una noche de amor
La noche que nos amamos no dejaba de mirar tu rostro. Tu boca estaba abierta en un rictus de placer aprendido en películas porno, y fruncías los labios enseñando los dientes en una caricatura del deseo. Tus ojos me buscaban mecánicamente dándome consignas en un lenguaje desconocido para mí. Y no se cerraban nunca. Y veía cómo tus pupilas se dilataban dibujando en mi cara un rostro indefinido, formado por facciones de decenas de amantes. Las palabras que leía en tus labios eran oraciones aprendidas en tu infancia, recitadas mecánicamente como si fueran palabras mágicas de una cueva de ladrones.