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Guerrera de luz
Todos tenemos una leyenda personal
Acerca de
"Todo el mundo es especial.
Todo el mundo.
Todo el mundo es un héroe, un amante, un loco, un villano.
Todo el mundo.
Todo el mundo tiene su historia."

V de Vendetta
 
Tengo que aprender a fingir más y a no mostrar lo que siento?
Ya pasaron más de tres meses después de que vi por última vez a mi príncipe. Obviamennte la vida real no es como los cuentos de hadas y las princesas y principes no se comportan igual.
La desesperación de no encontrar todavía un trabajo, ha sido el principal motivo de no verlo, y en ese tiempo mi mente y corazón volaron mucho. Lo extraño todos los días y a la vez, sonrío cada vez que lo recuerdo. Me hace feliz aún cuando no está.
También cabe mencionar que últimamente, debido a estos motivos, mi carácter ha ido del enojo, la desesperación, la incertidumbre pasando por tristeza, añoranza y también paciencia.
No lo niego, he seguido saliendo a divertirme sola porque sé que no debo de cometer el mismo error; no pretendo depender de nadie emocionalmente aunque eso me cueste trabajo. No es fácil de repente imaginarse sola siendo que dependí tanto en ese aspecto durante muchos años. Y bueno, entre eso también ha estado el trabajo; viajes por aquí, eventos por allá, entregas, cambio de look en la oficina y la misma rutina de mi ya mencionado tiranito.
No han faltado una que otra fiesta con mis charolastras y salidas menos frecuentes con mi mejor amiga debido a su nuevo trabajo y el tiempo que éste la absorbe. Hasta eso mi vida sigue su curso normal, pero extraño a mi niño. Es por eso que, aburrida a veces de la rutina laboral, encuentro consuelo en nuestro amigo en común, Tom. Lo voy a ver después del trabajo y payaseamos un rato para que después cada quién se vaya a su casa. Entre todo esto y el trabajo, sin él y sus mensadas, ya me hubiera vuelto más loca (jiji).
En fin, después de esperas, falsas alarmas y demás situaciones, un día en el trabajo de Tom, sin previo aviso, mi príncipe y yo nos encontramos. Lo abracé, lo besé y estuve pegada a él no se por cuánto tiempo. Fui muy feliz. Platicamos un rato puesto que se tenía que ir. Después en el chat nos pusimos de acuerdo para vernos. Y así fue, esta semana una tarde lo vi aunque diferente, a veces distraído o serio. Sé que es por lo del trabajo y sus preocupaciones.
Pasamos la tarde juntos y en ese tiempo recordé los meses sin verlo y las cosas que empezaba a sentir, tal vez mi humor "chipil" de días atrás hizo efecto y sí, le dije que lo quería, que me estaba enamorando de él y que ojalá esto llegara a más. Ahora sé que fue mal momento para decirlo y tal vez mi forma de plantearlo no fue la mejor. Como respuesta obtuve un "no quiero una relación por el momento, te quiero, me gustas y nos la pasamos bien, vayámonos con calma". Y bueno, pues sería hipócrita decir que no me sentí decepcionada y hasta cierto punto rechazada. Me dejó en mi casa en la noche, yo fui seria todo el camino pensando en lo que había hecho, Nos despedimos igual de cariñosos como siempre y volví a sentirme sola. Me volvió a invadir ese sentimiento de desolación, de autocompasión. Anduve tristeando todo el siguiente día después de recibir un mensaje donde decía que no me podía ver porque había hecho compromiso con amigos. Y estuve llorosa, no lo niego, incluso cuando le pedí al Tom que me hablara para platicar de lo que pasó, lo cual no pude hacer bien debido a las constantes interrupciones de su entrometidita esposa, la cual, acabó por ponerme de malas, así que decidí hablar con él después.
Pero hoy mi mente amaneció más clara y descubrí que la que no esperaba nada en un principio era yo, la que estableció la regla de ir con calma fui yo. La que mencionó no querer una relación por el momento, ahora se veía envuelta en un sentimiento hacia un hombre extrañamente encantador, pero al final entendí. No es momento para plantear una relación, ni para él ni para mi. Me he dado cuenta de que no estoy lista y que a veces resulto demasiado emocional y viceral en expresar mis sentimientos. Debo trabajar en ello.
Al principio pensé que había cometido un error al decirle lo que siento y por un momento pensé en que tenía que dejar de ser tan... sincera y que debía cubrir mis sentimientos para que ya no me lastimaran. Debía ser más fría y no decir lo que pienso o siento. Jajajaja, ahorita ya mejor me río, porque si algo he aprendido es que uno no debe dejar de sentir, que el ocultar los sentimiento no me va a llevar a que me lastimen menos, sino que sólo encubrirá todo volviéndome una persona amargada y temerosa de usar el corazón otra vez. Y como el buen Tom me dijo: "Tienes mucho por qué alegrarte: estas viva, tienes a tus papás y has aprendido con él, a valorarte más desde que tu ex te dejó; y eso es bueno". Tal vez no estoy acostumbrada a nuevas cosas, nuevos tratos, a que me digan cosas lindas, pero eso no quita el que me sienta tan bien con mi príncipe, que sea yo misma, que me sienta tan bonita cuando me abraza y me mira y que me ha hecho ver que siempre debo sentirme así.
Así que otra vez empiezo desde donde me había quedado. Yo sé que el Príncipe conseguirá trabajo, que todo irá mejor, que tal vez sigamos saliendo juntos como siempre, porque es innegable que nos sentimos muy bien juntos. No sé que llegue a pasar, dejaré el tiempo seguir al igual que mi vida, me iré más despacio en todo y aprenderé de lo que me sigue pasando.
Sé que la felicidad ha pasado fugazmente por mi vida últimamente, pero espero que un día decida quedarse y eso no depende de nadie más que de mi.
Mientras puedo decir que fui muy feliz al volverlo a ver y eso, es lo que importa. ¿Y que si volvería a decirle lo que siento?, claro, porqué no.







Es de verdad, ya estás aquí;
ha sido un largo tiempo de espera
y la ansiedad de saber que ibas a venir
me ha puesto en un estado entre llorar y reír...
No hagas caso ¿cómo te va?
ven, déjame abrazarte y ya después me dirás
siempre hay tiempo...
(mentira)
la dicha se va en tantas formas.

Y te fuiste tú,
y el verte de nuevo me inunda de gratitud,
de ventura, de felicidad.
La vida un día toca a la puerta,
nos manda llamar,
como hojas que el viento separa y
después de algún tiempo las junta,
las vuelve a encontrar.
No caben rencores, la cosa es así,
lo único que quiero mirar
es que estás otra vez junto a mí.

Uno no sabe qué decir,
la ocasión amerita una celebración de emociones,
de hablar y escuchar,
¿qué te puedo contar?
sí no sé por donde empezar.

Te puedo abrazar, ya estás aquí,
es tu bienvenida y yo soy tan feliz.

 


Bienvenida


Fernando Delgadillo


"La felicidad sólo puede provenir de tu interior
y es el resultado de tu amor.
Cuando te des cuenta de que ninguna otra persona
puede hacerte feliz
y que la felicidad es el resultado de tu amor,
habrás conseguido la más importante de las maestrías".


 


La maestría del amor


Miguel Ruiz