música
Hoy mi post se adorna con fotos de mi viaje a Lisboa, un viaje triste a una ciudad que me embelesó. No espereis fotos de plazas, monumentos, monasterios o castillos. Ya sabéis que lo mío son los rincones.

...escuchar canciones que hablan del destino que nunca tuvimos.
Descubrí gracias a camaleón, que la posteó en su página, una canción grande, como el amor de su título: O Grande Amor. Es una canción de Jobim, revisitada por Ryuichi Sakamoto y publicada en su disco de ‘clásicos’ Moto.Tronic. Me gustó tanto que me puse a investigar (investigar, desmenuzar, aprender, comprender, otra de mis grandes pasiones). Así llegué al disco donde originalmente se publicó esa canción, y esa versión. Fue en una colaboración de Ryuichi con el violonchelista Morenbaum y su hija Paula poniendo las voces, versionando canciones de Jobim o Vinicius. El disco se llama Casa.
Conocía a Sakamoto sólo de bandas sonoras (Feliz Navidad Mr. Lawrence, El último emperador, Pequeño Buda o Tacones Lejanos). Estos dos discos son un descubrimiento. Iba a decir que sin precedentes, pero he tenido tantísimos escalofríos gracias a la música, y siempre sin aviso. Ahora mismo suena en mi equipo Lost Child, y lo único que te entran son unas ganas irreprimibles de echarte a llorar.

Si cierro los ojos puedo ver las calles por donde anduvimos...
Tiene algo la música, casi toda la música. Llega donde no llega nada más. Es capaz de extraer sentimientos de la nada más absoluta. O de destaparlos. Es lo que intenté transmitir en un cuento que escribí y que os copio al final de esta postal. Oigo una pieza específica y bang, siento. Siento.
Hoy me he pasado la tarde grabando un par de CDs para mi prima, que está empezando a hacer pinitos en la música. Necesita duos para una actuación que tiene en unos meses. Me dijo que quería el Endless Love (el original, con Diana Ross y Lionel Ritchie), una canción con la que mantengo una relación especial que dura más de veinte años. El Up Where We Belong, de Joe Cocker y Jennifer Warnes. Yo le incluí varias de mi cosecha, como no. A Patti Austin, Kate Bush, Dionne Warwick, Bryan Adams, Heather Headley, Frank Sinatra. Lo he pasado como un enano, buceando entre discos y recuerdos. Cantando segundas voces.

La melancolía de calles perdidas que huelen a mares...
No podría vivir sin música. Sería incapaz. Su ausencia me cegaría completamente la vida. Me ayuda tanto, me complementa, me facilita entrar en contacto con fibras difíciles de alcanzar, es mi terapia y mi psicoanalista. Es mi pareja más fiel, más comprensiva, la amante más completa y generosa. Música. Sí, quiero.
Me contaron los sueños que la fuerza que creó el universo, que me confesaron que no es dios ni nada que se le parezca, no descansó el séptimo día. Que se lo pasó entero pensando qué darle a su criatura favorita para distinguirla, para que se supiera tocada por la mano que moldea el movimiento. Y al anochecer de aquel nuevo mundo, mientras sus miles de ojos observaban el imperceptible deambular de los planetas, dio con el regalo adecuado.

...las calles en cuesta que suben a un cielo de azules que arden
Cogió el temblor de las estrellas sin bautizar, su brillo trémulo, y las prendió de un rizado de medusas atado a una piedra de luna. Observó que se escurría al tacto y desaparecía al darle la luz, y que por tanto su regalo no podría lucirse en el exterior, ni podría prenderlo de la piel, como había hecho con los ojos o el cabello. Buscó y rebuscó en la perfección del cuerpo humano para encontrar la cavidad donde alojarlo, y finalmente la encontró. La dejó posarse en un lecho de tejidos finos y vaporosos, y los tentáculos ingrávidos de la medusa se abrazaron a sus bordes mientras el temblor de la luz se espacía sobre su superficie hasta quedar estático.
Le otorgó con el regalo la capacidad de disfrutarlo. Una capacidad aleatoria, sorprendente, que haría vibrar el parpadeo de las estrellas y la tela traslúcida de las medusas con las olas del mar, con el viento, con los trinos de los pájaros, con los truenos. Escogió catalizadores perfectos que derramarían el titilar de los astros por todo el cuerpo, que los repartirían en escalofríos y pequeños pellizcos de placer, en cosquillas de luz a lomos de guijarros de luna.

la ciudad antigua guarda la memoria de un tiempo que escapa...
El ser humano sorprendió a su creador descubriendo el regalo. Adivinando que era su don más preciado. Lo llamaron alma. Y lo que es más, consiguieron hacerla vibrar a voluntad, con un lenguaje específico, diseñado para estremecer los brillantes temblores que se alojaban en su interior. Pero a todos esos descubrimientos llegaron por caminos distintos y por casualidad, sin relacionarlos nunca. Y por mucho que buscaron, aún sabiendo de su existencia, nunca llegaron a averiguar dónde estaba escondida. La buscaron cerca del corazón, porque se transportaba en la sangre. La buscaron material sin saber que era ingrávida. La buscaron con los ojos, sin saber que la luz la hacía invisible.
Y el alma permaneció en su escondite, agazapada, a la espera del mar y del viento. Tumbada en su luz fija, deseando temblar. Colgada de las delgadas paredes del fondo del oído, en el vilo de la única lengua que es capaz de hacerla hablar, manifestarse. El alma, codificada en verbo divino, descifrada con el lenguaje humano de la música.

La ropa tendida al sol de la tarde, banderas de nadie...
La música de las fotos la puso una canción popular portuguesa, en la voz de Pasión Vega, con su canción Lejos de Lisboa.
Poemas del aire vendrán hasta aquí. Lejos de Lisboa. Y lejos de ti.

...escuchar canciones que hablan del destino que nunca tuvimos.
Descubrí gracias a camaleón, que la posteó en su página, una canción grande, como el amor de su título: O Grande Amor. Es una canción de Jobim, revisitada por Ryuichi Sakamoto y publicada en su disco de ‘clásicos’ Moto.Tronic. Me gustó tanto que me puse a investigar (investigar, desmenuzar, aprender, comprender, otra de mis grandes pasiones). Así llegué al disco donde originalmente se publicó esa canción, y esa versión. Fue en una colaboración de Ryuichi con el violonchelista Morenbaum y su hija Paula poniendo las voces, versionando canciones de Jobim o Vinicius. El disco se llama Casa.
Conocía a Sakamoto sólo de bandas sonoras (Feliz Navidad Mr. Lawrence, El último emperador, Pequeño Buda o Tacones Lejanos). Estos dos discos son un descubrimiento. Iba a decir que sin precedentes, pero he tenido tantísimos escalofríos gracias a la música, y siempre sin aviso. Ahora mismo suena en mi equipo Lost Child, y lo único que te entran son unas ganas irreprimibles de echarte a llorar.

Si cierro los ojos puedo ver las calles por donde anduvimos...
Tiene algo la música, casi toda la música. Llega donde no llega nada más. Es capaz de extraer sentimientos de la nada más absoluta. O de destaparlos. Es lo que intenté transmitir en un cuento que escribí y que os copio al final de esta postal. Oigo una pieza específica y bang, siento. Siento.
Hoy me he pasado la tarde grabando un par de CDs para mi prima, que está empezando a hacer pinitos en la música. Necesita duos para una actuación que tiene en unos meses. Me dijo que quería el Endless Love (el original, con Diana Ross y Lionel Ritchie), una canción con la que mantengo una relación especial que dura más de veinte años. El Up Where We Belong, de Joe Cocker y Jennifer Warnes. Yo le incluí varias de mi cosecha, como no. A Patti Austin, Kate Bush, Dionne Warwick, Bryan Adams, Heather Headley, Frank Sinatra. Lo he pasado como un enano, buceando entre discos y recuerdos. Cantando segundas voces.

La melancolía de calles perdidas que huelen a mares...
No podría vivir sin música. Sería incapaz. Su ausencia me cegaría completamente la vida. Me ayuda tanto, me complementa, me facilita entrar en contacto con fibras difíciles de alcanzar, es mi terapia y mi psicoanalista. Es mi pareja más fiel, más comprensiva, la amante más completa y generosa. Música. Sí, quiero.
Me contaron los sueños que la fuerza que creó el universo, que me confesaron que no es dios ni nada que se le parezca, no descansó el séptimo día. Que se lo pasó entero pensando qué darle a su criatura favorita para distinguirla, para que se supiera tocada por la mano que moldea el movimiento. Y al anochecer de aquel nuevo mundo, mientras sus miles de ojos observaban el imperceptible deambular de los planetas, dio con el regalo adecuado.

...las calles en cuesta que suben a un cielo de azules que arden
Cogió el temblor de las estrellas sin bautizar, su brillo trémulo, y las prendió de un rizado de medusas atado a una piedra de luna. Observó que se escurría al tacto y desaparecía al darle la luz, y que por tanto su regalo no podría lucirse en el exterior, ni podría prenderlo de la piel, como había hecho con los ojos o el cabello. Buscó y rebuscó en la perfección del cuerpo humano para encontrar la cavidad donde alojarlo, y finalmente la encontró. La dejó posarse en un lecho de tejidos finos y vaporosos, y los tentáculos ingrávidos de la medusa se abrazaron a sus bordes mientras el temblor de la luz se espacía sobre su superficie hasta quedar estático.
Le otorgó con el regalo la capacidad de disfrutarlo. Una capacidad aleatoria, sorprendente, que haría vibrar el parpadeo de las estrellas y la tela traslúcida de las medusas con las olas del mar, con el viento, con los trinos de los pájaros, con los truenos. Escogió catalizadores perfectos que derramarían el titilar de los astros por todo el cuerpo, que los repartirían en escalofríos y pequeños pellizcos de placer, en cosquillas de luz a lomos de guijarros de luna.

la ciudad antigua guarda la memoria de un tiempo que escapa...
El ser humano sorprendió a su creador descubriendo el regalo. Adivinando que era su don más preciado. Lo llamaron alma. Y lo que es más, consiguieron hacerla vibrar a voluntad, con un lenguaje específico, diseñado para estremecer los brillantes temblores que se alojaban en su interior. Pero a todos esos descubrimientos llegaron por caminos distintos y por casualidad, sin relacionarlos nunca. Y por mucho que buscaron, aún sabiendo de su existencia, nunca llegaron a averiguar dónde estaba escondida. La buscaron cerca del corazón, porque se transportaba en la sangre. La buscaron material sin saber que era ingrávida. La buscaron con los ojos, sin saber que la luz la hacía invisible.
Y el alma permaneció en su escondite, agazapada, a la espera del mar y del viento. Tumbada en su luz fija, deseando temblar. Colgada de las delgadas paredes del fondo del oído, en el vilo de la única lengua que es capaz de hacerla hablar, manifestarse. El alma, codificada en verbo divino, descifrada con el lenguaje humano de la música.

La ropa tendida al sol de la tarde, banderas de nadie...
La música de las fotos la puso una canción popular portuguesa, en la voz de Pasión Vega, con su canción Lejos de Lisboa.
Poemas del aire vendrán hasta aquí. Lejos de Lisboa. Y lejos de ti.
Comentario:
La música te rasca por dentro. Te saca lo que a veces te cuesta parir o lo retienes. La música actua como un cirujano plástico del alma, un investigador incansable sin pereza para adentrarse en rincones por donde nadie quiere entrar ni mirar, pero que existen. Rincones que acaban pareciendo desvanes donde nadie sube a poner orden.
Adoro mis discos de vinilo. Ese ruidito que hacen al ponerlos......cru-cru-cru......
He caido en las zarpas de los CD´s pero a veces los pongo para darme el gusto, un instante delicatessen.
Besos. Está siendo un placer "conocerte".
Adoro mis discos de vinilo. Ese ruidito que hacen al ponerlos......cru-cru-cru......
He caido en las zarpas de los CD´s pero a veces los pongo para darme el gusto, un instante delicatessen.
Besos. Está siendo un placer "conocerte".
Comentario:
Felicidades por las fotos, son increíbles.
Y sí: escribir y ser feliz es lo mismo. Yo no distingo.
Besos voladores ;-)
Y sí: escribir y ser feliz es lo mismo. Yo no distingo.
Besos voladores ;-)
Comentario:
Todos los días respiro...y escucho música.
¡Qué triste la vida sin música!
Lisboa, una bella ciudad en un lugar mágico de mis recuerdos.
Preciosas fotos.
Besos
¡Qué triste la vida sin música!
Lisboa, una bella ciudad en un lugar mágico de mis recuerdos.
Preciosas fotos.
Besos
Comentario:
Cuando las plantas de mi bosque crecieron hasta enmarañarse y alcanzaron los confines de la tierra, allá donde crece el asfalto...huí.
Huí a Lisboa, ciudad mágica, en busca de soledad...
o de soledad acompañada por los ecos que siempre deja la música,
la música de su mar...
Me perdí entre callejones amarillos, lloré a las puertas de las iglesias y reconocí mis mismos árboles en los fuertes troncos lisboetas que crecían y crecín...
Y me reconocí entre las buganvillas que adornaban las plazas...
Y me reconocí entre ajenas palabras...
Y al final, en la huida, en la búsqueda de escaleras al cielo,
al final me hallé...
Me hallé, huyendo
Y hoy, te hallo, reconociendo tus banderas como las que adornan mi bosque...
Reconociendo como propias todas tus músicas.
Huí a Lisboa, ciudad mágica, en busca de soledad...
o de soledad acompañada por los ecos que siempre deja la música,
la música de su mar...
Me perdí entre callejones amarillos, lloré a las puertas de las iglesias y reconocí mis mismos árboles en los fuertes troncos lisboetas que crecían y crecín...
Y me reconocí entre las buganvillas que adornaban las plazas...
Y me reconocí entre ajenas palabras...
Y al final, en la huida, en la búsqueda de escaleras al cielo,
al final me hallé...
Me hallé, huyendo
Y hoy, te hallo, reconociendo tus banderas como las que adornan mi bosque...
Reconociendo como propias todas tus músicas.
Comentario:
A mi me pasa lo mismo que a tí con la música, puedo prescindir de muchas cosas, pero sin música moriría irremediablemente. Me gustan mucho las palabras que escribió mi admiradísimo Angel González, vienen a decir que Dios existe sólo en la música; cuatro compases más y otra vez estaremos solos.
Comentario:
Las fotos son hermosas, esas jacarandas moradas son bellas. Pero tus textos son excelentes, hacen que uno se adentre en tu viaje.
Te dejo un abrazo, pronto nos vemos.
Te dejo un abrazo, pronto nos vemos.
Comentario:
ayssssssssss
hoy solo un suspiro..lisboaaaaaa
Besitos salados de CHOI
hoy solo un suspiro..lisboaaaaaa
Besitos salados de CHOI
Comentario:
No conozco Lisboa, es un pendiente, pero si al gran Morelembaum, el arreglador y productor de todos los discos de Caetano Veloso, mi ángel de la guarda, el que me susurra cosas bonitas los días en que estoy triste, o baila conmigo cuando estoy feliz.
Es precioso lo que has escrito!
Un abrazo.
Es precioso lo que has escrito!
Un abrazo.
Comentario:
Lo que le he dicho a Siloam... Cerrar los ojos y... recordar... bonito regalo de domingo...
Gracias.
Besos con sal
Gracias.
Besos con sal
Comentario:
uff, l ciudad blanca, brisa de alfama y de mar.
No me sale adjetivo..sin palabras.
hug
No me sale adjetivo..sin palabras.
hug
Comentario:
No sé qué me gusta más, si las fotos o los textos, de modo que los dejaré así como están, cogidos de la mano y complementándose ( ¿amándose?) y podré recrearme muchas, muchas veces con ellos.
Me emociona como ves Lisboa, a mi consiguieron rompérmela. Un beso.
Me emociona como ves Lisboa, a mi consiguieron rompérmela. Un beso.





