figuras de arcilla

El lenguaje esquimal tiene más de 300 palabras para denominar al color blanco. No es de extrañar, teniendo en cuenta que viven en un mundo de ese color, y han de ser específicos. Lo mismo les pasa con la nieve, a la que llaman con infinidad de palabras que connotan su espesor, densidad o textura. Lo que para nosotros es simplemente ‘el mar’, para un navegante es un conjunto impreciso y vago bajo el que se agrupan una infinidad de nombres.
No sé si los griegos amarían más que nosotros o si le darían más importancia a los afectos. Lo que sí sé es que para ellos había más de una forma de amar. Para nosotros también, pero no les hemos puesto nombre. Y con un verbo tan global intentamos objetivizar amores de procedencias y manifestaciones tan diferentes.
En Grecia había cuatro verbos que nosotros hemos resumido en uno solo. Por un lado Erao, del que proviene la palabra erotismo, y que representa el amor de pareja y la atracción sexual. Stergo es el verbo que representa el afecto en las relaciones familiares. Tenían también una palabra específica para ese sentimiento limpio y duradero que debe ser la amistad, y esa palabra era fileo. Queda el más complejo de explicar, aquel que nombraban agapao. Yo lo interpreto como el amor solidario. La empatía con alguien a quien no conoces y con quien sin embargo sientes que te une algo. Agapao es lo que sientes por las víctimas de una guerra cuando te echas a la calle a abogar por sus derechos o colaboras en la reconstrucción de un país, o cuando inviertes parte de tu tiempo en ayudar a desconocidos en lo que crees es una causa justa.
Quizá esa simplificación que hemos adoptado y resumido en la palabra ‘amor’ nos trae muchas confusiones. Las palabras tienen un gran impacto en nuestra vida, incluso de forma inconsciente, y me ha hecho reflexionar las veces en que he confundido el amor de una amistad con el de una pareja, y viceversa. En esas ocasiones en que el amor familiar da un paso adelante y se convierte en amistad. Y cuando creemos que seguimos amando a alguien, cuando en realidad sólo estamos siendo ‘solidarios’, o entregándole afecto por pena o responsabilidad.
Hacen falta más palabras. Muchas más. Porque analizando mi historia, me siento incapaz de agrupar mi cariño. No quiero de la misma forma a toda mi familia, o a todos mis amigos. Y sin duda no he querido de la misma manera a todas mis parejas. A cada persona que ha compartido mi vida la he querido con un amor distinto. Ni mejor ni peor, ni más grande ni más pequeño. El amor, tal y como yo lo experimento, no es una pieza de lego, sino una bola de arcilla. No necesita una pieza específica para complementarse, porque su masa le permite adoptar distintas formas, dependiendo del amor con el que se enfrente. En algunos casos tenemos que modelarnos más, invertir más esfuerzo, mientras que en otros, los menos habituales, las formas originales se acoplarán con mayor facilidad.
Eso explicaría por qué me cuesta tanto olvidar los viejos amores. No es que los eche de menos, o los añore, pero me cuesta olvidarlos. Porque los recién llegados no los reemplazan, porque nunca son iguales. E insisto, no hay diferencias cuantitativas ni cualitativas. Con la arcilla de M. hicimos una Venus mutilada, sin manos con las que acariciarnos o piernas para salir corriendo. Con la de T. esculpimos peines de viento que sólo rugían durante el temporal. R. me dejó un esclavo que nunca terminó de salir de la roca. Mi amor primero fue un guerrero tumbado de Moore, sin definir. El de A. fue un amor desproporcionado y hermoso como una figura de Botero. Y C. construyó conmigo un pórtico de gloria lleno de filigranas, inabarcable a primera vista, difícil y esquivo, pero provisto de un pequeño lugar donde nuestras manos encajan como un guante.
Comentario:
En República Democrática del Congo (ex Zaire) dicen "misiki na biso" (nuestra música) para referirse al "soukouss" (ritmo de su país y muy popular en todo el continente africano).
Comentario:
me gusta la reflexión y las distintas palabras del querer.
Comentario:
Son tuyos para siempre. Son astros de tu universo. No se puede renunciar ni olvidar. ¿No te parece que tienen vida propia?