Blogs.ya.com Quitar publicidad
Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
Sindicación
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com
 
la carta empapada de lluvia
Te escribo esta carta para pedirte perdón y decirte adiós. No te la mando por email porque no podrás leerla con calma en el trabajo. Por eso me he acercado a tu casa, a dejarla por debajo de la puerta. Para que no malinterpretes nada al leerla por encima. No es un psicoanálisis tuyo, no te preocupes. Más bien es mío. Me desnudo (por fin!) para ti. Espero que sepas entender el inmenso esfuerzo que me supone, y también el valor.

Te la mando porque no necesita respuesta. Es un punto. Espero que un punto y seguido, y que algún día podamos seguir escribiendo párrafos. Pero no te la mando para que la contestes, o me llames, o algo similar. Te la mando para no quedarme con el sabor de boca de ese jueves por la noche en mi casa, donde nos comportamos de nuevo como dos desconocidos rencorosos, escupiendo sapos y culebras.

Te cuento lo que me callé, porque no soy capaz de decirlo en voz alta. Falta mucho en esta carta. Muchísimo. Faltan todos los detalles que te harían comprender por qué me he comportado así. Las heridas, los silencios, los intentos, los esfuerzos, la angustia y tantas cosas más. Pero creo que estas pinceladas te harán ponerte en mi lugar, y comprender que esto es lo mejor para los dos. Al menos, sé que es lo mejor para mí. Lo sé desde hace meses, pero me ha faltado el valor para llevarlo a término. Te pido por favor que lo comprendas y que me ayudes. Sé mi amigo. Desea lo mejor para mí. Si quieres que sea feliz, entiende que este paso que doy es esencial.

Sé que tenías que salir de mi vida, de una forma o de otra, porque eres una imagen que constantemente me recuerda lo que pudo haber sido y no fue. Eres una amenaza constante a todas las relaciones que tengo, porque eres un baremo idealizado y una espina que no logro quitarme. Y por desgracia, eres también mi mejor amigo, sin idealizar.

Te he mentido muchas veces. Estoy seguro de que tú también lo has hecho. He mentido al decirte que te había olvidado. También al hablarte de Axel, mi relación a trompicones, una carrera de obstáculos donde tengo que estar saltando tu recuerdo para poder tirar para alante. Quizá hasta te he mentido dándote una amistad tramposa, un disfraz de lo que sentía por ti. Y te he mentido en correos, en mensajes, siempre para que te tranquilizaras, para que siguieras conmigo sin pensar que yo sufría por ti. Y te mentí ayer ocultándote estas razones, porque no quiero dar marcha atrás. No quiero que una vez más me pueda tu conversación y tu presencia para engañarme y seguir pensando que nuestra relación es posible. No lo es. Yo no puedo tenerte cerca. Ni lejos.

Tus llamadas o nuestras salidas han sido el preludio inequívoco de una crisis con Axel, o de mis cambios de humor que disfrazo de autismo. Estar contigo y oír un nombre nuevo, o escucharte meterte conmigo aunque sea de broma, oírte resaltar mis defectos y los de la gente que me quiere mientras ensalzas las virtudes de los desconocidos que nos pasan al lado. Me desola por dentro. Es como si el corazón se me fuera ahuecando.

Necesito alejarte. He intentado superarlo, es algo que nunca me había pasado, pero no puedo. No sé si es un sentimiento limpio o sólo me queda resquemor por tu rechazo, si es amor o es orgullo herido. No sé si estoy con Axel por mí, por él, o por ti. No sé si es todo un espejismo para provocarte, un castillo en el aire que se desmorone cuando ya no necesite provocarte.

Quisiera no perderte nunca. Tenerte siempre ahí. Pero la única seguridad que tengo es que ahora condicionas mi vida. Y no es culpa tuya. Es sólo mía. Es lo que intentaba hacerte ver. Todo lo que hago me parece que lo hago para ti o por ti. Por una razón u otra.

Te he odiado mucho. Porque no puedo entenderte. Porque eres oscuro y caminas por vericuetos que se me pierden de vista. Porque me das pistas falsas y me desorientas. Porque no sé si me quisiste o me quieres, si tus excusas para rechazarme eran verdad o maquillaje. No sé si todo lo que me dijiste tuvo el único objetivo de hacerme sentir culpable. Y no deja de venirme a la cabeza lo que pensaste al conocerme y me escribiste en aquel cuestionario "¿cómo me libro yo ahora de este tío?"

Lo que más me duele es lo mucho que pierdo, porque sé lo que vales. También sé que el tiempo relajará las cosas, y podré mirarte sin un velo en los ojos, y podríamos comenzar otra andadura. Lástima que, conociéndote, sé que tú nunca das prórrogas o pírdulas o intermedios, que nunca dices hasta luego, sino siempre adiós. Es entonces cuando pienso que tú también pierdes mucho. Porque yo valgo un huevo.

Te escribo esto hoy miércoles por la mañana. Sin saber si te lo llegaré a mandar. Si no, aquí se quedará, esperando. Necesitaba desahogarlo en algún sitio. Acudiría a mi mejor amigo, pero él(tú) es la causa de esta carta. Acudiría a Axel, pero tú sigues siendo mi gran secreto con él, del que nunca sabrá nada. He pensado mil veces hablarle de ti, pero te me atragantas desde que abro la boca. Quizá porque me siento culpable. Porque sé que no soy sincero con él.

No quiero trastornarte, nunca lo quise, y menos ahora. Así que entiende que es algo por lo que estoy pasando que no tiene que ver contigo, que eres un sujeto pasivo que no puede hacer nada. Son situaciones que pasan sólo en mi cabeza, que no quiero hacerte reproches, ni culpabilizarte, ni pedirte. No quiero que sumes esto al montón de calamidades que estás pasando y que siento en el alma.

Daría un brazo por no sentir lo que siento. Por no haberme enamorado nunca de ti, y poder continuar tú y yo con una de las relaciones más completas que he tenido en mi vida. Pero una vez abierta esa compuerta, es difícil de cerrar.

Como no sé si éste será el último contacto que tendremos nunca, quiero decirte algo. Ten la seguridad de que te he querido muchísimo, más que a nadie. Y que ha sido un amor sincero. Quizá el primero de verdad. Y que para mí, aunque haya significado al final mucho dolor, ha sido una experiencia que nunca olvidaré. Porque eres un tío grande. El más grande. Eres complejo como un enigma, pero vale la pena descifrarte. Sé dulce. Límpiate los rencores y los miedos, y enséñate tal y como eres, porque es lo único y lo más valioso que tienes. Si consigues hacerlo, encontrarás a alguien que te quiera al menos como te he querido yo, y alguna vez tendrás la suerte de poder corresponderle a esa persona. Y no me cabe duda, acabarán comiendo perdices.

Suerte en tu búsqueda y perdón por no poder acompañarte y por el daño que te he causado. Te quiero y te seguiré echando de menos siempre.
 
Comentario:
la carta del reencuentro con la sinceridad, la lluvia no lo quiso, por algo será.
 
Comentario:
Una carta desnuda, de las que duelen aliviando, de las que vale la pena enviar, cartas con las que parece que se pierde, pero estoy segura que se gana. Cartas a uno mismo, con un destinatario que escoge o no estar a la altura, un cierre digno. Una mirada genuina para el camino escogido. Valiente, si, con uno mismo.
No