yo sea mayor, no recuerde los momentos que nos divertimos juntas tú y yo, aunque pasen muchos años, nos tengamos que separar, será siempre tu recuerdo lo que me ayude a respirar. Quiero crecer, que la vida nos sorprenda a las dos, quiero crecer y mirar sonriendo hacia atrás, Si volvemos a empezar, bien el tiempo aprovechar, sín más, juntas tú y yo. Quiero crecer, que la vida nos sorprenda a los dos, quiero crecer y mirar sonriendo hacia atrás.
No crezcas más Timbiriche | Que tengas suertecita,
Que tengas suertecita Enrique Bunbury |





