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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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stigmata
corceles a la luz de la luna

Hace un par de noches me la pasé montando muebles para mi casa. Varias estanterías y una mesa donde poder escribir en papel, y no en binario. Estoy redistribuyendo la casa. Lo necesita. Es hora de poner las cosas en su sitio, y no sólo en el salón.

Ayer vino Carlos a cenar y estuvimos moviendo más cosas. Me gustan los consejos que me da, se nota que trabaja creando belleza y armonía. Entre su aportación y la mía, mi piso ha quedado de lo más acogedor. Y lo más importante, de lo más yo. Se nota que es mi casa en cada esquina, en la disposición de los libros, en los cuadros, en los cojines y las mantas. Luz indirecta, siempre, junto a las varitas de incienso y el rincón de las velas. Creo que he dado en el clavo, ya la veréis.

Pues el miércoles por la noche, destornillador en mano, me puse a armar los muebles. No fue fácil, porque los tornillos no tenían guía en la madera, y tuve que sacar fuerzas de donde pude para terminar. Pegaba las planchas de madera contra la pared y giraba el destornillador empujándolo con la palma de la mano como si quisiera atravesarlas y matarlas. El resultado es que hoy tengo estigmas.

La palma de mi mano derecha ostenta en su centro una llaga escarlata, como si yo mismo fuera un Cristo al que han atravesado con clavos. Sin embargo, no ha sa ngrado. A lo mejor es sólo la piel recordando mi crucifixión. El dolor del metal abriéndose paso por la carne a golpes de martillo.

Ayer, tras el trajín de cambiar la casa, una cena de hojaldre y una charla en el sofá, Carlos se fue a su casa. Yo recordé que tenía que subir a la azotea, a recoger la ropa tendida no fuera que lloviera. Era tarde, casi la una de la mañana, pero preferí no demorarlo hasta hoy.

Subí casi desnudo, sólo con un pantalón corto, ya que a esa hora era improbable toparme con algún vecino. Cogí las llaves y la cesta de la ropa, la bolsa de las pinzas, y me metí en el ascensor. Al llegar a la puerta de la azotea me encontré la puerta sin el cerrojo echado. Me extrañó, es la primera vez. Y al abrirla pensé que también se habían dejado encendida la luz. Accioné el interruptor y la terraza se iluminó un poco más. ‘Y de dónde sale esta luz?’, pensé. Volví a apagarla y la azotea se quedó en blanco y negro. Parecía que Rita Hayworth o Humprey Bogart saldrían de un momento a otro de detrás de los bidones de agua.

Miré al cielo y se aclararon las dudas. Luna llena. Da igual las veces que observe el espectáculo que pinta la luz de la luna, siempre me sorprende. Las sombras, como si hiciera un sol de justicia, pero del color de la plata. Mi ropa de colores allí tendida estaba tintada de una gama de grises. Había sábanas, pero nadie para ayudarme a doblarlas. No habría vals esta noche.

Recogí la ropa y dejé la cesta en una esquina. Me senté en mitad de la azotea a mirar un rato el satélite. Pensé que la luna es sincera, asequible, que te mira a la cara. Que es una amante que te deja mirarla a los ojos, no como el Sol, que te obliga a apartar la vista. Cuando no quiere que la veas, simplemente se da la vuelta. Es un astro leal. No, no tiene luz propia, es sólo un reflejo. Pero qué más da. Hay que tener una superficie muy pulida para dejar irradiar la luz. Hay que ser simple, como los anillos de Neruda. Quizá prefiero ese resplandor a las llamas del sol, sofocantes pero avergonzadas de su belleza.

La luna. Me daría para llenar diez blogs. Mi compañera, mi observadora, mi diosa. Mi agujero en el firmamento, dejándome ver la luz que se esconde detrás del telón celeste. Igual me pone romántico, que melancólico, que me alivia la tristeza. En cualquier caso, con lunas llenas no me siento solo. Y cuando la pobre tiene que ausentarme, me deja una cohorte de estrellas para que me entretengan. Las noches entre cuatro paredes pueden ser deprimentes, al igual que en las calles llenas de luces. Pero a cielo abierto... ahí nunca estás solo.

Y con todos esos pensamientos en la cabeza, me empezó a picar la mano. Me rasqué y me dolió. Miré hacia abajo y me mostré las palmas. Y en la derecha, negro como el alquitrán, mi estigma. Miré alrededor, a las sombras de las líneas de tender, como ramas perfectas en un bosque de troncos de acero. Las enormes hojas de tela se mecían en la brisa de la noche. A lo lejos, el barrio del bailadero se perfilaba en la montaña como un belén de llamas parpadeantes. El resto era un cielo atisbado en un bosque de ropa. Y yo, decolorado, sentado en medio de la tierra de mosaico, medio desnudo y azotado por el frío, incorporado en mis rodillas mirándome las palmas de las manos.

Quién sabe. Quizá brilló también la luna llena en el huerto de Getsemaní.

mi estigma
 
Comentario:
Ojala las heridas del alma se curaran tan pronto coo se curará tu mano.
 
Comentario:
la brilla brilla siempre, solo hay q saber mirar bien
Un saludo
 
Comentario:
que bien ví la luna desde esa terraza, casi mejor que como la ví desde la ventana.
la luna, la misma, eso pensaba siempre cuando estaba en America, y me sorprendía cada noche.
 
Comentario:
Antes que nada gracias por el comentario de ayer.

Ten cuidado con le herida, espero que te la desinfectaras bien (jajaja... está claro que ejerzo en sanidad por vocación).

Y para finalizar, es increíble ver que aunque la Luna siempre sea la misma, tus ojos la hacen distinta.

Un abrazo!!!
 
Comentario:
Telegrama:

nada pueril, más bien "deslumbrando-mé" STOP en mayúscula ha de ir la religión de cada cual, y la mía es una Biblia invisible de Amor y Amistad STOP cielos e infiernos están aquí y el resto es un camelo STOP espero que soluciones el leve lapsus técnico de tu post, sale un espacio extraño STOP yo también escribo en papel, ya ves, y no por antiguo, pero hay cosas que han de vibrar desde la columna a los dedos como una guitarra antes de ser escritas STOP bufff, tener mi propio hogar es algo que de momento no abarco con la mente, pero me encantaría hacer como tú, muy "yo" mi guarida STOP las gracias no estaban dadas por ayer, pero ahí va el estrujabrazote rompehuesos STOP

pd: menos mal que no tengo internet en casa, porque esto es un vicio....
No