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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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en cuarentena
Este fin de semana toca cuarentena. Es toda una novedad poder salir a tomar algo sin tener en la cabeza la idea de que "esta" sea la noche. Seguro que me divertiré y que podré disfrutar con mis amigos de una dulce noche de copas y confidencias.
 
good night from hell
Hoy no es el momento para escribir. Es el momento de dormir, de descansar, de dejar de pensar. De formatear la cabeza y cerrar los ojos. Mañana será un día exactamente igual que éste, pero ya me voy acostumbrando...
 
palabrota
Con perdón por el lenguaje soez... estoy hasta la polla. Yarince dixit.
 
exorcismo I

Te habría chupado la sangre.

Habría ungido mi cuerpo en aceite,
sorbiendo tus heridas
hasta suturarlas de dientes.

Con mi boca habría cicatrizado
todos tus estigmas.

No tuve miedo de tu saliva,
y bebí de tu vaso
y lamí tus mejillas.

Pero no me dejaste besarte la lengua.
 
vuelve
Homenaje a una estatua excavada en rocas de Lucerna

Vuelve (Konstantin Kavafis)

Vuelve otra vez y tómame,
amada sensación retorna y tómame -
cuando la memoria del cuerpo se despierta,
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún te tocan.

Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan....
 
something's coming
Algo está pasando. No sé lo que es y me ilumina los ojos que sea lo mismo, y me aterra que acabe igual que siempre. En mi cuarto se dibuja la ralla del círculo polar.
 
coma
No puedo dejar de mirar tus tres lunares (coma) los que tienes en tu antebrazo (coma) formando una constelación de manchas en la piel (coma) y lanzo miradas furtivas a tu cara (coma) a tu cara estática y durmiente (coma) a los espasmos de tu pecho (coma) y me trago las lágrimas como puñados de pelo (coma) paso un pañuelo por las comisuras de tus labios (coma) te pongo crema en las grietas (coma) y desinfectante en las llagas de tu oreja (coma) te aprieto los brazos y descubro que te estás derritiendo (coma) que los músculos se funden con la grasa (coma) que tu cuerpo se escurre entre tus huesos (coma) miro a mamá (coma) que te habla como en navidades (coma) y te besa (coma) te dice te quiero (coma) y a veces una lágrima te parte la mejilla (coma) y miramos a otro lado (coma) para pensar que es un reflejo (coma) que no es tu alma hablando desde tu silencio (coma) se acaba el suero (coma) habrá que llamar a la enfermera (coma) ¿tienes calor? (coma) espera (coma) que te abanico un rato (coma) papá te limpia el sudor de la frente (coma) y nuestro hermano te impone las manos (coma) provocando que tu meñique se enrosque como un caracol (coma) y desde la pared te miran fotos de santos (coma) patronos de casos imposibles (coma) y desde la ventana asoman tus dos hijos pequeños (coma) por una foto en el país de la fantasía (coma) con disfraces de bambi y de rey león (coma) y a veces bostezas (coma) otras tuerces la boca (coma) o aprietas mi mano en la tuya con fuerza (coma) y giras la cabeza para recibir nuestros besos (coma) y mueves los ojos bajo los párpados (coma) igualito que si soñaras al lado de ella (coma) y tu alma rota se escara en la cama (coma) mientras la nuestra y nuestra vida se rompe al dejarte (coma) y se recompone al verte (coma) y guarda un pedazo entero para el día en que faltes (coma) y dan ganas de sacudirte (coma) de despertarte (coma) de gritarte hasta sacarte de ahí dentro (coma) y nos dicen que ya no estás (coma) que tu cerebro está infartado (coma) que ya no eres mi hermano (coma) que tus movimientos son reflejos (coma) como colas de lagarto (coma) aquellos lagartos que matamos de pequeños (coma) en aquel barranco a donde me llevabas (coma) guiándome de la mano (coma) y ahora los papeles se invierten (coma) y soy yo quien te la toma (coma) y te digo que vayas donde tengas que ir (coma) ya sea a casa con nosotros (coma) o al cielo en forma de charco de almejas (coma) para que puedas seguir pescando (coma) y si no has de quedarte con nosotros (coma) vete pronto (coma) no te consumas ante nuestros ojos (coma) no vuelvas como príncipe de un maldito reino vegetal (coma) no aguantes tanto tiempo (coma) que ya va un mes de lucha (coma) un jodido maldito miserable y eterno mes que llevas en (coma)
 
una noche de amor
La noche que nos amamos no dejaba de mirar tu rostro. Tu boca estaba abierta en un rictus de placer aprendido en películas porno, y fruncías los labios enseñando los dientes en una caricatura del deseo. Tus ojos me buscaban mecánicamente dándome consignas en un lenguaje desconocido para mí. Y no se cerraban nunca. Y veía cómo tus pupilas se dilataban dibujando en mi cara un rostro indefinido, formado por facciones de decenas de amantes. Las palabras que leía en tus labios eran oraciones aprendidas en tu infancia, recitadas mecánicamente como si fueran palabras mágicas de una cueva de ladrones.
 
amor a quinto olor
Te equivocas si crees que me conquistaste de golpe, que lo nuestro fue amor a primera vista.

Empezó siendo amor a primer tacto. Cuando me agarraste el brazo en aquel ambulatorio, para tomarme una muestra de sangre. Cuando suavemente me tomaste de los dedos y los apretaste en un puño. En vez de hipnotizarme con el rojo escarlata, mis ojos no hacían más que seguir tus manos, latiendo en el émbolo, suplicándoles en silencio que volvieran a tocarme. Que volvieran a las mías.

Y días más tarde coincidimos en una cafeteria. Y enamorado como estaba de tu piel, todo mi cuerpo se vió arrastrado como un imán hacia tu lado. Y al reconocerme empezaste a hablar. Y supe que era amor a segundo oído. Te escuché divagar sobre el sistema sanitario, y en un salto mortal me empezaste a contar historias de tu mascota. Me volví loco por tu risa, y esas coletillas que te asoman en cada frase, y convertí mi mente en desfiladero donde el eco de tu voz se repitiera sin cesar en tu ausencia, para que nunca existiera el silencio.

Olvidé tu tacto y tu voz hasta semanas más tarde, en que te vi desde el balcón de mi casa. Fue el primero de los muchos atisbos que tuve de ti. Me he mudado a un piso en este barrio, me dijiste cuando coincidimos en el supermercado. Y tu rostro y tu cuerpo, que al principio no provocaron ninguna sensación en mí, empezaron a metamorfosearse ante mis ojos. Y reconocí el amor a tercera vista. Cómo no me fijé de entrada en tu forma de andar, despreocupada y jovial. O en cómo te bailan los ojos cuando hablas de Monet. O en tus facciones dulces y repletas de serenidad. En tu cuello esbelto y tus hombros suplicantes.

El amor a cuarto gusto ocurrió meses más tarde, en el salón de tu casa. Veíamos una película de Billy Wilder, y me besaste mientras Norma Desmond se preparaba para su primer plano. Y con banda sonora de Waxman, bebí de tu boca para calmar la sed húmeda que me atenazaba, y probé el sabor de tu piel y de tu sexo, lamiendo cada centímetro de tu cuerpo para memorizar sus concentraciones de sal, volviendo a tu boca a cada minuto como si me proporcionara un néctar del que nunca tendría bastante.

Hace más de un año que conquistaste mis cuatro sentidos. Un año en que se han ido rindiendo, izando la bandera blanca, llenándose de ti. Y mientras recorro la casa buscándote, encuentro el olor de tu arroz dominical en la cocina. Y me siento en el sofá enredado en tu bufanda, para oler tu perfume de madera, y cierro los ojos y creo que estás conmigo. Y en el baño me llegan vestigios de lavanda, como si estuvieras a mi lado sacudiéndote el pelo. Y de la solana surge el olor al sándalo que quemas mientras planchabas la ropa. Y en la cama saludo al aroma de tu piel, de tu sudor, de tu amor. Ese olor característico, tan tuyo, ése al que nadie ha puesto nombre. El olor que encuentro al enterrarme en tu cuello, dándome la bienvenida.

Y sé por fin que me has conquistado por completo. Que enamorando a mi olfato has echado abajo la última barrera que mantenía mi corazón invicto. Que encontraré otras caricias, y otras salivas, otros andares y otros timbres. Que quizá un día olvidaré los tuyos. Pero que mi olfato, el elefante de mi memoria, me hará volver a ti indefenso, en el momento más inoportuno, cuando coma arroz un domingo, o un amor me huela a madera, o camine por prados de lavanda, o alguien queme barritas de sándalo. Y si un día, el más aciago, dejo de recibir el aroma de tu olor innombrable... me enterraré en mi cuello y lloraré tu despedida.
 
pituitaria
Me levanté y todavía te podía oler.

Y aunque el agua trató de olvidar tu recuerdo en mi piel,
embriagado en jabón aún puedo rastrearte.
 
la conservación de la energía
(...de una contestación a Chiki)

Es el movimiento pendular. O prefiero pensar que es el principio de conservación de la energía (mi mente analítica y mi formación técnica tienen que salir por algún sitio). Por ejemplo, si se quiere a alguien
mucho y se produce una ruptura súbita, no se puede ni dejar de sentir de golpe ni irlo disminuyendo poco a poco. Hay que pasar otro extremo, de odio y desprecio, con la misma intensidad del amor, "transformar" la energía. Y de ahí, pasar de nuevo al amor, pero mermado. Y vuelta al odio, aún más diminuto. En cada transición se va perdiendo un poco de la energía, por desgaste y por transporte. Hasta que por fin llegas a tu término medio. El punto de estabilidad. A no ser, claro, que el péndulo se nos quede atascado en algún tránsito. Y todos tenemos péndulos paralizados... o no?

 
como máquinas expendedoras
(...contestando a Piki)

La cosa es que, habiendo probado la soledad, he descubierto que es peor sentirse solo cuando estás rodeado de gente. Me refería un poco a eso (en mis post "cansancio"). A sentirse como una máquina expendedora. Tampoco es una sensación que tenga de forma continuada. Ya sabes, son rachas. Todos las tenemos. Y las aprovecho para escupir letras.

Y pienso como tú, que la gente tiene miedo a la soledad por el vacío. Pero no el de fuera, sino el de dentro. Lo terrorífico y lo sublime de estar solo es que en realidad estás contigo. Y hay gente a la que le asusta esa compañía, porque descubren que no es en absoluto grata.
 
cansancio
Qué cansancio. Cansancio de comprender a todo el mundo. De portarse bien. De apaciguar los ánimos. De poner la lavadora. De decir "me basta con tu amistad". De ceder el mejor asiento. De soñar. De sonreir ante chistes malos. De hablar. De que te hablen. De dar placer. De enviar cartas. De querer. De hacerte el loco. De hacerse el adulto. De tender la ropa. De decir lo siento. De respetar.

Y qué ganas. Ganas de decir que no hay quien te entienda. De hacer ruindades. De exaltar los ánimos. De que te "pongan" en la lavadora. De decir "te vas a la mierda". De sentarse en el mejor sitio. De que te sueñen. De no sonreir si algo no te hace gracia. De callarse. De que se callen. De que te den placer. De recibir cartas. De que te quieran. De volverte loco. De comportarte como un niño. De tenderte en ropa. De que te pidan disculpas. De que te respeten.

Ganas de ganar. Y cansancio de seguir perdiendo.
 
la seguridad de los objetos
"Había una capilla en el hospital, y permanecí en ella durante cuatro días enteros. Y recé. Recé como nunca había rezado en mi vida por nadie. Ni siquiera sé si creía en Dios. Sólo sabía que alguien tenía que ayudarme. Y éste es el consejo que te quería dar. Si algún día, cualquier día, te encuentras en situación de rezar con Él, sé específico. Incluye ciertas cláusulas. No basta con asumir que si una persona sobrevive estará bien. Porque Dios tiene un malvado sentido del humor. Y aunque sabe que en nuestro rezo hay implícito algo más, te da exactamente aquello que has pedido."

Glenn Close en La Seguridad de los Objetos
 
traqueotomía
Calle Barbieri. Las dos y media de la madrugada. Un jueves juliano. Dolorosamente homónimo.

Tres llamadas perdidas en el móvil. Lucho contra el torrente de glóbulos humanos, rojos y de otros colores, para apartarme del tumultuoso cáncer que abarrota la entrada de un local de moda. Mi corazón palpita veinte veces, una por cada paso que doy.

Y mientras la boca del teléfono busca su voz, mis pupilas observan la médula de asfalto. Pasa una pareja, ella de barbie superstar, él de mellizo musculoca. Sus globos oculares se vuelven hacia mí con el mismo mensaje y la misma pregunta. Repasan mis extremidades a través del vaquero, el flagelo de la cremallera, comprueban el abdomen y se centran en el pecho y los brazos surcados de venas. Es entonces cuando la boca se les tuerce en un gesto de aprobación y entran en el ventrículo del rostro para mantener la mirada, el placer, y repetir la pregunta.

Y el celular encuentra su sistema nervioso central mientras los gemelos sexuados vuelven ocasionalmente sus cabezas con la palabra “sígueme” y una nueva sinapsis. Y les reemplaza un grupo capilar disfrazado de blanco leucocito, asiendo vasos sanguíneos cargados de cubata, mirando con cara familiar a cuantos pares de cromosomas se les cruzan en su bombeo. Gira la esquina un organismo unicelular de mutada epidermis, cambiando su dirección arterial como una trombosis que viene a bloquearse frente a mí.

Y una voz me suena en el pabellón auditivo, apagada por los muchos gritos y pocos susurros que pueblan la calle. Y en mi cerebro se mezcla la voz femenina del auricular en mi oreja diestra con la voz masculina y quebrada que pide en la zurda un trasplante de tabaco. Y la Ariadna con voz metálica intenta encontrar su hilo, mientras los pseudópodos del hombre, desprovistos de cigarro, se demoran agradeciendo el pitillo en un trazado que se inicia en el pecho imberbe y continúa su rumbo hasta el perforado ombligo y el cinturón, para virar bruscamente hacia la pleura de la cintura con un fugaz apretón.

Y el riego de gente convertida ahora en plaquetas, congela el torrente. Y las miradas sufren infartos. Y el ruido se colapsa. Y las válvulas oculares se suturan. Y una mano plasmática cicatriza mi cara. Mientras mis neuronas adivinan entre sollozos de larga distancia que un coagulo se ha anclado en la nuca de otro Julio, necrosando su masa gris en cavidades de urgencia de forma implacable, a miles de kilómetros de mí y de esta transfusión de lujuria.
 
la forma de querer tú
Quien más quien menos, ha sentido alguna vez la soledad inmensa de Salinas de un amor descompensado.

LA FORMA DE QUERER TÚ (Pedro Salinas)

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.
 
despedida
(post deleted)
 
El amor y la palabra
"...porque el amor es una cosa, y la palabra amor es otra cosa; y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran, y cuándo, y cómo"

Juan Gelmán, de su poema La Lluvia
 
las velitas
"no es descabellado tener dos velitas encendidas hasta que sepas cuál emite más luz"

(mi prima E.)