Blogs.ya.com Quitar publicidad
Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
Sindicación
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com
 
tabaco y música
Tras unos capítulos más del libro, vuelvo desde la cafetería del aeropuerto donde pienso pasar media hora con un refresco light. Es donde único se puede fumar en todo este edificio. Este cubículo de paredes invisibles se asemeja a un fumadero de opio, lleno de viciosos tumbados en divanes, asiendo la pipa y llenando el aire de un humo digno del más rancio garito de jazz de la decadente Nueva Orleáns. Me esperan cinco horas de trayecto, y si no me inyecto mi dosis nicotínica, serán difíciles de sobrellevar. Intentaré dormir.

Al volver a casa compraré una pequeña grabadora, como esas que llevan los periodistas. Tenía una antigua, que ni sé dónde está, y que usaba para grabar los sueños al despertar. Con el tiempo, siempre acababan cobrando sentido. Pero era muy aparatosa, y me gustaría tener una pequeña, que dé para 2 ó 3 horas de grabación. Mi memoria, soberbia para unas cosas, demuestra una pésima capacidad retentiva en otros aspectos. Y constantemente olvida ideas, pasajes, inspiraciones. Con la grabadora podré conservarlas de forma fácil y rápida.

Como aquella vez que, esperando en mi coche a una amiga, empezó a sonar en la radio un My Funny Valentine que me dejó atónito. Con una voz prodigiosa, negra y definida, capaz de unos registros distantes y ultrasónicos. Esa vez agarré el permiso de circulación y, con un boli sin tinta, grabé en su dorso el nombre de la cantante. Rachelle Ferrell. El simple hecho de apuntarlo hizo que nunca lo olvidara. Tuve que esperar dos años pero, finalmente, cuando había desistido en la búsqueda, apareció en el carril de CDs de importación de unos grandes almacenes. Y cerré aquel círculo para abrir uno nuevo, de pasión por aquella voz y de retornos al You Send Me o el With Every Breath I Take. Es una de las pocas cosas de las que tengo seguridad en la vida. La música. Nunca me ha fallado.
 
espíritu olímpico
yarince en el aeropuerto de atenas

Ya estoy en Atenas. En un aeropuerto que disfrutaré mucho, porque tengo que pasar aquí tres horas. Aunque me quedé blanco cuando vi los paneles de información. Menos mal que cada diez segundos, los traducìan en caracteres legibles para mí. Pensaba coger el tren rápido que va a la capital para hacer realidad uno de mis sueños: visitar la Acrópolis. Pero me temo que es imposible. Tengo que esperar a que abran los mostradores de facturación, y no me quedará tiempo suficiente (la ciudad está a media hora de camino). Así que escribiré un poco, y seguiré acariciando ese sueño, que seguro haré realidad desde que pueda. La visión desde el avión de la miríada de islas griegas es un espectáculo que me volverá a la cabeza cada vez que planee un viaje.

Está todo impregnado de Olimpiadas. De azules y coronas de laurel en los carteles luminosos. La cola para comprar en el Olympic Store es aún mayor que la de embarque. Yo escribo desde un banco en el exterior del aeropuerto, para poder fumar a gusto y no saciarme de esta aglomeración que es el terminal de salidas.

Por todos lados pululan mimos con las caras pintadas de azul y blanco, y unos enormes gorros azules de terciopelo. Llevan una especie de raqueta que te enseñan sonrientes cuando pasas a su lado, con mensajes como “feliz viaje”, o “espero que lo hayas pasado bien.” Una chica vestida con el mismo atuendo (pero ésta hablaba), ha venido para ver si la dejaba pintarme en el brazo un tatuaje de agua. Me resistí al principio, pero su gran sonrisa y sus ojos me impidieron decirle que no. Una cortesía de Atenas que me durará hasta que me duche.
 
cuerpos habitados
de tránsito en el aeropuerto de chipre

La mujer habitada me tiene seducido Me ha agarrado de una forma completamente inusitada, diferente de la primera vez que la leí. Me suena todo tan nuevo, tan distinto. Como leer otro libro. Lo estoy saboreando como ambrosia. A mí, emocionable aunque difícil de conmover, me ha sorprendido con los ojos aguados al finalizar tantos párrafos. Sí, Gioconda tiene la prosa que yo quisiera escribir. Esa prosa poética, plagada de nociones familiares. Me descubro en las pieles de Felipes y Yarinces, con espaldas llenas de nervaduras. Y pienso si mi bautizo como Yarince no fue casual. Si dentro de mí no hay jugos de su naranja empujándome a ser distinto. Si no es el ímpetu de ese personaje imaginario el que me obliga a crecer, para volver a mi esencia. El que me dice quién soy en realidad.

¿Qué Yarince ha surgido de este viaje? ¿Qué relato escribirá una inexistente y enigmática sonrisa con mis andanzas?
 
chipre
Elvis has just left the building. Vamos, que ya terminé con mi charla. Todo estupendo. Felicitaciones, intercambios de tarjeta… Lo típico.

chipre desde la ventana de mi hotel

Aprovecharé para decir que de Chipre… no puedo decir nada. Apenas tuve tiempo de ver el hotel, y un poco de una de sus ciudades costeras. La única impresión del sitio donde me quedé, es que era un pueblo del oeste. Con una carretera que lo atravesaba y los establecimientos y hoteles a cada lado. Faltaban sólo las zarzas girando por los caminos polvorientos. Un poco triste. Eso sí, la luz de Chipre es algo especial.
 
axel se ve por fin guapo
Ayer, después de meses sin contacto, le mandé un sms a Axel. El viernes, cuando lo vi por la noche, lo encontré guapísimo. Axel es algo amanerado, lo que muchos llamarían musculoca. Hace mucho tiempo que no le encuentro ningún atractivo, porque tiende a hacerse cortes de pelo radicales, a “corregirse” demasiado, y a vestir ropa de colores y cortes femeninos (o simplemente poco favorecedoras). Pero el viernes estaba de mojar pan, con el pelo normal y una perilla que le hacía parecer muy masculino. Y eso es lo que le dije en el sms. También le decía que eso no suponía ningún cambio en nuestra relación actual. Me contestó dándome las gracias y diciéndome que esperaba que todo fuera bien. Me imagino que se refería a mi hermano. Esto es muy pequeño y me imagino que hace tiempo que lo sabe, aunque no me haya dicho nada.

PD: ayer por la noche salí de marcha sólo por Madrid. Es la primera vez que lo hago. Y aunque no creo que lo repita, me siento orgulloso de haber enfrentado uno de mis miedos.
 
en el aire
Hoy conocí una voz. Para mí es tan importante el momento en que conoces el aspecto de una persona, como cuando conoces su interior, como cuando conoces su voz. Y me gustó la voz que conocí. Una voz carente de procedencia clara, y sin embargo repleta de mil matices. Una voz que espero volver a oír, esta vez en directo, antes de que termine mi viaje.

Ya estamos en el aire. El avión ha despegado y vuelo.
 
salida destino madrid
Empezamos el relato. Estoy en el aeropuerto, a punto de salir para Madrid. Ha sido una locura de día porque, como siempre, dejé la maleta para última hora. Muy típico de mí. Y pensé que, para no liarla más, ya compraría un bloc y un boli en el aeropuerto. Jeje. Qué iluso soy. Al llegar a la tienda, me encuentro sólo blocs de Ágata Ruiz de la Prada y bolígrafos de diseño que no sirven para escribir. A ver si en las tiendas de la zona de embarque, pensé. Pero tampoco. ¿Y cómo pude escribir esto?, pensareis. Pues con un boli de ‘recuerdo de Tenerife’ (qué cachonda es la vida) que acabo de comprar en una tienda de souvenirs. Y de cuartillas, los folios con las confirmaciones de mis reservas, mi conferencia, y los sobres de los pasajes.

Tuve que facturar la maleta, y me dejé dentro la cámara de fotos. Con lo que no podré obsequiaros con ninguna de mi espera en este tránsito. Pero el atardecer es precioso, y el sol se refleja en el fuselaje de los aviones y entra en tromba por las enormes cristaleras. El aire está limpio ya de calima, y se ve el paisaje con ese aire pesado que difumina las montañas a lo lejos.

Desde que mi madre pasó a buscarme para traerme al aeropuerto, tengo una sensación rara. Una pesadez en el pecho. No son nervios, ni rabia, ni ninguna sensación conocida. Es la bandera de un presentimiento. Algo me dice que cuando aterrice aquí de nuevo el miércoles, todo será distinto. No sé si será por algo que me pase en el viaje, por algo que pase aquí durante mi ausencia, o por algo que me pasará en casa a raíz de algún acontecimiento de este viaje. No lo sé, pero me asusta un poco.

Acaban de llamarme para el embarque, seguiré desde el avión, antes de ponerme con la conferencia.
 
libro de sobremesa
No tendré muchas oportunidades de leer en este viaje tan corto y con una agenda tan apretada. Pero me traje un libro de casa. Uno viejo y siempre nuevo. Si puedo pasar un rato con él, adquirirá sentido. La mujer habitada, de Gioconda Belli. De la que tomé prestado su Yarince hace poco más de dos meses. Un libro hermoso, que comienza así: “Al amanecer emergí. Extraño es todo lo que ha acontecido desde aquel día en el agua, la última vez que vi a Yarince.” Igual de extraño ha sido todo lo que ha acontecido desde que yo me vestí con su nombre.
 
vainas
Hace un rato me acerqué a casa de mis padres. Quería dejarles unos duplicados de las llaves de mi casa, por si les hacen falta por la razón que sea, y devolverles una peli que me prestaron. Ellos no estaban, pero todos los hijos tenemos copia de la llave. Pues cuando volvía a mi apartamento, a seguir haciendo la maleta, pasé por la Capitanía General. He visto tantas veces ese edificio que ya se le ha quitado la carga ‘militar’ que tiene. Ni siquiera me sorprenden los soldados haciendo guardia, ya forman parte del paisaje. Esa es la tragedia de la violencia, que se asume.

El caso es que, mientras caminaba por esa calle, vi en el suelo las ramitas. No sé qué árboles hay allá dentro, pero asoman por los muros y dependiendo de la estación dejan caer a la acera una especie de vainas secas, de color marrón oscuro. Vienen colgando de un palito, y a veces parecen racimos de uvas malogradas.

Cuando era pequeño y volvía del colegio, recuerdo subir esa calle haciendo eses, pisando todas las ramas que me encontraba. El crujir que hacen al estallar bajo los pies es fantástico, como si cascaras mil nueces. No sé cuándo dejé de pisarlas, pero hace muchos años que no me percato de ellas. Hoy algo me hizo acercarme a aquella vaina y pisarla. Y en una regresión salté entre las baldosas para pisarlas todas. No quedó una vaina intacta en la calle. El soldado me miraba como si me hubiera vuelto loco. Y no se daba cuenta de que no era un hombre adulto el que bajaba la calle bailando, sino un chiquillo gordito con camisa amarilla que volvía del colegio.
 
hasta lueguito
Llegó el momento de partir. No habrá más mensajes durante unos días, pero a finales de la semana que viene, volveré. Echadme un poco de menos.
 
la pira funeraria
(Es un texto creativo, pero no puedo evitar ponerlo aquí. Dice mucho de mí. Pondría el link al cuadro real, premonitorio, que existió y no pinté yo. Pero me deshice de él. En su defecto pongo otro que significa muchísimo en esta historia. )

nuestro cuadro favorito<

Cojo el papel donde nos dibujé, ese fragmento de vida en blanco que pinté con la tinta que robé sin tu permiso. Y admiro mi obra maestra, el lienzo esbozado inconsciente por manos evangelistas a las que bandadas de ángeles susurraron misterios. Este boceto infantil sepultado en trazos firmes de color y genio, ejecutado por dedos adiestrados al moldearse mi aliento con el tuyo.

Respirando texturas miro sus efigies y descubro ídolos de pinceladas falsas, espejismos de una historia que es sólo leyenda. Un retrato chivado por demonios que se rieron de mí, murmurando mentiras en mi oído, imitando tu voz, tomando mi forma, encubriendo entes perversos que me sedujeron en la ausencia. Y en la pareja de firmas sólo atisbo la mía, y una burda imitación de la tuya. Una rúbrica temblorosa que el grafólogo del tiempo ha confirmado farsante, delineada por mi propia mano.

Y en un instante de lucidez, cojo la paleta y me dispongo a borrarte, a eliminarte el adorno que pinté sin permiso. Te coloreo con desdén y desprecio, indiferencia y distancia, despechos y culpas. Te desgasto con cien caras y mil cuerpos en un borrar frenético.

Pero bajo estos borrones apresurados, aún laten relieves esculpidos en el papel. Todavía percibo tu rostro, claro como un pórtico de gloria, según el día, según la luz. Y los óleos parecen impregnar las marcas bajo las órdenes de una extremidad invisible que se empeña en dibujarte de nuevo. Unos dedos que renacen con cada premonición de ti, cada vez que oigo una voz en tu eco, o veo un rostro en tu lluvia.

Lo peor es la voz justiciera que me dice con certeza que tu lienzo no se
borra. La que me ordena coger cerillas y quemarnos hasta las cenizas. La que martillea que no debo, que no puedo, que me mata verte. Que no soporto, que no conviene, que me duele oírte. La voz que vaticina que tus reflejos deslumbrarán los corredores de mis nuevas galerías.

No soy capaz de pintar amistad en nuestro lienzo, destinado a tardar estaciones en prender y eras en consumirse. Necesito perderte para que no apagues mi llama. En la ausencia de tu oxígeno incendiaré mi vida para renacer en una inédita gama de acuarelas.
 
mujeres...
la luna de mi ventana

Hoy fui a recoger los pasajes del viaje. Menos mal que fui personalmente, porque se habían olvidado de reservarme el hotel de la noche del martes que paso en Madrid. Iba yo muy juvenil. Con mis bermudas caqui y mi camiseta verde, mochila al hombro. Y pregunté por quien me habían dicho, Sofía. Sofía llegó y me empieza a dar mis pasajes. Y me dice “le dices al Sr. … que los revise y…” Y yo le digo “si quieres los revisamos ahora, que yo soy el Sr. …”. “¡Ah! ¿Pero eres tú? No sé por qué me había imaginado que era un señor mayor, de 50 años para arriba.”

A partir de ahí, Sofía empezó a echarme los tejos (o eso es lo que yo creo). Que si qué despiste el suyo. Que a qué iba a Chipre. Que qué viaje más bonito. Que qué joven para participar en una conferencia. Que qué bueno esos viajitos pagados. Que espero que tengas buen viaje. Que qué edad tienes. Me recordó a la chica que atendía en la tienda de discos de El Corte Inglés, que los pasados carnavales me preguntó por dónde solía estar yo, y me dio el itinerario completo de por dónde se iba a mover ella esa noche, y que a ver si nos veíamos. Carlos siempre lo dice, que tengo un imán poderosísimo para las mujeres. Cuando salgo de marcha por sitios de ambiente, siempre ligo… con tías. Tengo enamoradas que hasta me invitan a las copas, y que me meten mano hasta decir basta. Y me cuidan mucho, y me hacen de celestina con sus amigos, porque dicen que me quieren tener cerca. Menuda cruz la mía. A lo mejor tengo que replantearme mi orientación. Como dice un colega mío “ni muerta, maricón.” Con lo que me ha costado, para ahora dar marcha atrás.

De resto, día de agobios preparando los últimos detalles de la conferencia, relax en la playa (un día magnífico), visita al hospital, y ahora en casita ultimando otros detalles. Hoy tenía cena con Toño, pero no ha llamado. Así que probablemente salga con Pablo, que aún sigue por la isla. Unas copas rapiditas, y a descansar, que sigo molido.

Yo por lo pronto me quedo con el germen de luna llena que esta noche ilumina las habitaciones oscuras de mi casa.
 
tránsitos
cuadernos

Hay varias razones por las que no me apetece hacer este viaje de trabajo. Y una de ellas es que no podré publicar ningún artículo en este blog, ni en la lista de escritura. Se ha convertido en una costumbre pasar un rato al día en el ordenador y escribir. Casi podría decir que una necesidad.

Pero estaba hace un rato asomado a la ventana, tomando el fresco y fumándome un cigarro, y miré la gente que esperaba en la parada de autobuses (si alguna vez se me escapa guagua, que en realidad es la palabra que siempre uso, no me perdonéis y entended lo que quiero decir). Había un chico sentado en el chaflón, apuntando algo en un pedazo de papel. Y se me ocurrió una cosa que alivia esta desazón. Podré escribir en tránsito. Podré sentarme en una butaca de plástico, solo, lejos de las puertas de embarque, y escribir historias en cuatro aeropuertos de distintas ciudades, en tres países diferentes. Podré usar cuartillas de un bloc y utilizar un bolígrafo, costumbre tan poco habitual en los tiempos que corren. Podré apoyarme en el libro que llevaré para acompañarme, y que elegiré mañana por la tarde rebuscando en las ediciones de bolsillo de la librería de la esquina. Podré escribir tras tirar fotos apresuradas que colgar después en la web. Podré volver con una crónica de momentos, o de historias inventadas en el suelo de Grecia. Y podré contároslas el miércoles. O podré volver sin haber escrito una palabra, pero parto de casa con la promesa de poder escribirlas. Y a veces la simple promesa de algo, es algo en sí misma.

Ya son dos promesas que me llevo. Y tanto si escribo como si no, tanto si hay complicidad como si no… que me quiten lo bailao. Y el miércoles, en cualquier caso, se habrán acabado las incertidumbres.
 
la mirada de Josefo
su mirada, hace apenas ocho meses

Esta tarde ha sido muy dura. Llegué a ver a mi hermano al hospital, y cuando entraba por la puerta de su habitación, lo encontré solo. Lo cual era tremendamente extraño, porque mi madre pasa con él TODAS las tardes de 3 a 9. Pero antes de introducirme en la habitación, vi por el rabillo del ojo a una mujer familiar que doblaba el pasillo con un vaso. Mami. Con sus gafas, una camisa estampada de colores pastel, y la manzanilla que las auxiliares habían olvidado dejar donde mi hermano. Un inciso. Mi hermano se llama Jose. Es su nombre real. A él no voy a darle un seudónimo.

La abracé, la besé y entramos. Me gustan esos momentos en que estamos solos, y ella me habla, y se emociona, o nos quedamos en silencio cogiéndonos de la mano. Hoy Jose tenía de nuevo los ojos abiertos. Más que nunca. Yo llegaba con las manos ocupadas con un bocadillo y una botella de agua, que son mi almuerzo de máquina en los días que voy a visitarlo desde el trabajo. Intentando no mirarle a los ojos perdidos en vete a saber qué horizonte, me acerqué a decirle hola y le di un beso en la mejilla. Estaba tumbado de lado, con la cabeza apoyando la mejilla derecha en la almohada. Al besarlo me fijé en que le habían cambiado la vía que le entra con la comida por la nariz, y le habían hecho daño. El esparadrapo con el que estaba sujeta tenía sangre seca.

Y acercándome le dije “Josefo, te han hecho daño al ponerte la vía.”

No he llorado mucho por mi hermano. Recuerdo cuando me enteré, por una llamada de teléfono a las dos de la mañana en la calle Barbieri de Madrid, mientras estaba de copas. Recuerdo que permanecí como en un shock, pero no solté lágrimas. No me lo creía. Pensaba que aquello no le podía estar pasando a mi familia, y que a la mañana siguiente mi hermano se despertaría en toda su conciencia. Estaba durmiendo en un hostal esa mañana siguiente. Y sonó mi móvil. Pero las noticias no eran las que yo esperaba. Compartía la habitación con dos amigos más. Me levanté y me preguntaron. Les dije que me iba a Barajas, que mi hermano seguía igual de mal y se esperaba lo peor de un momento a otro. Me dijeron que irían conmigo. Yo empecé a hacer la maleta.

Uno de los chicos entró al baño para arreglarse, y me quedé sólo con Carlos. Y mientras seguía metiendo la ropa en una maleta que había deshecho apenas doce horas antes, me sorprendí diciendo “Qué mierda de vida”. Y me vinieron a la cabeza mis padres, mis sobrinos, mi cuñada, mi hermano, nuestras comidas de los domingos, la conversación de tres horas que había mantenido con él apenas unas semanas antes. Y las lágrimas empezaron a salir a borbotones. No podía reprimirlas, y soy muy bueno haciéndolo. Carlos me abrazó, y en el corazón agradecí que la noticia me hubiera pillado con él. Que estuviera ahí para que no se me aflojaran las piernas, y para poder mostrar mi dolor. Al momento salió el otro chico del baño, y entré allí corriendo. Y seguí llorando. Mientras me afeitaba, mientras me peinaba, y mientras me ponía las lentillas.

A partir de ese momento, mis lágrimas vinieron de una en una. Hubo muchos nudos en la garganta en las semanas siguientes, y lágrimas inapreciables en la ventana de una sala de espera, pero no volvieron a visitarme los batallones que lo hicieron aquella mañana en Madrid.

Hoy el batallón amenazó con mostrarse de nuevo. Después de esa pregunta a mi hermano dormido. Con mi cara a unos dedos de la suya, y en respuesta a mi pregunta, Jose giró su cabeza en uno de sus mismos gestos vivo, y me miró directamente a los ojos, manteniendo la mirada. Y pestañeó. Salté disparado de la cama y di varios pasos hacia detrás. Levanté mi mano con el bocadillo agarrado como un rosario y la puse frente a mi boca. Y miraba a mi hermano con la sensación de que se iba a incorporar e iba a empezar a hablar. “¿Te atragantaste?” preguntó mi madre. Y yo no podía decir nada, sino mover mi cabeza. Me senté al lado de ella. Con la mano aún en la boca. Debió ser un gesto reflejo para tapar un grito, o un alarido. Temía que las lentillas se me escurrieran de los aguados ojos, mientras mi voluntad ejercía de presa para que las lágrimas no buscaran cauce en las mejillas. Mi madre no podía verme así. Tardé minutos en reaccionar. Sin haber dicho nada, mi madre volvió a hablar. “¿Me entiendes ahora? ¿Entiendes por qué hay días en que me parece que no voy a poder soportarlo? Es como si estuviera despierto, y quisiera decirnos algo.”

Hay imágenes que uno no olvida nunca, y la de esta tarde es una de ellas. Es la primera vez en dos meses que “siento” a mi hermano vivo. Ya sé que fue un movimiento reflejo y una coincidencia. Pero por unos instantes pensé que Jose me había oído, y se había girado para mirarme. Y mientras me observaba en sus ojos, me pareció oírlo hablar. Sus pupilas pedían ayuda. Casi sentí el arco eléctrico entre su cerebro y el mío, utilizando para hablarme un medio sobrenatural, al no poder usar el de las palabras. Y los sonidos provenían de un idioma que desconozco. Y sentí el mayor miedo que he experimentado nunca.

Las señales de la mañana no se equivocaban. Pero nunca imaginé que presagiaban que después de dos meses, mi hermano Jose iba a resucitar para mí.
 
calima y milagros
tormentas de arena sobre canarias

Llevamos dos días de calima, perdiéndonos el azul. Un compañero de trabajo se vino a la isla hace quince años y se quedó a vivir porque dice que el cielo de aquí tiene un color distinto, más intenso. Pero ayer amaneció canelo, como siempre que hay tormentas en el desierto sahariano y los alisios traen la tierra a depositarla en nuestro aire (algún día os contaré el increíble momento en que me sorprendió una tormenta de arena en el desfiladero de un oasis de Túnez). Es un efecto incómodo en las islas, porque aumenta mucho el bochorno y los días son marrones, como en la canción de Luz. Sin embargo, desde el cielo, es un espectáculo que, como la formación de las nubes, le da vida a nuestro planeta.

Pero lo dicho, desde aquí abajo es una pesadez. Es un clima que no te entristece, sino que te pone huraño. Pero esta mañana me esperaba una señal de la que no sé su significado. Llevabamos desde julio recibiendo la visita ocasional de una avispa roja como la sangre. Entraba en el despacho, se paseaba un rato, y volvía a salir. Así varias veces todos los días. Yo abogaba por no matarla, porque a pesar de que tiene aguijón, la pobre no molesta si la dejas tranquila. Y hay que dejar vivir. Y hoy, al abrir la ventana, me encontré la razón de sus visitas. Un avispero justo en la ventana de mi despacho. Aquella pobre mamá estuvo meses trayendo tierra (impresionante, porque el avispero mide más de un palmo) para cobijar a sus crías.

Me quedé maravillado un rato, mirándolo, con sus puertas de entrada y de salida, con sus ventanas orientadas a sudoeste. El Auditorio de Calatrava no me impresiona más que esta construcción de tierra. Una hermosa avispa llega a mi ventana y decide instalar aquí su casa. Es un honor. No pienso tirar el avispero. Antes de eso, me asaré de calor cerrando la ventana.

Y en este insoportable calor de sur, ocurre un nuevo portento. Y es que la calima nos ocultaba el tesoro de un aluvión de nubes que han venido al rescate, para librarnos con su agua de la tierra suspendida. Y ya casi se ve el mar. Y me siento afortunado de tener unos ojos capaces de ver milagros en avisperos y gotas de lluvia.
 
hombros sin grilletes
El hombro de Yarince y sus manos abiertas

Ayer fue un día agotador. Estaba tan cansado por la falta de sueño que más bien fue un arrastrar por las horas. Aunque ojalá todos los cansancios fueran como el de ayer. El tiempo estaba feísimo y aún se respira la arena del lejano desierto. Al volver del trabajo paré en el McAuto y con una mano al volante, otra en las papas fritas y un refresco entre las piernas, llegué a la playa, donde me esperaban Carlos y un amigo suyo. Carlos se ha ido esta mañana de viaje de veraneo. Lo echaré de menos lo más grande, y nuestra tarde de sol y sal era la despedida de este ratito que estaremos separados.
Nada más llegar me bañé, a ver si me despejaba un poco. Charlamos un rato, Carlos tenía el día gracioso y yo, gracias a mi cansancio, estaba muy ocurrente, así que nos divertimos mucho. Hasta que yo caí rendido en la toalla. Me levanté acalorado e incómodo, porque la playa es de callaos, y nos fuimos otra vez directos al agua.

De vuelta a casa me dediqué a ordenarla, que la tenía tiradísima. Ayer no tenía el cuerpo para ir al gimnasio, no habría podido levantar ni la pesa de dos kilos. Y como yo me lo tomo como un complemento saludable de mi vida y no como un sacrificio ritual, lo dejé para hoy.
El resto de la noche fue una sucesión de cabezadas en el sofá. Me dormí y me desperté para llamar a mi madre y ver cómo iba la cosa. Me volví a dormir y me desperté para cenar. Miré el correo y escribí un par de ellos.

Quería conectarme al msn, pero el sueño no me dejó. Ni el sueño ni la certeza de que no quiero atrapar un pájaro en la mano. Sino que de los cien que vuelan, uno venga planeando a posarse en mi hombro.
 
Noches en blanco Kowalski
Mi noche a punto de acostarse se despierta abriendo una ventana a Mercurio. Se desvela con caras amarillentas que esgrimen coincidencias e intercambios. Una noche de insomnio inducido por el ruido de olas en círculos de arena. Por lámparas que alumbran poesías. Por fantasmas que rasgan guitarras sepultando todos los antes de ti. Siete horas de vigilia en ojos traviesos y radiantes sonrisas. Minutos colgados de rostros ocultos tras palmas. Desvelo de Cecilias llevadas en brazos a palacios de Ítaca. La droga dura del asombro acelerando el metabolismo del búho. Mi noche común, mimetizada en noche extraordinaria.

Y el amanecer alumbra la incertidumbre y deslumbra la realidad. Y todo parece un sueño. Porque sólo en él se pueden meter siete horas densas como siete días. Siete escalofríos nuevos como setenta. Todo este cansancio de más de treinta años. Y setecientas notas de Szpilman tocando nocturnos de Chopin.

¿Qué punto de inflexión se produjo en mi sueño? ¿Qué viento me trajo en su estela la bondad de los extraños? ¿Qué resorte en mi pecho deletrea en mi mente un ‘quizás’?
 
sueño
El reposo de Yarince

Anoche caí rendido en el sofá. Serían las diez y algo y estaba viendo un episodio viejo de Friends. Antes de que terminara, estaba yo tendido a lo largo, en una postura incomodísima, y agobiado de calor (tengo que cambiar esas mantas, que parecen térmicas). A pesar de todo eso... dormía como un bendito.

Me desperté en varias ocasiones, veía la tele encendida, y era consciente de que estaba durmiendo en el salón, pero me resultaba imposible levantarme e irme a la cama. A pesar del calor, la textura, la luz, el ruido y el poco espacio... no se estaba tan mal. Total, que el trasvase se llevó a cabo sobre las cuatro y media de la mañana, apenas un par de horas antes de que sonara el despertador para venir a trabajar. Una vez metido bajo mis sábanas frescas, y apoyado en mis mullidas almohadas, en la calma de la oscuridad, me lamenté de no haberlo hecho antes.

Y pensé en todas las veces que demoro los cambios sólo porque como estoy... no se está tan mal. Quizá es eso, que estoy durmiendo.
 
el anonimato de un weblog
El domingo un conocido me insistía en conocer la dirección de este blog.

Le dije por supuesto que no. Pero por la noche me acosté dándole vueltas a la cabeza. Las vueltas iban en tres direcciones en realidad. Por un lado, la conversación con él en el msn. Por otro, la re-estructuración de un relato que he escrito, en base a la aportación inestimable del rey de la selva. Y por último, esa idea de pasar mi enlace a gente que me conoce.

Tras mucho pensarlo, decidí no hacerlo. Ni ahora ni nunca. Quiero escribir este blog para mí y para nadie más. Es maravilloso que me leáis, pero entendedme, no os conozco. Me encantaría que mi blog recibiera millones de visitas y comentarios, pero nunca de gente que ya me conoce. Eso lo falsearía.

Intentaré explicarlo. En cierto sentido el anonimato se debe a que no me gusta parecer un libro abierto. No quiero guardarme cosas, este blog es precisamente una forma de no callar. Por algo es una Bitácora de secretos. Pero si supiera que me lee Carlos, o mi madre, o Lola, o mi compañera de trabajo, eso influiría también en lo que cuento y en cómo lo cuento. Me sentiría coartado y dejaría de contar ciertas cosas, o las endulzaría, o las disimularía. Mi página se convertiría en un arma, con cañones apuntando a los demás pero también hacia mí. Me vería obligado a cifrarme para no hacer daño a terceras personas ni salir yo perjudicado. Es muy duro leer lo que alguien opina de ti o de lo que has hecho, sin rodeos. Y también es peligroso abrirte en canal para las manos que hoy te llevan en brazos, pero que mañana pueden dejarte caer.

Una última advertencia. Yo cuento mi vida, y cómo la vivo yo. No es la verdad. La verdad no existe. Pero sí existe mi versión de ella. Puede que mis relatos no sean exactos, porque son una observación desde mi mirada. Lo que os cuento es lo que es real para mí. Da igual si la ausencia de un mensaje se debe a una falta de saldo. Lo importante en mi vida, que es de lo que se trata, es que yo la viva como una falta de afecto de una persona que me importa.
 
saturday night freaks
Bisbi hizo de nuevo de las suyas el pasado sábado. Y cada vez que se juntaba un poco a mí, venía corriendo un amigo común (más suyo que mío) y nos separaba diciendo “que corra el aire!” Según me explicó, lo hace porque sabe que Bisbi, cuando se enrolla con alguien, acaba por no dirigirles la palabra una vez la cosa se termina, y él, en su calidad de amigo, se ve en una situación difícil. Y que Carlos y yo les caemos demasiado bien para que se eche a perder esta amistad light que tenemos. Curioso, porque Carlos y el amigo de Bisbi se enrollaron en carnavales. Para lo cual les presté mi sofá cama. La planta que me escachurraron al abrir el somier todavía se acuerda, y sigue con sus hojas cabizbajas presidiendo mi salón.

Al acabar la noche, se me acercó un chico alto, rapado y con perilla. “A ver si te espabilas” me dijo. “Llevo una hora mirándote y es que ni te enteras.” Y salió del local. Pues no, mi niño, la verdad es que no me enteré. No sé si echarme a llorar por haber dejado escapar la oportunidad de mi vida.... Preferí no explicarle que la noche me deja sordo y ciego (pero de verdad), y que si en vez de mirar hubiera venido a hablar conmigo (chillándome, eso sí), quizá otro gallo nos habría cantado. Ni que yo tuviera un radar como Terminator.
 
sorpresa en la incorporación al inmundo laboral
Día de incorporación laboral. Plagado de llamadas de teléfono. Por fortuna en mi ausencia no ha habido ningún tema urgente que me esperara en la mesa. En Agosto el mundo se cierra de día y abre sólo de noche.

Pero sí que me aguardaba una sorpresa. No sé si grata o no. Al final creo que me voy a Madrid. Uno propone, pero el destino dispone. En realidad será sólo un tránsito de apenas un par de horas. Me acabo de enterar hoy de que mi jefe me dejó encargado en mi ausencia de una conferencia que hay que dar en Chipre la semana que viene. Una conferencia traicionera, porque le comenté a mi “boss” (ilocalizable durante toda esta semana) antes de las vacaciones que no quería estar lejos de casa por si pasaba algo con mi hermano.

Será un salto rápido, como todos los saltos de trabajo. Apenas conoceré el centro de conferencias y el hotel. Quizá haya suerte, y al menos en alguna tarde pueda atisbar el encanto del retiro de Afrodita.
 
testamento
mi vista desde el ordenador

Ya habreis visto que he actualizado bastante el blog. Ahora está plagado de fotos. Espero que reviséis los mensajes antiguos si queréis saber un poco más de mi vida en imágenes. Perdonad que muchos de sus protagonistas no tengan cabeza, pero es por respeto a su intimidad.

Estoy muy contento de cómo está quedando esta bitácora. Es como un diario multimedia. Es como si la vida, que es algo tan intangible, se hiciera carne en este medio tan volátil. Al leerme y verme testimonio mi vida más allá de lo que podía imaginar. Y me pregunto qué sentirán ustedes al introducirse de puntillas en una vida y unas caras que desconocen.

Es como si escribiera mi vida para el futuro. Me siento, y no os riáis, como si estuviera escribiendo mi testamento. Y me imagino a quien me sobreviva encontrando el link y conociendo a un Yarince distinto al que conocieron en vida. A un Yarince menos tímido, menos evasivo, aún más complejo de lo que imaginan.

Os dejo durante unas horas. Con una foto de las plantas y el cielo que veo desde la silla del ordenador. Volveré a la noche.
 
otro dia de playa
Un dia de la playa en montania roja

Ya es viernes. Y cuando me preparo para volver de nuevo a la Playa de la Nea, hago tránsitos entre ponerme el bañador y coger la toalla para sentarme al ordenador y hacer la crónica de la playa de ayer. Sin duda está siendo un verano de playas. Es lo único que me deja el tiempo suficiente para poder acercarme al hospital, ya sea por la tarde o temprano en la mañana. Esta tarde toca de nuevo.

Ayer jueves me desperté relativamente temprano para lo que es habitual. Tenía que poner una lavadora (pero me olvidé, lo hice esta mañana), arreglar la casa (lo hice deprisa y corriendo), comprar la crema de protección solar (hay que protegerse, que el sol está muy picón), y unos pendientes de madera de coco que quería tener hace tiempo.

Después fui a buscar a Carlos para ir a nuestra playa favorita, el Ancón. Pero aunque en la capital hacía un sol radiante, el norte estaba bastante nublado. Así que en una sabia decisión, dimos marcha atrás y nos dirigimos al sur. Por el camino oímos música, nos reímos, le conté mi conversación con Rober de hace unos días. Ya sabes, lo que hacen los amigos. Tuvimos la suerte de que en el Sur hacía un día fantástico.

El trayecto me recordó a cuando me dirijo habitualmente al trabajo. Que por cierto, a partir del lunes, de nuevo volveré a la rutina laboral. Elegimos ir a la playa de la tejita. Es una playa enorme y preciosa, aunque un poco ventosa, con la arena de un color medio grisáceo. Está en V con otra playa inmensa y algo más popular, que se llama El Médano. Ambas están separadas por un macizo rojo de lava que se precipita en el mar. El espectáculo es grandioso. Se nota mi debilidad por mi tierra, pero de verdad creo que es un privilegio vivir aquí.

Estuvimos en la playa varias horas. Quizá demasiadas. Hasta el piercing que llevo en el ombligo se me recalentó. El mar estaba estupendo, con algo de olas, que me encanta porque te permiten jugar y hacer algo de ejercicio. Nos hicimos varias fotos, aunque el único que ha logrado sacarme fotos que me gustan es Rober, y así y todo no acabo contento. Las mejores que tengo son autorretratos. Pero bueno, Carlos consiguió sacar un par de ellas que no me arrugo al verlas.

Pues allí estábamos tumbados, sin demasiada gente. No fuimos a una playa pequeñita contigua de cancaneo gay porque es un agobio. No hacen más que mirar y tienes que estar siempre observando la postura. Así que nos quedamos en la “familiar”. Era increíble sentir la arena, y ver a un lado el mar y al otro al diáfano techo de España, el Teide. Y el atardecer... fue algo mágico.

A la vuelta nos paramos en una gasolinera a comer algo, porque yo estaba con un hambre que no lo contaba, ya que ni había desayunado. Y a partir de ahí, un corre corre. Llevé a Carlos a su casa, bajé a la mía, me cambié, pasé a buscar a Carlos y a Carmen, y nos fuimos a un pueblo a ver una gala de elección de Miss que presentaba Toño, el transformista que ya he nombrado en otras ocasiones. Lo que me pude reír con él. Realmente tiene una chispa y una rapidez para crear bromas envidiable. Hubo muchas anécdotas esa noche, pero estoy perezoso para contarlas.
 
bandas sonoras
Ayer, cuatro largos trayectos en coche. Cada uno con su propia banda sonora.

menudo cuarteto...

El camino a la playa perteneció al recuerdo. A Ketama y a un disco irrepetible, su concierto De Akí a Ketama. Un disco cuya historia se mezcla con la mía, desde hace al menos siete años. Que me trae sus conciertos en terrazas, discotecas, auditorios y plazas de toros. Que me pone los pelos de punta con la preciosa voz de Antonio Carmona. Un disco que aún suena a gloria bendita, que me hace bailar y llorar. Uno de los discos de mi vida, siempre. “Soy como una sombra detrás de tu almohada. Soy como una sombra que ha perdido el alma.”

La vuelta a casa la cantó Lucrecia, poniendo boleros en su voz. Y es que NADIE canta un bolero como Lucrecia. Por mil veces que oiga su disco, no puedo sustraerme al sentimiento tan grande que carga su voz en canciones como ‘Qué sabes tú’ o ‘Yo no debí conocerte’. Muchos oyen a Lucrecia después de verme cerrar los ojos al poner una canción suya. “Hoy rompo las cadenas del silencio, logro decirte que te quiero y que eres todo lo que anhelo. Volveremos a vernos tú y yo, trataremos el tiempo borrar; no tendremos en cuenta razones que no sean las de nuestros corazones.”

En la noche, de camino al festival, nos amenizó Sade, uno de mis grupos favoritos, por su sonido y por la voz humeante de Sade Adu. Me gusta todo de Sade, pero por alguna razón inconsciente, lo dejo todo cuando escucho su ‘Is it a Crime?’ “Puede que te resulte sorprendente, pero te echo de menos. Podía ver a través de todas tus mentiras, y así y todo te echo de menos.”

Volví solo a casa con Dinah Washington. Y en vez de quedarme con su ‘Mad About The Boy’ (canción dedicada a James Dean), o el ‘What a Difference a Day Makes’, me quedo con una más festiva, por variar un poco. Se llama ‘If I Were a Bell’. “Si fuera una lámpara, me encendería; y si fuera una bandera, ondearía.”
 
pequeño retraso
Tras todos los flashbacks (estoy exhausto, pero purgado), intenté colgar una serie de fotos. Mías, de las cosas que hablo, de las playas. Me di de alta en un sitio que me ofrece una alta capacidad de almacenamiento (cerca de 100 megas) para poder poner las fotos y linkarlas desde el blog (para así no acogotarlo de espacio). Pero hotmail, haciendo de las suyas, me envió el mensaje de activación a correo no deseado y lo borró directamente. Estoy que trino! En fin, que avisé a los de la página para que me mandaran el mensaje de activación de nuevo. Así que, con un poco de suerte, mañana mis post (incluídos los antiguos) tendrán fotos a cabeza de página.
 
y flashback vi
Timy en nuestro unico fin de anio

Esa noche salí sin ganas, porque se lo había prometido a Carlos, con la cabeza echando humo. Había muy poca gente, lo cual agradecí. Estaba Lauro, un amigo de esos de la noche que se parece mucho a Bisbal. De hecho, hasta que conocimos su nombre de verdad, nos referíamos a él como Bisbi. Es majísimo el muchacho. Y bajito (he dicho que me pirran los bajitos?). Pues hablaba yo con él y con un amigo suyo. Siempre hemos tenido una forma de bromear muy pícara, pero el domingo por la noche cruzamos el umbral. Cruzó, mejor dicho. Yo le dije en broma que no entendía, que sólo salía por locales de ambiente para que mi amigo Carlos no fuera sólo. Y Lauro siguió la broma. Me dijo que él pensaba que yo sí entendía, que lo había engañado por completo. Y empezó a besarme en el cuello mientras decía ‘entonces esto no te pone?’ y yo seguía con la broma y con que no. Y él seguí besando y preguntando. Y empezaba a pasar la mano por la espalda ‘y esto tampoco?’ ‘pues no’ y me agarraba el trasero, hasta que al rato paró (menos mal) y me dice ‘madre mía, cómo se me ocurre hacerte esto cuando sólo me he tomado una cerveza?’

Cambiamos de local. Y cuando ya nos íbamos, miro hacia el fondo y se me cruza una cara similar que me mira. Timy. Tras siete meses sin topármelo de frente. El fantasma que llevaba presintiendo hace semanas. Pero fue estupendo. Me acerqué a saludarle, y creo que notó que me alegraba sinceramente de verlo, y que no quedan rencores ni malos rollos. Ni amor. Hasta mantuve el abrazo un segundo más que él. Y ya sé que es vanidad, pero me gustó que me encontrara esa noche, en que estaba yo tan… espléndido.
 
flashback v
(post deleted)
 
flashback iv
la mirada dulce de Yarince, vista con los ojos de Rober

(post deleted)
 
flashback iii
velas y viento

El sábado fue un día fantástico. Subí temprano por la mañana a ver a mi hermano. Subí con mi cuñada a comer con mis padres, mi otro hermano, mi abuela, mis sobrinos, mis primas, como todos los fines de semana. Es donde más se nota la ausencia. Bajé y pasé a recoger a Carlos y a Carmen (otra gran amiga con los ojos y la boca más bonitos que he visto nunca) y nos fuimos a una playa poco conocida, de callaos, con el agua cristalina y del azul más intenso. Un gran día. Nos reímos, jugamos con unas inmensas olas, y hablamos del futuro. Nos fuimos a los bares del muelle deportivo y nos tomamos unas cervezas heladas y unas tapas de pulpo, pimientos de padrón, calamares y demás. Esa luz de la tarde, los mástiles de los veleros meciéndose en el muelle, la calidez. Una de esas inolvidables tardes de verano.

Volví a casa y dos amigos (pareja sí, pero no) me estaban esperando en la puerta. Esperaba verlos esa noche, pero no tan pronto. Total, que con mucha prisa me puse guapo (lo que pude) y salimos a la ciudad universitaria. Muchas copas y risas, nos encontramos con muchos posibles que no me convencen (esta vez los fantasmas se quedaron en el castillo). Ya en la discoteca, un chico bajito (los bajitos son mi debilidad) que ya había visto otras veces, con una pinta de maloso que tira de espaldas (quizá por eso me tienta tantísimo), se me puso a tiro en la pista, fijando su mirada en mis ojos, mi pecho y mi entrepierna sin ningún disimulo, bailando enfrente de mí. No sé por qué lo dejé escapar. Quizá porque estaba cansado, o pensando en el domingo, o con la cabeza en otro (sitio), o porque cada vez sé con más certeza cuál es el comienzo de una relación desastrosa. Así que… a dormir.
 
flashback ii
(post deleted)
 
flashback i
(post deleted)
 
un avance
Bueno, hace casi una semana que no escribo, y han pasado varias cosas. No son importantes, pero podrían serlo en el futuro. En cualquier caso, ahora salgo corriendo a la playa, a aprovechar un día radiante, y no tengo tiempo de contar mucho más. Pero esta noche me saltaré una cena que tenía apalabrada, y me dedicaré a actualizar mi blog y escribir algo, que ya va siendo hora. E irá aderezado con algunas fotos, mías y de los protagonistas de mi vida.

Hasta entonces...
 
tarde de ex
una de las fotos de la sesión que le hice a Tonio

Acabo de llegar de estar con Toño. El transformista amigo de mi ex que mencioné en mis primeros post. Por fin le di sus fotos retocadas, sus carteles para anunciarse y demás. Quedaron tremendas. Los montajes que hice con fondos de la Antártica, de orgías, de campos, de atardeceres, de llamaradas, han quedado increíbles. Le han encantado. Me ha invitado a cenar la semana que viene en concepto de pago de las sesiones. Ya le dejé claro que no pienso cobrarle. Jaja. Por teléfono me dijo lo de la cena y añadió con tono pícaro ‘porque no me dejarás que te invite a otra cosa, no?’ La verdad es que es muy salado.

La cosa es que me hizo esperar más de media hora. Por dos minutos no me tropecé con dos de mis ex (el amigo de Toño y otro), que son muy amigos y que estaban juntos paseando al perro de uno de ellos. Hubiera sido raro, porque con uno de ellos (mi relación más larga) no me hablo, a pesar de verlo todos los fines de semana (trabaja en el bar al que voy a menudo. Y cuando los vi (con tiempo suficiente de escapar, menos mal), pensé… cómo hago para saludar a uno y al otro no? Porque lo que no voy a ser es tan ridículo de estar los fines de semana a un metro de él, a veces incluso pedirle las copas, y encontrármelo por la calle y saludarlo como si nada. Pero quedaría fatal saludar a uno y hacer como si el otro fuera una pared. Total, que menos mal que pude escaquearme.
 
homeopatía
Toda mi familia está enganchada a la homeopatía. A mí siempre me ha parecido una pseudociencia más cercana a los curanderos que a los médicos. Me he documentado, para no opinar desde la ignorancia, y no he hecho más que reforzar mi postura. Te cobran por diagnosticarte y darte agua. Ni más ni menos.

En cualquier caso, yo respeto. El que quiera curarse con homeopatía, que lo haga. Me parece criminal experimentar y dar homeopatía a niños, o a enfermos que no pueden opinar. Y éste es el caso. Y más criminal aún me parece que un médico de mentiras juegue con la desesperación de una familia para darle soluciones milagrosas. Yo soy el único que aún no es asiduo a la ‘doctora’.

Debo reconocer que es un tema que me puede. Y por lo que más me saca de quicio, es que los creyentes en la homeopatía la defienden como eso, como una creencia. Como una religión. No escuchan razones. No pueden razonar. Simplemente arengan. Y eso siempre me ha dado pánico. En base al rollito ‘natural’, la homeopatía se ha convertido en una secta.
 
un mes y medio
Mi hermano acaba de cumplir un mes y medio en coma. Hoy ha sido un día duro. Los dos hermanos que quedamos hablamos con la doctora, para que nos explicara el progreso y tener una noción clara de la situación. Y no puede ser menos halagüeña.

En realidad, esa no ha sido la parte más dura. Hace tiempo que me he hecho a la idea de que mi hermano ya no está. Se ha ido consumiendo poco a poco, y a veces hasta dudo si el que está ahí tumbado es él. Llego a pensar que está por ahí dando vueltas, mirándonos y lamentando la situación.

Pero bueno, a lo que iba. Lo peor ha sido ir a comer a casa de mis padres y contarles. Cada uno está en un punto distinto. Mi padre ha asumido que lo de mi hermano es irreversible, y ve el problema que se presenta, teniéndolo en ese estado por no se sabe cuánto tiempo. Mi madre en cambio sigue aferrada a una esperanza, y es desgarrador observar el dolor tan grande que tiene. Nada me duele más que el sufrimiento de mi madre. Es un ángel, y su sufrimiento es un pecado.

Encima me cogí un buen cabreo por otro tema. Pero mejor lo escribo en otro post.
 
una pequeña modificación
Image Hosted by ImageShack.us

Antes de salir de viaje, aparco mi timidez habitual y cambio la foto por una en la que doy la cara. E introduzco un link a Escuela de Escritores (por si no sabeis que escribir es una de mis pasiones) y al blog de un amigo recién estrenado, que espero disfruteis leyendo tantísimo como lo hago yo.

Y ahora sí creo que os dejo hasta el domingo. Pasad un fin de semana inolvidable.
 
descompresión
Me voy tres días. Un viaje corto y cerca. Con Carlos, el mejor de los amigos, y un grupo de andaluces que conoció en mi malogrado viaje a Madrid. No tengo muchas ganas de ir, pero me he liado la manta a la cabeza, seguro que el cambio de aires me sienta bien. Estaré de vuelta el domingo, espero que en tan poco tiempo no os olvideis de mí.

Así que mañana me levantaré tempranito, haré las maletas, regaré las plantas y dejaré la casa recogida. Y a mediodía pondré rumbo a una aventura que espero no me depare sobresaltos. Que no tengo el cuerpo yo para boberías. O sí?

Hasta pronto.
 
aniversario
Montaje de una foto que le hice a Axel en mi cocina. Cuando el futuro tenía su nombre.

Se cumple un año. Un año ya, separados. Y a pesar de que todo terminó, en nuestro aniversario, quiero hacerte un homenaje. Quiero olvidarme del dolor previo a dejarte, y del purgatorio agrio que le siguió, y recordar lo que me hizo quererte durante tanto tiempo. Tanto que me hizo dejarte.

Ya no te quiero. Ni siquiera nos hablamos, a pesar de vernos cada fin de semana. Y soy feliz en tu olvido. Pero tu recuerdo a veces me aborda, me desarma. Y echo de menos lo que sentí, y lo que compartí. He amado a otros más que a ti, pero menos tiempo. Y estoy atiborrado de tus recuerdos. Porque formas parte de mi vida, y porque te quise, sé que no te olvidaré nunca.
 
overstating...
(post deleted)
 
sobresaltos
(post deleted)
 
Fer y Fran
No sé qué ha pasado este fin de semana. Tenía claro que iba a ser tranquilo, sin sobresaltos. Pero ha sido raro.

Lo mejor, el sábado por la noche con Fer y Fran, una pareja de amigos. A Fran lo conozco desde hace cuatro años, y lo adoro. Es un chico tan tierno, con una mirada tan dulce, y hemos pasado por momentos importantes que han fortalecido la amistad. Es una de esas personas con las que sabes que puedes contar. Él y Fer se conocieron hace justo un año. Como les decía el otro día, les tocó la lotería. Se conocieron en una discoteca, un día en que ninguno de los dos tenía la intención de salir. Ya de partida, conocerse en un bar y congeniar de esa manera es ya un fenómeno paranormal. Que haya resultado que son la pareja perfecta, es ya un milagro.

A Fer, en muy poco tiempo, le he cogido un inmenso cariño. Está hecho del mismo material que Fran. Me encanta verlos juntos. Estuvimos en su casa con otros amigos, tomando copas y riendo. Con Fran es imposible no reírte. Y compartimos los tres un rato precioso de confidencias en un patio interior, lejos de todos.

Suerte, pareja. Que dure mucho más y que yo esté cerca para verlo.
 
vacaciones
Hoy empiezan mis vacaciones. Serán raras, porque esta vez no hay planes, ni viajes fascinantes que programar. Arreglaré un poco la casa, iré a la playa, leeré, escribiré, oiré música, veré pelis. Ordenaré la despensa y el armario, que llevan años pidiéndolo a gritos. Iré a ver a mi hermano, comeré con mis padres. Haré fotos, cientos de fotos. Me daré un salto corto a Gran Canaria, con unos conocidos andaluces. Y espero liarme la manta a la cabeza y darme un salto de 3 ó 4 días a Madrid o Barcelona, a comprar música, pasear, ir de museos o tomar una copa. Ya se verá. No serán unas vacaciones memorables, aunque eso siempre es un misterio.
 
compartimentos
He tomado una decisión. He decidido compartimentar mi vida imaginaria (la que escribo) y la real (la que vivo). La que escribo seguirá yendo al foro de escritura donde de vez en cuando los atormento con mis textos, y la que vivo se quedará aquí, en este blog. Me apetece escribir sobre mi vida, sin convertirla en literatura. Quiero hablar de mí sin tapujos, con anotaciones, con poemas, con pedazos de música. Espero conseguirlo y, en el camino, si me lees, entretenerte.