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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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celdas
celdas en nuestro panal

Escribía el maldito informe por quinta vez, aporreando el teclado con la misma cadencia de la lluvia torrencial que azotaba el patio interior. El ruido del ordenador marcaba la pauta del frenético concierto que las gotas oficiaban para un público de baldosas que gemían lastimeras en su purga.

Veía tu reflejo en la pantalla mientras cruzabas el pasillo, a mi espalda. Mirabas fugazmente sabiendo que mi espalda tensa y crispada era una señal inequívoca de prohibido el paso.

Sin embargo, en uno de tus viajes, entraste en el cuarto. Disminuí el ritmo de mis pulsaciones esperando tu voz, preparando una respuesta tajante. Pero no hablaste. Noté desplazarse el aire que me rodeaba cuando te pusiste a mi lado, aún fuera de mi vista. Me pareció que alargaste el brazo para tocarme y me dispuse a crisparme, pero en lugar de en mi hombro, dejaste descansar tu mano sobre el respaldo de la silla.

Te agachaste y me invadió un olor familiar respirado desde tu toalla. No me mirabas desde el sótano de mi cuerpo, más bien mantenías la mirada baja, fija en un punto desconocido mientras la lluvia, con la caída de tus párpados, amainaba. Una brisa húmeda movió las lamas de la persiana, que entró en resonancia con el aroma de tu jabón enredado en mi rostro. Dejé de pulsar el panal de teclas. Y las pulsaciones de mi pecho se dispararon cuando, con un zumbido imperceptible, las abejas de tus labios se posaron a libar en mi rodilla, mientras el enjambre confuso de tus brazos chorreaba la dulce miel que envolvió la colmena de mis piernas.
 
Comentario:
qué bonito.
No