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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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brindis
Brindo contigo por un año...

con más fiestas y menos duelos.
con más besos y menos bofetadas.
con más sexo y menos castidad.
con más risas y menos lágrimas.
con más música y menos silencio.
con más hechos y menos dichos.
con más poesía y menos discursos.
con más coraje y menos miedo.
con más caricias y menos golpes.
con más verdades y menos mentiras.
con más autoestima y menos soberbia.
con más belleza y menos espejos.
con más piel y menos ropa.
con más justicia y menos juicios.
con más riqueza y menos dinero.
con más ternura y menos maltrato.
con más sueños y menos pesadillas.
con más nosotros y menos yo.
con más libros y menos periódicos.
con más hombres y menos machos.
con más mujeres y menos sumisas.
con más reparto y menos acopio.
con más lluvia y menos tormentas.
con más pueblos y menos fronteras.
con más flores y menos armas.
con más sabiduría y menos ignorancia.
con más libertad y menos cárcel.
con más derechos y menos discriminación.
con más vida y menos tsunamis.
con más cercanía y menos ausencia.
con más sol y menos sequía.
con más salud y menos enfermedad.
con más trabajo y menos paro.
con más colores y menos grises.
con más pies y menos rodillas.
con más solidaridad y menos política.
con más respeto y menos desprecio.
con más paz y menos guerra.

Brindo mirándote a los ojos. Por un año con más gente como tú.

feliz 2005
 
tigres de agua en bengala
Hoy me toca hacer una reflexión dura. Además de dura, quizá sea impopular. Pero vamos allá.

antes
playas de Sri Lanka, antes del tsunami

El dramático suceso de la Bahía de Bengala nos tiene a todos con el corazón astillado. La cifra de sesenta mil muertos es escalofriante, y el balance no deja de sumar centenares. No hay imágenes de ese arrollador tsunami, que es lo que todos quieren ver. Quieren ver un Deep Impact o un El día de mañana grabado en un video casero, antes de que el cámara se hunda en la masa de agua. Lo que queda es la imagen de la desolación tras la catástrofe. El antes y el después, no el durante.

Las únicas imágenes, las tomadas desde satélite, instantes después del avance de la ola, que os reproduzco aquí para que seamos conscientes de la magnitud del arrastre en un pequeño punto de las costas arrasadas.

Una vez se produce un cataclismo, sea provocado o accidental, natural o humano, es la hora de la solidaridad. Le pedí a Sefarad (mil gracias) el código que puso en su página, un link a Cruz Roja para recaudar fondos y ayuda en esta crisis. Me uno a su petición, y cuelgo el enlace aquí, como uno de los granos de arena de las playas de Sri Lanka que ya no existen.




Se puede hacer poco o nada ante una ola de diez metros de altura. La única forma de aliviar el impacto es no vivir en una chabola, o un chamizo endeble. Pero para eso hay que tener dinero. ¿Si el tsunami hubiera arribado a las costas españolas, francesas, italianas o danesas, de cuántos muertos estaríamos hablando? Me aventuro a decir que como mucho unos cientos. Pero no, la mala suerte quiso que se cebara en los litorales de países de esos que llaman “en desarrollo”.

Yo creo que en realidad no es así. La naturaleza, que no la mala suerte, no elige al desfavorecido para descargar su ira. Le da igual. Pero su ira siempre tiene menos efectos cuando cae en un país rico, con recursos, con un alto nivel de confort. No lo digo yo, lo dicen los expertos. También tiene más repercusión, porque en el mundo sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda. Sri Lanka o Ceilán nos quedan lejos, y aunque nos rompa el alma lo que pasa, quisiera saber si el impacto sería el mismo si las 60.000 personas hubieran muerto en Nueva York o Canarias.

después
playas de Sri Lanka, después del tsunami

Lo que sí se cumple es esa ley inmutable en la que sobrevive el fuerte. Y a nosotros nos ha tocado ser los fuertes. La única arma que tenemos para contraatacar es la solidaridad, porque la naturaleza es un rival demasiado poderoso. Sólo podemos prevenir intuyendo su ataque, con sismógrafos, fotografías de satélite, partes meteorológicos. Los hombres de traje azul marino y gemelos de oro no pueden declararle la guerra para vengar con más muerte sus propios funerales.

Más de sesenta mil muertos. Frente a los doscientos del 11M. Frente a los mil y pico del 11S. Frente a las decenas de Beslán. El medio millón de víctimas (sí, habéis leído bien) del terremoto ocurrido el 27 de julio de 1976 en China. Cada muerte es única, y como tal tenemos que sentirla en el alma como si fuera nuestra. No importa la cifra. Todas cuentan, porque una muerte implica que la vida cesa para uno, pero cambia para cientos, porque todos dejamos alguna huella. Con el inmenso dolor de esos sesenta mil, me duele más el corazón por mi pérdida unitaria de hace unos meses. Nunca hay que menospreciar el dolor privado, porque uno puede sufrir por los demás, pero sólo se duele por la desgracia que le cercena la vida.

Sin demagogias, creo que es el momento de hacer una reflexión. De mirar un poco más allá de esos sesenta mil muertos por los que poco pudo hacerse. Es hora de ayudar a los supervivientes, pero también es hora de evitar más muertes sin sentido. Porque hay muertes que se pueden evitar. No las de los tsunamis, los terremotos, los ciclones, las inundaciones o las erupciones volcánicas. Pero es que, asumámoslo, la naturaleza no es la fuerza más devastadora.

playas de ensueño
una franja de arena dorada, antes del desastre

Cada año se mueren de hambre nueve millones de personas. Veinticuatro mil muertes diarias. Un fallecimiento cada tres segundos y pico. En lo que lees esta postal, pueden haber muerto más de 100 personas. Y 75 de ellos son niños de menos de cinco años. Ochocientos millones de personas están malnutridos.

Harían falta trece mil millones de euros al año para acabar con el hambre en el mundo. Es un montón de dinero, pero gastamos dieciocho mil entre Estados Unidos y Europa en comida para mascotas. Y no, no digo que haya que destinar el dinero de comida para perros y gatos a paliar el hambre. Mi intención no es culpabilizar a quien tiene una tortuga, o se toma un whisky o un solomillo, o se compra un coche de 30 mil euros, porque de esos somos todos culpables. Sólo quiero dar un dato comparativo, como podía haber usado los presupuestos de defensa, los gastos en viajes de placer, el patrimonio en segundas viviendas, o las ventas de deportivas por encima de los 100 euros. Una referencia para ver el ridículo mundo en el que vivimos. Un mundo estúpido.

Sólo en los Estados Unidos mueren de cáncer 1500 personas al día (han muerto 5 millones desde 1990). Pero claro, contra el cáncer no podemos hacer nada, sino investigar. Aunque si tenemos en cuenta que un 70% de las plantas de los bosques tropicales contienen sustancias fundamentales en la lucha contra esa enfermedad y que cada año, por culpa de la deforestación (y nuestras necesidades de papel, madera y otros productos industriales) se extinguen mil de esas especies, el panorama cambia.

Vamos a la otra gran epidemia. El virus del VIH. En el mundo hay más de 30 millones de personas viviendo con el virus o la enfermedad del SIDA. Un millón y pico son niños. Algo menos de 3 millones de personas mueren al año a causa del SIDA. Y el 95% de esos enfermos y muertos viven en los países en vías de desarrollo.

lodazal de pesadilla
un crespón de lodos grises, después del mal sueño

En el año 2003 fueron ejecutados al menos 1.146 presos en 28 países y, al menos, 2.756 personas fueron condenadas a muerte en 63 países. Más de 47.000 personas han sido ejecutadas desde 1980 en el mundo. Y eso son sólo las ejecuciones registradas.

Y no, no me quiero olvidar que desde 1945 (ya terminada la Segunda Guerra Mundial) hasta la fecha, se han peleado 140 guerras con un balance de trece millones de muertos. Sólo el genocidio de los Balcanes causó 260.000 muertos y más de un millón de refugiados. La guerra civil que asoló Afganistán hasta 1992 dejó un saldo de 1.000.000 de muertos, 500.000 mutilados y ocho millones (la mitad de la población antes de la guerra) de desplazados internos y refugiados en los países vecinos. Y cuando se decidió que el régimen talibán apoyaba al terrorismo islámico fue cuando se decidió que era el momento de que el mundo “civilizado” interviniera.

¿Por qué esta reflexión hoy? Por supuesto, a colación del desastre del tsunami. Pero también porque es una buena manera de acabar el año. Examinando los errores, en este caso, de la humanidad. No sé si está en nuestras manos, como individuos, aliviar la carga del mundo, pero hay representantes. Hay gente elegida por nosotros que tiene la obligación de pensar por el colectivo humano. De tomar medidas. Vendrán catástrofes en el 2005 sobre las que no podremos hacer nada, pero hay otras catástrofes anunciadas, como las que os he anticipado, sobre las que sí se puede hacer algo. Se puede evitar la muerte de dos millones de niños al año simplemente con vacunarlos. O de los 1.000 niños que mueren al día de SIDA.

Los datos son poco halagüeños, pero yo tengo la esperanza de que las cosas cambien. Harán falta batallones de portadores de sueños (gracias por escribirlo, Gioconda; gracias por recordarlo, siloam), y ahí es donde entramos nosotros. En formar parte de esos batallones. Y por eso no pierdo la esperanza. Porque somos muchos. Billones. Y juntos, en solidaridad, podemos conseguirlo.

la luz está en nuestras manos
una vela en mi mano, por los muertos, desaparecidos y heridos de la bahía de bengala
 
loca
azules al sol
Un helecho en casa de mis padres, mirado con los ojos del sol.

Siempre me impresionó este monólogo de la obra de teatro Nuts, de Tom Topor. Claudia, una prostituta de lujo acusada de asesinato, testifica en el estrado durante una vista ante un juez en la que se intenta discenir si está en posesión de sus facultades mentales para ser sometida a un juicio por asesinato. Se trata de descubrir si está o no loca. Durante su testimonio, y durante este monólogo, sus padres la observan desde el público.

"Cuando era una niña pequeña solía decirle a mi madre "te quiero hasta la luna y vuelta otra vez, y alrededor del mundo y vuelta otra vez". Y ella solía contestarme "y yo te quiero hasta el sol y vuelta otra vez, y alrededor de las estrellas y vuelta otra vez." ¿Lo recuerdas, mamá? Y yo pensaba, guau, quiero a mamá y mamá me quiere, nada puede salir mal... ¿Qué fue lo que salió mal, mamá? Yo te quiero y tú me quieres, y ¿qué fue lo que salió mal? ¿Sabe? (dirigiéndose al fiscal) Yo sé que ella me quiere y sé que yo la quiero... ¿Y qué? ¿Y qué? Ahí está ella y aquí estoy yo, y ella me odia por cosas que le he hecho, y yo la odio por cosas que me ha hecho. Y usted desde su púlpito les dice "¿Quieren ustedes a su hija?" y ellos le responden que sí. Y usted piensa que les ha preguntado algo real, y ellos que han contestado algo real. Piensan que por lanzar la palabra amor como si fuera una pelota todos nos vamos a enternecer y emocionar. No. A veces a las personas les ocurren cosas. Te quieren tanto que acaban por no darse cuenta de que estás ahí, porque están demasiado ocupados amándote. Te quieren tanto que su amor es como un arma que disparan directa a tu cabeza. Te quieren tanto que acabas en un hospital. Sí, claro que sé que mi madre me quiere. Mamá, sé que me quieres. Y también sé que la única cosa que se aprende cuando te haces adulto es que el amor no basta. Es demasiado y no es suficiente."

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el sol amarillo ve los limones azules. de qué color verán los limones al sol?

Lo que dice el monólogo es duro, pero es cierto. Todo depende de los ojos que miran. Los de Claudia o los de sus padres. Nuestros ojos o los del planeta ardiente. La mirada, por sí misma, es subjetiva. Y nunca es locura. Sólo es locura darle credibilidad.

El amor no es una excusa. No es un atenuante del maltrato, ni del chantaje emocional, ni de los celos, ni del servilismo, ni de la dominación.

No basta con amar. Hay que saber hacerlo.

Y hacerlo bien.
 
degradaciones
el color de la realidad

Saturación

Ven. Siéntate. Tengo que hablar contigo. Qué difícil, no sé por dónde empezar. Sabes que las cosas últimamente no nos van muy bien. No, no niegues con la cabeza, eres tan consciente como yo de que esto se va al garete. Crees que no me doy cuenta, pero te noto evitarme. Apenas aguantas en el sofá diez minutos cuando me siento a tu lado, siempre encuentras alguna excusa para irte a la cocina, o sales a fumar al balcón. Yo ya no sé qué hacer. No sé lo que te pasa, porque es complicado llegar hasta ti. Dices que no pasa nada, que son cosas mías, me das que pensar que me estoy volviendo loco. Pero no estoy loco. Ahora lo veo todo con claridad y estoy más cuerdo que nunca. ¿Te marchas? Qué raro que una vez más me dejes con la palabra en la boca. No es agradable escuchar la verdad. Llevo meses intentando arreglar algo sin saber si vale la pena, y es un trabajo arduo cuando no tienes ni idea de por qué se ha deteriorado, cuando tú actúas como si nada pero te veo el gesto cuando crees que no te miro, o cuando escucho tus evasivas. Yo te quiero. Te lo he dicho millones de veces. Más que a nada en el mundo. Ni siquiera tu frialdad y tu distancia han conseguido que deje de quererte. Porque mi amor por ti es enorme, es mi decisión, y ha sido mi paraíso. Y no pienso dejar que se eche a perder. Pienso seguir queriéndote igual que hoy, para siempre. Tendrás otra cara y otro cuerpo, pero seguirás siendo tú. Hasta yo me olvidaré de ti, pero mi amor se acordará y te festejará cada vez que me rodeen otros brazos. Me voy. Te dejo porque te quiero tanto que no quiero perderte. Y cada día que paso junto a ti es un nuevo redoble de los tambores de nuestro entierro. No, no digas nada. Sólo conseguirás estropearlo y que tengamos un mal final. No te guardo rencor. Me voy como llegué a tu vida, limpio y sin presunciones. Valiente. Sé que digas lo que digas, lo que sientes ahora es alivio, porque llevas meses buscando una salida, trastabillando en nuestra relación, buscando a tientas el interruptor de la luz de esta habitación oscura mientras me pegabas manotazos. Ya no tienes que buscar más. La luz está encendida. Y ahí está la salida. Pero el que se va soy yo. Yo soy el que ha acumulado el valor suficiente para salir por esa puerta. Aquí te quedas a solas, con el privilegio de culparme de que lo nuestro no funcionara. De declararte inocente. Yo no interpondré recursos, porque estaré lejos y no me llegarán tus demandas. Te echaré de menos, no sé durante cuánto tiempo. No sé si a ti te pasará lo mismo, probablemente no. Buena suerte. Cuando dejes de ser un fugitivo y decidas caminar en vez de salir corriendo, avísame. Me gustará mirarte de lejos, y saber que los pronósticos que vi en ti no fueron ensoñaciones mías. ¿Sabes? Nunca he tenido un sueño mejor que tú.

a veces somos nosotros lo único gris

Desaturación

Ven. Siéntate. Tengo que hablar contigo. No te tumbes en la alfombra, ven aquí, a mi lado, a mi altura. Pero por favor, no me mires directamente. Si lo haces no voy a poder continuar. Sabes que yo nunca he tenido mucha fe en nuestra relación. Somos tan diferentes, tan opuestos. Cuando empezamos a salir juntos pensé que sería algo temporal, que serías un amor de tránsito. No podía ser de otra manera, porque las diferencias son obvias. Pero me encontraba solo, y tener a alguien al lado, a quien fuera, me mitigaba un poco la tristeza. Sé que no es justo contigo, pero es así. Ni siquiera he sido capaz de fingir un ‘te quiero’. No te agobies, por favor. Necesito ser sincero contigo. Habrás notado que últimamente estoy un poco distante. Te he contestado mal, y he evitado tu presencia como si me molestara, y sé que te has dado cuenta. Y que no has reaccionado. Que no has hecho nada, ni has montado una escena, ni me has recriminado mi comportamiento. Has permanecido en silencio, queriéndome, esperándome, tolerándome. Llevo tiempo pensando, sabiendo que tengo que tomar una decisión. Por eso he estado ausente, y si has sentido desdén por mi parte, ha sido porque esa decisión tenía que ver contigo. Las diferencias persisten. A todos los niveles. Cada día es más evidente. Que lo nuestro tenga futuro parece ciencia ficción, lo ven todos. Todos menos tú, que has confiado siempre en nosotros. Pero eso no va a seguir siendo así. Tu confianza ya no es solitaria. Porque va de la mano con la mía. Sí, yo también apuesto por nosotros. Yo también creo que tenemos una posibilidad. Es remota, hay que ser realistas, pero vale la pena intentarlo. Porque a pesar de lo mucho que nos separa, lo que me une a ti es cada vez más fuerte. Llevo semanas luchando, echando a pelear a mi corazón y a mi cabeza. Y quién me iba a decir que se romperían todos los pronósticos y ganaría mi sangre escuálida a mi mente aprensiva. Me da igual todo con tal de estar contigo. Me has sorprendido, y me has hecho descubrir cosas en mí que no sabía que existían, sentimientos que no he tenido por parejas que me sentaban como un guante. Has ido conquistándome a pedacitos, y ha llegado el momento en que soy todo tuyo. Déjame abrazarte para que dejes de temblar. Escúchame bien. Tendremos que batallar mucho. Pero lo haremos juntos. No anticiparemos nada, veremos lo que pasa. Iremos poco a poco, ganándole terreno a las dificultades. Hoy más que nunca deseo tocarte y sentirte. ¿Sabes por qué? Mírame a los ojos. Porque te quiero.

el amor sólo necesita un color

Uno elige lo que quiere cantar. Uno a veces tiene la bendita oportunidad de cambiar el final. Para variar, y para complacer a mi mejor amigo, hoy una despedida se convierte en un reencuentro. Hoy elijo el final feliz.
 
glimpse
el fantasma de una rosa

No sé la razón por la cual la inmensa tristeza de la nochebuena, demoledora, extirpada de alegría y preñada de imágenes y recuerdos, dio paso a una noche de navidad moderadamente alegre. Quizá porque ya pasó, porque una de las pruebas más duras se superó con lágrimas, y necesitaba bailar y reír y plantarle una sonrisa a la vida.

Y todo eso, aún más inexplicablemente, me hace hoy recordar dos rostros. Dos rostros anónimos que el tiempo no ha desfigurado. Dos expresiones.

El primero es el de un chico pelirrojo, probablemente holandés o alemán. Tendría 24 años, o algo así. Lo vi sentado a la vera de una pista donde unos transformistas hacían su espectáculo, en una discoteca del norte de la isla. Yo tenía 17 años. No recuerdo muy bien qué hacía allí. Era domingo por la noche, yo ni siquiera asumía que entendía, ni por supuesto tenía relaciones con otros chicos, me quedaba aún un camino muy largo por recorrer. Por tanto, mi mirada sobre aquel chico no tenía deseo, ni atracción ni nada por el estilo. Ni siquiera era especialmente guapo. Estaba allí sentado, se le notaba cansado, y dejaba descansar su cabeza sobre el hombro de su novio, y cerraba los ojos. Yo dejé de mirar el espectáculo para concentrarme en él, totalmente embobado. Algo en sus facciones, en su despreocupación, en su masculinidad, en la ternura con que descansaba la cabeza sobre su pareja, me tenía completamente hipnotizado. Tanto que hoy, casi 20 años después, aún tengo su imagen grabada en mi cabeza. Si volviera a verlo sabría que es él.

la tristeza se esconde

El segundo rostro pertenece a una mujer, a la que vi hace cinco años en el Strasse, el bar más popular de La Laguna. Veníamos de una comida de cumpleaños, de alguna amiga, y serían las nueve de la noche cuando decidimos continuar la jornada tomando una copa en aquel local. Ella llegó con unas amigas y se apuntalaron de pie en una mesa cercana al pedazo de barra donde estábamos. Me llamó la atención su estilo, su camisa blanca y sencilla desabotonada hasta casi la mitad del pecho, su pelo lacio y castaño, con unas discretas mechas, cayéndole como agua sobre el cuello blanco. Sin parecérseles en nada, me hizo pensar en Charlotte Rampling y Jacqueline Bisset. Probablemente pocos chicos del local se fijarían en ella, porque no era espectacular, ni tenía muchas curvas. No era agresiva con su belleza. Como decía Neruda, era simple y bella, como un anillo.

Nos miramos en varias ocasiones, con esas miradas furtivas que delatan un interés especial. Me sentí halagado de que aquella mujer, espectacular sólo para mis ojos, se fijara en mí. Un par de amigas que iban conmigo lo notaron. Había un túnel entre ella y yo, un expreso entre nuestras miradas donde no cabía el resto del bar. Sigue siendo una imagen indeleble en mi mente, su rostro y su cuerpo sin piernas, su medio plano desde la cintura, lo único que dejaba ver la mesa.

rosas oprimiendo el pecho

Debe ser eso que llaman magnetismo. Esa atracción irremisible que se siente ante determinadas personas, da igual la orientación del que mira o sin son más o menos guapas. Es algo interno, una llamada codificada cuya llave está sólo en unos determinados ojos que la contestan. Con ambos rostros sentí amor a primera vista, un flechazo. Creo que no me ha pasado en más ocasiones. Y creo que si me vuelve a pasar, no me quedaré parado ni callado. Me da igual que sea un hombre o una mujer.

Ese magnetismo también forma parte de mí, y se ejerce de forma autónoma sobre determinadas personas. Normalmente, y esa es mi maldición, sobre las mujeres. Mujeres que me ven en unas fotos, como la sobrina de un amigo, y se quedan prendadas conmigo, no sólo por la apariencia, sino por algo, según ellas, que se transmite. Acaban siempre soltando ese topicazo de “todos los hombres que valen la pena están casados o son gays.” Durante mi vida se han enamorado de mí mujeres maravillosas, si hubiera sido hetero sería un hombre tremendamente afortunado. Mujeres con carácter, con iniciativa. Mujeres que te miran a los ojos, a tu misma altura, desafiantes. Mujeres que saben lo que quieren. Guerreras.

abriendo el ángulo de la soledad

Con algunos hombres también me pasa, pero no se cumple el principio de la reciprocidad. Me llegan rumores de que éste o aquel están locos conmigo, y que les encanto. Pero yo no siento lo mismo. Lo he intentado en alguna ocasión, pero siempre fracaso estrepitosamente, no hay química.

Porque a mí me gustan los hombres equivocados. Esos que dan la impresión de no estar, los ausentes, a los que confundimos con soberbios. Los que no miran, sino cuando tú no te estás fijando. Aquellos con los que nunca sabes. Los que te dan ese pálpito de que te traerán problemas y mala vida. El hombre canalla. Y cuando me han tocado hombres así, he comprobado que eran sólo eso. Impresiones. Que su ternura es inaccesible pero inmensa. Que son sólo la fachada de un interior lleno de tesoros, presas de un Asuán de afecto. La crueldad se esconde en fachadas amistosas e impolutas, nunca bajo posturas de granito. Como la mía. Nadie que me vea esperando la guagua, o cruzando un semáforo, o tomándome un Johnnie con 7up en un bar sospecharía que hago fotos distintas, o que escribo, o que mantengo un blog, o que mi sangre lleva notas de música. Soy un baúl cerrado. Quizá por eso estoy solo. Porque lo que me va a mí son otros baúles como yo. Otros planetas de azufre. Y la única forma de conocerse es una colisión astral. De esas que se dan cada milenio.

soledad desaturada

Nota: un comentario radicalmente distinto, aparte del post. No sé si conocéis a Shirley Horn, una pianista de jazz, un clásico. Quizá algún día la habéis oído por la radio y la habéis confundido con Diana Krall, porque tienen un timbre muy similar en la voz, casi idéntico. La de Shirley es la original, y Diana ha reconocido en muchas ocasiones que es una de sus inspiraciones. Es una experiencia oír a Shirley Horn, un rito delicado, escalofriante, de ojos cerrados. Es música de ciudad, de coche conducido en una noche sin luz, a lo largo de una autopista desierta. Es voz de humo de club de jazz. Inolvidables su Light Out of Darkness, o su homenaje a Miles Davis, o su interpretación de la canción de los teleñecos Being Green. No puedo resistir la tentación de colgar su SOBERBIA versión del Yesterday de Lennon, para que la disfrutéis como lo he hecho yo durante este fin de semana. Espero que tengáis ADSL y os la podáis bajar rápido. Es un regalito de ese señor gordo que va vestido de rojo y que no suele venir a verme. Pero en el calcetín de mis amigos que no tienen cara, sino unas hermosas letras, me dejó esta canción.

Sigo haciendo muchas fotos. Parece que estoy inspirado. Ya os las iré enseñando poco a poco. Una foto da para mucho. Siempre hay más de lo que parece. Hoy, todas las que he puesto, todas las piezas de este puzzle, salen del mismo contacto. De una foto tirada esta tarde, con la cámara en trípode mirando al suelo de mi salón, cubierto con mi manta naranja. Sobre él, yo, trasnochado y triste, con una de las rosas que compré el viernes descansando en mi pecho. Escondiéndome de la tristeza. Al verla en el ordenador vi tantos ángulos, tantas composiciones que me sugería. La rosa fantasma, grabada sin volumen en la camiseta, el ángulo del brazo tapándome el rostro, la luz amaneciéndome en el pecho. La mezcla de desamparo y hastío, la postura del cuerpo como un cadáver sobre un féretro forrado de naranja. Todas esas visiones, todos los recortes…

el todo

… salieron de aquí.
 
feliz vida
christmas is blowing in the wind
Hice la foto hace meses, y para felicitar la navidad en mi curro realicé este montaje. Me gusta. Da risa.

Feliz navidad y próspero año nuevo.

Es lo que se suele decir, no? Yo prefiero desearles una feliz vida y un próspero futuro, sea la fecha que sea. Y que en estas fiestas no tendamos a generalizar y seamos conscientes de que no todo el mundo celebra el nuevo año el 31 de diciembre, y ni siquiera celebran la entrada en el 2005:

- Los chinos entraron en su año 4702 en nuestro 1 de febrero del 2004.

- El último Losar o Año Nuevo Tibetano, que dio inicio a su año 2131, fue en nuestro 3 de marzo de 2004.

- Los musulmanes entraron en su año 1426 en su mes de Muharram, en abril/mayo de nuestro 2004.

- Los judíos entraron en su año 3318 o en el 5765 según comiencen su año contando desde el primero de Nisan o el primero de Tishre. El cambio de año (Rosh Hashaná) cayó entre fines de septiembre y principios de octubre.

- Los bahá'í entraron en su año 160 en el Naw-Rúz, que acontece en el equinoccio de primavera, hacia el 21 de marzo.

- Los hindúes, según el calendario Shalivahan Shaka, entraron en su año 1926 en el día de año nuevo, Vaishaki o Yugadi, que comenzó en su mes de Chaitra (Marzo-Abril) durante el Shukla Paksha (quincena clara de la luna). Pero según su calendario Vikrama Shaka entraron en su año 2060 en el primer día del mes Kaartik (Octubre-Noviembre).

- Los incas iniciaron su año nuevo, el Intiraimi o "Fiesta del Sol", el 21 de junio.

- Y según el calendario gregoriano entraremos en el 2005 el 1 de enero.

(este crisol de años nuevos lo tomé prestado de alguien que ve la navidad como yo, como un simple accidente geográfico y cultural)

Seamos conscientes de que no todo el mundo celebra la Navidad o el nacimiento de Jesús. Algunos celebran a Krishna, Moisés, Zoroastro, Buda, Mahoma o Bahá'u'lláh, por ejemplo.

Hay más religiones, hay más culturas, hay más historias. Ser conscientes de que el mundo no empieza y acaba en nuestro ombligo nos enriquece.

el agua se viste de luces
Barcos de navidad, en mi muelle.

Y una última reflexión. Algo que practicar en casa. Día a día, sin ser conscientes, inculcamos en nuestros niños los roles sexistas. Una forma de hacerlo, que toma especial importancia en estas fechas, es a través de los regalos. Seguro que tenemos algún regalo que hacer a un niño, ya sea nuestro hijo, nuestra sobrina, el niño de un amigo. Hagamos un favor al mundo y a nuestros hijos siguiendo los consejos de la organización Tolerance:

- enseña a tus hijos que los trabajos y los roles no están ligados al género: las mujeres pueden reparar cosas y los hombre pueden ser enfermeros.

- que los juguetes, actividades y responsabilidades se basen en el niño y no en su género. Los chicos pueden doblar la ropa y las chicas pueden limpiar el jardín.

- no fomentes la agresividad en los niños y la pasividad en las niñas.

- regala cosas que no estén ligadas al género: instrumentos musicales, juguetes de construcción, de iniciación al arte.

- regala juguetes ligados al género, como herramientas o vajillas, tanto a niños como a niñas.

Por una navidad mejor. Por un año mejor. Por un mundo mejor.

Felicidades... todo el año. Vuestro amigo Yarince.


Mi hermano no llegará hoy con su corbata de dibujos animados, ni su gorro de papa noel. No se tomaré un baileys ni nos obligará a oir un CD de música casposa. Los tres hermanos no pasaremos juntos la nochebuena. No físicamente. Pero en el corazón estaremos todos juntos. En el corazón, en la vida, y también en mi blog. Feliz Navidad, Josefo.
un sueño
 
moralidad
(Extracto de Ética para Amador, de Fernando Savater)

que no me vengan a hablar de moralidad...

Cuando la gente habla de «moral» y sobre todo de «inmoralidad», el ochenta por ciento de las veces —y seguro que me quedo corto— el sermón trata de algo referente al sexo. Tanto que algunos creen que la moral se dedica ante todo a juzgar lo que la gente hace con sus genitales. El disparate no puede ser mayor y supongo que por poca atención que le hayas dedicado a lo que te vengo diciendo hasta ahora ya no se te ocurrirá compartirlo. En el sexo, de por sí, no hay nada más «inmoral» que en la comida o en los paseos por el campo; claro que alguien puede comportarse inmoralmente en el sexo (utilizándolo para hacer daño a otra persona, por ejemplo), lo mismo que hay quien se come el bocadillo del vecino o aprovecha sus paseos para planear atentados terroristas. Y por supuesto, como la relación sexual puede llegar a establecer vínculos muy poderosos y complicaciones afectivas muy delicadas entre la gente, es lógico que se consideren especialmente los miramientos debidos a los semejantes en tales casos. Pero, por lo demás, te digo rotundamente que en lo que hace disfrutar a dos y no daña a ninguno no hay nada de malo. El que de veras está «malo» es quien cree que hay algo de malo en disfrutar... No sólo es que «tenemos» un cuerpo, como suele decirse (casi con resignación), sino que somos un cuerpo, sin cuya satisfacción y bienestar no hay vida buena que valga. El que se avergüenza de las capacidades gozosas de su cuerpo es tan bobo como el que se avergüenza de haberse aprendido la tabla de multiplicar.

Desde luego, una de las funciones indudablemente importantes del sexo es la procreación. ¡Qué te voy a contar a ti, que eres hijo mío! Y es una consecuencia que no puede ser tomada a la ligera, pues impone obligaciones ciertamente éticas: repasa, si no te acuerdas, lo que te he contado antes sobre la responsabilidad como reverso inevitable de la libertad. Pero la experiencia sexual no puede limitarse simplemente a la función procreadora. En los seres humanos, los dispositivos naturales para asegurar la perpetuación de la especie tienen siempre otras dimensiones que la biología no parece haber previsto. Se les añaden símbolos y refinamientos, invenciones preciosas de esa libertad sin la que los hombres no seríamos hombres. Es paradójico que sean los que ven algo de «malo» o al menos de «turbio» en el sexo quienes dicen que dedicarse con demasiado entusiasmo a él animaliza al hombre. La verdad es que son precisamente los animales quienes sólo emplean el sexo para procrear, lo mismo que sólo utilizan la comida para alimentarse o el ejercicio físico para conservar la salud; los humanos, en cambio, hemos inventado el erotismo, la gastronomía y el atletismo. El sexo es un mecanismo de reproducción para los hombres, como también para los ciervos y los besugos; pero en los hombres produce otros muchos efectos, por ejemplo la poesía lírica y la institución matrimonial que ni los ciervos ni los besugos conocen (no sé si por desgracia o por suerte para ellos).

Cuanto más se separa el sexo de la simple procreación, menos animal y más humano resulta.
 
la religión de los colectivos
hace siglos
Esta foto la saqué hace muchos años, en el interior de La Madelaine de París. Si hay algo fascinante de la religión es su arte y sus ritos.

Como no sé cómo andaré de tiempo, ganas y humor a partir del 24 de diciembre (grrrrrr, ya estoy empezando a ponerme de mala hostia), decidí escribir ayer los mensajes de navidad y año nuevo, aprovechando que la gran farsa de estas fiestas todavía no me ha hecho mella. Más que escribir, retoqué los del año pasado, de los que estoy muy orgulloso. Un brindis y una reflexión. También os pondré el montaje fotográfico con el que felicité las fiestas este año. Me encanta cómo quedó.

Algunos me habéis preguntado sobre la diferencia entre enamorarse y amar. Mucho mejor que yo lo explica el filósofo Erich Fromm, en su libro El Arte de Amar. Yo lo leí hace tiempo y no lo hice caso. Pero después me pasó, y tengo que quitarme el sombrero ante él.

Llevo todo el día recordando una cosa que me dijo mi cuñada hace tiempo. Un día, en casa de mis padres, estaba yo fumándome un cigarro y llegó y me dijo "Yo cuando rezo siempre pido por ti. Para que encuentres la fe." A lo que yo le contesté "Te lo agradezco. Pero preferiría que pidieras por mí para que fuera feliz, con o sin fe."

No acabo de entender por qué todos pensamos que lo mejor para nosotros es también lo mejor para los demás. Me hizo gracia que mi cuñada pensara que yo sin fe no puedo ser feliz, sólo porque ella no pudo. Yo no rezo para que ella abandone su religión. Y eso que yo me considero un cruce entre agnóstico y ateo que cree como Marx que la religión es un opio. Pero a mí las creencias religiosas me parecen de lo más respetable.

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Sinagoga desde un hotel de Túnez

Yo soy más feliz sin creer una religión a pie juntillas que creyéndomela. Mi cabeza no funciona así. Me supone más esfuerzo atribuir una voluntad a la vida, que pensar que las cosas muchas veces pasan porque sí.

Yo nunca discuto por una creencia. Mi madre es católica, y va a misa todos los domingos, y nunca he intentado convencerla. YO no creo en la religión católica y YO no la sigo. Los demás tienen que tomar su propia decisión. Eso sí, lo que sí que puede enzarzarme en una discusión es cuando un católico, o un feligrés de cualquier otra religión, con SUS argumentos religiosos, intenta imponerme condiciones a mí. Creo que pueden pensar lo que quieran para ellos mismos, pero me parece pretencioso que me digan que voy a ir a SU infierno por no tener SU fe. No, mira, si tú crees en esas cosas, irás a TU infierno si pecas según TU código. Yo no tengo infierno, ni código religioso, así que es imposible que reciba tu castigo, no me he apuntado.

Aunque en el fondo sí creo en algo. Creo que todo tiene un sentido. Todo. Solo que ese sentido para mí no es Dios. En una película que vi, un personaje explicaba a Dios de la siguiente manera. Como cuando coges un periódico y pegas la nariz en una foto. Y sólo ves puntos negros y blancos, tramas sin sentido, desenfocadas. Pero te vas alejando, y poco a poco descubres que los puntos caóticos tienen un orden. Y que a la suficiente distancia ves la foto de un amanecer, o una tira cómica. Yo pienso igual, sólo que esos ojos lejanos no son los de Dios. Y no me preguntéis lo que son, porque no lo sé. Quiza son los nuestros, hace tiempo, cuando planeamos esta vida.

ermita junto al mar
Una ermita a las afueras de O Grove, hace varios eneros.

Pero sí sé que los terremotos tienen su sentido, para liberar las tensiones de las placas tectónicas. Que existen para mantener un equilibrio. Igual que las erupciones, las inundaciones, y cualquier desastre natural. A su manera, las catástrofes emocionales en las vidas de cada uno ocurren para mantener un determinado y delicado equilibrio, al igual que las interrelaciones de la gente. Todo forma parte de una balanza de la naturaleza, para que todo quede equilibrado. En un proceso.

Cada uno tiene que dar con su propia verdad. Curiosamente, las personas admirables de la historia nunca han sido fanáticos. Por supuesto se han visto afectados por su entorno histórico, pero según mi opinión, siempre han hecho prevalecer la individualidad a la colectividad. Uno tiende siempre a encuadrarse en un colectivo. Es fácil. Estás ahí metido y piensas igual que los demás, no tienes que tomarte la molestia de pensar. Si eres canario, pues a odiar a los ‘godos’ que vienen siempre de prepotentes a ocupar los puestos de los canarios. Si eres de Tenerife, pues a odiar a los canariones que son todos maricones y dicen la' do' y son unos ladrones que se llevan nuestros presupuestos. Si eres religioso pues a odiar a todos los ateos pecaminosos. Así podríamos seguir in eternis. Al final nos convertimos en un conglomerado de ideologías ignorantes y estereotipos sólo para poder ponernos epítetos que nos hagan sentirnos aceptados en un grupo.

el sardinero
cruces y mares en Gijón, en mi convaleciente viaje a Asturias

Al final todo se reduce a eso. A la aceptación. Y a la noción errónea de que la aceptación sólo la obtendremos cuando seamos iguales al grupo en el que queremos ser aceptados. Y eso es falso. La verdadera aceptación para mí nace del respeto. Yo acepto y respeto a la gente que es profundamente religiosa. En el sentido más estricto. Aunque sus ideas difieran de las mías. Respeto y admiro al católico que por convicción real, y tras muchas cavilaciones, y con pleno convencimiento, abraza su fe. El que te puede argumentar sin arengar, porque ha cavilado, en vez de aceptar creencias cual borrego, sin ni siquiera habérselas planteado.

Pero y las cosas a las que renunciamos por tener esa aceptación equivocada? Es como en el caso de una amiga mía que no tiene relación con sus padres. Ella podría ser aceptada por ellos. Podría haberse obligado a pensar como ellos, a seguir su mandato. Pero hubiera renunciado a mucho. A ella misma. Los iría a ver los fines de semana, tomaría café, y se dirían lo mucho que se quieren. Tendría regalos por reyes. Pero a costa de qué? De ella, de su individualidad. En el fondo no la estarían aceptando como es, la aceptarían porque es como ellos. Porque pertenecen al mismo grupo, al mismo colectivo. Porque no es una amenaza. Porque no es ella, sino una extensión de ellos. Porque lo que no hay, en definitiva, es respeto, sino una especie de canibalismo o de posesión.

Y eso, por extensión y asociación, me hace pensar en mucha gente que conozco. En su empeño en pertenecer a esos colectivos que decía, a costa de casi cualquier cosa. Quizá porque no son capaces de quererse, exigen que quien los quiera supla esa carencia de amor, y por esa razón intentan fagocitar a sus seres queridos, exigiéndoles dedicación plena e incondicional. Porque someten su propia valoración a la aceptación de los demás.

magia
Me costó aguantantar la respiración casi 20 segundos, pero conseguí sacar esta foto de la Catedral de Las Palmas, en Vegueta, en mi época de estudiante (17 años hace ya)
 
necrofilia
una sesión comprometida
Yarince en una cárcel de mimbre

Tus músculos se descolgaron entre mis brazos. En un fogonazo de conciencia te vi quedarte exangüe mientras cerrabas para siempre los ojos. Te llamé y te imploré que despertaras, haciendo uso de todas las técnicas, de todos los trucos. Te besé en los labios, y la saliva empapó tu rigor mientras lamía tus párpados y tus sienes, mis lágrimas interponiéndose a las delicadas dentelladas que propiné a tus fríos lóbulos. Sacudí con fuerza tus hombros y te llevé volando hasta la cama, donde me monté a horcajadas en tu pelvis para golpearte mejor el corazón, para reanimarte, para soplarte aire en los pulmones, para resucitarte. Le chillé a tu espíritu y te abofeteé, no me hagas esto, no me dejes ahora, despierta! Me ceñí a tu cuerpo inerte y lloré mares picados que se alojaron en tu pecho, tocando a tientas tu rostro desprovisto ya de gestos, incapaz de emitir sonrisas.

El amor muerto se vuelve naranja, como las tardes del sur. Huele a circos que han seguido la gira, dejando solares sucios donde resuenan ecos de risas y redobles. Tiene el rescoldo gélido de la candileja fundida de un teatro de provincias.

El amor muerto no se pudre, se embalsama en recuerdos sin vigencia. Se vacía y guarda sus vísceras en vasos cánopes de alabastro, decorados con las plegarias de las noches de amor. Se cubre con vendas que ocultan las heridas de muerte y aromatiza su hedor con la memoria del sexo.

Debería haber enterrado el cadáver del amor, al que amanecí acunando en mi abrazo, en vez de guardarlo con naftalina y palos de vainilla en el trastero, sin pasar la llave, para que pudiera salir si un día se despierta. Debería haber deshecho el lazo, en vez de desposarme con la momia sordomuda de nuestra ternura.

Pero muerto, amor, ya no puedes escaparte. Serás mío para siempre.

se te permite un último deseo...
Dead Men don't Walk...

PS. el poema de benedetti y su niño muerto se me quedó rondando, es obvio. He soñado con esa imagen, y el significado del sueño era diáfano. "Entierra los cadáveres de amores que guardas en tu equipaje. Escríbelos para darles sepultura."
 
compromisos y retos
hola, Yarince especular
Yarince en el espejo del Centro de Salud, con el ceño fruncido.

Hoy me he quedado en casa, a ver si se me cura de una vez el catarro. Y para aprovechar, sin teléfonos, reuniones, interrupciones y demás, a ver si termino un proyecto del curro que corre mucha prisa. Pero como mi empresa es peculiar, mañana tendré que pedirme con efectos retroactivos el día de hoy como de vacaciones. Hay que j… Los puntos suspensivos, léanse como “oderse”.

Sólo he salido para dos cosas. Una, ir al supermercado que queda a cien metros de mi casa, a comprar algo de comer porque tengo la nevera vacía. Sólo tengo que cruzar una calle para llegar, es un recorrido que hago en menos de dos minutos y que conozco al dedillo. Hoy me reté. Me llevé en el bolsillo de la chaqueta la cámara de fotos. Tenía que intentar conseguir hacer al menos tres fotos buenas de ese trayecto anodino y sin nada digno de mención. Siempre he considerado que la buena foto está en cualquier sitio, no en el Valle de Arán o el Empire State. Al hacer retratos me pasa igual (estoy desesperado por seguir retratando, alguien se ofrece voluntari@?), e intento buscar un ángulo nuevo, una novedad. Por eso me gusta sacar fotos a gente poco fotogénica, o con rasgos difíciles. Soy de la opinión de que la gente fotogénica ante una cámara es un dulce, pero la que no, es un carpaccio, un manjar atrevido y difícil, hay que saber saborearlo. Evidentemente, las fotos que hice son las que hoy me acompañan.

reflejos de Yarince
Cubos de cristal en un zagúan.

La segunda salida fue para comer con mis padres y uno de mis hermanos, el que respira. Mis papis cumplen hoy 42 años de casados, y otro tanto más 2 enamorados, que es lo que de verdad importa. Discutimos amigablemente de política durante la sobremesa, porque mis ideas difieren radicalmente de las del resto de mi familia. Soy el benjamín rebelde, pero en mi familia siempre ha prevalecido el respeto. Nuestras diferencias ideológicas y de otros muchos tipos no interfieren en el amor o el cariño, nunca lo han hecho. Como dije una vez, no importa cómo se llaman mis padres. Lo que importa es que, cuando los llamo, siempre vienen. Son una gente ejemplar y no se me ocurre ninguna alternativa mejor a pá y má.

madera podrida y cemento
La puerta de una casa condenada. Me da escalofríos ver una puerta tapiada.

Como todos los hijos, tuve una crisis adolescente cuando me di cuenta de que no eran superman y supergirl, y les recriminé que no fueran omnipotentes, que fueran humanos. Un poco antes de eso ya fue bastante traumático pensar que mi padre “follaba” con mi madre. Perdón por la palabra, pero cuando uno es un chiquillo cuya única referencia del sexo es el de señoras que en una baraja sin bastos ni copas vista en un recreo aparecen copulando con caballos, “hacer el amor” es un eufemismo. Pero pasó el tiempo, y quise más a mis padres por ser humanos, porque eso les otorgaba el crédito de las grandezas de que han sido capaces, a pesar de las flaquezas. Y hace tanto que no recuerdo, me dejó de “chocar” que practiquen sexo. Me chocaría si no lo hicieran, me decepcionaría. Un amor como el de ellos debe pasar por la cama. No son mis amigos, creo que es un error de concepto la amistad entre padres e hijos, pero confío en ellos, los quiero, los admiro, los respeto. Mi vida no responde a sus expectativas, pero he logrado que se sientan orgullosos de mí, de lo que soy.

Feliz aniversario.

a él lo llaman la unión, pero yo sé que se llama Yarince
Un fenix vigila mi sueño y observa el andén, esperándome.

Cuando era más joven era muy supersticioso. Con el tiempo he ido perdiendo esa característica. Pero creo en las coincidencias y las señales. Sin embargo no las busco con anterioridad, sino que me sorprenden. Por ejemplo, todas las personas importantes en mi vida, tienen la misma inicial en el nombre. Una vez que caí en la cuenta, empecé a repasar el pasado y me quedé boquiabierto de la cantidad de coincidencias. Cuando me presentan a alguien con esa inicial, siempre se me pone un nudo en el estómago.

Ya sabéis que Carlos es mi mejor amigo. Lo que no sé si os conté es que yo sólo me he enamorado de verdad, hasta las trancas, una vez en la vida. Y a los meses de ese enamoramiento descubrí que Carlos y mi enamorado compartían las iniciales del nombre y los DOS apellidos (iniciales idénticas, X.X.X.), y que habían nacido el mismo día, el mismo mes, con dos años de diferencia. No podían ser más diferentes, de todas formas. Y las vueltas de la vida, ese amor mayúsculo acabó trágicamente. El sábado estaba en un pub, bailando con unos amigos. A dos metros escasos de mí estaba ese amor-tragedia. No nos saludamos, actuamos como si no nos conociéramos de nada.

la misma puerta, distintos ojos
No es un dibujo. Es la madera desconchada de la casa muerta.

En la barra de aquel bar estaba otro amor, con el que estaría cumpliendo ahora un año, y al que sí que saludé con un beso y un abrazo, quizá porque ya no me dice nada. Es el amor al que besé cuando sonaron las campanadas que daban la bienvenida a este terrible 2004. Del que creí estar loco de amor durante unas semanas, y del que en unas horas descubrí que era un espejismo. Ese fin de año cenábamos en casa de unos amigos, y durante los postres, todos dijimos lo mejor y lo peor del año que pasaba y pedimos un deseo al año que entraba. Mi pareja de aquel entonces, el hombre rapado de la barra del bar, dijo que lo mejor que le había pasado era yo. Yo torcí el gesto, porque me pareció una frase hecha, que lo decía porque yo estaba sentado a su lado, y yo merezco más que una frase hecha.

qué es vanna? cuál es el peligro?
la morada de zeus

Inmediatamente después me tocó a mí. No recuerdo lo peor, porque lo peor estaba por pasarme en el año que entraba, y todos los malos recuerdos de antes se han escondido detrás de éste. Tampoco recuerdo lo bueno. Mi deseo fue cauto, por eso de que los deseos a veces se cumplen. También fue silencioso. Mi deseo fue encontrar el amor durante el 2004. Si era con él, estupendo, pero si no era él quien lleva buscándome años, a quien yo llevo buscando años, quería que ese desconocido apareciera en el 2004. Quizá ha aparecido y no me he dado cuenta, o no he sabido quererlo, o me he asustado, o lo he confundido, o no ha sido el momento o el lugar. O quizá nada de lo anterior.

reflexiones y distorsiones
Dónde está la verdad? En el edificio perfecto que se mira en una fachada de espejos? O en su reflejo?

Volviendo a la noche del sábado, pocas horas más tarde crucé unas palabras con otro amor bien distinto, mi relación más longeva. Juanjo me preguntó el otro día. Mi contestación fue inmediata, y lo dejó bastante sorprendido. “No, nunca estuve enamorado de él. Pero lo he amado más que a ninguna otra pareja.”

dónde miras?
Un maniquí triste y solitario, viviendo en la luna de debajo de mi casa.
 
música
Hoy mi post se adorna con fotos de mi viaje a Lisboa, un viaje triste a una ciudad que me embelesó. No espereis fotos de plazas, monumentos, monasterios o castillos. Ya sabéis que lo mío son los rincones.

las plantas no respetan el asfalto
...escuchar canciones que hablan del destino que nunca tuvimos.

Descubrí gracias a camaleón, que la posteó en su página, una canción grande, como el amor de su título: O Grande Amor. Es una canción de Jobim, revisitada por Ryuichi Sakamoto y publicada en su disco de ‘clásicos’ Moto.Tronic. Me gustó tanto que me puse a investigar (investigar, desmenuzar, aprender, comprender, otra de mis grandes pasiones). Así llegué al disco donde originalmente se publicó esa canción, y esa versión. Fue en una colaboración de Ryuichi con el violonchelista Morenbaum y su hija Paula poniendo las voces, versionando canciones de Jobim o Vinicius. El disco se llama Casa.

Conocía a Sakamoto sólo de bandas sonoras (Feliz Navidad Mr. Lawrence, El último emperador, Pequeño Buda o Tacones Lejanos). Estos dos discos son un descubrimiento. Iba a decir que sin precedentes, pero he tenido tantísimos escalofríos gracias a la música, y siempre sin aviso. Ahora mismo suena en mi equipo Lost Child, y lo único que te entran son unas ganas irreprimibles de echarte a llorar.

soledad
Si cierro los ojos puedo ver las calles por donde anduvimos...

Tiene algo la música, casi toda la música. Llega donde no llega nada más. Es capaz de extraer sentimientos de la nada más absoluta. O de destaparlos. Es lo que intenté transmitir en un cuento que escribí y que os copio al final de esta postal. Oigo una pieza específica y bang, siento. Siento.

Hoy me he pasado la tarde grabando un par de CDs para mi prima, que está empezando a hacer pinitos en la música. Necesita duos para una actuación que tiene en unos meses. Me dijo que quería el Endless Love (el original, con Diana Ross y Lionel Ritchie), una canción con la que mantengo una relación especial que dura más de veinte años. El Up Where We Belong, de Joe Cocker y Jennifer Warnes. Yo le incluí varias de mi cosecha, como no. A Patti Austin, Kate Bush, Dionne Warwick, Bryan Adams, Heather Headley, Frank Sinatra. Lo he pasado como un enano, buceando entre discos y recuerdos. Cantando segundas voces.

callejones amarillos al filo de una inmensa iglesia
La melancolía de calles perdidas que huelen a mares...

No podría vivir sin música. Sería incapaz. Su ausencia me cegaría completamente la vida. Me ayuda tanto, me complementa, me facilita entrar en contacto con fibras difíciles de alcanzar, es mi terapia y mi psicoanalista. Es mi pareja más fiel, más comprensiva, la amante más completa y generosa. Música. Sí, quiero.

Me contaron los sueños que la fuerza que creó el universo, que me confesaron que no es dios ni nada que se le parezca, no descansó el séptimo día. Que se lo pasó entero pensando qué darle a su criatura favorita para distinguirla, para que se supiera tocada por la mano que moldea el movimiento. Y al anochecer de aquel nuevo mundo, mientras sus miles de ojos observaban el imperceptible deambular de los planetas, dio con el regalo adecuado.

escaleras al cielo
...las calles en cuesta que suben a un cielo de azules que arden

Cogió el temblor de las estrellas sin bautizar, su brillo trémulo, y las prendió de un rizado de medusas atado a una piedra de luna. Observó que se escurría al tacto y desaparecía al darle la luz, y que por tanto su regalo no podría lucirse en el exterior, ni podría prenderlo de la piel, como había hecho con los ojos o el cabello. Buscó y rebuscó en la perfección del cuerpo humano para encontrar la cavidad donde alojarlo, y finalmente la encontró. La dejó posarse en un lecho de tejidos finos y vaporosos, y los tentáculos ingrávidos de la medusa se abrazaron a sus bordes mientras el temblor de la luz se espacía sobre su superficie hasta quedar estático.

Le otorgó con el regalo la capacidad de disfrutarlo. Una capacidad aleatoria, sorprendente, que haría vibrar el parpadeo de las estrellas y la tela traslúcida de las medusas con las olas del mar, con el viento, con los trinos de los pájaros, con los truenos. Escogió catalizadores perfectos que derramarían el titilar de los astros por todo el cuerpo, que los repartirían en escalofríos y pequeños pellizcos de placer, en cosquillas de luz a lomos de guijarros de luna.

árboles en el Castello?
la ciudad antigua guarda la memoria de un tiempo que escapa...

El ser humano sorprendió a su creador descubriendo el regalo. Adivinando que era su don más preciado. Lo llamaron alma. Y lo que es más, consiguieron hacerla vibrar a voluntad, con un lenguaje específico, diseñado para estremecer los brillantes temblores que se alojaban en su interior. Pero a todos esos descubrimientos llegaron por caminos distintos y por casualidad, sin relacionarlos nunca. Y por mucho que buscaron, aún sabiendo de su existencia, nunca llegaron a averiguar dónde estaba escondida. La buscaron cerca del corazón, porque se transportaba en la sangre. La buscaron material sin saber que era ingrávida. La buscaron con los ojos, sin saber que la luz la hacía invisible.

Y el alma permaneció en su escondite, agazapada, a la espera del mar y del viento. Tumbada en su luz fija, deseando temblar. Colgada de las delgadas paredes del fondo del oído, en el vilo de la única lengua que es capaz de hacerla hablar, manifestarse. El alma, codificada en verbo divino, descifrada con el lenguaje humano de la música.


banderas... de quién?
La ropa tendida al sol de la tarde, banderas de nadie...

La música de las fotos la puso una canción popular portuguesa, en la voz de Pasión Vega, con su canción Lejos de Lisboa.

Poemas del aire vendrán hasta aquí. Lejos de Lisboa. Y lejos de ti.
 
regresión
A menudo os dejo ver mis sentimientos. Pero hoy, en agradecimiento a vosotros que me leéis, quería haceros un regalo. El mundo visto a través de mis ojos, de mis fotos, una vez más. Si pincháis, las veréis en una nueva ventana, de cerca, como hay que mirar el mundo y los corazones. E intercalado, mis sentimientos de hoy. La crónica de un reencuentro anunciado.

Hacía frío y chispeaba mientras bajaba con prisas al pub alemán donde había quedado con Juanjo. Acababa de llegar de trabajar, e iba con el tiempo apuradísimo para llegar a la cita. Conseguí llegar jadeando con sólo tres minutos de retraso. Allí estaba él, sentado por fuera del bar, conjurando mi aparición por la calle opuesta a la que llegué.

el acuario
Una flor azul en medio de un mundo marrón. Y un verde intenso.

En dieciséis años nos hemos tropezado por casualidad apenas un par de veces. Una en ese mismo bar donde nos reencontrábamos. Otras dos mientras yo salía de clases de teatro y él entraba a clases de yoga. Esta vez no iba a ser un saludo apresurado en direcciones opuestas. Esta vez, por fin, tendríamos una conversación que ha esperado más de quince años.

Me abrazó con fuerza, con esa fuerza con la que sólo él me ha abrazado. La presión fue familiar, al igual que sus manos grandes apretándome en una llave entre el cuello y la cintura. Siempre abraza cruzado. Fuimos a un bar cercano, a la vuelta de la esquina, y nos sentamos en la terraza a pesar de la brisa y mi resfriado. La noticia de la muerte de mi hermano, al que él conocía de nuestra amistad adolescente, le había sorprendido y no había podido dejar de pensar en mí, en cómo estaría. Hablamos de eso, durante un rato. Me preguntó si me dolía hablar del tema. Le dije que no, pero me traicionó la emoción cuando le conté el momento en que mi hermano había dejado de respirar, no tanto al pensar en él, sino en mi madre, acercándose callada, con lágrimas mudas, tomándolo de la mano, besándolo con lentitud, susurrándole una despedida al oído ya completamente sordo, en ese instante que para mí pinta la materialización del dolor. No fui yo el único en emocionarme, y descubrí como los ojos limpios de Juanjo se cuajaban de agua, al verme a mí, al recordar a mi madre. Fue ahí cuando me preguntó si sigo manteniendo con ella esa relación tan especial, si sigue siendo la gran persona que era cuando la conoció. Recordó las tardes que pasamos en mi cuarto oyendo música y hablando, junto a la cocina, y la forma en que mi madre siempre lo trató, con esa ternura y familiaridad.

pencas malvas
Estos son los famosos higos picos. No sé si los comemos sólo en Canarias, pero son deliciosos. Aviso: peladlos antes, están llenos de picos.

Juanjo lleva con la misma pareja quince años. Quince años. Me contó que pensaban casarse, pero no por reivindicar un derecho demodé, sino de corazón. Conozco bien a Juanjo, a pesar de los años, y sé que lo quiere con locura por la forma en que sonríe cuando habla de él, por su manera de disimular una felicidad casi infantil. Ojalá tenga la oportunidad de conocerle.

¿Y tú?, me dijo. Y yo... le conté. Como si él lo hubiera sabido desde siempre. Nos contamos estos quince años, apurados, por turnos, dejándonos hablar, deseosos de conocer. Al rato, como quien no quiere la cosa, me preguntó si yo tenía tan claro que entendía cuando estaba con él. Una vez más, le conté. He tenido en mi vida pocos episodios de sinceridad absoluta como el de ayer. Me preguntó ¿nos pasó algo, nos enfadamos por algo? Yo le di mi versión de la historia, no sin un toque de dolor.

Era de noche, pero aquella mesa metálica y coja estaba inundada de luces. De la luz de la verdad, que es cegadora. De la luz del amor que fue y el cariño que es. Nos confesamos el amor que nos teníamos, un amor grande, el primero. Me dijo que yo había sido el primer hombre que le había hecho sospechar su orientación. Por lo mucho que nos tocábamos, por las cosas que nos decíamos, por la necesidad imperiosa que teníamos de estar juntos. Recordó aquella fiesta en mi casa, en la que me emborraché y llegué a perder el conocimiento. Me llevaron entre varios al baño, me desnudaron, me metieron en el agua fría de la bañera, me colocaron hielo en la nuca, me hicieron beber café salado. Después, ya perdido en la inconsciencia, me acostaron. Juanjo rememoró aquel episodio como uno de los momentos más tiernos de su historia conmigo. La posibilidad que tuvo de cuidarme, de arroparme, de quedarse a solas conmigo y, en mi sopor, poder contarme todo lo que sentía por mí sin miedo a que yo lo escuchara.

un macizo de abanicos
Estas plantas nacen en eriales desérticos. Son la prueba de la supervivencia.

¿Has estado enamorado, Yarince? ¿Han sabido quererte? ¿Eres feliz? ¿Eres bueno en tu trabajo? ¿Y la música, sigue siendo lo más importante de tu vida? Aún tengo todas tus cartas, tus libros dedicados. ¿Sabes que me tienes para lo que quieras? Las preguntas directas de Juanjo, sorprendentes, de nuevo sonando en mi oído. Y su naturalidad que me derrite, alargando la mano para quitarme una pelusa del hombro, o colocarme el pelo, o atusando mi barbilla. Su risa enorme, franca. Sus ojos inquisidores a los que es imposible mentir.

veneno y antídoto
Os conté alguna vez la historia del cardón. Su savia es venenosa, y puede dejarte ciego. Pero en su base crece una planta, siempre a su sombra. Esa planta posee el antídoto. Es la que veis enroscada a los picos. Me comentaba una amiga que la foto parece de libro de botánica. El veneno y el antídoto, contrarrestándose en un abrazo.

Fueron tres horas de conversación. Podían haber sido tres días. Nos despedimos, esta vez con tres abrazos. Subí a casa por la avenida, esquivando las luces de las farolas. Tosía y pensaba. Sonreía. Comentaba en voz alta, porque lo que me bullía tenía que salir por algún sitio.

Durante el trayecto, llamé a mi madre para decirle cuánto la quería. Llamé a Carlos, que esperaba con ansia el resultado de aquella entrevista, sabiendo lo importante que era para mí. Quedé en llamarlo de nuevo al llegar a casa, para hablar con calma. Le hablé de él a Juanjo. Me preguntó, de nuevo certero, ¿no estás enamorado de él? De pocas cosas estoy tan seguro como de que no estoy enamorado de Carlos. También sé que no quiero a nadie tanto como a él. Te lo pregunto por la forma en que hablas de él, por cómo se te ilumina la cara, por la forma de apasionarte cuando me dices lo increíble que es, me dijo Juanjo. Es que no hay mucha gente como él, ni muchas amistades como la nuestra. Sin él, no habría sobrevivido a estos últimos años.

las plantas que acompañan mi día a día
La tabaiba, una planta hermosa.

Hablé con Carlos sentado en el balcón de mi casa. Nos reímos, me emocioné, quedamos en brindar este fin de semana, cómplices, por este momento tan importante en mi vida. Ayer sentí que volvía a tener 18 años, y que la vida me había dado la oportunidad de volver a arreglar lo que estropeé. Que hoy empieza mi nueva vida, que ya estoy en paz con el pasado. Que soy un hombre afortunado. Que no hay de qué preocuparse, que las personas que han de caminar contigo en la vida, aunque las empujes y las eches de la vereda, acabarán por aparecerse de nuevo, por arte de magia. Se acaba el año maldito, y diciembre me trae un poco de la luz que llenará el 2005, el pronóstico de que mi vida se endereza. Llevaba mucho tiempo sin sentirme feliz, y ayer por la tarde, ayer por la noche, lo fui.

PS. Me acaba de llegar un mensaje de Juanjo. Resume, como siempre, toda mi postal, y a Juanjo en sí mismo. Me dice que acaba de estar con mi madre, que la fue a ver para darle un beso. Un beso, después de quince años, un beso que no le ha dado gente que la ve todos los días. Qué valor el de Juanjo, qué integridad, qué dulzura. Qué suerte tengo, a veces no soy consciente. He tenido la fortuna de conocer a un puñado de gente que tiene corazones colosales, sentimientos en peligro de extinción. Y me quieren, joder, me quieren. Y por fin empiezo a creer que me lo merezco.

Esta postal de hoy va por Juanjo y por Carlos, mis Amigos. El de ayer y el de hoy. Los de mañana. Para que nunca me falten. Para no fallarles nunca. Para que mi corazón les abrace siempre como ellos me abrazan todos los días, dándome el calor, reanimándome, reafirmándome, poniendo su dedo en mi barbilla y levantándola. Ordenándome “quiérete”.

despegue
Vale la pena que pinchéis para ampliarla. Estoy muy orgulloso de esta foto. Me da esperanza. En ese cielo encapotado que deja paso a un claro, en el azul, en la capacidad de volar, en los despegues, en la música del viento.
 
mandamientos
toma de mi boca los besos...

1. Nos amaremos sobre la cama, la alfombra del salón, y el resto de las cosas.

2. No tomaremos los 'te quiero' en vano.

3. Santificaremos el aniversario del primer beso.

4. Honraremos nuestra historia.

5. Mataremos la monotonía.

6. Cometeremos todos los actos que los que no aman denominan impuros.

7. Robaremos tiempo para estar juntos.

8. Seremos leales.

9. No perderemos nuestra identidad.

10. Haremos que nuestra pasión nos baste.


Todos estos mandamientos se resumen en uno sólo:
Nos amaremos tanto que nunca nos haremos daño. Incluso si eso implica tener que decirnos adios.

...que ya no me hacen falta
Las dos fotos son de una sesión que me hice y que llamé Autorretratos de Besos
 
el roble en el botánico
árboles suplicantes

Hoy iba a escribir sobre música. De hecho lo hice (imagino que colgaré el texto mañana o pasado). Pero reflexionando sobre ella, sobre lo que me hace sentir, fui saltando de canción en canción, por la música de fondo y de primer plano de mi vida. Cuando caí en un poema hecho recitado, hecho canción en recitado, hecho retablo de música y poesía, me quedé sin ganas de seguir saltando. Me atrapó. Escribía precisamente de eso, de cómo la música es capaz de cambiarte el ánimo, de vibrarte cuerdas del arpa de los sentimientos, y apareció aquella música y aquellas letras y me llené de sensaciones de música. Y ante eso, no se puede seguir. Se olvida todo.

La canción en cuestión es de un recital de Nacha Guevara con Benedetti, sobre algunos de sus poemas. Y sobre uno de mis poemas favoritos, A la izquierda del roble. Podéis leerlo entero aquí, aunque si lo vais a hacer, os pido que esperéis a terminar de leer el post. Tiene versos tan increíbles como "...se miran fanáticamente a los ojos, como si el amor fuera un brevísimo túnel, y ellos se contemplaran por dentro de ese amor”, o “...hablan y por lo visto las palabras se quedan conmovidas a mirarlos, ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos”.

el roble, sin izquierda ni derecha

Pero mi parte, no la favorita, pero sí la que desde siempre me ha partido el alma en mil pedazos, es el poema casi independiente que se engarza casi al final. Es el que os reproduzco aquí. Tiene una desolación, una metáfora sangrante, un sonido de réquiem... He tenido amores mal terminados, pero creo que ninguno me ha marcado tanto como para escribir unos versos así. Y a pesar de eso, cada vez que lo leo, que lo oigo, el dolor de los amores de tántalo y azar, que Dios no admite porque tiene celos, es un dolor mío.

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llévale flores
que yo también iré contigo.

Quisiera hacer algún comentario original, pero después de esto, no puedo. Seguiré paseando en el Jardín Botánico. Ustedes pueden irse. Yo me quedo.

los lirios de agua de monet
 
aclaraciones, caballos, mar y... amor
Antes de mi post de hoy, quería aclarar algo. Os agradezco a todos vuestros buenos deseos, pero lo que más me atrae de ese café con Juanjo es la posibilidad de recuperar aquella complicidad, pero no el amor. No es posible, ni probable, ni recomendable. Juanjo está estabilizadísimo y casadisísimo (no es un error de tipeo, me pegaba sonar a papuchi). Me gustaría (y espero) poder hablar con él de aquella época, pero entre risas. Ya no hay ni una pizca de amor, aunque sí una inmensidad de afecto. Me gustaría re-conocerlo, porque después de tantos años ni él ni yo somos las mismas personas. La gente crece, a veces a destiempo, a veces por distintas veredas. No veo en su mensaje ninguna doble lectura, sino añoranza y quizá curiosidad por saber de nuestro presente.

También sé que ese mensaje no es casual. Que Juanjo reaparezca se debe a algo, pero ese algo quizá no se revele hasta que pase el tiempo. Quizá una amistad recuperada con él me estabilice, me dé tranquilidad. A lo peor ni siquiera llega a materializarse ese café, y la razón de su mensaje sea exclusivamente que yo reflexione sobre mis sentimientos, mi evolución, mi presente. Evidentemente, ayer estuve pensando en él y en aquella época. Hay gente que puede tocarte la fibra como si fuera un arpa, y Juanjo sin duda tiene todas mis partituras.

sorpresas en las olas

El otro día me comentaron que uno se enamora de sus carencias. De entrada, descarté el argumento, pero luego me dejó la cabeza a mil revoluciones. Y revisando mi vida, llegué a la conclusión de que es más que probable. Pero ojo, no me refiero a “soy feo, luego me gusta la gente guapa”, o al revés. No es tan simple. Puedo ser poco agraciado, pero si no me supone ningún trauma, no me fijaré especialmente en la gente guapa. La gente que tiene problemas con envejecer es la que sueles ver de la mano de alguien más joven; y los jóvenes que se sienten inmaduros e infantiles buscan suplir esa carencia con personas de más edad. Al final, todos contentos, porque se juntan personas con el mismo complejo (dicho en el mejor de los sentidos), pero de distinto signo, con lo que los dos se anulan.

Yo necesito ‘admirar’ para poder enamorarme. Admirar un carácter, un físico, una mente, un corazón. Yo no admiro a la gente que habla cuatro idiomas o que tiene dos carreras, aunque yo sólo hable dos y tenga una carrerilla técnica. Pero sí admiro a cualquiera que sabe tocar un instrumento con virtuosismo. O a la gente intrépida. A los extrovertidos. A cualquiera capaz de crear belleza de la nada. Admiro a la gente sencilla, sin dobleces, directa. Y yo podía tocar un piano malamente (con mis dos añitos de conservatorio), cuando la ocasión lo exige puedo tener mucho coraje, soy encantador según cuándo y con quién, a veces escribo cosas lindas, y no tengo dobleces. Pero en mi interior, allá abajo, en el fondo, creo que no me arriesgo lo bastante. Y que no tengo el don necesario para interpretar unas cuerdas o unas teclas. Y que me amulo, y mi encanto se pierde en un batallón de miedos. Y que no soy lo bastante bueno escribiendo. Y que muchas veces me callo lo que me gustaría decir.

Hago repaso de la gente que me ha embelesado en la vida (poca, no os vayáis a creer, apenas un puñao), y siempre tenían algo que yo no deseaba ser, pero que envidiaba. Gente de la que pensaba ‘uff, yo no querría ser así, pero tampoco sería capaz de serlo si quisiera’. Eso me ha dado muchas pistas, y algunas de las conclusiones que he sacado no me gustan. Pero no importa, porque conocerlas me da opción a cambiarlas. Suena críptico, pero os iréis dando cuenta, porque os lo contaré.

Me queda pendiente un post sobre música, mucha música. Y otro que hoy me inspiró un comentario de Sergi, en el que recordaba el diálogo de Mejor Imposible Aquí la camarera, aquí el marica’, que en versión original era ‘Carol the waitress. Simon the fag.’ Y de eso irá el post. De por qué prefiero la versión original. E intentaré ponernos algunos ejemplos que ilustren mi postura. Ejemplos de audio. No será difícil, me bastará Susan Sarandon, Anabella Sciora, Juliette Binoche o Ralph Fiennes.

A lo largo del post habréis visto unos montajes de fotos increíbles. Me llevó algo de trabajo, pero los saqué de un anuncio impresionante de la cerveza Guinness, y los monté para ustedes. Un trabajo infográfico soberbio el de Jonathan Grazier, el creativo de este anuncio en el que unos surferos ven como de las olas salen caballos blancos desbocados (si teneis ADSL y calma, podeis descargarlo aquí, vale la pena). Algo así como me siento yo hoy. Un hombre convertido en corcel, sin riendas, desbocado sobre las olas del futuro. Prepárate, mundo, que vuelve Yarince pidiendo guerra…

animales surgiendo del agua

PS. hoy me iluminó el día un arco iris completo, naciendo y muriendo en tierra. Le hice unas fotos que no le hacen justicia, pero ya las postearé, algún día de lluvia.
 
el sonido de la soledad
Vuelvo, sí. Despues de unos días tranquilos, y a pesar de todo, animados.

Este fin de semana no pisé “el mundo nocturno”. Increíble, para mis costumbres. He estado malísimo de la garganta y con un catarro tremebundo. Tanto, que he estado dos días sin fumar, tomando pastillas y polvos de esos naranjas y solubles en agua (ya estoy mucho mejor, gracias). Ayer sábado fui a la boda de Lola; llovía a cántaros, como en la del príncipe, y también se le cayeron los anillos, pero Lola es dulce y cálida, leal, tierna y espontánea, con soles en cada poro de la piel (ya la quisiera Felipe para sí). Fue emocionante verla llegar de beige, simple, y casarse después de veinte años que hace que la conozco, a ella y a su historia. Era un día importante para Lola, y estuve con ella a pesar del catarrazo, como en todos sus días importantes.

mi gran amiga lola
esta foto es de una sesión que le hice a lola hace un año. es su espalda. quería regalársela a su novio (hoy su marido), y que la pusiera de fondo de pantalla, en vez de a hale berry. las fotos quedaron fantásticas. (Nota: esta, evidentemente, inspirada por una escena que me impactó, de la película Mejor Imposible, con Helen Hunt y Greg Kinnera musitando "hold it!")

En la boda todo el mundo me dijo que estaba tan guapísimo. Llegó a violentarme. Dos mujeres se prendaron de mí y me echaron los tejos (pobres, si supieran…) Conocí al novio de Marina. Se conocieron por internet, chateando hace un año y pico. Él (se llama Nacho) se vino de Madrid a vivir con ella a Canarias, y parecen muy felices. Es la primera pareja cibernética que conozco. La primera que funciona, vaya. Nacho me cayó de maravilla (tuvimos una conversación muy profunda, que probablemente dé fin a este post), y me alegro mucho por Marina, porque se lo merece. Creo que Marina, cuando estaba desnoviada, estaba detrás de mí, hasta que Lola le dijo que no había nada que hacer. Marina es inteligente, desinhibida, complicada y guapa. Os sonará raro, pero es un cruce entre Gloria Estefan y Carmina Ordoñez. Y os lo aseguro, el mestizaje de las dos es espectacular.

Volví con ellos a La Laguna (había dejado allí el coche, al lado de la iglesia). Arranqué, y a las dos manzanas el coche decidió pararse y no volver a arrancar. Una hora me tuvo suspirando y maldiciendo mi mala sombra. Eran la una y media de la mañana. Resucitó durante cinco minutos, que aproveché para llevarlo al garaje de Carlos. Bajé a casa en taxi, cabreado por muchísimas razones, y esta mañana subí en guagua (autobús) y el puñetero estaba como si nada. Subí a comer con la familia y me bajé luego a casa.

Me había dejado el móvil en la mesa de noche, y al llegar me encuentro con una sorpresa que aún me tiene medio pallá. Un mensaje de Juanjo. Creo que no os he hablado de él, pero resumiré diciendo que lo conocí hace veintipico años, que fue el mejor amigo que tuve en mi adolescencia, y tenía que haber sido mi primer amor, pero no lo fue. Tras una larga temporada separados, tenemos un contacto muy esporádico, por móvil y a veces teléfono. Su mensaje de hoy, como todos los suyos, me dejó temblando. “Sueño contigo… Podríamos vernos y tomar un café… Besos.” Quedaremos una tarde de esta semana. Y no sé si podré contaros la conversación que espero tener con él, y que lleva esperando más de quince años.

Estoy echando muchísimo de menos a mi hermano. El otro día, en Las Cañadas, alucinado con el espectáculo, me llené de tristeza pensando que él nunca podrá volver a verlo. Mirar a sus hijos me deja hecho mierda, al igual que me pasa mirando a mis padres o a su mujer. Tengo que tapar su recuerdo con mil frases hechas, con recitados mecánicos y con todas las imágenes que pueda para no sucumbir a una pena de la que no podría salir. Mi cabeza ha echado abajo la compuerta que mantenía sus recuerdos cotidianos a raya (ralla?) y su voz, sus coletillas, su forma de abrazar, su risa, se me presentan a cada momento.

Volvamos a la boda y a la conversación con Nacho. Marina me dijo “has estado toda la noche pendiente del móvil.” No era cierto, en realidad miraba la hora, pero le comenté que estaba pensando “jubilar” el teléfono. Nacho me dijo que por qué, que era un adelanto y un instrumento muy útil. No lo niego, pero mis razones para jubilarlo son otras. Digamos que tras mi argumento, que os pienso exponer ahora, y una conversación interesantísima con ellos (que incluyó el amor, el compromiso y mil cosas más), Nacho me dio la razón.

El móvil es un instrumento del diablo. Es un altar y un tótem. Hoy en día, muchas de las relaciones que tenemos (salvo quizá las familiares), se basan en el móvil. Y la mayoría de las veces, en sms. Si hago memoria, la relación con todas las parejas, amigos, que he tenido en los últimos 3 años, se ha basado mucho en esos textos de un ciento de caracteres. Decimos en ellos cosas que no nos atrevemos a decir a la cara, a veces mentimos, a veces nos desnudamos sin pudor. Grandes verdades y grandes mentiras en apenas dos pantallas de letras.

Pero las relaciones, por desgracia, a veces se rompen. Otras, las peores, se enfrían. Y el móvil se calla. Deja de llamarte para saludarte con las frases de las personas que quieres. Y la impresión que tienes tú es que el amor se murió. No el amor con aquella pareja, sino el Amor con mayúsculas. La vida se queda colgada de ese aparatejo. No te separas de él, esperando a que suene. Lo miras, intentando conjurar un pitido y un mensaje entrante. No lo oyes, y lo enciendes a ver si funciona. Lo miras al despertar, al llegar a casa, mientras ves la tele. Se convierte en un movimiento mecánico, alargas la mano y lo miras. Nada. Es un apéndice de ti. Te parece que el amor, que el afecto, va a llegar haciendo su sonido. Es desesperante. El silencio de un móvil es atronador, no te deja concentrarte en nada.

Las ausencias de los amores con los que no compartes vivienda se nota sobre todo en el móvil. En su pantalla apagada. En las llamadas perdidas para siempre. El teléfono es un recuento de los pronósticos fallidos, de las historias malogradas. Nos recuerda los fracasos, y se ríe de nosotros, haciendo sonar su alarma con los mensajes del banco o del operador, diciéndote los puntos que llevas acumulados.

Creo que lo tiraré por la ventana. Cuando no tenía móvil, no me sentía tan solo.

el monstruo

 
licuado y congelado
Esta noche me toca trabajar. Pero necesito mi dosis diaria de blog, que si no me entra el mono. Pero antes de que me olvide, deciros que hay muchas versiones de la canción de Vinicius que os decía ayer, y que aún sigo martilleando por los pasillos que unen los sueños y las realidades de mi cabeza. La que suena en lo más hondo de mí es la cantada por Maria Creuza. Y ese Soneto de la Fidelidad de Vinicius, que se engancha a la música tanto en ritmo como en significado. Una genialidad. Y si queréis una rareza, en la red está disponible una versión (de mala calidad acústica) interpretada por… Emilio Aragón. Calma, que sólo toca el piano. Pero es que la voz la pone Sole Giménez, la vocalista de Presuntos Implicados. Y yo no sé qué me une a esa mujer, pero es que me vuelve loco (recordadme algún día que os ponga la canción y la letra de La Flor de la Mañana). Creo que mi “enganche” empezó cuando la oí cantar en aquel programa de Pepe Navarro, el del Missisippi, la insuperable canción de Serrat Aquellas Pequeñas Cosas, a capella con una guitarra. Uff, la música, la música. Mi gran amor y mi asignatura pendiente.

El martes escribí algo. Un texto largo, una historia que se convirtió en dos que os copio en esta postal. Estuvo a punto de ser un abanico de los cambios de estado de la materia. Lo escribí sin pensar en nadie, era sólo una ficción:

Licuación

Los anillos de tu estancia
son mi única valija.
El lastre para hundirme en tu agua,
los clavos para no resbalar
en las trampas escurridizas de tus algas.
Con la piel ahuecada de ti,
mis poros injertados en tu deseo
se inundan y me pesan.
Tu nivel sube su horizonte
engulléndome con lentitud
en un abanico de agua.
Te presiento empaparme,
ocuparme por completo,
poseerme y doblegarme
con tu manantial fresco
sumiéndose mi cuerpo.

corazón congelado

Congelación

Mi dolor se coagula
en la escarcha de tus recuerdos
Y convierte mi vida en un río
perforado de tus cristales.
El agua glacial de tu ausencia
bloquea mis cauces
Se condensa en bloques de hielo
que cimientan el muro
donde lloro tu evaporación.

Cuando descuarticé el texto original y me encontré con estos dos, me di cuenta de que mi conciencia había desviado mi atención, y que cada poema, desde el inicio, era real y hablaba de mi vida. Fue como diseccionar un sueño oscuro en el que una interpretación, de repente, lo convierte todo en luz.

PS. No puedo evitarlo....

Hoy sembraste en mi ventana la flor de la mañana, fingiendo que fingías que me amabas.


 
atardecer en música
Esta tarde volvía en el coche. Volvía de estar sentado en un banco con pintadas, un mirador de una antigua fábrica de áridos en el borde de un acantilado. A un lado, las gaviotas. Al otro, un espectacular atardecer sobre arenas con nombre de mujer. Los dedos del sol rasgaban el cielo para mojar sus yemas en la superficie del mar, que parecía darse cuenta y se estremecía. Yo también estaba estremecido. El espectáculo era un regalo de la vida, me hizo sentir pequeño y tan grande a la vez. Capaz de todo y de nada.

la vista desde el banco del acantilado
La hice esta tarde, sentado en el banco. Mirando a la derecha, sobrecogido.

Aquel banco era un hermoso lugar para darse un beso, largo y lento. Esos besos en los que los labios primero tantean la propiedad privada, pidiendo permiso. Bordean los límites con delicadeza, secos y tiernos, haciendo crujir el muérdago que cuelga de los ojos. A veces se atreven a mirar directamente por la verja, para esconderse de nuevo. Y de pronto, en esa pereza, las puertas se abren dejándonos ver el camino, nuevo cada vez, invitándonos. Y la lengua se atreve a dar unos pasos, pero retrocede, haciéndose querer. Y la otra le sale al encuentro y la empuja con suavidad. Deciden tantearse en el terreno neutral del aire hasta que los terrenos se hacen latifundios de carne y de saliva, rodeados de la cerca de los labios. Y el amor es una fiesta de invitados ciegos que se mueven tanteando las ramas, la grava, y los cielos del paladar.

En el coche, volviendo con el atardecer aún pintado en el parabrisas y el boceto de un beso en mi cabeza, sonó en mi CD el I’m not in love, de 10cc. Uno de mis clásicos. En un alto puesto en el ranking.

No estoy enamorado, no lo olvides. Es sólo una fase tonta por la que estoy pasando. Y sólo porque te llame de vez en cuando, no vayas a confundirte. No pienses que ya me has conquistado. Porque no estoy enamorado, no.

A veces me apetece verte, pero en realidad eso no quiere decir que signifiques algo para mí. Por eso, si te llamo, no hagas escenas ni les hables a tus amigos de mí. Porque no estoy enamorado, no.

Tengo tu foto colgada de la pared, tapando una mancha horrible que había allí. Así que no me pidas que te la devuelva. Ya sé que sabes que para mí no significa nada. Porque no estoy enamorado, no.


No sé qué asociación me llevo a una canción distinta, que tengo sonando en el equipo desde hace una hora, y ahora mismo, mientras escribo este texto. Eu sei que vou te amar, de Vinicius de Moraes. Mi amiga Lola la adora, y yo la tomé prestada. Ya es casi tan mía como suya. Pocas canciones me hacen llorar. Yo sé que te voy a amar lo consigue. Así que imaginaos las chispas que está soltando mi teclado.

Eu sei que vou te amar
Por toda minha vida eu vou te amar
Em cada despedida eu vou te amar
Desesperadamente eu vou te amar
E cada verso meu será pra te dizer
Que eu sei que vou te amar por toda minha vida
Eu sei que vou chorar
A cada ausência tua eu vou chorar
Mas cada volta tua há de apagar
O que essa ausência tua me causou
Eu sei que vou sofrer
A eterna desventura de viver
À espera de viver ao lado teu
Por toda a minha vida

Yo sé que voy a amarte. Que durante toda mi vida voy a amarte. Que en cada despedida voy a amarte. Desesperadamente voy a amarte. Y casa verso mío será para decir que sé que voy a amarte durante toda mi vida.

Yo sé que lloraré. Que en cada ausencia tuya, lloraré. Y que en tus regresos se apagarán las lágrimas provocadas por tu ausencia.

Yo sé que voy a sufrir la eterna desventura de vivir a la espera de vivir a tu lado durante toda mi vida.


estoy enamorado?
yo sé que voy a amar durante toda mi vida. Aunque aún no sepa a quién.
 
album de fotos
Hoy esta postal será distinta. Será una postal muy fotográfica. Como sabéis, he estado enseñando la isla, y os voy a postear algunas de las fotos que he hecho. Las que se pueden enseñar, por supuesto. Espero que me ayuden de hilo conductor a contaros de mí, de mi pasión por la fotografía (aparte de la escritura y otras tantas pasiones) y por mi tierra; por la belleza; por los detalles.

Sólo una última cosa. Si pinchais sobre cualquiera de las fotos, podréis verla a mayor tamaño. Una de ellas ya la tengo yo de fondo de pantalla.

close up sobre el teide

Mirad qué día hacía. Hoy he podido comprobar en la piel los microclimas de mi isla. Frío, calor, bermudas, suéter, lluvia, sol de justicia. Todo en un espacio de ocho horas. No me extraña que yo tenga un carácter tan cambiante viviendo en una isla como ésta. En realidad, al igual que en mi forma de hablar, soy tremendamente endógeno. Me quedo con ese pico, ese techo de España. Con su triángulo blanco dando la bienvenida. Con las coladas y las lavas negras que indican que en hasta de la hecatombe puede nacer la hermosura.

la típica postal

Sé que es la foto que tienen TODOS los que visitan el parque de las Cañadas. Pero ni una sola vez de las ocasiones en que he subido con cámara, he podido evitar hacerla. Es una estampa bellísima. Sólo superada por la visión en directo de ese espectáculo desolado. El monolito que se ve en primer plano, y que algunos recordareis de los antiguos billetes de mil pesetas, se llama los Roques de García. Ahí mismo rodaron la escena de Von Sydow y Sbaraglia de la película Intacto. Yo yo he soñado que lloro y ese roque me abraza.

agua y arena

El mar. Los inicios. Las orillas tienen algo misterioso y mágico para mí. Y las rocas, las piedras, una de las grandes maravillas de la naturaleza, completamente subestimadas ante los colores de las plantas y los movimientos de los animales. Esta foto está tomada antes de comer en un mejicano-canario-venezolano, en la tarde de ayer, con muchísimo viento, frío y llovizna. Estaba yo tristón. Por eso me fije en esa composición, donde no falta de nada. El perfecto paisaje feng shui.

guajara

Me encanta esta montaña, y su nombre. Es una de las que rodea el valle de las cañadas. Aún se ven las grietas por las que se desprendió la mole de piedra para deslizarse en el mar del norte. Pero ahí sigue, atisbando y vigilando la caída. Es una atalaya. La de la educación, porque el campus universitario recibe su nombre. Un hermoso nombre de mujer: Guajara.

pascua blanca

Prefiero las flores de pascua rojas. Pero el contraste de las blancas con los pistilos sólo se advierte cuando no existe la llamativa sangre.

pascua roja

No sé si pasa en vuestras ciudades y regiones. Aquí, los arcenes y los caminos se llenan en diciembre de flores de pascua salvajes, en macizos enormes que se cuelan en las carreteras. Es como entrar en veredas de un cuadro impresionista. A mí es una flor que me sorprende tanto, cómo cambia su color de verde a rojo. Es hipnótico ver el proceso. Parece que nos toma prestada la sangre para sustituir la savia. Parece que las hojas verdes se solidarizan con el dolor que siente tanta gente en estas fechas.

la flor del engaño

Strelitzia. Qué nombre, eh? Hermoso en la pronunciación, en la acumulación de consonantes, en su sucesión extraña. La misma flor es soberbia, como un pavo real. Los naranjas, los azules. Es la flor que representa mi región, pero es todo un engaño. Simplemente es fácil de transportar en un avión. Ahora hay muchos invernaderos que la cultivan, ante la demanda del turista. Pero la strelitzia, aunque la adoramos, no es la flor canaria. Sí representa nuestra belleza, evidente pero crispada, difícil de agarrar.

el valle

Mirad qué escena robé atisbando en un portalón. El valle, las flores, la luz. No puedo evitarlo, me enamoran los callejones. Me inspiran ternura, frío y lujuria.

balcones de madera

Balcón típico de la construcción local. Parece mentira que hayan dejado paso a las balaustradas blancas. Lo siento si ha alguno os gustan las balaustradas, pero yo las detesto.

desfiando las pisadas

La fotografía me ha obligado a "mirar". Cuando te gusta tirar fotos, se te ponen unos ojos especiales. Miras hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados. Te acercas. Te mueves. Te giras. Descubres pequeñas plantas que se atreven a nacer en las juntas de las losas de un empedrado, entre miles de pisadas. Eso es valor. Y tiene una innegable belleza.

líquenes

Otra lección magistral que he aprendido al mirar tras un objetivo es que la mejor foto está en el detalle. Que hay que acercarse, no querer sacar "demasiado" en la foto. Irte hasta el color y la textura del líquen, en vez de sacar el mirador de piedra. Esa misma devoción por el detalle la he trasladado al resto de la vida, y me he sorprendido con gente tan bella cuando te le acercas. Cuando se difuminan los rasgos y dejas de ver a la persona hasta meterte dentro de ella. Amar un lunar, una cicatriz. Una peca en el iris. Amando los detalles, es imposible no querer el todo.

la última
Aquí tenéis un rincón con esas matas de flores de pascua que os contaba. El macizo con el que termina la sesión fotográfica.

Sé que es un post raro, pero espero que la hayais disfrutado. Yo estoy un poco cansado, no sólo muscularmente. Estoy escéptico y cínico. Desilusionado. Lo achaco a la navidad, que se presenta demoledora. A bodas, bautizos y cenas y comidas de sonrisas de plástico. A mucho trabajo. A una incipiente miopía que empieza a llenarme los ojos, que perdieron un color de mentira y recuperaron el brillo y su forma de bailar. Mañana me levanto a las seis de la mañana, tendré un día de trabajo agotador, una tarde de compras de compromiso, una noche de whisky y fiestas que no me apetecen. Me encontraré con gente que me quiere y yo no quiero, con gente que quiero y no me quiere, con gente que me quiere y yo dudo en querer. Y yo sólo quiere meterme en un lago, sumergirme, respirar por un tubo y no oir nada. Llenarme los oídos de silencio, para poder escucharme. Hay tanto ruido que no me entiendo cuando hablo.
 
cien
jugando al escondite

Empieza un puente que me tendrá quizá demasiado ocupado. Viene visita de Madrid, y habrá que enseñar la isla, ir a la playa, asistir a macrofiestas. Vaya, que no tendré mucho tiempo de postear en el blog o pasear por la comarca de las letras. Hasta el martes, espero, que volveré redivivo (si no muero en el finde).

Pero no quiero ausentarme de estrangis, como dice mi padre. Os dejo con mi arcenita, en el post debajo de este. Un personaje con el que cada vez me identifico más. Un llanero solitario. Un fugitivo. Se acabó el penar por compañía y el ser arquitecto de estructuras volátiles. A partir de ahora el guerrero se contentará con las noches alrededor de un fuego, en una noche cerrada. Creo que el 2004 es el año de mi accidente de coche. Es el momento de convertir mi sonrisa en mi mayor valor. Una sonrisa autónoma, que no esté prendida de ninguna mirada.

La razón puede estar en que la pasada noche soñé con Axel. Soñé que, desde su orgullo habitual, me pedía volver. Quizá porque acabamos de pasar un año separados, después del cual él mismo predijo en nuestra ruptura que volveríamos a estar juntos. En mi sueño, detrás de Axel, mis amigos me hacían señas de que ni se me ocurriera. Y yo, que ni en sueños quiero volver con él... dudé. Me desperté y aún no le había dicho que no. Me puede la necesidad de afecto y ternura, es más fuerte que el sentido común y la realidad. Y eso tiene que cambiar. No habrá amor en mis tiempos del cólera.

Además de con mi arcenita, os abandono temporalmente con la banda sonora de Local Hero. Y con un juego que he inventado:

CIEN

Noventa y nueve, y cien. El que no se ha escondido, tiempo ha tenido.

Te busco en mi correo. Herramientas. Clic. Enviar y recibir. Clic. Yarince. Clic. Cero mensajes nuevos.

Seguro que estás en mi móvil. Desbloqueo el teclado, menú y asterisco. Ninguna llamada perdida. Ningún mensaje entrante.

Te habrás ocultado en mi piel. En tu olor de vanilla, en mis capilares a la busca de tus dedos, en la humedad de tus labios en el pecho. Me miro en el espejo y mi piel está morena, seca, sola con mi aroma.

Me lo estás poniendo difícil. Quizá estés en mis relatos. Los repaso todos, uno por uno. Y has ido desapareciendo gradualmente. Sólo me tropiezo pistas falsas que me llevan a oasis que resultan ser espejismos. No estás en las anotaciones al margen ni en los pies o encabezados de páginas.

Ya lo tengo. Apuesto lo que sea a que estás en mis recuerdos. Metido en el cajón de aquel año tan especial, o en las noches en que el frío se colaba por la ventana. En las tardes de cine y los conciertos. Aunque ahora que los miro con calma, comprendo mi error. Eran sólo disfraces, pronósticos de ti.

Sólo me queda buscarte en el corazón. ¿Te habrás agazapado en algún ventrículo? ¿Estarás tras las gruesas paredes de la aorta? Meto mis manos en el pecho, me abro paso por músculos y cavidades hasta tener el órgano en mis manos. Lo despiezo mientras sigue latiendo. Lo aclaro con agua mineral hasta que no queda sangre. Desatasco los conductos deshollinando con mechones de mi cabello. Pincho el corazón en un corcho, prendido de alfileres como un experimento de laboratorio. Examino epitelios y analizo los tejidos. Miro sus válvulas al microscopio. Y sigo sin encontrarte.

Me rindo, Amor.

¿Dónde estás?
 
arcenita
arcenes con vistas

Cuando abrió los ojos estaba a punto de chocar con los árboles de la mediana. Giró bruscamente el volante, perdiendo por completo el sueño y el control del coche, que giró sobre su eje hasta acabar clavado en el arcén. Aparentemente no le había pasado nada. Tras el estupor y la sorpresa, controló lo suficiente el temblor de las manos para mirarse en el retrovisor. Sólo una pequeñísima brecha en la ceja.

Cogió el móvil que había caído durante las maniobras en la alfombrilla del acompañante. Nada, su pantalla estaba completamente en negro y por mucho que presionaba las teclas no parecía volver a la vida. Se puso el chaleco naranja y salió del coche. La oscuridad en aquella carretera vieja sólo daba permiso alrededor de los faros del coche, que aún atrapaban el humo procedente del caucho quemado. Abrió la maleta y cogió los triángulos de señalización, que colocó a las distancias pertinentes.

Pasaron los minutos. Las horas. Pasó el tiempo, pero ningún coche. Nadie que pudiera auxiliarlo. Se preguntó qué hacía allí parado, a qué estaba esperando. Como en el resto de su vida, a la espera de algo que nunca sucede. Así que tomó la decisión extrema de caminar hasta encontrar un teléfono de emergencia o una estación de servicio. Y mientras caminaba, no paraba de pensar. Llevaba haciéndolo un rato, desde que vio su cara en el espejo. Pensaba que nadie le preguntaría por la herida de la ceja. Pensaba que volvería a una casa solitaria y que él mismo se haría las curas. Que no había familia a quien llamar para decir 'tuve un accidente pero estoy bien.' En su vida no había nada. Nada.

Cuando llegó a la gasolinera seguía absorto en sus pensamientos. Tanto que se la saltó. Y siguió caminando por el arcén.

Quizá fuera la herida en la cabeza, o la que llevaba en el alma las que le hicieron olvidar lo que buscaba. Su vida se convirtió en un deambular por el arcén, siempre por la derecha, ataviado de naranja reflectante. Nunca se le cruzaba por la mente atravesar al otro lado de la carretera, porque en realidad no iba a ningún sitio, simplemente paseaba. Siempre hacia delante, en el mundo unidireccional de los peces, en un acuario de asfalto.

La supervivencia en el margen era más sencilla de lo que podía parecer. Se aseaba en los servicios de las gasolineras, y comía fruta y verduras de las fincas que la bordeaban. A veces robaba golosinas en los autoservicios, y algunas camareras le ponían de cuando en cuando un plato de comida caliente. Con la ropa se las arreglaba birlando ocasionalmente la que colgaba de las tendederas en los patios traseros de las casas.

A las pocas semanas de empezar a caminar se encontró con un perro despistado, a punto de cruzar la autopista. A pesar del aspecto fiero del animal, un cruce entre presa y rotteweiller, lo agarró por el collar, el único vestigio que le quedaba del calor de una casa, para evitar que se metiera entre los coches. El perro, lejos de atacarle o morderle, le lamió la mano y lo miró con ojos de adopción. Y él completó con caricias en el lomo el resto de los trámites.

Pasaron las semanas, quizá los meses, puede que incluso años. Y aquella extraña pareja seguía caminado por el arcén, durmiendo entre los matorrales o los coches de los bares de carretera. Cada día el camino era nuevo, nunca pasaban dos ve