a pesar de mí
Vienes a verme a pesar de mí. Me regalas tu olor, repasando la lección en mi pecho, aporreando el teclado de mi abdomen, mientras me sacudo como si no fueras bienvenido. Igual que un felpudo donde te limpias los pies de mugre, antes de entrar a una casa que me tengo prohibida. Escupo el regusto de tus líquidos, fingiendo su icor amargo, mientras reinventas la receta de tu saliva para brindármela en un sabor nuevo.
No sé por qué sigues cruzando mi puerta, cuando no hago más que echarte. Me esmero en ponerte cara de perro guardián, me ensaño en técnicas milenarias de desprecio, bordo cuchillas en la mirada y estalactitas en mi voz. Te azoto dando la espalda a tu sonrisa, recibiendo con júbilo tus dolencias, ahogando en ácidos los mensajes de tus botellas.
Desiste, te lo ruego. No me obligues a abrir esa estancia en el fondo del alma donde estoy acurrucado, escondiéndome, adoptando formas que sólo encajan en tus brazos. Encontrarás mi escondite y estaré llorando. Muy a pesar de mí.
No sé por qué sigues cruzando mi puerta, cuando no hago más que echarte. Me esmero en ponerte cara de perro guardián, me ensaño en técnicas milenarias de desprecio, bordo cuchillas en la mirada y estalactitas en mi voz. Te azoto dando la espalda a tu sonrisa, recibiendo con júbilo tus dolencias, ahogando en ácidos los mensajes de tus botellas.
Desiste, te lo ruego. No me obligues a abrir esa estancia en el fondo del alma donde estoy acurrucado, escondiéndome, adoptando formas que sólo encajan en tus brazos. Encontrarás mi escondite y estaré llorando. Muy a pesar de mí.





