muerte en venecia

Espero no haber levantado expectativas desproporcionadas con mi postal de Muerte en Venecia. Os aconsejo sin duda a quienes no la hayáis visto que lo hagáis cuanto antes. Pero siempre con inocencia. Si no os gusta, tampoco pasa nada. Las obras maestras hay que verlas, para después opinar, hacia un lado o hacia otro. No hay verdades inmutables ni obras maestras universales. Porque nuestro gusto, nuestra sensibilidad, nuestro estado de ánimo, influyen de forma definitiva en nuestra apreciación. Como os comenté, Memorias de África me pareció un tostón la primera vez que la vi.
Luchino Visconti no ha rodado una película. No ha velado la película con gradientes de luz y de colores. Más bien parece que ha pintado los fotogramas con óleos. Al verla te da la impresión de que cada uno de los 24 fotogramas de cada segundo han sido dibujados escrupulosamente, destinados a ocupar un salón del Louvre o de la National Gallery. Es la ambrosía de los cinéfilos.
Y como algunos tenéis intención de verla (gracias, coraçao, por confiar en mi criterio), no os podré destripar nada, que es lo que me apetece, pero sí dejaros unas señales de por qué me ha maravillado la película. Al ver la película, sabréis a qué me refiero.
Las gotas negras. El baile pausado de la cámara en la copa previa a la cena. Las miradas de Tadzio y sus giros de cabeza. El temblor imperceptible de Gustav después de las vueltas en las barras que dan a la playa. Las imágenes de un Gustav antes de que el corazón se le convirtiera en piedra. El autocontrol, incontrolable e imposible. La frase sobre las sonrisas, que me mató. El Für Elise en un prostíbulo. La patética recuperación de una juventud de mentira. La perfecta sincronicidad de Venecia y los sentimientos de Bogarde con la quinta de Mahler. La sonrisa en la estación de tren. La serenidad de Silvana Mangano. La entrada en el agua y una mano que se alza. La frase mágica en la voz del soberbio actor. El descenso, que es en realidad una ascensión. Todas las ideas sutiles que pueblan el metraje.
Vedla como se leen las memorias de Adriano, de Yourcenar. Muerte en Venecia no es una hamburguesa, o un filete. Es un salmón marinado con eneldo. Es una experiencia sensorial. Hay que verla con reverencia.
Comentario:
Soy de Zamora, Michoacán en México, actualmente tengo 30 años. Vi la pelicula hace cerca de 7 años en la clase de filosofia de un maestro, al igual que a usted, me cautivo, considero que es una obra maestra en el arte del cine, en efecto la mirada de Tadzio, pero lo mas asombroso para mi es el final, la ultima vision, que recuerda el amor que se tiene a la juventud fisica propia que se desvanece con el paso de los años, al reflejar Tadzio la figura del David de Miguel Angel, al mismo tiempo los sentimientos que con el paso del tiempo uno esconde se ven refejados en la figura del profesor, sentimientos contrarios (por los principios) y al mismo tiempo reales que se desearon expresar en su momento, sentimientos que se quisieran expresar en ese momento, El sentiiento mas grande el AMOR por alguien que se tiene al frente, y que parece inconsevible.
Comentario:
a ver si me hago con ella y la veo... tengo muchas ganas.
Comentario:
Hace mucho tiempo que la vi, pero quedan muchas de esas imágenes en mí.La cara de Tadzio ya la pintó Rafael en sus ángeles y el aire cuajado se huele.Es una de las obras que duelen a base de belleza.
Comentario:
No la he visto y me gustarÃa, la verdad. Aún recuerdo cuando leà el libro, que me entusiasmó, por entonces aún no habÃa estado en Venecia, ahora que ya la he disfrutado más de una vez, puede que la vea. No te lo aseguro pero me entraron ganas de verla.
Gracias por la recomendación.
Un abrazo
Gracias por la recomendación.
Un abrazo