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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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semblanza y homenaje
No sé si os lo conté, pero cuando mi hermano empeoró sin remedio, mi padre me encargó que le escribiera una semblanza para publicarla en el periódico. Yo no estoy a favor de ese tipo de cosas, que encuentro bastante provincianas. El resto de mi familia tampoco lo está. Pero con toda seguridad, a mi hermano le habría gustado. Y esa es la razón por la que mi padre me lo pidió.

El jueves después de su marcha, reuní fuerzas para escribirla. Me quedó larga, inmensa, haciendo recuento de los recuerdos propios y ajenos, porque su vida, aunque corta, dio para mucho. Aprendí mucho escribiéndola, pero lo más importante fue lo que aprendí sobre mi hermano y que nunca me había parado a analizar. La semblanza fue un viaje largo, pero su resultado, aunque sólo fuera a nivel personal, había valido la pena.

Pero al margen, entre unos y otros párrafos, escribí otro texto, que más que una semblanza es un homenaje. Más corto, más poético. Habéis sido testigos de un fragmento de su borrador, hace algunos post. Sí se publicó completo en la lista de escritura creativa.

Sea como sea, fui a ver a mi madre, y le di los dos textos. Le leí en voz alta la semblanza, y por primera vez lloré ante ella; me abrazó, pero no soltó una lágrima, para no empeorar la situación. Solamente me dijo “te hacía falta llorar, hazlo sin miedo.” Sé lo muchísimo que le habrá costado aguantar a esa madre coraje. Mi homenaje lo leyó ella, en silencio. Esta vez se invirtieron los papeles del llanto y los abrazos. Me dijo que era hermoso, y que esa era la mejor semblanza de mi hermano.

Decidimos no publicarla, por varias razones. Mi madre me pidió permiso, y la leyó en la misa íntima y completamente irregular que ofició un sacerdote repudiado en nuestra casa hace una semana. A pesar de la emoción, consiguió terminarla.

En ese homenaje a mi hermano le escribí una leyenda. Le resucité a una vida de agua, con ecos de su vida de carne. Una ficción donde mi hermano permanece en un paraíso diferente y hermoso. Un paraíso a nuestro alcance. Esa leyenda nació de mi cabeza, de mi inventiva. Y sin embargo, una vez escrita, incluso para mí, se ha convertido en una realidad. Es asombroso el poder de las palabras, de las historias. Ya no puedo pensar en mi hermano sin imaginarlo en su nuevo estado, marino.

Mi madre me decía ayer que, cuando se siente mal, lee ese pedazo de papel. Que a pesar de que sabe que no es verdad, que es un cuento, le da esperanza, la hace pensar que mi hermano no está muerto, sino perpetuado en el mar. Fue cuando caímos en la cuenta de que soltamos las cenizas de mi hermano al tercer día de su muerte. Que mi leyenda tiene lugar ese mismo día. Y que sin saberlo, llamé a mi homenaje Resurrección:

Tu cuerpo no terminó su viaje en el lecho del mar. Tus cenizas renacieron cual fénix de agua en un mundo distinto de atlantes de polvo. Y te embarcaste en nubes de plata mezcladas en granos de sal para emprender odiseas con destino a Alejandría, atravesando el delta del Nilo, lamiendo en tu ruta las quillas de las falúas. La mota que un día fue tu corazón se escondió en una concha de nácar para homenajear tu luz con el nacimiento de una perla. Y todas las acequias que regaron tu cuerpo alimentaron de pigmentos escarlata los corales más intensos de las Maldivas, a donde viajaste por fin tal y como prometiste.

Tu mente clara se hizo carey en el caparazón de una tortuga recién nacida, destinada a una vida milenaria. La miel de tus ojos se fundió en las escamas doradas de sirenas ocultas en atolones lejanos, y tus oídos se enredaron atentos en el deambular de las ballenas para arrullarte con sus cánticos. Y la sonrisa que nos regalaste se grabó para siempre en la estirpe de un delfín que hacía piruetas en la Punta de Teno.

Sin embargo, no viajaron tus manos. No partieron en aventuras secretas, mutadas en seres acuáticos. Permanecen aquí, en tu isla, rodeándola, dando círculos por sus acantilados y sus playas. Renacen una y mil veces, en dedos transparentes que surgen de las profundidades para hacer cosquillas a tus hijos y algún día a tus nietos, para acariciar a tu mujer, para abrazar a tus padres y pasarles la mano por los hombros, para señalarle a tu hermano la roca bajo la que se ocultan las mejores almejas, para revolverme el pelo mientras buceo. Tus manos delicadas y blancas, sin morados ni marcas, siempre esperando a que entremos en el agua para entregarnos las caricias que tu cuerpo no pudo darnos.

Sólo unas cenizas rebeldes, amotinadas en corceles invisibles para no fundirse en el azul, salieron disparadas al contacto con el agua. A lomos de burbujas de aire impactaron como proyectiles en la piel de los que te despedíamos dentro y fuera del océano. En un balazo indoloro esas cenizas se repartieron, cada una en un cuerpo, disolviéndose en él, para dejarnos tu recuerdo. Y desde ese día, sin saberlo y oculto en algún lugar de la piel, llevamos para siempre tu estigma, preservado en un lunar que lleva tu nombre.
 
Comentario:
Semblanza, porque si antes no sabía quién era, ya sí sé quién es ahora.
Homenaje a los sentimientos.
Un abrazo.
 
Comentario:
las apariencias engañan, es imposible que la poesía y el rumor de una persona desaparezcan de la memoria. eso es lo eterno, y es hermoso.
 
Comentario:
Es precioso y desde hoy una verdad, que más da lo que digan, tu has resucitado su imágen y elevado su alma. Entonces, siempre estará allí con sus blancas manos revolviendo tu pelo...
No