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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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las cadenas de danae
Danae apoya en sus manos la cabeza.
El ambiente que el sol último dora
es una leve, dulce y turbadora
caricia que la oprime con pereza.

(extracto de Danae, de Ángel González)


el hombre de las manos

Qué nombre más hermoso. Danae. Hace colarse en mi cabeza la representación de esa Danae de Gustav Klimt, con su melena roja, sus líneas sinuosas, el erotismo de un óleo curvado en su sueño. Fonéticamente me lleva a la soberbia escultura de la Danaide, de Auguste Rodin. Un escultura inspirada por Camille Claudel, y que se basa en otra leyenda griega, según la cual las 50 hijas del rey Danao, fueron obligadas a casarse con sus 50 primos. Y al no amarlos, huyeron. Pero fueron castigadas. Su padre les entregó a cada una un puñal, para que asesinaran a sus maridos en la noche de bodas. Las 49 danaides que llevaron a cabo la matanza fueron condenadas por los dioses a permanecer durante toda la eternidad llenando un tonel sin fondo en los infiernos. Tuve la suerte de ver la escultura mientras deambulaba por el Museo Rodin de Paris, que me escalofrió admirando a su danaide postrada y extenuada, su beso, la mano de dios o las puertas del infierno.

El Museo Rodin es el antiguo Hotel Biron, donde se alojaron gente como Matisse, Cocteau, o Isadora Duncan. Un hotel donde vivió Rodin, en una habitación orientada al sur, siguiendo el consejo de Rainer Maria Rilke (y recuerdo su pantera...). ¿Cómo no va uno a escalofriarse caminando por esas habitaciones? Paseando entre fantasmas repletos de arte, dejando en su rastro pinceladas, fotogramas y pasos de baile. Y Rodin, suspirando desde el más allá a través de su obra. Fue como cuando terminé el paseo por un flanco de la Iglesia de la Santa Croce, en la segunda ciudad de mis sueños, y tuve que sentarme en un banco para recomponerme, tras pasar delante de los restos de Maquiavelo, Rossini, Miguel Ángel, Galileo y Dante, dispuestos entre frescos de Giotto. O cuando, tras haraganear un rato en Monmartre, en las callejuelas que circundan el Sacre Coeur, descubrí que había pasado aquellos momentos, fumando despreocupado y sintiéndome feliz, en los escalones de la casa donde vivió Erik Satie.

Años más tarde de aquel instante mágico en el hotel, en un único paseo solitario a orillas del Sena, hice una tercera incursión al Museo de Orsay. Para repetir la Venus de Cabanel, y los pulidores del parqué de Caillebotte, la Olimpia de Manet, los Van Gogh. Y entré a una exhibición temporal en una de sus salas, para descubrir que, entre otros objetos, mostraba las manos de Rodin, extraídas de un molde que le realizaron a su muerte. Y de nuevo tuve que tomar asiento al caer en la cuenta de que aquellas manos habían esculpido imágenes que se me aparecen en sueños.
 
Comentario:

....hermoso!!!!...adoro a la danaide tanto como tú.....y la obra de Rodin....

Lástima que no sigas actualizando.....
No