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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
Sindicación
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orden de búsqueda y captura
Lo conozco desde hace dos años y pico. Tuvimos una “noche loca” en noviembre del 2002. A esa noche le siguió una cena en una terraza y mi absoluta convicción de que no estábamos hechos el uno para el otro. Sin embargo, nos hemos seguido viendo ocasionalmente, coincidimos por el barrio y alguna que otra noche. Me cae increíble, porque tiene un corazón grande y caudaloso, aún más hermoso que sus ojos de infarto. Pero falta ese chispazo que convierte a un buen amigo en algo más, eso que tiene que ver con lo que se dice y cuándo y cómo se dice, con la forma de mirar, con la combinación de las pieles, con los silencios, con los temblores. Desde aquel episodio primigenio, nunca hemos vuelto a enrollarnos. Creía que los dos lo teníamos muy claro.

“Lo que me refería en el taxi es que desde el primer día que te vi, me gustaste y eso lo sabes tú y lo que hago cuando te veo es disimularlo pero a veces no puedo. Perdóname. Nunca olvides que me encantas y sería muy feliz si estuvieras conmigo para darte todo mi cariño.”

Este el es texto de un sms suyo que recibí el viernes en mi móvil, cuando casi amanecía el sábado. En un principio me sentí halagado, tentado, esperanzado. Pero tras un análisis somero sólo podía pensar en dónde encuentro yo a ese bebé con alas que va por ahí lanzando flechas, para darle unas clases de puntería.
 
reflexiones de osho sobre la felicidad
osho

La tristeza puede darte muchas cosas que la felicidad no puede. De hecho la felicidad te quita mucho. Te quita todo lo que siempre has tenido, lo que siempre has sido, ¡la felicidad te destruye! La tristeza nutre tu ego y la felicidad es básicamente un estado de ausencia de ego.

Ése es el problema, el verdadero meollo del asunto. Es por eso por lo que la gente encuentra muy difícil ser feliz. Es por eso por lo que millones de personas en el mundo han decidido vivir en la tristeza. Te da un ego muy, muy cristalizado. Miserable, eres. Feliz, no eres. En la tristeza hay cristalización; en la felicidad te vuelves difuso. Si se entiende esto, las cosas se vuelven muy claras.

La tristeza te permite atraer la atención de la gente. Siempre que estás triste, tienes atención, te tratan amablemente, ¿quién siente celos de una persona desdichada?

Cuando realmente seas feliz, encontrarás que todo el mundo está en tu contra. A nadie le gusta una persona feliz, pues hiere el ego de los demás. Los demás empiezan a sentir :"te has vuelto feliz y nosotros seguimos arrastrándonos en la oscuridad, la desolación y el infierno. ¿Cómo te atreves a ser feliz cuando nosotros estamos en este dolor?

Sé feliz y serás un individuo; si eres desdichado serás parte de una multitud: hinduista, mahometana, cristiana, india, árabe, japonesa.

Simplemente observa tu infelicidad y mírala y serás capaz de encontrar las razones de que exista. Te darás cuenta que cuando estás triste eres un conformista. La sociedad te ama, la gente te respeta, incluso puedes llegar a convertirte en santo, pues los santos están tristes. La tristeza la llevan profundamente escrita en el rostro, en la mirada. Como son desdichados, están en contra de toda alegría. Condenan toda alegría como hedonismo, toda posibilidad de alegría como pecado. Están desolados y les gustaría ver a todo el mundo igual. De hecho, sólo en un mundo miserable pueden ser encontrados santos. En un mundo feliz tendrían que ser hospitalizados como enfermos mentales. Son patológicos.

A través de las diferentes épocas de la historia hemos aprendido un mecanismo sutil: reprimir la felicidad y expresar la tristeza. Debes deshacerte de este mecanismo. Aprende a ser feliz y a respetar a la gente feliz. No seas demasiado amable con la gente que está triste. No le des la idea de que la infelicidad es valiosa. Déjale muy claro que lo ayudas pero no por respeto, sino simplemente porque está triste. Permite que la persona sienta que la desolación es así, que estar desolado no es algo virtuoso, que no le está haciendo un gran servicio a la humanidad.

Sé feliz, respeta la felicidad y ayuda a la gente a entender que la felicidad es la meta de la vida: satchitanand. Donde quiera que esté dios, está la felicidad. Siempre que veas a una persona feliz, respétala. Es santa. Cada vez que sientas que una reunión es alegre, festiva, piensa en ella como en un lugar sagrado.
 
entrevista
¿Me besas?
Te beso.

¿Me quieres?
Te quiero.

¿Me deseas?
Te deseo.

(silencio)
¿Qué piensas?

Que nunca te adelantas a mis preguntas.
(fin)
 
el cielo de las cañadas
espectacular

No sé quién es el autor de la foto, pero felicidades. Me la mandaron esta mañana, fue tomada ayer en el techo de mi isla, el ático de España. Es asombroso que el sol de la tarde, el viento y las nubes puedan conjugarse para formular este espectáculo. Parece que el cielo se está derramando.
 
juego de niños
juguetería

Te extraño tanto
que frente a ti
me tapo los ojos.

Te doy la espalda en paredes de celosía.

Mis pies asoman
de un escondrijo
bajo tu cama.

Y creo que has dejado de verme.
 
milagro a finales de octubre
(no suelo postear textos "creativos", pero en éste escribo lo que me habría gustado que pasara, en alguna que otra de mis rupturas...)

Eran las dos de la mañana cuando me atreví a pronunciar la frase que inicia los epílogos. Me miraste sin sorpresa, porque durante semanas escuchaste sirenas anunciando el réquiem que tañía mi boca. Me negaste dos veces monosílabas, con mudos argumentos desplomados a la vista de mi verdad disfrazada de inquebrantable. Tu mano desnuda tembló recorriendo el aire frío que nos separaba y tu índice recorrió mi ceja. Se le unió tu mano entera, terminando su caricia dulce en mi mejilla, donde permaneció inmóvil. Sonreíste y negaste por tercera vez, moviendo tu rostro. Yo asentí desde mis pedazos, provocando la caída de tu mano y de tu característica lágrima, solitario estandarte de tus peores tormentas. Te chivé en silencio el conjuro que despedazaría mi sentencia, pero te retiraste sin peleas, abandonándome en un castillo asediado de dudas, rodeado del foso de tu ausencia.

Vi tu espalda alejarse por la calle mojada y solitaria sobre el ruido de tus zapatos, mientras mis ojos catapultaban aún las palabras que deseaba leer en tus labios. Sin brazos a donde volver, permanecí junto a la catedral en aquel banco empapado de mi error, sin posibilidad de dar marcha atrás. Deseando borrar mi huracán de palabras y recuperar el arco iris que nace en el borde de tu mirada. Suplicando una nueva e improbable oportunidad para que tu voz no dejara que tu mano abandonara mi rostro y que la mía enjugara la lágrima que surcó el tuyo.

Eran casi las tres de la madrugada cuando el eco de tus pasos volvió a mí a través de las manos que me escondían la cara, y tu figura se asomó a los barrotes de mi cárcel de carne. “Me debes algo,” dijiste. Descubrí mi máscara elevando los ojos a la espera de tu condena de muerte. “¿Qué quieres de mi?”, imploré. Y tapándome la boca, contestaste. “Sólo un milagro.”

La torre de la catedral repicó dos veces. En silencio esperamos una tercera campanada que nunca llegó. Nos miramos en la esfera del tiempo y testimoniamos nuestro deseo hecho realidad en el milagro de las horas de octubre. Sobre sesenta minutos borrados de la faz de la tierra, el otoño nos brindaba la oportunidad de rescribir el futuro en el espejo de un reloj.
 
memorias de áfrica
Dennis me regaló una brújula. Para que no perdiera el rumbo, me dijo. Más tarde me di cuenta de que ambos navegábamos por caminos diferentes. Quizá él sabía, aunque yo no, que la tierra es redonda para que nunca podamos ver con certeza lo que nos depara el camino.

Out of Africa, de Sydney Pollack
 
confesión
Quizá crees que mis poemas son para ti,
sin saber que porque lo son,
porque lo sé,
te escondo.

No imaginas lo que escribiría
sin el pudor que me dan tus ojos.
 
claudio
tu flor

Perdonadme el guiño, pero quería saludar. Como en la tele. A mi amigo Claudio. Y decirle desde aquí, aunque no me oiga, que nunca claudique ni deje de escuchar el Claro de luna de Claude Debussy. Que lo memorice hasta que por fin, con sus manos de nuevo adiestradas, pueda tocarlo en el piano que nos encontraremos en una casa en ruinas. Y a cambio yo le mostraré unos frescos a la luz de una bengala.
 
apneas
apnea iii

apnea i

Algunas noches me escapo de mis sueños para aparecerme por un instante en un rincón de tu fantasía, convertido en el olor de canela que emana del cajón de tu memoria. Me demoro en la colcha de tu insomnio, cantándote nanas con las notas de la oscuridad que te rinde a Morfeo, deseoso de que me encuentres en la sombra de un naranjo. En tus pesadillas construyo estanques de plumas para frenar los impactos y me templo en barreras de nimbos donde tus engendros puedan clavar sus zarpas y enterrar sus fauces. Disfrazado de destellos lanzo guiños desde las escamas de las salamandras aladas que parten el cielo de tus quimeras en sus rutas migratorias. Tus noches febriles son la excusa para arroparte en bufandas de mi brisa.

apnea ii

Mi boca es el rayo de luz que surcó tu columna para enredar en la mañana de tu espalda el rastro caliente de mi lengua de sol. Mi olor es el aroma que una flor recién cortada prende en el aire de tu despertar. Mis manos orfebres son las culpables de los arabescos que las sábanas te dibujaron en la piel. Mi aliento es el conjuro que condensó la humedad de tu primera mirada. Mi voz es el susurro mudo que aún te acompaña en los recodos de tu vigilia. Mi piel es el sabor de la regaliz que paladeaste en el carrusel de un mundo onírico. Soy la clave indescifrable, los fragmentos de la vidriera de tus predicciones.

apnea iii

Y en este cuarto yacen mis restos
esperando en el andén de mi cama
el expreso de un alma desahuciada.

Mi corazón silba acompasado
con el movimiento reflejo de tus ojos
mientras la sangre espesa se agolpa
en la puerta de entrada a tu reminiscencia.

Sobre este lecho mi cuerpo se asfixia en tu ausencia.
 
semblanza y homenaje
No sé si os lo conté, pero cuando mi hermano empeoró sin remedio, mi padre me encargó que le escribiera una semblanza para publicarla en el periódico. Yo no estoy a favor de ese tipo de cosas, que encuentro bastante provincianas. El resto de mi familia tampoco lo está. Pero con toda seguridad, a mi hermano le habría gustado. Y esa es la razón por la que mi padre me lo pidió.

El jueves después de su marcha, reuní fuerzas para escribirla. Me quedó larga, inmensa, haciendo recuento de los recuerdos propios y ajenos, porque su vida, aunque corta, dio para mucho. Aprendí mucho escribiéndola, pero lo más importante fue lo que aprendí sobre mi hermano y que nunca me había parado a analizar. La semblanza fue un viaje largo, pero su resultado, aunque sólo fuera a nivel personal, había valido la pena.

Pero al margen, entre unos y otros párrafos, escribí otro texto, que más que una semblanza es un homenaje. Más corto, más poético. Habéis sido testigos de un fragmento de su borrador, hace algunos post. Sí se publicó completo en la lista de escritura creativa.

Sea como sea, fui a ver a mi madre, y le di los dos textos. Le leí en voz alta la semblanza, y por primera vez lloré ante ella; me abrazó, pero no soltó una lágrima, para no empeorar la situación. Solamente me dijo “te hacía falta llorar, hazlo sin miedo.” Sé lo muchísimo que le habrá costado aguantar a esa madre coraje. Mi homenaje lo leyó ella, en silencio. Esta vez se invirtieron los papeles del llanto y los abrazos. Me dijo que era hermoso, y que esa era la mejor semblanza de mi hermano.

Decidimos no publicarla, por varias razones. Mi madre me pidió permiso, y la leyó en la misa íntima y completamente irregular que ofició un sacerdote repudiado en nuestra casa hace una semana. A pesar de la emoción, consiguió terminarla.

En ese homenaje a mi hermano le escribí una leyenda. Le resucité a una vida de agua, con ecos de su vida de carne. Una ficción donde mi hermano permanece en un paraíso diferente y hermoso. Un paraíso a nuestro alcance. Esa leyenda nació de mi cabeza, de mi inventiva. Y sin embargo, una vez escrita, incluso para mí, se ha convertido en una realidad. Es asombroso el poder de las palabras, de las historias. Ya no puedo pensar en mi hermano sin imaginarlo en su nuevo estado, marino.

Mi madre me decía ayer que, cuando se siente mal, lee ese pedazo de papel. Que a pesar de que sabe que no es verdad, que es un cuento, le da esperanza, la hace pensar que mi hermano no está muerto, sino perpetuado en el mar. Fue cuando caímos en la cuenta de que soltamos las cenizas de mi hermano al tercer día de su muerte. Que mi leyenda tiene lugar ese mismo día. Y que sin saberlo, llamé a mi homenaje Resurrección:

Tu cuerpo no terminó su viaje en el lecho del mar. Tus cenizas renacieron cual fénix de agua en un mundo distinto de atlantes de polvo. Y te embarcaste en nubes de plata mezcladas en granos de sal para emprender odiseas con destino a Alejandría, atravesando el delta del Nilo, lamiendo en tu ruta las quillas de las falúas. La mota que un día fue tu corazón se escondió en una concha de nácar para homenajear tu luz con el nacimiento de una perla. Y todas las acequias que regaron tu cuerpo alimentaron de pigmentos escarlata los corales más intensos de las Maldivas, a donde viajaste por fin tal y como prometiste.

Tu mente clara se hizo carey en el caparazón de una tortuga recién nacida, destinada a una vida milenaria. La miel de tus ojos se fundió en las escamas doradas de sirenas ocultas en atolones lejanos, y tus oídos se enredaron atentos en el deambular de las ballenas para arrullarte con sus cánticos. Y la sonrisa que nos regalaste se grabó para siempre en la estirpe de un delfín que hacía piruetas en la Punta de Teno.

Sin embargo, no viajaron tus manos. No partieron en aventuras secretas, mutadas en seres acuáticos. Permanecen aquí, en tu isla, rodeándola, dando círculos por sus acantilados y sus playas. Renacen una y mil veces, en dedos transparentes que surgen de las profundidades para hacer cosquillas a tus hijos y algún día a tus nietos, para acariciar a tu mujer, para abrazar a tus padres y pasarles la mano por los hombros, para señalarle a tu hermano la roca bajo la que se ocultan las mejores almejas, para revolverme el pelo mientras buceo. Tus manos delicadas y blancas, sin morados ni marcas, siempre esperando a que entremos en el agua para entregarnos las caricias que tu cuerpo no pudo darnos.

Sólo unas cenizas rebeldes, amotinadas en corceles invisibles para no fundirse en el azul, salieron disparadas al contacto con el agua. A lomos de burbujas de aire impactaron como proyectiles en la piel de los que te despedíamos dentro y fuera del océano. En un balazo indoloro esas cenizas se repartieron, cada una en un cuerpo, disolviéndose en él, para dejarnos tu recuerdo. Y desde ese día, sin saberlo y oculto en algún lugar de la piel, llevamos para siempre tu estigma, preservado en un lunar que lleva tu nombre.
 
mensaje en presente continuo
esta claro, el nuestro es un amor imposible

Esta noche voy al teatro de mi ciudad a escuchar a Lucrecia cantando boleros y baladas, acompañada al piano por Chano Domínguez. Un concierto que estaba programado para hace un par de meses, y que se suspendió el día antes por el fallecimiento de la madre del pianista. Me embruja la voz de Lucrecia, su sentimiento, especialmente en unos boleros irreconocibles, por lo que me llevé un enorme disgusto por la cancelación.

El martes Carlos me mandó un mensaje al móvil, diciéndome que el concierto tendría lugar este viernes, que si compraba las entradas. Mi contestación tardaría diez segundos en llegarle, porque era sencilla: SI. Así que esta noche me embelesaré en la fila cuatro, con Carlos y cuatro personas más que también se han apuntado. Será una noche mágica (el día empezó ya con muy buenos pronósticos), y no puede ser de otra forma, porque se aliarán una voz hermosa y el sonido de un piano, una de mis dos combinaciones favoritas. La otra es mi nombre susurrado en tus labios, refugiados bajo las sábanas.

PS. Acabo de recibir una llamada de Carlos. No os lo vais a creer... Lucrecia está afónica y han suspendido de nuevo el concierto. Y a mí... me ha dado la risa. Está claro que si quiero oírla cantar boleros, tendré que poner el disco. En fin. Yo, actitud positiva. Debe ser que hoy no tocaba, o que me espera algo mucho más interesante que Lucrecia y Chano. Quizá sea que esta noche susurrarás mi nombre, refugiados bajo las sábanas.
 
en apenas doce horas
Aquí teneis una foto mía con Aitor. Acababa de llegar a Madrid, y en apenas doce horas tuve que volverme a casa. Quién me iba a decir a mí lo que cambiaría todo esa noche. La noche de la llamada telefónica en la calle Barbieri. Hace ya 114 días.

aitor y yarince
 
figuras de arcilla
mi amor primero

El lenguaje esquimal tiene más de 300 palabras para denominar al color blanco. No es de extrañar, teniendo en cuenta que viven en un mundo de ese color, y han de ser específicos. Lo mismo les pasa con la nieve, a la que llaman con infinidad de palabras que connotan su espesor, densidad o textura. Lo que para nosotros es simplemente ‘el mar’, para un navegante es un conjunto impreciso y vago bajo el que se agrupan una infinidad de nombres.

No sé si los griegos amarían más que nosotros o si le darían más importancia a los afectos. Lo que sí sé es que para ellos había más de una forma de amar. Para nosotros también, pero no les hemos puesto nombre. Y con un verbo tan global intentamos objetivizar amores de procedencias y manifestaciones tan diferentes.

En Grecia había cuatro verbos que nosotros hemos resumido en uno solo. Por un lado Erao, del que proviene la palabra erotismo, y que representa el amor de pareja y la atracción sexual. Stergo es el verbo que representa el afecto en las relaciones familiares. Tenían también una palabra específica para ese sentimiento limpio y duradero que debe ser la amistad, y esa palabra era fileo. Queda el más complejo de explicar, aquel que nombraban agapao. Yo lo interpreto como el amor solidario. La empatía con alguien a quien no conoces y con quien sin embargo sientes que te une algo. Agapao es lo que sientes por las víctimas de una guerra cuando te echas a la calle a abogar por sus derechos o colaboras en la reconstrucción de un país, o cuando inviertes parte de tu tiempo en ayudar a desconocidos en lo que crees es una causa justa.

Quizá esa simplificación que hemos adoptado y resumido en la palabra ‘amor’ nos trae muchas confusiones. Las palabras tienen un gran impacto en nuestra vida, incluso de forma inconsciente, y me ha hecho reflexionar las veces en que he confundido el amor de una amistad con el de una pareja, y viceversa. En esas ocasiones en que el amor familiar da un paso adelante y se convierte en amistad. Y cuando creemos que seguimos amando a alguien, cuando en realidad sólo estamos siendo ‘solidarios’, o entregándole afecto por pena o responsabilidad.

Hacen falta más palabras. Muchas más. Porque analizando mi historia, me siento incapaz de agrupar mi cariño. No quiero de la misma forma a toda mi familia, o a todos mis amigos. Y sin duda no he querido de la misma manera a todas mis parejas. A cada persona que ha compartido mi vida la he querido con un amor distinto. Ni mejor ni peor, ni más grande ni más pequeño. El amor, tal y como yo lo experimento, no es una pieza de lego, sino una bola de arcilla. No necesita una pieza específica para complementarse, porque su masa le permite adoptar distintas formas, dependiendo del amor con el que se enfrente. En algunos casos tenemos que modelarnos más, invertir más esfuerzo, mientras que en otros, los menos habituales, las formas originales se acoplarán con mayor facilidad.

Eso explicaría por qué me cuesta tanto olvidar los viejos amores. No es que los eche de menos, o los añore, pero me cuesta olvidarlos. Porque los recién llegados no los reemplazan, porque nunca son iguales. E insisto, no hay diferencias cuantitativas ni cualitativas. Con la arcilla de M. hicimos una Venus mutilada, sin manos con las que acariciarnos o piernas para salir corriendo. Con la de T. esculpimos peines de viento que sólo rugían durante el temporal. R. me dejó un esclavo que nunca terminó de salir de la roca. Mi amor primero fue un guerrero tumbado de Moore, sin definir. El de A. fue un amor desproporcionado y hermoso como una figura de Botero. Y C. construyó conmigo un pórtico de gloria lleno de filigranas, inabarcable a primera vista, difícil y esquivo, pero provisto de un pequeño lugar donde nuestras manos encajan como un guante.
 
ten piedad
la pietá de miguel ángel, fotografiada por robert hupka

No soy católico, ni especialmente religioso. Pero hay algo en lo que sí tengo fe. En el arte. Tuve la suerte de viajar hace años a Roma y poder disfrutar de algunas obras del genial Miguel Ángel. La Capilla Sixtina, su David, el Moisés... Sin embargo tenía especial interés en ver una obra en particular, que siempre me había impactado en una pequeña miniatura que había en casa de mis padres. La Piedad del Vaticano, esculpida cuando Buonarotti tenía sólo dieciocho años.

Representa a María, manteniendo el cuerpo sin vida de su hijo Jesús en brazos, tras bajarlo de la cruz, contemplándolo con calma y pena. Es un perfecto estudio anatómico, a pesar de que María es en proporción mucho mayor que Jesús, licencia que tomó para centrar la atención en la figura femenina. La laxitud del cuerpo muerto, sus extremidades sin vida, se me han venido insistentemente a la mente estos últimos meses, al ver la metamorfosis en el cuerpo de mi hermano. El descolgamiento de los músculos en el mármol es conmovedoramente fidedigno.

Al desvelarse la escultura por primera vez, Miguel Ángel escuchó como un grupo de personas la atribuía a Cristoforo Solari, otro escultor de la época. Y unas noches más tarde, Miguel Ángel entró en San Pedro a hustadillas, durante la noche, y esculpió su firma en el pecho de María. Es la única obra que el autor firmó en su vida.

Debo reconocer que verla en San Pedro fue algo decepcionante. Había que observarla a través de unos cristales, a una distancia considerable, y tras un muro de turistas. Aún así, sigo considerándola una soberbia escultura. Y como prueba, aquí están alguna de las fotos (ampliables) que le hizo Robert Hupka. Para ver La Piedad desde un ángulo distinto. Una sesión increíble. Con las sombras que le dan la vida, el volumen y la belleza.

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papiroflexia
el sueño de un papel

Me partí por la mitad,
y con cada pedazo
me doblé
sobre mí mismo.

Me corté redondeles
a tijera
y me replegué
diez veces más.

Arrugado
y marcado
con tangentes del azar
me despliego en una guirnalda
monótona,
sin las posibilidades de aquel papel blanco
que soñaba
con convertirse
en centauro.
 
impresión
el barrio judío de Praga

Al principio los cambios fueron sutiles. Un pie de foto con un número distinto, o un número de página elegido al azar. Erratas de segundo grado en un documento impecable que Raúl siempre achacaba al corrector ortográfico. Hasta que un día al imprimir el poema de El Golem, la impresora le devolvió una lámina fidedigna de un ser amorfo y esquivo con ojos de cosa.

Raúl quedó absorto, repartiendo su mirada entre la pantalla del ordenador, llena de letras de Borges, y la página reposando en la bandeja a su derecha, con aquella foto que veía por primera vez. Hizo entonces doble clic en el documento de texto del escritorio que había escrito esa misma mañana y mandó a imprimir la lista de la compra. Esta vez sí salieron letras negras. Pero al repasarla, descubrió que las líneas poco tenían que ver con las que él mismo había escrito. Incluía las bombillas que había olvidado apuntar, y que le urgían para cambiar las fundidas en el comedor. También añadía dos cartones de leche, con la acotación '(la de la nevera está caducada.)'. Y así, quince artículos más, y modificaciones varias en las cantidades que Raúl había estipulado al elaborar la lista.

Imprimió entonces una foto de su bautizo, tomada en el patio de la casa de la sierra hacía más de 30 años. Y en la copia revelada se enfrentó a él mismo y a sus tres hermanas, con su edad actual, y a un vacío que ocupaba el lugar de sus padres, fallecidos hacía cuatro años en un incendio. El patio ya no era un lugar de esparcimiento repleto con las macetas de geranios que cuidaba su madre, sino el comedor de una coqueta casa rural.

Raúl sintió sudores fríos recorriendo su nuca cuando abrió un documento nuevo en el procesador. Fijó el tamaño de letra en 100 puntos. Puso el bloqueo de mayúsculas. Aporreó el teclado con cuatro pulsaciones siguiendo la cadencia de un réquiem. D. I. O. S. Imprimir. La impresora cargó un folio en blanco y permaneció muda, con la luz parpadeante de recepción de datos. Raúl la miraba en silencio, a la espera del sonido de los cartuchos tinta desplazándose por el riel.

Comenzó un chirriar mudo bajo la tapa gris, mientras la tinta impregnaba frenética la hoja de papel, que avanzaba enseñando la lengua. Raúl contempló cada nuevo milímetro de papel impreso hasta que la familiar imagen se desveló por completo, reproduciendo la lámina fidedigna de un ser amorfo y esquivo con ojos de cosa.

"Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'."
Jorge Luis Borges
 
y al séptimo día...
Ayer domingo me dediqué sólo a dormir. Hacía semanas que no dormía tanto. El sábado me acosté tardísimo, serían las siete de la mañana, después de una jornada inusual que incluyó alucinaciones, paranoias, misas, comida china y una noche de olvido que se convirtió en recuerdo. Me desperté y el domingo estaba a punto de despedirse, serían las cuatro de la tarde. Me hice un plato de pasta (espirales) al pesto, y para combinar con el color de la esperanza, me lo comí mientras veía por trigésima vez la versión del director de Tomates Verdes Fritos (el secreto está en la salsa). Hubo varias llamadas de teléfono que no atendí. Bajé a la máquina del aparcamiento a comprarme un helado. Saqué todas las plantas al balcón y las regué, antes de anochecer, para que el fresco de la oscuridad conservara la humedad de la tierra. Me acosté de nuevo a dormir una pequeña siesta. Al levantarme ya era de noche, y me asomé a la ventana a mirar a la gente que se retiraba buscando descanso. Llamé a casa de mis padres, para hablar un rato y saber cómo estaban. Después deambulé por la casa, y la encontré demasiado cargada de recuerdos. Sentí ganas de hacer limpieza y descargar un poco los lastres de mi vida pero no pude, el domingo no es buen día para aligerar el equipaje, es más bien tarea de miércoles. Limpié la cocina y ordené el dormitorio y el baño. Doblé la ropa. Salí a dar un paseo por el barrio, cogiendo un poco el aire, y acabé asediado por un musculitos que bailó conmigo la danza del cortejo y terminó su paseo esperándome en la caseta de entrada al aparcamiento. Volví a casa y me tumbé en la cama con los brazos cruzados tras la cabeza, la luz encendida, mirando el techo. Se oía un ruido rítmico, pero ni la curiosidad de descubrir su procedencia me hizo levantarme. Me fijé en el jarrón egipcio veteado que me trajo mi hermano en uno de sus múltiples viajes a Egipto, y que descansa vacío sobre la cajonera azul y blanca. Tengo que empezar otra vez a comprar flores. Antes era mi ritual del sábado por la mañana, levantarme y comprarle flores a la señora que se pone en los escalones del super de mi barrio, o cortarlas silvestres en el arcén de la casa que tienen mis padres en el norte. Recordé al ex con quien fui a cenar durante un año completo, casi todos los domingos por la noche, al italiano que hay a la vuelta de la esquina, y que a veces me sorprendía con plantas y ramos. Me encontré al camarero el otro día, ahora trabaja en el Corte Inglés, y me preguntó por mi ex, jodiéndome la tarde. Me desnudé sin incorporarme, apagué la luz e intenté coger el sueño, para que los recuerdos y el presente imperfecto terminaran su asedio. No sé si lo conseguí, pero tuve pesadillas.
 
ámbar
Mi padre se lo trajo a mi madre de Finlandia, hace muchísimos años. Estaba en un cajón del aparador del pasillo, justo a la altura de mis ojos, que apenas elevaban un metro y poco del suelo. Un colgante de un naranja macilento, pulido, con un insecto conservado intacto y diminuto en su interior. “Es una piedra de ámbar”, me dijo mi madre.

criogenización natural

Cada vez que podía y que no me miraba nadie, me escapaba a hurtadillas a mirarlo. Me gustaba agarrarlo y acariciarlo, sentir su tacto sin asperezas. Lo ponía en mis ojos y lo enfrentaba al sol, dejando que el ámbar brillara, y en los destellos aquel insecto parecía volar, emulando al hada del cuento de Peter Pan.

Sin duda el ámbar no es lo mismo después del libro de Michael Crichton y la celebérrima trilogía. Ahora es sólo el portador de ADN de una fantasía antediluviana. Para mí es mucho más.

Su nombre viene del árabe, y significa algo traído por el mar. Porque el ámbar se deposita en playas, y viene pulido por el efecto del agua y su erosión. A veces no sólo contiene insectos o plantas, sino burbujas de oxígeno, que extraídas nos permiten comprobar el aire que se respiraba cuando ni siquiera existía un proyecto de hombre. Es un instante capturado, un fotograma del pasado, un cadáver naranja de una Pompeya glacial.

Una piedra de ámbar es un viaje en el tiempo.
 
la carta empapada de lluvia
Te escribo esta carta para pedirte perdón y decirte adiós. No te la mando por email porque no podrás leerla con calma en el trabajo. Por eso me he acercado a tu casa, a dejarla por debajo de la puerta. Para que no malinterpretes nada al leerla por encima. No es un psicoanálisis tuyo, no te preocupes. Más bien es mío. Me desnudo (por fin!) para ti. Espero que sepas entender el inmenso esfuerzo que me supone, y también el valor.

Te la mando porque no necesita respuesta. Es un punto. Espero que un punto y seguido, y que algún día podamos seguir escribiendo párrafos. Pero no te la mando para que la contestes, o me llames, o algo similar. Te la mando para no quedarme con el sabor de boca de ese jueves por la noche en mi casa, donde nos comportamos de nuevo como dos desconocidos rencorosos, escupiendo sapos y culebras.

Te cuento lo que me callé, porque no soy capaz de decirlo en voz alta. Falta mucho en esta carta. Muchísimo. Faltan todos los detalles que te harían comprender por qué me he comportado así. Las heridas, los silencios, los intentos, los esfuerzos, la angustia y tantas cosas más. Pero creo que estas pinceladas te harán ponerte en mi lugar, y comprender que esto es lo mejor para los dos. Al menos, sé que es lo mejor para mí. Lo sé desde hace meses, pero me ha faltado el valor para llevarlo a término. Te pido por favor que lo comprendas y que me ayudes. Sé mi amigo. Desea lo mejor para mí. Si quieres que sea feliz, entiende que este paso que doy es esencial.

Sé que tenías que salir de mi vida, de una forma o de otra, porque eres una imagen que constantemente me recuerda lo que pudo haber sido y no fue. Eres una amenaza constante a todas las relaciones que tengo, porque eres un baremo idealizado y una espina que no logro quitarme. Y por desgracia, eres también mi mejor amigo, sin idealizar.

Te he mentido muchas veces. Estoy seguro de que tú también lo has hecho. He mentido al decirte que te había olvidado. También al hablarte de Axel, mi relación a trompicones, una carrera de obstáculos donde tengo que estar saltando tu recuerdo para poder tirar para alante. Quizá hasta te he mentido dándote una amistad tramposa, un disfraz de lo que sentía por ti. Y te he mentido en correos, en mensajes, siempre para que te tranquilizaras, para que siguieras conmigo sin pensar que yo sufría por ti. Y te mentí ayer ocultándote estas razones, porque no quiero dar marcha atrás. No quiero que una vez más me pueda tu conversación y tu presencia para engañarme y seguir pensando que nuestra relación es posible. No lo es. Yo no puedo tenerte cerca. Ni lejos.

Tus llamadas o nuestras salidas han sido el preludio inequívoco de una crisis con Axel, o de mis cambios de humor que disfrazo de autismo. Estar contigo y oír un nombre nuevo, o escucharte meterte conmigo aunque sea de broma, oírte resaltar mis defectos y los de la gente que me quiere mientras ensalzas las virtudes de los desconocidos que nos pasan al lado. Me desola por dentro. Es como si el corazón se me fuera ahuecando.

Necesito alejarte. He intentado superarlo, es algo que nunca me había pasado, pero no puedo. No sé si es un sentimiento limpio o sólo me queda resquemor por tu rechazo, si es amor o es orgullo herido. No sé si estoy con Axel por mí, por él, o por ti. No sé si es todo un espejismo para provocarte, un castillo en el aire que se desmorone cuando ya no necesite provocarte.

Quisiera no perderte nunca. Tenerte siempre ahí. Pero la única seguridad que tengo es que ahora condicionas mi vida. Y no es culpa tuya. Es sólo mía. Es lo que intentaba hacerte ver. Todo lo que hago me parece que lo hago para ti o por ti. Por una razón u otra.

Te he odiado mucho. Porque no puedo entenderte. Porque eres oscuro y caminas por vericuetos que se me pierden de vista. Porque me das pistas falsas y me desorientas. Porque no sé si me quisiste o me quieres, si tus excusas para rechazarme eran verdad o maquillaje. No sé si todo lo que me dijiste tuvo el único objetivo de hacerme sentir culpable. Y no deja de venirme a la cabeza lo que pensaste al conocerme y me escribiste en aquel cuestionario "¿cómo me libro yo ahora de este tío?"

Lo que más me duele es lo mucho que pierdo, porque sé lo que vales. También sé que el tiempo relajará las cosas, y podré mirarte sin un velo en los ojos, y podríamos comenzar otra andadura. Lástima que, conociéndote, sé que tú nunca das prórrogas o pírdulas o intermedios, que nunca dices hasta luego, sino siempre adiós. Es entonces cuando pienso que tú también pierdes mucho. Porque yo valgo un huevo.

Te escribo esto hoy miércoles por la mañana. Sin saber si te lo llegaré a mandar. Si no, aquí se quedará, esperando. Necesitaba desahogarlo en algún sitio. Acudiría a mi mejor amigo, pero él(tú) es la causa de esta carta. Acudiría a Axel, pero tú sigues siendo mi gran secreto con él, del que nunca sabrá nada. He pensado mil veces hablarle de ti, pero te me atragantas desde que abro la boca. Quizá porque me siento culpable. Porque sé que no soy sincero con él.

No quiero trastornarte, nunca lo quise, y menos ahora. Así que entiende que es algo por lo que estoy pasando que no tiene que ver contigo, que eres un sujeto pasivo que no puede hacer nada. Son situaciones que pasan sólo en mi cabeza, que no quiero hacerte reproches, ni culpabilizarte, ni pedirte. No quiero que sumes esto al montón de calamidades que estás pasando y que siento en el alma.

Daría un brazo por no sentir lo que siento. Por no haberme enamorado nunca de ti, y poder continuar tú y yo con una de las relaciones más completas que he tenido en mi vida. Pero una vez abierta esa compuerta, es difícil de cerrar.

Como no sé si éste será el último contacto que tendremos nunca, quiero decirte algo. Ten la seguridad de que te he querido muchísimo, más que a nadie. Y que ha sido un amor sincero. Quizá el primero de verdad. Y que para mí, aunque haya significado al final mucho dolor, ha sido una experiencia que nunca olvidaré. Porque eres un tío grande. El más grande. Eres complejo como un enigma, pero vale la pena descifrarte. Sé dulce. Límpiate los rencores y los miedos, y enséñate tal y como eres, porque es lo único y lo más valioso que tienes. Si consigues hacerlo, encontrarás a alguien que te quiera al menos como te he querido yo, y alguna vez tendrás la suerte de poder corresponderle a esa persona. Y no me cabe duda, acabarán comiendo perdices.

Suerte en tu búsqueda y perdón por no poder acompañarte y por el daño que te he causado. Te quiero y te seguiré echando de menos siempre.
 
celdas
celdas en nuestro panal

Escribía el maldito informe por quinta vez, aporreando el teclado con la misma cadencia de la lluvia torrencial que azotaba el patio interior. El ruido del ordenador marcaba la pauta del frenético concierto que las gotas oficiaban para un público de baldosas que gemían lastimeras en su purga.

Veía tu reflejo en la pantalla mientras cruzabas el pasillo, a mi espalda. Mirabas fugazmente sabiendo que mi espalda tensa y crispada era una señal inequívoca de prohibido el paso.

Sin embargo, en uno de tus viajes, entraste en el cuarto. Disminuí el ritmo de mis pulsaciones esperando tu voz, preparando una respuesta tajante. Pero no hablaste. Noté desplazarse el aire que me rodeaba cuando te pusiste a mi lado, aún fuera de mi vista. Me pareció que alargaste el brazo para tocarme y me dispuse a crisparme, pero en lugar de en mi hombro, dejaste descansar tu mano sobre el respaldo de la silla.

Te agachaste y me invadió un olor familiar respirado desde tu toalla. No me mirabas desde el sótano de mi cuerpo, más bien mantenías la mirada baja, fija en un punto desconocido mientras la lluvia, con la caída de tus párpados, amainaba. Una brisa húmeda movió las lamas de la persiana, que entró en resonancia con el aroma de tu jabón enredado en mi rostro. Dejé de pulsar el panal de teclas. Y las pulsaciones de mi pecho se dispararon cuando, con un zumbido imperceptible, las abejas de tus labios se posaron a libar en mi rodilla, mientras el enjambre confuso de tus brazos chorreaba la dulce miel que envolvió la colmena de mis piernas.
 
y al tercer día...
Salvador Dalí

Renaces en el lecho del mar a un mundo distinto, en el seno de una ciudad de atlantes de polvo. Y te conduces por las corrientes en nubes grisáceas, mezclado con granos de sal viajando hasta Alejandría, adentrándote en el Nilo para lamer las quillas de las falúas. Una mota que un día fue tu corazón, se introduce sigilosa en conchas de nácar para convertirse en perla. Y todos los conductos que regaron tu cuerpo alimentan los corales más intensos de las Maldivas.

Tu mente clara se hace carey en el caparazón de una tortuga recién nacida, destinada a una vida milenaria, mientras tu rostro y tus ojos se funden en las escamas de sirenas ocultas en atolones lejanos, permitiéndote ver la belleza sumergida en el agua y arrullarte con sus cánticos . Y tu sonrisa franca, en qué otro sitio podría estar, si no es engarzada en el remolino de las piruetas de un delfín.
 
tantas y tantas cosas
mi hemano Josefo, de enano. aunque podría ser una foto de su hijo el benjamín

Es inquietante que, escribiendo para mí, me observe un público en penumbra. En el teatro de la vida de mi blog ni siquiera puedo atisbar las caras de la gente que asiste a la función, mirando a hurtadillas a través del telón. Sin embargo, os siento como un actor siente al público en el escenario. Oigo alguna tos esporádica, siento un calor que me alcanza en forma de silencio y respeto, escucho vuestras risas y llegan ecos de emoción. Tanto rodeo que estoy dando es sólo mi manera de enrollarme y no utilizar simplemente la palabra que condensa este párrafo y mil libros más. De corazón, por estar conmigo, y por vuestro consuelo… gracias.

Para variar mezclaré en este post mil cosas que os quiero contar. Aunque las resumiré en dos o tres. ¿Recordáis un post en el que hablaba de Heather Headley? ¿Y de una canción suya que adoro, cómo me emocionó cuando la escuché y demás? Bueno, pues aquí esta. En una nueva entrega musical. Tengo curiosidad de lo que pensareis de ella. Porque he tenido opiniones encontradas. Carlos, mi mejor amigo, me dice que le da dolor de cabeza. Otros amigos han grabado CDs enteros sólo con esa canción. Una amiga se echó a llorar a moco al oírla. ¿En qué grupo estaréis vosotros?

Ayer hablé con una amiga-conocida (en realidad es amiga de mi ex, Timi, con el que por cierto estuve el otro día por la noche, ya dejó de pinchar en el bar y trabaja sólo durante el día). Mantengo más relación con los amigos de Timi que con él, cosas de la vida. Pero una relación cauta, no soy el Yarince de verdad, por mil razones que no vienen al caso. Pues estuve cenando con ella y Toño hace un mes o algo así, creo que os conté. Me presentó a su novio, de quien ya había oído hablar. Estaban viviendo juntos y se la veía genial. Pues el chiquito, de la noche a la mañana, sin explicación, se largó. Ella se tomó dos cajas de pastillas y la encontraron a las diez horas, medio muerta. Estuvo ingresada dos días. Ahora está de baja y en tratamiento psiquiátrico, con una depresión de órdago. Me impresionó mucho hablar con ella. Quedamos en vernos esta semana y hablar con calma. El interfecto aprovechó los días en que estaba ingresada para ir a la casa y llevarse sus cosas. Y yo me quejo. Hay que ver los sacos de mierda con patas que andan por ahí sueltos.

Me ha sorprendido muchísimo la reacción de tanta gente con lo de mi hermano. Sé por experiencia que muchas veces no están los que esperas, así que llanamente no espero. Pero siempre me deja boquiabierto la gente que nunca pensabas que estaría, y aparecen. Y lo hacen con una dulzura, con un cariño, con una entrega. Es el caso de Salvador, un chico que conozco algo, no mucho. Tuvimos un rollete hace un par de años. Fue sólo una noche. Y él no quería, porque yo le gustaba muchísimo desde hacía tiempo, y me decía que si nos enrollábamos aquella noche no tendríamos futuro. Y no se equivocaba. Nos vimos más veces, pero tenemos puntos de vista y formas de pensar radicalmente opuestas. Y reconozco que por mi lado no quise nada más serio. Me sorprendió el lunes con un mensaje, no sé ni cómo se enteró. El mensaje más hermoso que he recibido en estos días, sencillo y lleno. Me hizo pensar mucho. ¿Qué más darán los distintos puntos de vista? En lo fundamental, Salvador hizo diana. Nunca lo miraré de la misma forma. De golpe se ha convertido en un ser entrañable.

Me siento afortunado por la familia que tengo. Me siento orgulloso de ella. He confirmado que mi madre no es un ser humano, sino un ángel que por suerte para mí ha acabado pasando su vida en la tierra, compartiendo la mía. Que mi padre es un bruto con un corazón maltratado. Que mi hermano es un ungüento de sonrisas. Y que mi hermano era un gran hombre.

Revisar lo que ha pasado estos días es demasiado duro para mí, y tampoco quiero someteros a ese mal trago. Os diré sólo que mi hermano se fue dulce, sin dolor. Que esperó a que toda la familia estuviera con él, por azar, y poco a poco se apagó. Que se fue con nuestros besos y nuestras caricias. Ronroneando mientras sus manos y sus pies se amorataban. Que después del domingo le tengo menos miedo a la muerte.

El deseo de mi hermano era que lo incineraran. Y tras un oficio multitudinario, así lo hicimos. Dejó escrito que quería que tiráramos las cenizas al charco de las almejas. De pequeños, él y mi otro hermano se acostumbraron a coger almejas en una playa de callaos del sur de la isla, donde pasamos nuestra infancia y los momentos más felices. Han seguido haciéndolo de mayores, fueron por última vez hace menos de un año. Nos hemos pegado buenos atracones de almejas a cuenta de sus pescas. Pues mi cuñada se encontró en un papel en su casa que quería que sus cenizas reposaran allí, para poder seguir pescando.

Hoy nos fuimos toda la familia en la furgoneta de mi hermano. Papá, mamá, mi hermano, su ex, mi cuñada y yo. El día, no os lo podéis imaginar, está radiante. El mar estaba echado, perfecto para recoger almejas. Mis dos cuñadas alquilaron una barca en el muelle de pescadores y llegaron a unos doscientos metros de la costa. Mi padre se quedó mirando desde la playa. Mi hermano, mi madre y yo nos metimos en el agua, para darnos un último baño con mi hermano. Llegamos a la barca y mi cuñada echó las cenizas al mar. Nos bañamos con él. Nos dimos besos en el océano. Llenamos el mar con unas gotas más de agua. Mi madre recordó cuando éramos pequeños, y ellos vigilaban la pesca.

los tres hermanos, hace un millón de años, bañándose juntos, como hoy

Enterraremos la urna en la casa de mis padres, empapada del agua salada. Pero mientras estábamos mirando al mar, todavía chorreando sus cenizas, despegué el nombre de mi hermano, pegado en una cinta adhesiva en la urna, e hice un boquete enorme en el filo de la playa, y lo dejé allí, entre piedras y arena, empapado de agua a dos palmos de la superficie. Volvimos y nos fuimos a comer al restaurant donde hemos comido durante casi veinte años. Y todos pedimos un número 7 con ensaladilla, su plato favorito.

Intento que no me asalte la ausencia de mi hermano. Me cuesta, pero intento mantener a raya su recuerdo, porque como me invada me va a dejar fatal. A veces se aparece en algún recoveco y el dolor es una espiral que te sacude en lo más hondo. Lo que peor llevo es ver a mi madre. La persona que más quiero en el mundo sometida al sufrimiento mayor que puede soportar un ser humano. Es indescriptible el padecimiento de esa mujer. Loable su sacrificio y su entrega en estos últimos cien días, y ahora tener que enfrentar este final. No sé si fue Séneca o Sócrates el que dijo que el mayor dolor que puede tener un ser humano es ver morir a sus hijos.

“En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele.”
 
añicos
Existió una vez un guerrero de los de verdad, que no se llamaba Yarince. Un luchador que no tenía el corazón, sino las arterias de cristal. Pero hasta los mejores corazones, los más resistentes, se cansan. Y el suyo latió por última vez bajo nuestras manos ayer a las cinco de la tarde. Hasta la misma luna se ha puesto de luto por ti, hermano.

Buen viaje, Josefo.
 
estudiantes
Te pregunté por qué cierras los ojos cuando te quiero.

"Para asimilar tus contenidos," me contestaste.
 
sin lamentos
robbie provocador

Robbie Williams era uno de los cantantes preferidos de mi ex. Los otros eran Madonna y los Pet Shop Boys. Su canción favorita era No Regrets. Debo reconocer que a mí tb me gusta Robbie. Su voz, su música (el Feel y el Angels me parecen tremendos). Pero no conocía esa canción. Me la presentó mi ex, y la oigo a menudo. Me gusta mucho su letra.

Meses después de que cortáramos, y tras pasar yo por una racha muy mala, lo superé. Al menos, eso creo, nunca se puede escupir para arriba. Y simbólicamente me hice una camiseta. Con una foto de Robbie y la letra del final de esa canción. Me tropecé con mi ex esa misma noche que la estrené. Él no se enteró del guiño, porque su inglés andaba flojillo. Pero alabó la camiseta, aunque la encontró algo "provocadora."

la trasera de la camiseta, con un dibujo del concierto de RW What you did last summer

El final impreso en la tela, que lo hubiera cabreado muchísimo de haber sabido lo que significaba, es el siguiente:

A menudo me siento y pienso en ti durante un rato.
Después se me pasa y me pongo a pensar en alguien diferente.
Debe ser que el amor que tuvimos está oficialmente muerto.


I guess the love we once had is officially DEAD.

PS. sigo poniéndome la camiseta, siempre que supero un desengaño amoroso. Mientras, durante el amor y el desamor, permanece guardada en el armario. Me la he puesto ya tres veces.

...y el polémico frontal
 
guerra perdida, pero batalla ganada
Pues mi hermano, contra todo pronóstico, se mejora de la septisemia. Es acojonante, dejan de medicarlo y su cuerpo se rebela y se cura! Es un toro.

Cuando le dio el desprendimiento arterial le dieron horas de vida. Las pasó. Y extendieron su hora límite a 48. También las pasó. Dijeron entonces que no pasaría de 15 días. De todo eso hace tres meses. El viernes pasado tuvo la crisis respiratoria, y pensaban que se iba. El domingo dijeron que, si dejaban de medicarlo, sería cuestión de dos o tres días, porque su estado era ya crítico. Nos preparamos para lo peor, y lo hemos velado día y noche. Casi una semana más tarde, los médicos nos dicen que esto va para largo. Que el desenlace es inevitable, pero que mi hermano está mejorando, y no se atreven a dar ninguna fecha, porque está luchando como un jabato. Ese es mi hermano!

La familia está como loca. Yo tenía organizado este puente un viaje, que se decidiría el lunes si iba a ser Madrid (a ver a los amigos que vinieron a Gran Canaria, que siguen insistiendo), a Barcelona (plan papeo - cultura) o a Gran Canaria (de playa y marcha). Obviamente, se ha cancelado. Me quedaré por aquí, a ver cómo va lo de mi hermano.

Sigo impresionado con la fuerza que tiene el Josefo. Es un caso único, nos dicen. Ya sabemos que es pan para hoy y hambre para mañana, que su cuadro acabará fundiéndose en negro, pero no deja de sorprender. Y también, en algún lado recóndito, es un orgullo. Al menos nos está dando la oportunidad de decirle muy a menudo "te quiero", y de acariciarlo como si fuera un bebé.
 
cambio de perspectiva
bcn desde otro ángulo, foto de Yarince

Hice esta foto en febrero, si no recuerdo mal. De entrada es difícil de ver, lo sé porque muchos amigos al verla me han preguntado "¿y eso qué es?" Pues eso es La Pedrera, en Barcelona. Fui a visitarla el día antes de que terminara mi viaje, bien entrada la noche. Entramos por el patio trasero, y nos paramos para fumarme un cigarro antes de seguir el itinerario. Miré para arriba y me quedé maravillado.

El contraste de las formas orgánicas, de colores imposibles en edificación, con las tonalidades puras de las ventanas, con la ausencia de líneas rectas. Era como si se hubiera invertido el mundo, y me asomara a una azotea desde donde se veía un abismo negro, en lugar de un patio interior.

Desafié mi sentido del ridículo y mi vergüenza proverbial, y ante el asombro de mi acompañante, me tumbé boca arriba en el suelo. La gente me miraba, pero me daba igual. No podía irme sin retratar aquella imagen. Con el cigarro encendido entre los labios, como un James Dean durmiendo en un parque de cemento, disparé mi cámara sin flash.

Quedé muy satisfecho con el resultado. La Pedrera parece una nave nodriza, flotando por el espacio, hundiéndose en un agujero negro. Y es normal. La arquitectura de Gaudí no es de este mundo.
 
no quisiera que lloviera
foto de ed hawco

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Cristina Peri Rossi
 
niñatos en el revelado
Hay que ver lo que se descubre una vez revelado un carrete. Cuando estuve en Madrid en Julio, llegamos Carlos y yo al aeropuerto y nos esperaba un amigo de allá, Aitor. Carlos es un freak de las fotos, y las hace a todas horas. No pudo esperar, y en la misma cinta que nos llevaba al metro de barajas, se empeñó en tirar unas cuantas. Me hizo una a mí y a Aitor. Después me tocó a mí tirarle una a ellos dos. Y cuando las vimos al volver a la isla, nos encontrarmos con este niñato (slurp) que me miraba sacar la foto a través de ellos dos. Joer, menuda mirada. Y yo sin enterarme.

el niñato

Mejor ni os cuento lo que descubrimos al ver las fotos que sacamos en la playa nudista de maspalomas. El concepto "background" adquiere un nuevo significado.
 
deshaciendo té
yarince deshaciendote

No te echo de menos. Sólo extraño tu tarareo en mi cocina haciendo nuestro té verde. Nuestra playa de los viernes, con tu toalla naranja y mis bocadillos de atún. Mi manía de tender tus calcetines violetas en la parte más soleada de nuestra terraza. Tu futuro construido en mis promesas y nuestros sueños añiles. El cabecero de nuestra cama tamborileando tu guerra roja contra mi pared.

Ya no te echo de menos. Sin ti, yo mismo soy un espectro en este castillo negro y desolado, exiliado de nosotros. Los gemidos de mi aliento tararean tu voz. Deshaciéndonos. Deshaciendo té.
 
atardeceres
atarceder en un vaso

Esta increíble foto de un atardecer la tomé en Gran Canaria, en la capital (Las Palmas). En el viaje que hice en verano. La paradoja es que la tomé a las cuatro de la tarde en una terraza del Paseo de las Canteras.

Nos trajeron la comida (típica, para agasajar a unos amigos de Madrid) y unas cervezas. Y al poner mi caña en la mesa, atardeció a través de las burbujas, en la formica de la superficie. Con la luz del sol taladrando el vaso.

Sí, ese atardecer es sólo un sol de justicia, lejos de ponerse, tamizado por una mezcla de lúpulo y cebada. ¿No me creeis? Aquí está la prueba.
 
con retraso
Es domingo día 3 de octubre, y son las doce de la noche. Necesito escribir, pero no publicaré hoy este mensaje. Necesito retrasarlo unas horas, o unos días. Necesito tiempo. Los acontecimientos del fin de semana, los lúdicos, han perdido importancia. Sus resultados, si los tienen, ya os los iré contando.

Mi hermano se nos va. El viernes tuvo una crisis respiratoria, apenas una hora después de que yo acabara de visitarlo en el hospital. Nos asustamos mucho, pero a la una de la mañana parecía que todo había pasado y había sido una falsa alarma. Ayer nos confirmaron que no había sido nada. Hoy a las once de la mañana, cuando yo llevaba ya un rato despierto, dándole vueltas a la cabeza con otras cosas que han pasado este finde, sonó el móvil. Mi madre me decía que había cambiado el diagnóstico. Que mi hermano tenía una infección brutal, que se le había pasado a la sangre, y que los médicos esperaban que la familia decidiera si tratarlo o sedarlo, y esperar a que se fuera en silencio. Decidimos dejarlo descansar.

Me he pasado el día entero en el hospital. Junto al resto de mi familia y amigos íntimos. A Jose le pusieron morfina, en un aparato diabólico y bendito que le inyecta 2ml a la hora. Eso lo mantiene tranquilo, sin esos espamos y asfixias que ha venido teniendo. Nos dicen que no durará más de dos o tres días. Es decir, pasado mañana. Yo no pienso ir a trabajar hasta el final. Practicamente desde hoy, me mudo a vivir al hospital.

Ha sido un día emocionalmente intenso y agotador. Y aún queda. Sólo si habeis pasado por una experiencia similar, podreis haceros a la idea. La decisión y la espera. La despedida. El perdón. La debacle. Doy gracias a que mis bajonas las he tenido en privado. En una sala de fumadores vacía por obra y gracia de vete a saber quién. Sólo en una ocasión no pude controlarme, y fue cuando sentí a las seis de la tarde que mi hermano abría los ojos para despedirse y darnos las gracias. Estaba entre la cama y la pared, con la salida bloqueada, y sólo pude girarme y mirar por la ventana hacia la autopista. Mirar, como si hubiera visto algo. Para controlar el torrente, empecé a contar los coches que pasaban. Leí los rotulos de las naves del Polígono Industrial.

Un poco más tarde mi hermano empezó a perder el pulso y pensamos que se nos iba. Fue una falsa alarma, pero el simple hecho de que llegara lo inevitable, eso para lo que todos pensábamos que estábamos preparados, nos dejó de nuevo por los suelos. No será un alivio cuando Jose se vaya. Al menos, no momentáneamente. Será devastador.

Hoy, antes de venirme a casa, estábamos sólo la familia en la habitación. Mi hermano en la cama, mi madre acariciándole la cabeza, mi otro hermano cogiéndole de una mano, mi padre de la otra, yo acariciándole los pies. Fue un momento muy íntimo, con el único ruido del oxígeno. Un círculo de la misma sangre. “Parece mentira que esta familia de cinco se vaya a quedar en cuatro,” dijo mi padre. Todos pensamos lo mismo, pero mi madre fue la única que lo dijo en voz alta. “Seguiremos siendo cinco, siempre. Siempre.”

Ya lo leí no sé dónde. Amar a alguien significa decirle “no morirás.”
 
correos antiguos
Revisando correos me encuentro con uno que le mandé a Amanda hace un montón de meses.

"...de la novela de belli, me impactaron dos cosas. Una frase. Itzá convertida en árbol pensando "que curioso que una mujer a la que el destino le negó descendencia, se halle ahora preñada de naranjas." Y un nombre que no me digas por qué me entusiasma, y me suena de algo. Yarince."

En ese mismo correo le cuento lo siguiente:

"...recuerdas que te conté aquella vez que vi un globo que se escapaba en la plaza, desde mi ventana, y me quedé embobado mirándolo? o de otra vez que me quedé ensimismado oyendo uno de los conciertos de Rachmaninoff? Esta mañana tuve una sensación similar, al despertarme y, tumbado en mi cama, todo era perfecto. La luz, la temperatura, el aire, mi cuarto, el tacto del edredón. Como un león en su cielo (nota: me estaba leyendo El cielo de los leones, de Ángeles Mastretta, aconsejado por Amanda). Hacía tiempo que no me sentía tan en paz. Y no sé a qué se debe. Creo que vuelvo a conectar con lo que es importante. Que por primera vez el yarince de antes y el de después han hecho las paces para vivir los dos juntos. Vuelvo a mi soledad, pero en plan cojonudo, con más conocimiento. Y claro que sigo saliendo por ahí de marcha, y divirtiéndome. Pero como decía mi prima, tengo varias velitas encendidas a ver cuál da más luz. Así, si se me apaga alguna, no me quedo a oscuras."
 
mientras dormías
mientras dormías

Um, me imagino que estarás pensando qué estoy haciendo aquí en mitad de la noche, ¿eh? Bueno, en realidad pensé que debía presentarme. Mi nombre es Lucy. Lucy Eleanor Moderatz. Y... creo que deberías saber que tu familia piensa que estamos prometidos. Y yo nunca he estado prometida antes. Todo esto es nuevo para mí. Pero en realidad, para lo que de verdad he venido es para, para decirte que… nunca fue mi intención que esto pasara. Y, y no sé lo que hacer. Quiero decir que… si estuvieras despierto, ¡yo no estaría metida en este lío! Ay, Dios, que no estoy echándote la culpa. Es sólo que, ya sabes, cuando era, cuando era una niña, siempre imaginé cómo sería, y dónde estaría, o qué tendría al hacerme mayor. Y bueno, pensaba lo normal. Ya sabes, que tendría una casa y una familia y cosas así. Mm. Y no, que va, no es que esté quejándome ni nada, porque, ¿sabes?, tengo… tengo un gato, y un apartamento y… soy la única que maneja el control remoto, y eso es importante. Es sólo que nunca he conocido a nadie con quien me pudiera reír, ¿sabes?

Tú… ¿tú crees en el amor a primera vista? Bah, apuesto a que no, probablemente eres demasiado racional. ¿O te ha pasado alguna vez, por ejemplo, de ver a alguien y saber que si esa persona te conociera a fondo, dejaría a la pareja perfecta con la que está, y se daría cuenta de que tú eres la persona con quien de verdad quiere envejecer?

¿Alguna vez te has enamorado de alguien con quien ni siquiera has hablado?

¿Alguna vez te has sentido tan solo que te pasas la noche hablando con un hombre en coma?

(Sandra Bullock en Mientras Dormías)
 
armagedón
La semana pasada escribí un par de mensajes que no llegué a mandar. Los he posteado hoy, para que no noteis tanto la ausencia. He pasado un fin de semana rarísimo, y esta semana que empieza no podré olvidarla nunca. No tendré mucho tiempo de escribir, ni de navegar. Tiraré de borradores escritos en épocas prolíficas, porque hoy me levanté deseando contaros mil cosas que me han pasado, y sin embargo me acuesto sintiéndome seco.

Pero quería que supiérais que sigo por aquí.
 
el veneno del cardón
Cuando era pequeño, durante las vacaciones de verano, solía ir con mis hermanos y un grupo de amigos a la montaña de la caseta. Era un fisco chico de promontorio, pero era nuestro fuerte, nuestro universo alejados de los adultos, en una época en que nos permitían alejarnos de ellos. Hoy sería casi impensable.

Íbamos allí por las tardes, y montábamos una caseta con cartones, telas y piedras. O jugábamos a policías y ladrones. Otro entretenimiento cruelmente infantil era coger lagartos en latas herrumbrosas en las que poníamos un tomate. En un par de horas a lo sumo, algún lagarto había caído allí dentro atraído por el olor, y una vez en la trampa les era imposible salir. Llegamos a encontrar cuatro lagartos en la misma lata. Lo que hacíamos después con ellos es innombrable, y quizá por esa razón, purgando los crímenes, siento una fascinación por la figura de esos reptiles y suelo llevar a menudo un colgante de plata en forma de lagartija.

En otras ocasiones, simplemente les tirábamos piedras a las tabaibas o los cardones. Su savia es un líquido blanco y espeso, con la viscosidad de la sangre, y chorreaba por los picos de los cardones como ríos de leche. Una vez, probablemente la última en que arrojamos piedras, un chingo del cardón salpicó a mi hermano mediano en los ojos. Lo recuerdo corriendo como un demonio, chillando al límite de los pulmones, tropezando mientras bajaba por la vereda de la montaña. Se le puso el ojo como un camión con el veneno justiciero del cardón.

Mucho más tarde me enteré de algo curioso. Existe un antídoto para ese veneno. Y si restriegas tus ojos con él antes de que pase mucho tiempo del contacto, el dolor y la hinchazón desaparecen por arte de magia. Lo curioso es que para encontrar ese antídoto no hay que irse hasta donde crece el edelweiss. La planta rastrera que crece bajo el cardón, a su sombra, es el revulsivo de su veneno.

Hoy pensé en esa historia, porque me he pasado la mañana entre cardones. Cuando nos envenenamos, corremos y nos apartamos. Buscamos refugio y cura lo más lejos posible, cuando en realidad deberíamos mirar más cerca. Así correríamos menos riesgo de intoxicarnos de nuevo con una planta distinta que destile un veneno diferente. Lo cual me hace reflexionar tanto que me duele la cabeza. ¿Y si la cura para la intoxicación que he sufrido en los últimos tres meses se encuentra en esa planta pequeña, que me mira escondida bajo el cardón espinado?
 
cristos negros
Esta mañana, por motivos de trabajo, estuve todo el tiempo deambulando por el desierto que me rodea. Entre barrancos y lomas, y descampados desiertos. Es una zona inmensa, llena de cuevas excavadas en la tosca y el basalto, un escenario que he aprendido a querer a pesar de su dificultad. Un entorno ventoso y sometido a un sol de justicia casi todo el año, en el que de forma incomprensible crecen rastreras de un color rojo intenso, y se salpica de tabaibas y valos que reverdecen con sólo una gota de lluvia.

Mientras dábamos vueltas, plano en mano, vimos a lo lejos a unos inmigrantes ilegales. Es la segunda que los vemos. la primera, hace una semana, se escondían en un tunel sin usar debajo de la autopista. Éstos eran otros. Habrán llegado en una patera a la playa de aquí abajo, y estarán esperando un momento propicio agazapados en una cueva. Han arrivado en mal sitio, es difícil escapar de una isla.

“Pobre gente,” dije. Siempre pienso en el infierno de su lugar de procedencia, y en las promesas y la esperanza de llegar a Jauja. Que se hacinen en un bote, dándole la mano a la muerte, sólo por encontrar las oportunidades que a nosotros nos sobran, dejándolo todo atrás. Tan frágiles, con sus ropa prestada y su gorra, asustados como conejos sorprendidos por los faros de un coche. “Ellos son los afortunados, Yarince,” me dijo mi compañero, “la mayoría no tiene tanta suerte.” Y pensé que los que consiguen llegar serían aún más afortunados si les abriéramos los brazos, en vez de echarlos como a perros.

Y suena la canción de Miguel Ríos, Al Norte de Playa Libertad:

“Me veo tirado en la playa, pero yo ya no escucho el mar, como un muñeco de trapo descoyuntado sobre el arenal. Con la luz del último amanecer, mi alma es una cometa de papel. Te veo desde la altura, convertida en estatua de sal entre cuerpos mojados, amontonados por la mano del mar. Te juré traerte a este lugar, al Edén. Bienvenida a Playa Libertad.

Despiértate con esta luz, mi amor, que los perros sólo le ladran al Sol. Resiste y te sacaré de aquí, tan solo se trata de escapar al norte de Playa Libertad.

En las noticias dijeron que cruzaste andando el mar, como cristos negros pero sin papeles, sin identidad. En color la muerte da natural. Es el horror que nos sirven con el postre.”

el horror
 
por ambos lados
Ayer me pasé un buen rato ordenando mi colección de música. Me encontré con cada joya... Con la música me pasa como con los libros, que los acumulo. Entre la música que compro y la que bajo, hay un montón que aún no he tenido tiempo de oir, y a veces te pones o te tropiezas con ella y... zás, un flash. Una canción te engancha.

Ayer me pasó con Dianne Reeves, a la que tuve la suerte loca de oir en uno de los pocos conciertos de jazz que caen por aquí. Es una cantante fantástica, y encima me sedujo su personalidad en el escenario. Pues resulta que había bajado un disco que aún no había oído, un concierto que se llama A New Morning. Hasta ayer no supe que contiene una versión de una de mis canciones favoritas de Joni Mitchell, que se llama Both Sides Now. Tiene una letra tremenda, en la que habla de las nubes, del amor y de la vida. Y cuenta como ves las tres cosas de una manera, hasta que, llegado un momento, las ves por los dos lados. "...tears and fears and feeling proud, to say "I love you" right out loud, dreams and schemes and circus crowds; I've looked at life that way. But now old friends are acting strange. They shake their heads, they say I've changed. Well something's lost, but something's gained In living every day."

Bueno, pues ya estaba yo loco con la canción desde hace tanto, en las dos versiones de Joni (oir mi icono en Love Actually me dejó alucinado), la que grabó originalmente cuando era una jovencita, y una versión que hizo de voz más adulta y experimentada. Pues en la voz de Dianne... uffffff. Uf uf uf. Se me partió el corazón. En una frase (no os confesaré cual), se me rayaron los ojos y me quedé hecho gofio, por la forma de cantar un texto.

Pensé entonces que os la tengo que dejar. Así que, en un par de días, borraré la de Rachelle y os postearé la de Dianne. También quiero poneros la de Heather Headley que os conté. Y algo de Nnenna Freelon. De Morcheeba. Me da un enorme placer presentar música, y que me la presenten. Es algo que marca a fuego. Todas las canciones importantes de mi vida las tengo asociadas con la persona que me las presentó. Quizá un día os volváis fans incondicionales de Rachelle o Nnenna, y cuando se la pongais a algún amigo digais: "pues la conocí a través de un blog que tenía un chico, Yarince me parece que se llamaba..."
 
tres
Ayer mantuve con mi madre una densa conversación en el hospital. Las cosas entre ella y mi padre no van muy bien. Llevo unos días bastante preocupado con eso, y aproveché que estábamos solos para sacar el tema. Es un tema complejo, porque los dos están afrontando la tragedia en extremos distintos que se resumen en que mi padre cree que mi hermano ya está muerto, y mi madre que sigue vivo. El compromiso entre ambas posturas es difícil de encontrar. Sobre todo teniendo en cuenta que mi padre siempre ha tenido un carácter volcánico y usa a menudo técnicas de chantaje emocional. Mi madre siempre ha cedido a su extorsión, pero ahora no. Está rebotada.

Llamé a mi otro hermano, el que todavía contesta, y por la noche nos fuimos a la calle de La Noria a tomar algo y hablar del tema. Quedamos en que este finde hablaremos con mi padre, a ver si podemos solucionar algo. Mi hermano es diáfano en ese aspecto. Jose está vivo y pidiendo una oportunidad. Y como él dice, si a papá le preguntan hoy en un formulario oficial cuántos hijos tiene, tiene que decir tres.

Volví a casa y estaba cargando en el móvil fotos de mis contactos, asociándolos con el número de teléfono. Puse una foto de Josefo, con la esperanza de que algún día suene en mi móvil. Y en el de mi madre, busqué una en la que estuviera sonriendo, de una época en la que la vida sólo tenía reveses, pero no callejones sin salida.

Hoy, mientras conducía el coche viniendo a trabajar, sin venir a cuento, se me llenaron los ojos de lágrimas.