Blogs.ya.com Quitar publicidad
Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
Sindicación
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com
 
días naranjas
un brindis a la mujer de mi pareja de colores, que se llama naranja
Amapola, por Marilyn Robertson

La radio está ya plagada del único tema inédito del disco Esencial, que sale a la venta hoy, con los grandes éxitos de Ana Torroja. Sería mejor decir que es una versión inédita, porque en realidad es un ‘cover’ que hace Ana de una canción de Carlos Chaouen. Al parecer Ana no se sentía cómoda con algunas de las frases de la canción original, y le pedió a Carlos que las reescribiera. Lo hizo, y quedó muy contenta.

Se mantuvieron varias estrofas fabulosas, como éstas: “Estoy desnudo al amanecer en este último piso abuhardillado. No sé si ponerme a cien o darme una tregua en el lavabo. No tengo dinero para el tren que me lleva a tu barrio. Necesito aire en el pulmón del cielo de tus labios. No me canso de quitarme el sombrero cuando llueve por mojarme las canciones, y no me daré cuenta en esta puta vida que lo que yo quiero es rellenar tus rincones. No me canso de mirarte la cara, no me canso de vivir en escenarios y no hay más adversarios que nosotros de espalda, que el amor son tres flores que se riegan a diario.”

Carlos cambió el final de una frase y se superó a sí mismo, es soberbia: “No sé si mandarte una postal tatuada de ilusiones o imaginarme un carnaval con aires de tu nombre.”

Pero Ana no se atrevió con una de las estrofas más hermosas de la canción: “La ventana prescindió del sol que va de migración hasta mañana. Ya llegó la ansiada luna que nunca nos evita las miradas. Hay un paraíso en cada piel y un dios en cada hombre. Yo sigo poniendo en el sofá cojines de canciones.”

Como siempre, lo mejor, que gracias a esta versión muchos tendrán la curiosidad de conocer la original de Carlos Chaouen. Quizá se aficionen a él comprándose su último disco, Tótem.

será verdad que amanece? y que los colores serán tan apasionantes?
Amaneciendo, por Yolanda Urquiaga

Estaba ayer tumbado en el sofá, mirando una película. Digo mirando porque mi mente no estaba en la pantalla, sino dando vueltas por las curvas de estos últimos años, por los sueños de estas últimas noches. Estoy soñando historias complejas, largas y con un argumento sólido, donde no cambian los personajes, y apenas se mutan los escenarios. Cada vez menos símbolos y cada vez más mensajes. En mi vigilia estoy solo, y me siento bien. Sigo pensando que el ideal es vivir en pareja, compartir y crecer, pero casi por primera vez no tengo prisa, no siento desesperación. Estoy solo y feliz. Quizá es aún el resplandor de Gustavo. O puede ser simplemente la paz. Es un contrasentido que en un año de tantos impactos, en este invierno largo y frío, yo me sienta centrado y satisfecho.

El sábado un colega me trajo un “marido”, porque está empeñado en encontrarme uno. La gracia es que el chico es majo, guapo, simpático, buena gente, y parece estar por la labor. Yo no sé si lo estoy. Durante nuestro tránsito de bares me encontré con mucha gente de esa que me gusta hace tiempo. Un chico que era modelo cuando lo vi por primera vez y me encantó, y que debe haber subido veinte kilos. Objetivamente está entrado en muchas carnes, pero a mí me sigue pareciendo fascinante, quizá más, porque aún conserva esos ojos de infarto y una sonrisa tímida y algo esquiva que te hace querer desenterrar los miedos que hay detrás, porque eso fue lo que me atrajo de él. También me encontré con un camarero al que sé que le gusto, pero se hace el digno (como yo). Después de mis malas experiencias prometí que se habían terminado las parejas en el sector servicios (Axel y Timi no me dejaron ganas de repetir), pero con éste me tienta romper mi promesa. Lo malo es que metí la pata, porque se me acercó un rollito que tuve en navidades, le di sendos besos en el cachete y me dijo “esperaba otro tipo de beso.” Y como yo estaba con copas, pues le di lo que esperaba, con tan mala suerte que el camarero estaba mirándonos con la boca tan abierta como las nuestras.

curioso cuadro, el hombre se aleja, pero hacia adelante
Hombre alejándose de todo, por Ed Ruscha

La sensación ante todas esas presencias, sin embargo, no fue la de otras veces. Me divirtieron y me sentí espectador de todo aquella complicada rutina del cortejo. Me pica la curiosidad, pero son batallas que no estoy por guerrear, y no se debe en absoluto a cansancio o hastío, sino a la seguridad de que no son “mi” batalla. Cuando llegue la mía lo sabré, la pelearé con uñas y dientes. Y aunque la táctica (gracias Benedetti) sigue siendo la misma, he cambiado la estrategia. Afronto el inicio de la relaciones con vértigo, con una entrega total, convencido de que quien me mira a los ojos es LA persona, la apuro como si se aproximara el fin del mundo. Seguiré entregándome por completo, porque no entiendo otra manera de empezar la andadura del amor, no me caben en la cabeza las reservas y las precauciones, a pesar de haberme tropezado y pegado batacazos dignos de figurar en el libro de los record. Pero a partir de ahora mi estrategia será mirarle como a un nuevo mundo recién descubierto. Seré un turista en un país desconocido, guía en mano, pertrechado para absorber todas las esquinas, las tiendas de las callejuelas, el rocío de las noches y el olor de los rastros. Un turista sin billete de vuelta, con todo el tiempo del mundo, impregnándose sin prisa, pero sin pausa.

Ese mismo sábado acabé la noche en el bar de siempre. Serían las seis de la mañana, bailando con mis amigos en la pista, y sonó una canción que no había oído nunca en ese local, al que soy asiduo. Me quedé de piedra. Carlos me miró con complicidad y me cogió de la mano. Le lancé un guiño al aire y recordé el presentimiento de mi último post. Me tapé la cara con las manos, pugnando entre esgrimir una sonrisa o echarme a llorar, no sin antes echar un vistazo a mi alrededor y a la cabina de la música, esperando encontrar sus muecas entre el humo del nitrógeno. Y con el rostro cubierto ante varias miradas sorprendidas, bailé Miro la vida pasar.

Te quiero.

el cuadro es fantástico, pero me enamoré de su nombre
Pies ardiendo de amor, por Sonia Hernández
 
bosques
el porche de Ivy Walker

Hoy tengo la sanísima intención de no exigiros demasiado, y postear algo más corto de lo habitual.

Y seré breve con el arte. Con el cine. Hace poco vi la película El Bosque, de Night Shyamalan. Mi opinión sobre ella la forjará el tiempo, porque es perturbadora, y necesito superar esa primera impresión para saber si me gusta. Me pasó igual con Moulin Rouge, por ejemplo. En cualquier caso, me emocionó y me impactó el siguiente diálogo:

Ivy Walker: Cuando nos casemos, ¿bailarás conmigo? Me gusta mucho bailar. ¿Por qué nunca dices lo que se te pasa por la cabeza?

Lucius Hunt: ¿Y por qué tú no dejas de decir lo que pasa por la tuya? ¿Por qué llevas siempre el ritmo, aunque quiera llevarlo yo? Si quiero bailar, te lo preguntaré. Si quiero hablar, abriré mi boca y hablaré. Todo el mundo está pidiéndome siempre que hable más. ¿Por qué? ¿Qué hay de bueno en decirte que estás en cada uno de mis pensamientos desde el mismo momento en que me levanto? ¿Qué ventajas puede deparar el decirte que a veces no puedo ni pensar con claridad ni hacer mi trabajo correctamente? ¿Qué gano con decirte que la única vez que siento el miedo del que hablan los demás es cuando pienso que pueden hacerte daño? Por eso estoy en este porche, Ivy Walker. Temo por tu seguridad antes que la de nadie. Y sí, bailaré contigo en nuestra noche de bodas.

el inicio del baile

Hay otras muchas perlas en esa película, casi todas salidas de la boca de Lucius Hunt, el personaje al que da vida Joaquin Phoenix. Como cuando le dice a su madre que el Sr. Walker está enamorado de ella, y ella le pregunta por qué piensa eso. Y el contesta “porque nunca te toca.” O cuando Ivy le pregunta por qué no tiene miedo, y él dice “porque no pienso en lo que pueda ocurrir, sino en lo que hay que hacer.”

También tuve oportunidad de ver por 5ª vez uno de mis propios clásicos, que os recomiendo encarecidamente: El violín rojo. Se merece un post completo, y llegará. De alguna manera.

“De alguna manera tendré que olvidarte. Por mucho que quiera, no es fácil, ya sabes. Me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde. Y nada más, nada más, apenas nada más. Las noches te acercan y enredas el aire. Mis labios se secan e intento besarte. Qué fría es la cera de un beso de nadie. Y nada más, nada más, apenas nada más.” Luis Eduardo Aute

Prometí no extenderme. Y me da pena, porque probablemente estaré ausente hasta el lunes. Llegan unos días de extirpar penas, de celebrar amigos que no están. Será duro y hermoso, porque este fin de semana me reencuentro con el espectro de Román en los sitios que frecuentábamos juntos. Mañana me vestiré para salir y él estará ahí, con su vaso, mirándome a través del espejo como siempre, hablándome y poniéndome fijador en el pelo. Y tengo tantas ganas de volver a verlo. De beber, bailar y reír con él. El resto del mundo no lo verá, pero él estará allí, cogiéndome de la cintura. Estoy seguro de que Román va a venir a despedirse de mí, a abrazarme.

caminando a ciegas
 
el baile de disfraces
Dejé de fumar hace ocho años. Hay que ser fumador habitual para comprender lo que se siente. Hay que pasar por las diversas etapas para empatizar con las sensaciones por las que se pasa.

Uno coge su primer cigarrillo sin echarle mucho cuento. A menudo simplemente por novedad. Se trata sólo de probar algo nuevo. A veces te ves “obligado” a hacerlo por tu entorno. Otras es sólo un acto de rebeldía. Otras, curiosidad. Nunca imaginas que será el primero de miles de pitillos. Que será algo tan habitual como respirar.

Empecé a fumar como muchos. Por curiosidad. Por presión ambiental. Por rebeldía. O por ninguna razón en particular. Quizá fue sólo por pasar el rato. No me gustó su sabor al principio. Provocaba incluso náuseas, mareo. Parecía ridículo que aquello enganchara tanto a tanta gente. No, no creía que hubiera un segundo cigarro.

Pero lo hubo. Recuerdo el iniciático, pero no el siguiente. No sé ni por qué lo fumé, ni dónde, ni cómo me sentó. Pero lo hice. Y comenzó la escalada. De forma progresiva, sin percatarme, como suele pasar en la vida, el tabaco se convirtió en un acompañante omnipresente. Me acostumbré a él. Al cigarrito de media noche, y al del café, y al de la copa, y al del coche. Era un placer fumar. Un verdadero placer. Saboreaba el aroma, el sabor, el tacto del filtro en la boca. Observaba las volutas de humo, las formas que tomaba. Las espantaba de un manotazo y veía como se desintegraban en la nada. Una experiencia única.

Poco a poco pasó de ser un placer a convertirse en un vicio, en una necesidad. Ya no lo saboreas, ni juegas con el humo. Muchas veces ni sabes que estás fumando. Es un hábito tan arraigado que es ya un movimiento reflejo. Tanto que a veces tienes encendidos dos pitillos a la vez.

Todo el mundo te dice “te hace daño, te estás matando, deja de fumar”. Y tú sabes que es cierto, pero no puedes dejarlo. Porque te acompaña en los momentos más cotidianos, a todas horas, como la respiración. La razón queda completamente anulada, y te domina el impulso de abrir la cajetilla y ponerte otro cigarro en la boca.

Te llenas de buenos propósitos y piensas “mañana lo dejo”. O “de este verano no pasa”. Y vas poniéndote trampas, retrasando un momento que no quieres que llegue, que no tienes coraje para afrontar. Y un buen día, reúnes el valor y lo dejas... durante unas horas... un día... una semana... Y vuelta otra vez. Te embruja como el canto de una sirena. Lo intentas con sustitutos, chicles, parches, deporte, hipnosis, acupuntura, cualquier terapia es válida. A veces funciona y a veces no.

Pero como en todo, lo importante es la fuerza de voluntad y QUERER dejarlo. Así que llega ese momento aterrador, la ruptura con el vicio. Y te dices “nunca más”. Los primeros días son una pesadilla. Antes no eras ni consciente de que fumabas, pero ahora sólo piensas en eso. A todas horas.

Olvidarle ha sido algo similar. Las cenizas de sus fotos andarán por ahí, mezcladas con el aire. El papel de sus cartas debe estar ya en una planta de reciclado. Los objetos impregnados con su memoria permanecen al fondo de esa caja que no se abrirá nunca. Sus recuerdos están enterrados bajo detalles cotidianos, experiencias nuevas. Ya no recuerdo su olor, reemplazado por el aroma de alguien distinto. Dejar de fumar y olvidar se basa sólo en eso, en cambiar la rutina.

Y quién sabe si el amor es solamente eso: rutina.

PS. Os dije que hace ocho años dejé de fumar. Lo que no os dije es que sólo duró seis meses, y que retomé el vicio. Sólo seis meses de abstinencia. No pude aguantar y me rendí de nuevo. Y así y todo, definitivamente,... dejar de fumar me costó menos que lo que me está costando dejar de amar.
 
lía
No me preguntéis de dónde salió. Sólo sé que esta tarde mientras volvía en el coche, la canción de Ana Belén sonó en mi CD. La voz de Ana, la letra de Jose María Cano y mis divagaciones, fueron todo uno.

el primer nudo

Lía con tu pelo un edredón de terciopelo que me pueda guarecer si me encuentra en cueros el amanecer.

Quisiera enredarme en tu pelo. Tejer una colcha de tus cabellos y abrigarme en su ternura durante las horas del alba en las que te pienso. Hacerme una venda con tus mechones para que la claridad no deslumbre tu imagen llenando por completo mi cabeza. Que tu pelo de petróleo me envuelva en una cápsula que me aísle del mundo entero, que me convierta en una crisálida, que me transforme en mariposa para jugar con tu melena.

el segundo nudo

Lía entre tus labios a los míos. Respirando en el vacío aprenderé como por la boca muere y mata el pez.

Róbame el aire de los pulmones. Tapa mi boca con la tuya y aspira mi oxígeno hasta que me desvanezca en tus brazos. Y entonces, sin separar tus labios de los míos, devuélveme el respirar en un soplo que parezca divino. Alimenta primero mi corazón, revive después mis músculos, y sólo en el último aliento hazme abrir los ojos, para descubrir que he muerto en tus brazos. Que he resucitado en tu boca.

el tercer nudo

Lías telaraña que enmaraña mi razón. Que te quiero mucho y es sin ton ni son.

No tengo ninguna razón. Ninguna para quererte. Mi mente es una maraña, un ovillo cuyo extremo suelto eres tú, tú eres el principio de mi madeja. Sin por qués. Eres el big bang de mi universo, la explosión que me crea, mi núcleo y mi centro. Todas las telarañas que he tejido son un pañuelo de seda en el que guardarte. Eres mi tesoro, mi más preciada joya. El arácnido de cristal que preside mi dormitorio.

el cuarto nudo

Lías cada día con el día posterior y entre día y día lía con tus brazos un nudo de dos lazos que me ate a tu pecho, amor.

Mira mis muñecas cruzadas en mi pecho. Mira los estigmas en mis palmas. Despliego mis brazos para ti, deshaciendo la cruz que me ha protegido de un mundo lleno de vampiros. Te ofrezco mi cuello limpio para que lo muerdas, porque mi sangre lleva tu nombre. Porque nuestros venenos son antídotos. Abrázame. Anúdame en tu cuerpo y enróscate a mí como una anaconda de besos, fundámonos en la digestión de nuestro amor, hagámonos lazos de caricias.

el quinto nudo

Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón.

Sabes que tus besos son el interruptor de mi mente, que se apaga con su alto voltaje. Sabes que me robas toda la electricidad del cuerpo para lanzarla en escalofríos desde mi cuero cabelludo a mi entrepierna, cortocircuitándome el corazón. Que mis neuronas se olvidan de hacer su sinapsis, aletargadas en el roce de tu lengua y tus labios. Nunca ha existido en el mundo más dulce olvido que tus besos, los que concentran mi cuerpo en la intersección de nuestra palabra.

el sexto nudo

Lías tus miradas a mi falda por debajo de mi espalda, y digo yo, que mejor que el ojo pongas la intención.

No me rondes. Vete al grano. Desliza tus manos por mi espalda hasta llegar a la frontera de mi cinturón. Muévelas entonces hasta rozar la hebilla y comienza a desabotonarme la camisa. De abajo a arriba. Mírame a los ojos en los botones impares. Deja que tus anulares y tus meñiques apenas adivinen mi piel. Y al llegar a mi pecho, quítame el último botón con los dientes. Sin levantar la vista haz caer la camisa desde los hombros y entretente en mi pecho, haz una excursión a mis pezones. Vete a repostar en mi cuello y haz noche en mi ombligo. Antes de romper el día, dirígete sin demora al amanecer de mi pantalón.

el séptimo nudo

Líame a la pata de la cama, no te quedes con las ganas de saber cuánto amor nos cabe de una sola vez.

Y así, desnudo, me injertaré en tus piernas y revolveré mi pelo en tus rodillas. Me dejaré caer de espaldas a tus pies y extenderé las manos hacia atrás. Coge tu camiseta blanca por sus extremos y pásala como una soga por mis brazos, haz una pulsera de tela en mis muñecas. Pero no me ates a la cama. Átame a ti. Espósanos en aros de algodón. Vamos a amarnos hasta que nuestra alianza se rompa de los roces de nuestro sudor.

el octavo nudo

Lías cigarrillos de cariño y sin papel para que los fume dentro de tu piel.

Deja todos los vicios y quédate conmigo. Inhala toda mi nicotina, sórbela de cada uno de los poros de mi cuerpo. La fabricaré para ti. Mi piel responderá a tus caricias trémula como un papel de fumar. Mi saliva hará las veces de todos los filtros. Me haré humo que se adapte a los contornos de tu cuerpo y te recorra descubriendo los lugares más recónditos. Llegaré a todos tus órganos, hasta crearte adicción a mí. Todo tu cuerpo me buscará, seré tu único remedio, tu droga más dulce.

el noveno nudo

Lías la cruceta de esta pobre marioneta.

Sabes como manejarme. Mi cruceta entre tus dedos se dirige a tu voluntad, pero no con tus manos. Si quieres moverme el alma, utiliza tus ojos. Si prefieres accionar mi corazón, usa tu voz. Mis extremidades se articulan siguiendo las órdenes de tu cintura. Soy un títere en tus brazos, sostenido con hilos de oro encontrados en el botín de nuestras noches.

el décimo nudo

Y entre lío y lío, lía con tus brazos un nudo de dos lazos que me ate a tu pecho, amor. Lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón.

No te líes. Ámame.

LÍA
 
quiero y pienso
nudos y redes

Hoy quiero volver a los momentos felices.
Tomarme un respiro.
Quiero aspirar
como si se fuera a acabar el oxígeno.
Hoy necesito subirme a la grupa de la vida,
aunque se revuelva y relinche.
Pienso domarte y amansarte,
adormecer tu andar felino con mi música.

Hoy quiero volver a los sueños profundos.
Tomarme un descanso.
Quiero dormir
como si se fueran a terminar las noches.
Hoy necesito sumirme en el atardecer de la mente,
aunque se esconda y disfrace.
Pienso entenderte y descifrarte,
asimilar tu curso irregular con mi espíritu.

Hoy quiero vivir.
Con uñas y dientes,
con manos y bocas,
con dedos,
con lenguas.

Vida,
te hincaré los colmillos
y sorberé tu sangre en pequeñas dosis,
antes de que me chupes la mía.

El día que me ganes la partida
te habré dejado seca.
 
miro la vida pasar
Solitario
Todas las fotos por Micaela Petroni

No sé si es la acumulación de ausencias o mi trato casi diario con Román lo que está haciendo que su pérdida sea tan dolorosa. Lloré mucho por mi hermano cuando murió en septiembre, hace apenas seis meses, pero llevaba llorándole desde hacía tres meses, cuando cayó en aquel coma fulminante e inesperado. Fue una experiencia demoledora, pero tan distinta. Con mi hermano se murió un pedazo de mi historia y de mis recuerdos, de forma gradual, mientras él se consumía en aquella cama de hospital. Pero me quedó el consuelo de poder acariciarlo y tomarlo de la mano mientras se iba.

Lo de Román ha sido otra cosa. Se ha ido, de golpe y a voluntad. El cable del que se colgó después de atiborrarse a pastillas y alcohol no dejan duda. Y con él se ha muerto una parte de mi vida, de mi presente. Román se ha ido y sólo unos pocos lo conocimos, su entierro no parecía suyo, sino de otra persona. Nadie de allí se enteraba de nada. Decían que si lo hizo por no tener trabajo, porque echaba de menos a su exmujer. Yo tenía ganas de vomitar. Qué atrevida es la ignorancia. A mi lado, Julio, su pareja. Cumplieron dos años el 14 de febrero. Era la vida de Román. Nunca le he visto querer a nadie como a Julio. Y las ciento y pico personas de aquel funeral no tenía ni idea de que aquel chico vestido de negro era el universo de Román, su razón para haberse mantenido vivo en estos últimos años. Su familia sí lo sabe, y lo han mantenido oculto para no manchar la imagen de heterosexual que Román intentó destrozar como pudo en vida. En privado insultan a Julio culpándole de su muerte. Si Román estuviera vivo, les habría tapado la boca.

El Ángel

Yo estoy deshecho de llorarle desde ayer. Le encuentro en todas las esquinas de mi casa, donde compartimos una buena parte de nuestros momentos a solas, mientras él se tomaba una copa y yo me preparaba para salir. Llegaba a las diez, y yo acababa de salir de la ducha. Le esperaba en la puerta, enrollado en la toalla, y se abría la puerta del ascensor para dar entrada a la estrella que era. Con su camiseta de lycra negra sin mangas, sus vaqueros y su pelo de pincho. Siempre con su media sonrisa y su arrastrado y afectado “holaaaaa”. Nos dábamos un beso y él se ponía una copa mientras yo volvía al baño, a afeitarme. El resto de la noche era yo de aquí para allá, peinándome, vistiéndome, eligiendo la ropa, y él detrás de mí con el whisky y el cigarro. Haciéndome reír y contándome las últimas pillerías o golfadas (siempre tenía algunas nuevas). Román tumbado en la cama, Román sentado en la taza del inodoro, Román apoyado en el quicio de la puerta, Román en el balcón hablando desde el móvil. Siempre riéndose e intentando escandalizarme con su vida loca. “Estoy gorda, verdad?” me decía apretándose las chichas. La complicidad y el afecto que hay entre nosotros dos es difícil de explicar, porque se ha forjado a raíz de cuatro años de una intensidad de alto voltaje. Nos peleábamos, nos embroncábamos, nos reíamos, nos contábamos de amores y ligues, nos íbamos juntos a comprar slips de marca. Román era el tipo más ocurrente que me he tropezado en la vida, el más simpático, el más guasón. Eso cuando estaba en su lado brillante, su lado oscuro era de unas tinieblas que te engullían.

Román y Julio, las pocas veces que salían, siempre me llamaban para ir juntos. Íbamos los tres, y muy a menudo se nos unía Carlos. Salimos juntos en carnavales, pasamos juntos el fin de año, los cumpleaños. Román estaba metido en mi día a día. En llamadas de teléfono y mensajes, en cervezas a media tarde, en visitas a mi casa, en ir a pelarnos juntos, en salir a comprar regalos o ropa. Este fin de semana no he querido salir, porque sé que la calle y la noche me lo recordarán aún más. El bar típico de La Laguna no volverá a ser lo mismo sin él, sin sus bailes. “Tienes que bailar tocándote, como si te estuvieras empalmando, como si te encantaras,” me decía enseñándome a bailar house y trance y progressive. Y se chupaba los pómulos, y cerraba los ojos y levantaba la cabeza. Teníamos tanta confianza que hacía con él lo que no hago con nadie, y era bailar en público rozándonos como si fuéramos pareja, cuando él me decía “vamos a poner a tono a todos estos estirados.” Son tantos recuerdos con él, tantas cosas. Nos decíamos mucho que nos queríamos, porque era verdad. Sé que él me contaba entre una de las personas importantes de su vida, igual que yo le contaba en la mía.

El Viajero de los Mundos

De todas maneras, no quiero volveros locos con mis recuerdos de Román. Sé que estoy en un momento crucial en mi vida, que su muerte lo va a cambiar todo, y que será durísimo. Que lo echaré de menos con un dolor que aún no conozco. También estoy seguro de que, aunque no lo olvide nunca, tendré que pasar página y que superaré este episodio. Román, para su desgracia y la de los que le queríamos, era de las personas que se rinden. Yarince no. Yarince se ha levantado ya mil veces, y se levantará mil más.

Empecé a escribir este post no para recordar a Román, porque eso ya lo hago cada segundo del día. Lo empecé para daros las gracias. Estoy lejos, pero me han llegado vuestras muestras de cariño como cañonazos. Me han dado calor. Si alguien se atreve a decir que internet es un medio desprovisto de sentimientos, que venga y me pregunte, porque tengo la prueba de que hay calor, y afecto, y amistad, y un montón de amor. Estuvisteis conmigo en lo de mi hermano y una vez más no me habéis fallado. Sois un tesoro. En la pena me habéis dado un consuelo inestimable. Gracias. Gracias. Gracias.

Para terminar, el mejor recuerdo para Román. Él me enseñó a amar la música de Fangoria, su grupo favorito. No se pueden contar las veces que hemos bailado el No sé que me das o, sobre todo, el Eternamente Inocente. Pero la canción favorita de Román, desde que la escuchó, y me lo dijo mil doscientas veces, es el Miro la vida pasar. Me decía que la canción representaba su vida. La bailaba como en un trance. La he oído una enorme cantidad de veces desde el jueves, pero hoy, su letra, acaba en mi blog, en un guiño para siempre a ese enorme amigo al que quise como a mi vida:

Dentro de mí

Mi indiferencia natural
Curtida en mil batallas contra la pereza
Borrar del mapa todo amor
Porque en mi vida todo acaba como empieza

Y en plan travesti radical
Le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor...

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Pasado el tiempo sigo igual
A veces pienso que he perdido la cabeza
Y algunos días sin razón
Ya ni me late el corazón
En esta cárcel de rencor

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Siempre he sido fuerte
Aunque a veces he dudado
Si la suerte no se ha reído de mí...

Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar


De vuelta a la vida

Besotes, papi. No sabes cuanto cuesta aceptar que no volverás.
 
lotería cósmica
“Estoy pendiente de que me llame papi. No, papi no es mi padre, es mi amigo Román. Pero yo siempre lo llamo así. Me ha enseñado mucho (no todo bueno), pero le estoy muy agradecido. No estaría donde estoy de no ser por él. Nuestra historia es corta pero intensa. Román es irrepetible, un personaje de culebrón, completamente extremo. Cuando se pone trágico le digo “relájate, gloria” (por gloria swamson), y como él también es un cinéfilo, nos partimos de risa. Es un liante, mentirosillo, absorbente, aguafiestas, faltón… pero lo adoro. Nos queremos mucho, y nuestra amistad ha sobrevivido a momentos durísimos. Es la única ex-pareja con quien he logrado conseguir una amistad verdadera y superar la prueba del tiempo.

Tendríais que ver el panorama cuando me llama por teléfono, si me coge en la calle. Desde que veo su nombre en el móvil, ya contesto feliz “Hola, papi!” A la gente alrededor que no sabe de nuestro guiño, ya se le tuerce el gesto al ver a un hombre hecho y derecho como yo hablar así con mi “padre”. No veas cómo se les pone la cara cuando Román empieza con sus bromas picantes y yo le sigo el rollo, con expresiones como “las ganas tuyas de comérmela” o cosas peores.”

Esto lo escribí el 30 de enero. No sé por qué no lo posteé y se quedó por mi escritorio, pululando. Al abrir el word para escribir precisamente sobre Román, me lo encuentro. Tampoco posteé algo que escribí tras su cena de cumpleaños, en noviembre, y creo que ha llegado el momento:

“Quiero mucho a Román, y es sin duda uno de los personajes más peculiares con los que me he tropezado en la vida, apasionado y destructivo a partes iguales. No entiendo cómo ha llegado a la cuarentena, después de tanto alcohol, drogas y desenfreno. Pero ahí está, y a pesar de la multitud de cosas en que no estamos de acuerdo, nos tenemos un cariño sincero. Me alegra que yo sea una de las 3 únicas personas en las que piensa cuando celebra su cumpleaños. Él me empujó a estar donde estoy ahora, y aunque a veces me entran las dudas, es algo que debo agradecerle.”

Ayer Román me llamó a las ocho o así, mientras yo dormía la fiebre. Al contestarle, supe que estaba de pastillas hasta el culo. Le dije que hablaríamos hoy. Luego, serían la una de la mañana, le mandé un mensaje: “Lo siento. Estoy malo, con fiebre, no me dan la baja, y sabes que no me gusta que me llames como estabas. Mañana hablamos, vale? Besotes, papi.” No me extrañó que me llamara sobre la marcha. Hablamos cerca de veinte minutos. Estaba colocado y pasadísimo, y me decía que se iba a trabajar a Madrid, que se mudaba el 24. Que su novio lo había echado de la casa y que tenía que buscar un sitio donde guardar sus cosas mientras tanto. Cuando ya me dolía la cabeza de intentar entenderle le dije “papi, me voy a acostar porque estoy mal. Mañana hablamos con calma, y no bebas ni te tomes una pastilla más.” Me enfadé con él, porque seguía erre que erre. Vamos, una conversación calcada de las mil que hemos tenido cuando Román se mete en uno de tantos episodios de autodestrucción masiva.

Pero ha sido el último episodio. Román murió esta mañana. No sabemos si fue un suicidio o una sobredosis accidental. Y yo no puedo creérmelo, hace apenas 15 horas que hablé con él. La puta lotería cósmica se está cebando conmigo. ¿Dónde me guardo los muertos? Me estoy quedando sin terrenos en el alma.

Cabrón, hace siete días escribía yo en este ordenador mientras tú me volvías loco sentado en esa silla de la esquina. ¿A quién le echo yo ahora la bronca por ser un loco? ¿Qué hago con todos los salvavidas que tenía preparados para ti? Quisiera sacarte a bofetadas del ataúd hasta despertarte, y armarte la de dios por lo que has hecho. Quiero un responsable a quien partirle la cara por llevarse en seis meses a mi hermano y a Román. Quiero los demás capítulos de mi historia para saber cuándo se va a presentar otra vez este dolor secante.

Estoy cabreado con la vida. Volveré a aliarme con ella, pero por ahora que me deje tranquilo, porque se ha ganado a pulso lo de cabrearme.

estarías encantado de saber lo que he llorado hoy por ti. vete limpio, papi. te quiero
 
con las SS hemos topado
La razón por las que me he ausentado del blog ha sido una gripe que me tumbó. Probablemente empezó a incubar hace una semana, el miércoles, cuando fui a buscar el coche de mis padres al garaje. Llovía a mares, y llegué empapado. Anduve húmedo todo el día, porque en el trabajo no tenía posibilidades de cambiarme. El sábado ni siquiera tenía muchas ganas de salir de carnaval, me encontraba mal. Al llegar abajo todo el mundo que me besaba me decía que estaba ardiendo. El domingo no tuve mucho tiempo para sentirme mal, preparando la reunión del lunes en Gran Canaria. Dormí tres horas (fatal). La reunión fue de maravilla, ya que di la talla en los informes y en mi presentación. Sin embargo, me notaba el cuerpo al límite. Migraña, fiebre, escalofríos, sudores, los músculos molidos. Decidí no ir a trabajar el martes, ya que achacaba todo aquel malestar al esfuerzo infrahumano al que me había sometido para que mi participación en la reunión estuviera a la altura, y pensé que un día de descanso me pondría las pilas. Pero me levanté aún peor. Me puse el termómetro y tenía 39 de fiebre. Me pasé el día arrastrándome por casa y llamé para pedir hora con mi médico, porque me encontraba horrible. Me la dieron para hoy a las 2.30.

de pirata - samurai, ya se notaba que estaba fatal de la gripe


Llevo 15 años cotizando. Y en ese periodo he tenido sólo 3 bajas. Hoy llegué y había una doctora sustituta, Doña Julia Giménez. Me auscultó, me dijo que dejara de fumar (dónde he oído eso ya?) y me mandó expectorante y eferalgán. Y no me dio la baja. Yo me quedé medio a cuadros, pero no dije nada. Me fui cabreado pensando que tendría que pedirme dos días de vacaciones, como si hubiera estado de playa, cuando había estado mareado y febril. Volví a las dos horas, después de haber meditado bien el asunto, para hablar otra vez con ella. Ya no estaba. Pero resulta que mi madre la conoce (las vueltas de la vida, había atendido de urgencias a mi abuela hace años), y tenía su móvil. La llamó. Le dijo la doctora que no me dio la baja porque no se la pedí. Que fuera mañana a consulta y me la daba con fecha de hoy. Porque no se la pedí. Le dijo que ella pasa la gripe trabajando. Claro, probablemente ella tiene la suerte de bajar a trabajar caminando o en taxi, pero que yo me tengo que hacer 60 km de autopista de ida y otros 60 de vuelta. Y que 39 de fiebre, cefaleas y náuseas no parecen el mejor estado para ponerse tras un volante. Encima, como te atienden como si tuvieran el coche en doble fila, ni se enteró que llevo así desde el sábado, y que precisamente por ir a trabajar (encima con viaje de avión por medio) es por lo que me puse peor.

esos 'chaps' negros sobre los vaqueros son una incomodidad


Que le den a la doctora Julia. No pienso ir mañana a consulta porque empeoraría mi estado el verle el careto. Me iré a trabajar, cogeré mi coche con más precaución que de costumbre, e intentaré rendir lo que pueda. Me pediré estos dos días como vacaciones. Con gripe, sí, pero con dignidad. No me tomaré el eferalgán. Haré mi vida como si no tuviera nada, porque en realidad es lo que ella quiso darme a entender con su diagnóstico. No me abrigaré, para qué? Saldré por la noche en mangas de camisa y me tomaré una cerveza helada. Con un poco de suerte el lunes estaré de nuevo en su consulta, esta vez con un cuadro gripal tan escandaloso que tendrá que darme la baja sin tener que pedirla.

el samurai a través del espejo


Creo que a uno la baja se la tienen que dar cuando está mal. Para eso, entre otras cosas, se cotiza. Uno no tiene que pedirla, porque es un derecho. Estoy harto de que en la vida haya que ser un caradura para que se haga justicia. Me jode que resulte ser verdad eso de “el que no llora, no mama.” No, coño, debe mamar el que tiene hambre o lleva más tiempo sin comer. Porque el que está desfallecido a veces no tiene ni fuerzas para llorar.

Mientras esperaba hoy para que me atendiera un médico de urgencias por fuera del ambulatorio, pensaba que después de 36 años iba a ser este episodio con Doña Juana lo que me iba a hacer convertirme en un caradura como tantos. En un gritón que monta números para que le hagan caso. A veces me gustaría serlo, pero son ocasiones contadas, porque en el fondo yo no soy así. Soy feliz de ser un tipo tranquilo y no voy a dejar de serlo por un profesional amargado.

o el sombrero de vaquero es demasiado grande o mi cabeza demasiado pequeña


Yo en mi trabajo tengo a menudo trato con el público. También cuando ayudo a mi madre en la tienda. Y cuando me encuentro con gente humilde, sencilla, que no vocifera ni ordena, es cuando me entrego en un 200%. A veces se presentan en mi despacho profesionales de la eólica con sus gemelos de oro a “exigirme” datos y estadísticas como si yo fuera su esclavo. Yo sonrío y les digo “por supuesto”. Y luego los tengo esperando meses y no contesto a sus llamadas de teléfono. Cuando lo hago, soy frío y distante y les comunico que mi departamento tiene en ese momento otras prioridades que tengo que atender antes. Pero a veces llama un estudiante que prepara su tesis. Llama para pedir cita, porque valoran que estás trabajando y debes buscar un hueco para atenderles. Vienen y te piden tímidamente los datos que necesitan, cuando tú puedas dárselos. Y es con esa gente con la que yo me vuelco. No me importa quedarme al terminar el trabajo para prepararles la documentación, más de la que me pidieron, o para sentarme con ellos y explicarles papel en mano lo que les haga falta. Es esa misma gente la que, además de ser sencilla, es generosa y agradecida, y te llaman cuando aprueban su tesis, y te mencionan en sus agradecimientos, o te aparecen un día con una bolsa de lapas o unas botellas de vino de la finca de sus padres. Yo le doy de mamar (qué mal suena eso) al que no llora, porque a los otros ya les dará el resto del mundo. Y es que siempre me han molestado los niños mimados y maleducados.

la pose pícara, idea de Carlos


Madre mía, la fiebre debe haber puesto a hervir la mala leche. Ni yo mismo me reconozco. Para intentar paliar la acidez (por la que os pido disculpas, pero me encuentro mucho mejor tras haber desahogado), una pequeño párrafo que escribí en mi estado gripal:

Entra las alucinaciones te me has aparecido, agazapado tras una de las mantas. Al ir a tocarte te has escurrido por entre los almohadones hasta quedar a mis pies, y has ido subiendo como un escalofrío por mis piernas para demorarte un rato en mi sexo. Te has quedado allí, haciendo esperar a mi boca, que sabes como yo que es nuestro destino. Ha sido entonces cuando el calor me ha invadido como una fiebre, empapándome la piel para favorecer tu ascenso. Me di la vuelta para no sufrir tu espejismo, pero de nada sirvió, porque los espejismos no sólo se ven, sino se sienten. Como sentí tu lengua deslizándose disco a disco por toda mi columna vertebral hasta llegar a la base de mi cuello, sintiendo todo tu peso sobre mí. Metiste el rostro en las cavernas de mis clavículas y con tus manos me giraste la cara, enterrada en la almohada, para robarme el perfil. Pensé que ibas a besarme, pero tus labios sólo rozaron los míos y se posaron allí, compartiendo mi aire. Me giraste levemente todo el cuerpo hasta quedar frente a frente. Y comprobé que tu fantasma es un recortable de recuerdos, y tus dedos lápices para colorear leyendas. Que tus besos son paracetamol. “He venido a cuidarte,” me dijiste. “Has hecho mal,” te contesté. “Con alucinaciones como tú, no quiero curarme.”

la mirada del cowboy


PS. me encuentro mucho más relajado. Con 38 y medio, pero relajado. Tanto que creo que mañana iré a la consulta con cara de poker para que me dé la baja de marras, porque si empiezo a coger autopista, con los microclimas de esta isla, voy a acabar fatal. Iré de buen rollo, pero si me dice algo de que tenía que haberla pedido, le contestaré. De forma tan educada que no podrá contestarme. Y de forma tan cínica que se dará cuenta de lo que le he dicho al minuto de salir por la puerta.
 
san calentín
Varias cosas. Al final mi carta de amor, la que publiqué el sábado, no ganó. Creo que me supo peor no ver entre los ganadores a algun@s amig@s que esperaba. Tendremos que seguirlo intentando. En el fondo me he sentido muy afortunado y premiado con vuestras muestras de afecto con mi carta. Gracias de corazón.

Debía haberla publicado hoy, para celebrar San Calentín (asco de fiesta, por otro lado, dedicar un solo día al amor). Pero vamos a ser políticamente correctos y no tirar piedras a los escaparates llenos de peluches de cupido y bombones en forma de corazón.

Pero antes de mandaros besotes y abrazotes para las fiestas rojas, deciros que mañana por la noche, a la vuelta de mi viaje de Gran Canaria, que me ha tenido todo el fin de semana de cabeza preparando las presentaciones e informes, podré sentarme a hacer algo que no he podido en los últimos días y que estoy deseando. Ir a veros a todos por vuestros blogs. Dejad las puertas o las ventanas abiertas, porque mañana al caer la tarde me colaré por vuestros mundos a dejaros mensajes en las mesas de noche.

Y ya sólo me queda felicitaros con un montaje fotográfico que hice por estas fechas el año pasado. Es un hermanamiento entre una foto mía y un fotograma de la serie Ángeles en América. Me gusta, me hace sentir arcángel, ícaro. Y os la mando con la música por excelencia del amor. Ne Me Quitte Pas, de Jacques Brel

un ángel en medio de las ruinas


NE ME QUITTE PAS

Ne me quitte pas
Il faut oublier
Tout peut s'oublier
Qui s'enfuit déjà
Oublier le temps
Des malentendus
Et le temps perdu
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parfois
A coups de pourquoi
Le coeur du bonheur
Ne me quitte pas


No me dejes. Tenemos que olvidar , todo puede olvidarse, desaparecer. Olvidar el tiempo de los malentendidos, y el tiempo perdido sin saber cómo. Saber cómo olvidar aquellas horas que mataban a veces a golpes de porqué el corazón de la felicidad.
No me dejes.

Moi je t'offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas
Je creuserais la terre
Jusqu'après ma mort
Pour couvrir ton corps
D'or et de lumière
Je ferai un domaine
Où l'amour sera roi
Où l'amour sera loi
Où tu seras reine
Ne me quitte pas


Yo te ofreceré perlas de lluvia venidas de países en los que no llueve. Yo cavaré la tierra hasta después de mi muerte para cubrir tu cuerpo de oro y de luz. Construiré un país donde el amor será rey, donde el amor será ley, donde tú serás reina.
No me dejes.

Ne me quitte pas
Je t'inventerai
Des mots insensés
Que tu comprendras
Je te parlerai
De ces amants là
Qui ont vu deux fois
Leurs coeurs s'embraser
Je te raconterai
L'histoire de ce roi
Mort de n'avoir pas
Pu te rencontrer
Ne me quitte pas


No me dejes. Yo te inventaré palabras insensatas que comprenderás.
Yo te hablaré de aquellos amantes que vieron dos veces abrazarse sus corazones. Yo te relataré la historia de aquel rey muerto por no haber podido encontrarte.
No me dejes.

On a vu souvent
Rejaillir le feu
De l'ancien volcan
Qu'on croyait trop vieux
Il est paraît-il
Des terres brûlées
Donnant plus de blé
Qu'un meilleur avril
Et quand vient le soir
Pour qu'un ciel flamboie
Le rouge et le noir
Ne s'épousent-ils pas
Ne me quitte pas


Se ha visto a menudo resurgir el fuego del antiguo volcán que creíamos demasiado viejo. Hay, al parecer, tierras quemadas dando más trigo que en el mejor abril. Y cuando cae la tarde para que un cielo resplandezca, el rojo y el negro no se desposan.
No me dejes.

Ne me quitte pas
Je ne vais plus pleurer
Je ne vais plus parler
Je me cacherai là
A te regarder
Danser et sourire
Et à t'écouter
Chanter et puis rire
Laisse-moi devenir
L'ombre de ton ombre
L'ombre de ta main
L'ombre de ton chien
Ne me quitte pas


No me dejes . Yo no voy a llorar, yo no voy a hablar. Me esconderé allí para mirarte, bailar y sonreir, para escucharte, cantar y luego reir. Déjame convertirme en la sombra de tu sombra, en la sombra de tu mano, en la sombra de tu perro.
No me dejes.
 
la carta de amor
Prefacio

En menos de una hora leerán el fallo del concurso de cartas de amor. No creo estar entre los afortunados, y no lo digo por falsa modestia. Cuando mandé El Niño Rojo al concurso de cuentos, sabía que tenía posibilidades de ganar. Pero no sé por qué, no me siento igual con las cartas. Me costó mucho decidirme entre todas las que escribí, tanto que dejé que lo hiciera el azar. El azar, mi gran aliado, creo que eligió la más adecuada. Ahí va la carta, sin imágenes, porque esta vez quiero que las escenas las dibujen vuestras cabezas. Luego, en un epílogo, os cuento más cosas.

La carta

Dulce J.,

Me siento un poco extravagante escribiéndote cuando no sé quién eres. Pero ya sabes que mi amiga la bruja, Amanda, nunca suele equivocarse. Ayer me leyó los posos del café y me dijo que tu nombre empieza por jota, como si esa información fuera nueva para mí. Lo sé porque es la forma que siempre se dibuja cuando miro las nubes, la inicial que se repite automática cuando hago garabatos en un papel. Recuerdo incluso la vez que soñé que me operaban a corazón abierto, y todo el instrumental médico tenía forma de jota.

Pues resulta que me ha dado un conjuro, un ritual para convocarte, a ver si apareces de una vez, porque te estás haciendo esperar mucho. Demasiado, diría yo. Tengo que escribirte una carta, aunque eso ya te lo habrás imaginado, porque seguro que eres muy inteligente. Y cuando la tenga terminada debo hacer con ella un avión de papel con unas instrucciones muy específicas, en función de cómo quiero que seas. No me ha costado decidirme, porque lo sé desde hace tiempo. Serás un avión más largo que ancho, porque a mí no me van los puentes aéreos. Tendrás las alas anchas para darme estabilidad, y mojaré la punta en mi colonia para que siempre persigas mi rastro. Te arrugaré porque quiero que llegues con experiencia en otros vuelos. Te pintaré mi nombre en el fuselaje como si fuera un tatuaje. No rajaré el papel para ponerte alerones, porque preferiría que te estrellaras antes de hacerte daño. Pero sí te pondré un tren de aterrizaje hecho con palillos y te colgaré una bolsa de infusión donde puedas repostar combustible si tienes alguna emergencia.

Cuando te haya terminado, debo tirarte desde la azotea de mi casa. Eso dice Amanda, pero no le voy a hacer caso. Prefiero lanzarte desde el Roque donde vi el último eclipse de luna. Es un sitio increíble, ya lo verás. Si no sabes volar, la caída será espectacular, porque hay cerca de dos mil metros de altura, pero si consigues planear, quién sabe dónde podremos llegar. No sé si te gusta arriesgar, pero a mí sí. Y pienso subirme a tu avión, cuando aterrices por mi casa, y lanzarme al vacío contigo. No quiero que seamos cometas, agarrados siempre al suelo firme. No vamos a ser marionetas colgadas de los hilos de la familia, los amigos y el barrio. Iremos por la vida a mil pies de altura, donde no se oyen los cotilleos ni se ven miradas de soslayo. Estaremos a tanta presión que se reventarán todas las críticas. Los murmullos no podrán ni siquiera respirar.

Estoy deseando comenzar ese viaje contigo. Los dos solos, sin sobrecargos ni auxiliares de vuelo. Nos turnaremos para llevar los mandos, porque no deberemos perder la ruta, y seremos diestros para evitar los obstáculos. De vez en cuando pondremos el piloto automático para apartar la vista del camino y mirarnos a los ojos. Yo llevaré una canción infinita para que no nos falte la música, y tú un libro de arena para que nunca nos quedemos sin cuentos. Capearemos las tormentas porque nuestro avión es rápido, y con sólo elevarnos nuestra travesía continuará por encima de los nubarrones negros. Sus rayos, lejos de rompernos en dos, llenarán de luz nuestra cabina. Nuestros días no tendrán noches, porque sobrevolaremos el círculo polar.

Va siendo hora de despedirme, J. Dice Amanda que la carta no debe tener más de novecientas noventa y nueve palabras. Sólo quería decirte que me ha gustado hablar contigo. Planear nuestro viaje. Es una locura, pero me ayuda a sentirte más cerca. Me dará pena desprenderme de ti, echarte a volar desde lo alto del Roque. Tanto que, ahora que lo pienso, no lo haré. Amanda siempre me convence para hacer las locuras más grandes y nunca dan resultado. Aún recuerdo cuando me hizo lavar las ventanas de casa con zumo de pomelo para atraer la prosperidad, y aún sigo llegando con dificultad a fin de mes. Hoy cambiaré su conjuro, porque el amor no debe tirarse a un precipicio. Ahora que te tengo aquí, en esta hoja blanca de un bosque de palabras, creo que voy a guardarte. En esa caja donde guardo las hojas de cada invierno que he pasado sin ti. Serás una perla entre sus nervios amarillentos y rojizos.

Y el día que tu J se adorne con otras consonantes y vocales haciendo música, el día en que te conozca, te entregaré este testamento premonitorio de nuestro amor. Te lo daré en ese mismo roque donde tenía pensado separarme de ti, para que llegaras. El día que amanezcamos nuestras noventa noches juntos. Estaremos a lo largo, en la gruta que se esconde tras las retamas, tendidos en una manta de alas anchas. Pasearé mi lengua por tu nariz, para que nunca pierdas mi rastro. Pintaré los surcos que te nacen de los ojos sabios y me dibujarás con savia el junco de tu inicial en el cuello. Las hojas del otoño serán nuestro tren de aterrizaje. Y nos beberemos el té que trajimos para entrar en calor, porque nuestro amor ya irá cargado de combustible.

Y cuando llegue ese momento, no me tires del Roque. Guárdame en el arcón que seguro estás llenando con las hojas que arrancas de los libros que lees esperándome. Mientras tanto, aquí me quedo, en esta caja de otoño. Sáltate el invierno y ven a cambiarme el orden de las estaciones.

Hasta pronto, J. No te retrases.

Brel

Epílogo

Rara la carta de marras, eh? Una amiga me dijo que era su favorita, pero que era arriesgada porque tenía muchos niveles. Primero conviertes a una persona que no conoces en un avión. En un giro, el avión se convierte en el escenario del amor de los dos amantes, para finalmente, cuando aparezca la persona invocada, convertirse en un simple trozo de papel que entregar como un regalo de amor. Es entonces cuando doy un triple salto mortal, convirtiendo a quien escribe en un objeto en manos de esa persona que por fin ha aparecido. En ese avión de papel que espera en una caja llena de hojas.

No podía firmarla como Yarince. Así que, en un ataque de inspiración, usé el nombre de Brel. Habréis notado que no hay ningún género que indique el sexo de los protagonistas, y lo hice de forma intencionada. La firma debía ser igual de ambigua, y durante toda la redacción de la carta, me llenaba la cabeza el nombre de Gabriel, un arcángel de papel. Así que de ahí fue de donde lo saqué., para de paso hacerle un homenaje a la mejor canción de amor, Ne me quitte pas.

Obviamente Brel es un personaje imaginario. Pero tiene mucho de mí y de lo que yo entiendo por amor. La gente se cree que el Amor llega a tu vida, pero yo no lo veo así. El amor ES la vida. La capacidad de amar, que no todo el mundo la tiene, se cristalize o no en otra persona, es ya amor. Brel está enamorad@, qué más da que el objeto de su amor sea aún desconocido? El Amor es una corriente, igual que la electricidad. Siempre está ahí, aunque no lo veamos. Y las personas que pasan por nuestra vida, ésas en las que volcamos el amor, son lámparas que lo transforman en una incandescencia.

Espero que os haya gustado, porque la escribí para vosotros, y no para el concurso.
 
desnudos, solos
desnudo

Hoy, en mi deambular por vuestros blogs, me encontré con un post con el mismo título que uno que escribí allá por septiembre. Seguro que es una señal, por eso lo recupero esta tarde, acompañado de los desnudos sublimes fotografiados por Pablo Herrerías y por su autorretrato. Porque retratan la soledad:

desnudo

"El día que te fuiste pasó un ciclón por mi cuarto. No lo anunciaron en el parte meteorológico, ni siquiera los vecinos se percataron de ese rastro desolado. Instaló su mirada de inmenso cíclope sobre mi alfombra y se alimentó de mi aire, sorbiéndolo de mis pulmones, para arremolinarse en las paredes y en los armarios, entre las sábanas y las persianas. Le dio la vuelta a los cuadros, desordenó los cajones, y lanzó la ropa hecha jirones por la ventana. Levantó el colchón y lo partió en dos, llenando de espuma naranja las mesas en las que siempre sería de noche. Deshojó los libros y repartió su otoño por las esquinas.

Nadie fue consciente de aquel siniestro. Ni las visitas de amor que se acostaban en el camastro hueco y dividido, elogiando entre humo de cigarros las traseras de los cuadros, leyendo un libro del que sólo quedaban las tapas. Y yo, sin aire, deambulando perdido por nuestro amor declarado zona catastrófica. Donde lo único que permanecía intacto era el arcón de roble a los pies de la cama, solemne, guardando las últimas sábanas que sudamos, las reliquias de tu ropa olvidada, y la nota amarilla que dejaste, con el conjuro que desató el vendaval.

desnudo


Pensé que me habías reventado. Que me habías dejado hueco, en blanco. Las telas convertidas en esparto, tus madreselvas oliendo a agua.

Tú tampoco notaste nada el día que volviste. El día que apareciste en casa, abriendo con la llave que usabas a diario antes de que los goznes chirriaran y de que la cerradura se oxidara con los elementos. Y me cogiste de la mano y me llevaste al escenario de nuestra ternura a protagonizar un flashback a un día soleado, sin brumas ni lloviznas. Y extrajiste aire de mi boca y humedeciste mis labios desiertos.

La brisa me revolvió el pelo, presagiando el inicio de una tormenta. Quise hacer caso omiso de las señales del tiempo y volver a aquel pasado seguro, donde no existían los pronósticos de glaciación. Pero ante la certeza de que mi estancia no soportaría una nueva helada tuya, respiré el aire robado y sequé tu agua gélida posada en mi boca.

Me miraste con sorpresa y descubriste que soy inmune a una nueva catástrofe. Te miré con lástima y sentí que no podrás soportar el seísmo que en esta ocasión se librará en tu alma."

A menudo hablo demasiado y a destiempo. Ya me decía mi amigo José Luis que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Así que hoy, a pesar de tener tantísimo que decir... callaré.

PS. Mañana vuelvo, vestido de pirata por votación popular.

autorretrato
 
cenizas de pez
Hoy, un poco de arte del fotógrafo Peter Rodger. No será la última vez que aparezca en mi blog, porque su obra es fantástica.

Malibu, 1997

Parece que el carnaval ha terminado, pero no. Hoy miércoles de ceniza acaban de bajar el cadáver de la sardina (en Tenerife es el chicharro) hasta la plaza. La velaremos durante dos días, y el viernes será la ceremonia del crematorio. Después, festival de reggaeton hasta la madrugada. No sé si sabéis que toda la música hispanoamericana que llega a la península pasa antes su prueba de fuego en Canarias. Si tiene éxito aquí, dan el salto al continente. Os diré que hace dos años (por lo menos) que empezamos a oír aquí la famosísima Obsesión, del grupo Aventura. Yo la detesté desde el principio, aunque me partía el pecho de risa cuando dice la chica con su vocecita “no puedo, tengo novio!” Pues eso, que nosotros estamos de reggaeton, de héctor y tito y don omar hasta no les digo dónde.

Lo que quería decir es que este fin de semana es la piñata del carnaval. El último cartucho ya metidos en cuaresma. El sábado promete ser una fiesta de escándalo, porque no es probable que llueva y se lanzará todo el mundo a la calle. Probablemente repita el disfraz de poli, o de caco, aunque todavía estoy por decidir si me pongo dos que me quedan en el baúl, el de pirata y el de vaquero. Ya os iré dando testimonio gráfico, puntualmente.

London, 1992


Quería poneros algo que escribí en una lista donde posteo cosillas. Un colistero con quien tengo muy buen feeling y que se llama Javi, comentó algo de que se había muerto con el corazón reventado por no haber terminado de aprender a querer a otra mujer. Me llegó al corazón su confesión, y le escribí lo siguiente:

“Se le reventó el corazón y sólo entonces supo que su sangre era mercurio, mientras veía las gotas de plata repartirse por su cuerpo entero. Su cuerpo inanimado quedó tendido sobre un nombre trisílabo, en los restos humeantes de su propia troya. Pasó mucho tiempo, lleno de caminantes que no se agachaban a comprobar su aliento, seguros como estaban de que no quedaba vida en sus restos.

Hasta que un día, una mujer con sandalias de espuma, nombre monosílabo y dedos de termómetro se descalzó a su lado y se tendió sin prisas. Pasó sus yemas por el cuerpo muerto, guiando con sus huellas la sustancia imantada que se desperdigaba por todos sus miembros. Trazó mil rutas por venas y arterias, en un largo viaje, llevando la esencia de hermes a la estación del pecho. Y Javier abrió los ojos sobre una arena sin nombres a un horizonte sin humos.”


Golden Triangle, Thailand


Hoy recibí mensaje de Juanjo (os acordáis? Aquel viejo amigo reencontrado?), preguntándome qué tal estoy, que tiene ganas de verme. Hemos quedado para la semana que viene, después de una reunión de trabajo que tengo el lunes en Gran Canaria. También aclaré cosas con Claudio, cosas que necesitaba decir, porque lo aprecio un montón y no me gustan las tinieblas. Román también se pasó por casa hace una hora (me forzó a abrirle la puerta prácticamente) para volverme loco con las historias de su novio, que si lo dejo porque no me quiere, que si no le quiero, que si quiero espacio, que si no quiero sufrir con él. Román siempre me saca de mis casillas con su capacidad para cambiar de argumento a cada minuto, es imposible seguirle el rastro. Total, que tras media hora larga se acabó yendo con un amigo suyo a un centro de desintoxicación donde el amigo está acudiendo para ligar con un enfermero o no sé qué que está muy bien. Pero bueno, siempre es mejor eso que cuando se dedicaba a enrollarse con todos los novios que se echaba su exmujer. ¿No se me va a disparar la imaginación para escribir teniendo amigos tan fascinantes y decadentes como Román?

Nottingham Station

Pero EL mensaje es el que me llegó hace unos minutos, mientras escribía este texto. Mensaje de Gustavo, que me pone cada vez más difícil que este fin de semana intente olvidarlo y pasar página en otros lomos. Sé que no debería reproducirlo aquí, pero reconozco que me ha impactado y me ha dejado con el corazón tiritando y un brillo en los ojos. Sus palabras se merecen figurar en una página donde intento contar mis secretos de la forma más bella posible. Porque ha sido sorprendente darme cuenta de que Gustavo también es un poeta. Me dice que no puede dormir, y que yo soy el culpable. Que le falta el olor de mi piel, el calor de mi cuerpo, el sabor de mis besos, el tacto de mis manos. Dice que le dejé sin sentidos. Que todos se quedaron conmigo.

Cafe London


Le contesté que lo tengo atado a mi cuello e incrustado en mi cabeza. Que esta noche iré a verle en sueños. Gustavo me dejó luz, sin duda. Y en su ausencia, con sus mensajes, en este invierno frío, me está calentando el corazón.
 
las fuerzas de seguridad
la mirada secreta

Pasó otra noche más de carnaval. Pasó por agua, porque cayó la de dios. Sigo feliz y cansado. Ayer lunes, como estaba previsto, el chico volvió a la península. Pero no sin antes escabullirse de nuevo de sus amigos y venir a dormir a casa. Me gusta dormir con él. Que se duerma en mi cuello. Buscar su calor a mitad de la noche.

Hablamos ayer por teléfono mientras esperaba que mis amigos llegaran a casa. En el mismo día nos despedíamos con un beso y apenas unas horas más tarde hablábamos con miles de kilómetros entre ambos. Le dije que la noche no sería lo mismo sin él. Me dijo que su cama estaba fría y que no sería lo mismo dormir sin mí.

para ir de poli hay que ponerse chulo


Efectivamente, la noche fue distinta. Vinieron Carlos, su pareja (Felipe), y un amigo suyo que es sobrecargo en Air Europa (llamémosle Otto). A Otto yo lo conozco de que ha salido con nosotros un par de veces. Es un pibe muy simpático, guapetón, con un pelo precioso. Tenemos buen rollo y ya está. Ayer me tocaba ir de policía, y será por el uniforme, pero es un disfraz que siempre ha dado mucho morbo. Pues a este chico le dio un morbo que para qué. No hacía más que tocarme y decirme cosas. Le dijo a Carlos y a Felipe que yo estaba estupendo, que había que ver lo bueno que estaba. Carlos me lo dijo, por si yo quería rollo con él. Le dije que no, por razones que no vienen al caso.

un cigarro en medio de la ronda

Pues no paró en toda la noche. Estando ya en la plaza, llena de gente, cruzó la línea y me dio un pico en la boca. Lo vi venir, pero me dio cosa quitar la cara. Pensé que tampoco era para tanto. Pero el chaval aprovechó el momento para sacar la lengua y metérmela en la boca. Entonces sí aparté la cara. Era lo que me faltaba anoche.
Una amiga de Felipe se quedó también loca conmigo (según me dijeron él mismo y Carlos). Ella también me lo dijo, pero no suelo creerme los piropos, porque a menudo me suenan a cachondeo. Otra piba vestida de cabaret se encariñó conmigo y no me dejó tranquilo hasta que le regalé una chapa. Cuando comprobó que perdía el tiempo, intentó “venderme” a su hermano, al que conozco de vista desde hace años y me gusta, pero yo tenía la cabeza en otro sitio. Perdí las gafas de sol, menos mal que me habían costado cinco euros. Me encontré con Timi, un ex, y con el frío que hacía iba sólo con un taparrabos (le chifla lucir ciclos). Tiene gracia, el día que menos me apetece ligar, cuando pongo peor cara y quiero irme a la cama solo, es cuando me salen los ligues como champiñones.

de patrulla en un dormitorio


En fin, que el amor me ha driblado otra vez, pero como os decía, estoy feliz. Sé que Gustavo (le he buscado un nombre bonito, eh?) será un buen amigo, que nos daremos saltos de vez en cuando para vivir unos días de pasión mientras estemos sin pareja, y que poco a poco iremos volviendo a la realidad de la distancia. Me alegro una barbaridad de habérmelo tropezado y no voy a lamentarme de que vivamos tan separados. Nos conocimos así, y así va a seguir siendo. ¿Lo importante? Que lo conocí. Me quedo con eso, con su voz al teléfono, y con un maravilloso recuerdo.

apatrullando la ciudad
 
las fiestas de la carne
el primer día del carnaval
Uno de mis disfraces favoritos: el caco

No es de aquí y tiene nombre de artista. Había esquivado a sus amigos para bajar solo a la plaza y tomarse una copa. Iba disfrazado de animal con un mono de tela que deformaba su figura con un aro a la altura de la cintura. Carlos estaba el viernes especialmente parlanchín, y no paraba de hablar con todo el mundo, aunque eso no es raro en carnavales. Me lo presentó. Ni siquiera recuerdo de qué hablamos, porque ya llevaba encima unas copas. Además estaba pendiente de otras historias, como quitarme de encima a unos cuantos moscones que se creen que por ser guapos nadie les va a decir que no.

Me dijo que nunca había besado a un hombre en público. Le dije que para todo hay una primera vez. Y a partir de aquel momento, ya no podrá decir lo mismo. Al despertarnos ayer por la mañana pude ver con claridad su tatuaje en la espalda. Un puma negro alado, de unos tres centímetros, en su cuerpo perfecto. Para mí fue la primera vez que besaba a un felino. A media mañana me llegó un mensaje suyo. “Aún puedo oler tu piel.” Yo aún podía sentir la suya. Porque con toda sinceridad, ha sido el mejor polvo de mi vida. En realidad, los mejores.

el segundo día de carnaval
El disfraz de este año: años 50, los T-Birds de Grease. Pelucón con tupé, brillantina, camiseta y pantalones negros, calcetines blancos y mocasines.

Me llamó por la tarde y le invité a dormir la siesta. Dormir no dormimos, pero tuvimos tiempo de hablar y de conocernos mejor. Me reí mucho cuando me comentó que le ha dicho a los amigos con los que ha venido a los carnavales que ha ligado con una chica que se llama ‘Anabel’. Le dije que podía haberme dejado escoger el nombre. Se fue a las doce y yo estaba más cansado de lo que he estado nunca. Pero no me importaba.

Vinieron mis amigos y nos disfrazamos para otra noche de máscaras. Y él volvió a la plaza a buscarme. Le cayó de maravilla a todos mis colegas, que no paraban de repetirle que se viniera a trabajar a Tenerife. Él me dijo que no quería irse. Que no se cansa de besarme y de tocarme. Yo le dije que podría volverme loco por él.

Esta mañana, intentando reunir fuerzas para levantarnos de la cama para comer, me pidió que le desatara el precioso collar de caracolas que tenía atado al cuello. Me costó deshacerle el nudo, porque hace tres años que no se lo quita. Me hizo girarme con suavidad y darle la espalda, para poder deslizar el collar en mi cuello. Lo ató, y yo no sabía qué decirle. Lo miré a los ojos y quise que se pararan todos los relojes del mundo.

Se va mañana. Ésta será la última noche, pero no me siento triste. Aparte del collar me deja otro regalo en mi vida del que no es consciente. Luz.

mirada azul sobre ropa negra
 
ícaro
Icarus 3

Después de tres días sin tiempo para hacer absolutamente de nada, ni siquiera escribir, vuelvo. Sigo sin minutos por mil razones, ninguna mala, pero he rascado aquí y allá para poder postear después de tanta ausencia. Mañana da comienzo una semana de infarto que llenará de crónicas mi blog. Quizá sea la semana del año que más me marca, la que deja más rastros, pero de todo eso ya empezaréis a enteraros mañana. Será divertido, os lo prometo.

Y debido precisamente a eso, hago un tránsito antes de la vorágine para convocar un remanso fotográfico con la serie de fotografías Icarus, de Maggy Milner. En realidad tenía pensado escribirle a mi gran amor, porque tengo muchas cosas que decirle. Sé (y espero) que no será mi gran amor durante mucho tiempo más. Aparecerá alguien que lo desplazará en intensidad o proximidad, pero hasta que ese alguien llegue, él es mi gran amor y no habrá mejor momento que ahora para rememorarlo, sin que sepa nada. He estado pensando mucho en él últimamente, más que de costumbre. Mucho más. Desde el viernes no me lo quito de la cabeza. No sé si también experimentáis la ambivalencia enorme que se da cuando recuerdas a alguien a quien quisiste, o que aún quieres, y con quien ya no estás. Hay días en que no quiero saber nada de él, en que le cantaría las cuarenta si lo tuviera delante, en que me doy cuenta de tantas cosas que podría reprocharle, llenarlo de por qués. Y otros sin embargo, siento que aún le quiero y le necesito. Que los demás son malas imitaciones suyas y que fue un gran error dejarle escapar. Me vuelvo loco en ambos extremos, como si la balanza fuese incapaz de decantarse por el peso del amor o del desamor. Me desasosiega más no saber quién de esas dos personas soy, que desconocer lo que siento realmente por él.

Icarus 2

Toda esa comezón lleva mucho tiempo haciéndome pensar hasta el límite de la migraña. Es doloroso analizar la forma que tenemos de amar, si es la correcta para que nos quieran como nosotros queremos que nos quieran. Es frustrante saber que a lo peor lanzamos señales imperceptibles que atraen a la gente equivocada. Yo he comprobado que el amor no es un vaso comunicante, casi nunca están los dos al mismo nivel. Cuando uno empuja, el otro retrocede. Cuando uno se desborda, el otro se contiene. La estrategia más adecuada para tener un amor balanceado es ser analítico. Pero mezclar los sentimientos con estrategias y análisis me parece muy mala política.

Algún que otro ex me ha acusado de “pensar” demasiado, pero no es cierto. Puede parecer que estoy analizando porque me vuelvo meditabundo y ensimismado, y cuando abro la boca tengo las palabras adecuadas para expresar cómo me siento, pero no porque lo haya ensayado. Es simplemente que me gusta ser preciso y elegir bien las palabras. No hablo por hablar, cuando me decido a explicarme tengo ya las cosas muy masticadas. Eso me convierte en un adversario dialéctico prácticamente invencible, y eso no suele gustar demasiado. Yo no pienso demasiado, pero sí soy demasiado intuitivo, y eso es una peculiaridad emocional. Me bombardean los pálpitos sobre situaciones y gentes, como si estuviera sintonizado en una onda nada terrenal. Es una característica que se trabaja, yo antes era negado a ese tipo de percepciones. Pero cuando me llega la sensación de que las cosas no van bien, sé que es así. Y como detesto la respuesta “no sé”, antes de hablar y cristalizar ese pálpito busco la razón, o las posibles razones. Por eso no me lo pienso mucho en romper una relación que no funciona y que sé que no tiene arreglo. Sin embargo eso no quita para sentirme fatal y echar de menos a esa persona, como me pasa con mi gran amor. Sé que hice bien en terminar con él, y volvería a hacerlo. Digo terminar y no dejar, porque no considero que lo haya dejado yo, sino que él me dejó antes pero no tuvo la fuerza necesaria para comunicármelo. Yo sí tengo esa fortaleza.

Por eso lo dejé, a pesar de seguir queriéndolo.

Icarus 1

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos,
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.

Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
Tú, no.

Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.

Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

(Pedro Salinas)

Icarus 4

El poema de Salinas fue mío en algunas ocasiones. Seguirá siendo siempre uno de mis favoritos. Pero creo que no describirá mis futuras relaciones. Si voy a querer sólo yo, no me quedará más remedio que seguir queriendo. Pero solo.

La leyenda de Ícaro, inspiración de las fotografías de Maggy, es una de mis figuras mitológicas preferidas, al emparentarse con el arquitecto Dédalo, su laberinto, Ariadna, Teseo, el minotauro... No sé quién es su autor, pero este cuadro del mito me fascina. No puedo resistirme a colgarlo en el blog.

ícaro desplomado entre las ninfas de mar


Sin embargo, el mensaje de la historia no me entusiasma. Mi Ícaro volaría hasta el sol, sin seguir los consejos de su padre, y con el batir de sus alas, lo apagaría.

A propósito, el carnaval de Santa Cruz de Tenerife ya tiene reina. ¿Por qué a propósito? Porque el nombre de la fantasía que luce es mi Ícaro en sí mismo.

Fantasía... Quizás sí, pero no llegaríamos a ningún sitio si no fuera persiguiendo un sueño. El disfraz de nuestra reina se llama Rozando la piel del cielo.

Ana María, reina de la carne