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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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el príncipe de las mareas
Este cuento (no se me ocurre otra forma de llamarlo, está inspirado por Sonia, y un guiño que nos hicimos ayer en la lista de EC. La idea era dedicar un post pareado a la película El Príncipe de las Mareas. A mí se me ha ido la olla. Y con los nombres de los personajes, Tom Wingo y Susan Lowenstein, con las marismas y las mareas, divagué hasta encontrarme con esta historia. Sonia, va por ti.

PS. ya sabes que espero tu visita a mi isla.

las marismas

Cuentan las leyendas de las marismas que al principio de los tiempos no existían las mareas. Que el mar era un lago tranquilo y sin vaivenes, donde lo único que se movía eran las corrientes, donde las olas se formaban con el deambular de los bancos de peces. Cuentan también que existió un príncipe sin reino, un muchacho de agua llamado Tomás que se sentaba en las rocas cubiertas de musgo justo en el instante en que el mar centellea reflejos de naranja. El príncipe rubio lloraba diminutas caracolas mientras cumplía la condena impuesta por su madre Layla, la nereida de las escamas quisquilla, que consistía en vibrar las cuerdas de un violín de arena en el que interpretaba un réquiem por su hermano fallecido, el infante de las corrientes.

Un planeta en el cielo, repleto de mares secos, envidiaba la placidez y la humedad del planeta de las marismas. Lo único que calmaba su aridez eran las serenatas del muchacho con sus dedos de agua, que al rozar las cuerdas desprendían unas minúsculas gotas que se elevaban ingrávidas hasta depositar su lluvia en el lecho de los cráteres. Y cuando el príncipe se retiraba a descansar a la cueva de las anémonas, el astro desolado escurría su pena en el rocío que regresaba una vez más a las marismas.

Una tarde, mientras el príncipe afinaba las cuerdas de coral, una sirena lo llamó cantando desde el extremo de la marisma. Su madre le había advertido que no escuchara a Susana, porque su voz convertía en piedra a los príncipes de agua. Pero el muchacho ya no confiaba en los consejos de Layla, así que decidió ir en su busca, salpicando entre roca y roca. Cuando llegó a su altura, Susana simplemente se acercó a la fuente de su oído y comenzó a cantar la misa del infante de las corrientes. Cientos de ondas de agua surcaron la piel de Tomás, y de ellas comenzaron a brotar mil gotas que se mezclaban como lluvia con su violín, formando una pasta espesa. El príncipe recordó a su hermano, y cada recuerdo olvidado que recuperaba se convertía en un guijarro que nacía en sus tentáculos de agua y se encajaba en el traste de aquel instrumento, y se alineaban en sus aristas. Al terminar su trance, el violín no era ya una frágil composición de arena, sino una sólida filigrana de la geografía del mar. Tomás intentó cogerlo, pero descubrió que sus extremidades líquidas no podían sostener tanto peso.

La sirena miró al muchacho desde un súbito silencio. Aquel al que había observado tantas veces, maniatado a un violín y a la rigidez del dolor que había forjado las cuentas que ella lucía en un collar de caracolas. El lejano y melancólico príncipe del que se había enamorado a distancia, al que acababa de librar de su condena. Susana lo tomó de la mano y lo guió hasta la playa del arco iris, donde bailaron como sólo saben hacerlo los peces en el agua, con la música orquestada en los vaivenes de las nubes de camarones. Y una vez terminada la pieza, el collar de lágrimas de nácar se deshizo en granos de sal desde el cuello de la sirena y se perdieron en el cuerpo incoloro de Tomás.

El astro seco, absorto desde lo alto en aquel espectáculo, sin aire ante la pérdida irreparable de la música que lo regaba, aspiró tanto que toda el agua se elevó en una columna hasta bañar de mares sus superficies, mientras el planeta de las marismas se llenaba del desierto de sus océanos. El planeta gris se eclipsó de agua, y con ella absorbió a su vez a Tomás, desterrado para siempre de su sirena, que yacía varada sobre un centenar de estrellas de mar.

Cuentan que el príncipe construyó un nuevo violín allá arriba, con la tierra del planeta gris, que tras su inundación se llamaba azul. Y que sus dedos no paran de rasgar las cuerdas del instrumento, ni de día ni de noche. Que su adagio provoca subidas y bajadas en la superficie del planeta de agua, por lo que sus habitantes lo han bautizado como el príncipe de las mareas, gobernadas por las notas de su música. Que las gotas que se desprenden de sus manos se precipitan de nuevo a su casa, a la sima donde reposa su sirena.

Dicen incluso que llegará el día en que el muchacho toque con tanta fuerza que dejarán de existir las mareas. Que desde las yemas de sus dedos se escurrirá en venganza toda el agua del planeta para retornar al hogar del príncipe, a su mar de la tranquilidad. Dicen que algún día no muy lejano, la luna volverá a ser el planeta de las marismas.
 
Comentario:
Hola, sólo dejo esta huella para contarte que llegué de casualidad a este blog, buscando cosas en google terminé aca, y debo reconocer que me quedé largo rato leyendo, porque me parece muy interesante todo lo que escribis y pensas.

Saludos, y adelante.

Luciano
 
Comentario:
Es una historia que realmente conmueve el corazón del que la lea,yo creo que en fondo todos seguimos tocando nuestra melodia interior,esperando que alguien la escuche con su corazón.
Gracias por el relato
Muchos besos te manda este caballero.
 
Comentario:
Hablando de cosas especiales para cada uno, para mí lo es esta película y este tema. Has hecho con él algo maravilloso.Parecía estar oyendo al narrador de los mitos sobre una roca, extendiendo el brazo.
 
Comentario:
El adagio de las mareas, que bonito el cuento.
 
Comentario:
Impresionante!! Una vez más, como siempre... me pregunto dónde está escondida la sirena... la nuestra, la de cada uno...
 
Comentario:
Es un cuento muy bonito. El mar tranquilo me da casi más miedo.
 
Comentario:
Yarince, el final suena tan bien como la canción :-)
"Dicen que un día no muy lejano, la luna volverá a ser el planeta de las marismas"
Vaya, no puedo dejar de darte las gracias.
Muchos besos,
Sonia
No