regresión
A menudo os dejo ver mis sentimientos. Pero hoy, en agradecimiento a vosotros que me leéis, quería haceros un regalo. El mundo visto a través de mis ojos, de mis fotos, una vez más. Si pincháis, las veréis en una nueva ventana, de cerca, como hay que mirar el mundo y los corazones. E intercalado, mis sentimientos de hoy. La crónica de un reencuentro anunciado.
Hacía frío y chispeaba mientras bajaba con prisas al pub alemán donde había quedado con Juanjo. Acababa de llegar de trabajar, e iba con el tiempo apuradísimo para llegar a la cita. Conseguí llegar jadeando con sólo tres minutos de retraso. Allí estaba él, sentado por fuera del bar, conjurando mi aparición por la calle opuesta a la que llegué.

Una flor azul en medio de un mundo marrón. Y un verde intenso.
En dieciséis años nos hemos tropezado por casualidad apenas un par de veces. Una en ese mismo bar donde nos reencontrábamos. Otras dos mientras yo salía de clases de teatro y él entraba a clases de yoga. Esta vez no iba a ser un saludo apresurado en direcciones opuestas. Esta vez, por fin, tendríamos una conversación que ha esperado más de quince años.
Me abrazó con fuerza, con esa fuerza con la que sólo él me ha abrazado. La presión fue familiar, al igual que sus manos grandes apretándome en una llave entre el cuello y la cintura. Siempre abraza cruzado. Fuimos a un bar cercano, a la vuelta de la esquina, y nos sentamos en la terraza a pesar de la brisa y mi resfriado. La noticia de la muerte de mi hermano, al que él conocía de nuestra amistad adolescente, le había sorprendido y no había podido dejar de pensar en mí, en cómo estaría. Hablamos de eso, durante un rato. Me preguntó si me dolía hablar del tema. Le dije que no, pero me traicionó la emoción cuando le conté el momento en que mi hermano había dejado de respirar, no tanto al pensar en él, sino en mi madre, acercándose callada, con lágrimas mudas, tomándolo de la mano, besándolo con lentitud, susurrándole una despedida al oído ya completamente sordo, en ese instante que para mí pinta la materialización del dolor. No fui yo el único en emocionarme, y descubrí como los ojos limpios de Juanjo se cuajaban de agua, al verme a mí, al recordar a mi madre. Fue ahí cuando me preguntó si sigo manteniendo con ella esa relación tan especial, si sigue siendo la gran persona que era cuando la conoció. Recordó las tardes que pasamos en mi cuarto oyendo música y hablando, junto a la cocina, y la forma en que mi madre siempre lo trató, con esa ternura y familiaridad.

Estos son los famosos higos picos. No sé si los comemos sólo en Canarias, pero son deliciosos. Aviso: peladlos antes, están llenos de picos.
Juanjo lleva con la misma pareja quince años. Quince años. Me contó que pensaban casarse, pero no por reivindicar un derecho demodé, sino de corazón. Conozco bien a Juanjo, a pesar de los años, y sé que lo quiere con locura por la forma en que sonríe cuando habla de él, por su manera de disimular una felicidad casi infantil. Ojalá tenga la oportunidad de conocerle.
¿Y tú?, me dijo. Y yo... le conté. Como si él lo hubiera sabido desde siempre. Nos contamos estos quince años, apurados, por turnos, dejándonos hablar, deseosos de conocer. Al rato, como quien no quiere la cosa, me preguntó si yo tenía tan claro que entendía cuando estaba con él. Una vez más, le conté. He tenido en mi vida pocos episodios de sinceridad absoluta como el de ayer. Me preguntó ¿nos pasó algo, nos enfadamos por algo? Yo le di mi versión de la historia, no sin un toque de dolor.
Era de noche, pero aquella mesa metálica y coja estaba inundada de luces. De la luz de la verdad, que es cegadora. De la luz del amor que fue y el cariño que es. Nos confesamos el amor que nos teníamos, un amor grande, el primero. Me dijo que yo había sido el primer hombre que le había hecho sospechar su orientación. Por lo mucho que nos tocábamos, por las cosas que nos decíamos, por la necesidad imperiosa que teníamos de estar juntos. Recordó aquella fiesta en mi casa, en la que me emborraché y llegué a perder el conocimiento. Me llevaron entre varios al baño, me desnudaron, me metieron en el agua fría de la bañera, me colocaron hielo en la nuca, me hicieron beber café salado. Después, ya perdido en la inconsciencia, me acostaron. Juanjo rememoró aquel episodio como uno de los momentos más tiernos de su historia conmigo. La posibilidad que tuvo de cuidarme, de arroparme, de quedarse a solas conmigo y, en mi sopor, poder contarme todo lo que sentía por mí sin miedo a que yo lo escuchara.

Estas plantas nacen en eriales desérticos. Son la prueba de la supervivencia.
¿Has estado enamorado, Yarince? ¿Han sabido quererte? ¿Eres feliz? ¿Eres bueno en tu trabajo? ¿Y la música, sigue siendo lo más importante de tu vida? Aún tengo todas tus cartas, tus libros dedicados. ¿Sabes que me tienes para lo que quieras? Las preguntas directas de Juanjo, sorprendentes, de nuevo sonando en mi oído. Y su naturalidad que me derrite, alargando la mano para quitarme una pelusa del hombro, o colocarme el pelo, o atusando mi barbilla. Su risa enorme, franca. Sus ojos inquisidores a los que es imposible mentir.

Os conté alguna vez la historia del cardón. Su savia es venenosa, y puede dejarte ciego. Pero en su base crece una planta, siempre a su sombra. Esa planta posee el antídoto. Es la que veis enroscada a los picos. Me comentaba una amiga que la foto parece de libro de botánica. El veneno y el antídoto, contrarrestándose en un abrazo.
Fueron tres horas de conversación. Podían haber sido tres días. Nos despedimos, esta vez con tres abrazos. Subí a casa por la avenida, esquivando las luces de las farolas. Tosía y pensaba. Sonreía. Comentaba en voz alta, porque lo que me bullía tenía que salir por algún sitio.
Durante el trayecto, llamé a mi madre para decirle cuánto la quería. Llamé a Carlos, que esperaba con ansia el resultado de aquella entrevista, sabiendo lo importante que era para mí. Quedé en llamarlo de nuevo al llegar a casa, para hablar con calma. Le hablé de él a Juanjo. Me preguntó, de nuevo certero, ¿no estás enamorado de él? De pocas cosas estoy tan seguro como de que no estoy enamorado de Carlos. También sé que no quiero a nadie tanto como a él. Te lo pregunto por la forma en que hablas de él, por cómo se te ilumina la cara, por la forma de apasionarte cuando me dices lo increíble que es, me dijo Juanjo. Es que no hay mucha gente como él, ni muchas amistades como la nuestra. Sin él, no habría sobrevivido a estos últimos años.

La tabaiba, una planta hermosa.
Hablé con Carlos sentado en el balcón de mi casa. Nos reímos, me emocioné, quedamos en brindar este fin de semana, cómplices, por este momento tan importante en mi vida. Ayer sentí que volvía a tener 18 años, y que la vida me había dado la oportunidad de volver a arreglar lo que estropeé. Que hoy empieza mi nueva vida, que ya estoy en paz con el pasado. Que soy un hombre afortunado. Que no hay de qué preocuparse, que las personas que han de caminar contigo en la vida, aunque las empujes y las eches de la vereda, acabarán por aparecerse de nuevo, por arte de magia. Se acaba el año maldito, y diciembre me trae un poco de la luz que llenará el 2005, el pronóstico de que mi vida se endereza. Llevaba mucho tiempo sin sentirme feliz, y ayer por la tarde, ayer por la noche, lo fui.
PS. Me acaba de llegar un mensaje de Juanjo. Resume, como siempre, toda mi postal, y a Juanjo en sí mismo. Me dice que acaba de estar con mi madre, que la fue a ver para darle un beso. Un beso, después de quince años, un beso que no le ha dado gente que la ve todos los días. Qué valor el de Juanjo, qué integridad, qué dulzura. Qué suerte tengo, a veces no soy consciente. He tenido la fortuna de conocer a un puñado de gente que tiene corazones colosales, sentimientos en peligro de extinción. Y me quieren, joder, me quieren. Y por fin empiezo a creer que me lo merezco.
Esta postal de hoy va por Juanjo y por Carlos, mis Amigos. El de ayer y el de hoy. Los de mañana. Para que nunca me falten. Para no fallarles nunca. Para que mi corazón les abrace siempre como ellos me abrazan todos los días, dándome el calor, reanimándome, reafirmándome, poniendo su dedo en mi barbilla y levantándola. Ordenándome “quiérete”.

Vale la pena que pinchéis para ampliarla. Estoy muy orgulloso de esta foto. Me da esperanza. En ese cielo encapotado que deja paso a un claro, en el azul, en la capacidad de volar, en los despegues, en la música del viento.
Hacía frío y chispeaba mientras bajaba con prisas al pub alemán donde había quedado con Juanjo. Acababa de llegar de trabajar, e iba con el tiempo apuradísimo para llegar a la cita. Conseguí llegar jadeando con sólo tres minutos de retraso. Allí estaba él, sentado por fuera del bar, conjurando mi aparición por la calle opuesta a la que llegué.

Una flor azul en medio de un mundo marrón. Y un verde intenso.
En dieciséis años nos hemos tropezado por casualidad apenas un par de veces. Una en ese mismo bar donde nos reencontrábamos. Otras dos mientras yo salía de clases de teatro y él entraba a clases de yoga. Esta vez no iba a ser un saludo apresurado en direcciones opuestas. Esta vez, por fin, tendríamos una conversación que ha esperado más de quince años.
Me abrazó con fuerza, con esa fuerza con la que sólo él me ha abrazado. La presión fue familiar, al igual que sus manos grandes apretándome en una llave entre el cuello y la cintura. Siempre abraza cruzado. Fuimos a un bar cercano, a la vuelta de la esquina, y nos sentamos en la terraza a pesar de la brisa y mi resfriado. La noticia de la muerte de mi hermano, al que él conocía de nuestra amistad adolescente, le había sorprendido y no había podido dejar de pensar en mí, en cómo estaría. Hablamos de eso, durante un rato. Me preguntó si me dolía hablar del tema. Le dije que no, pero me traicionó la emoción cuando le conté el momento en que mi hermano había dejado de respirar, no tanto al pensar en él, sino en mi madre, acercándose callada, con lágrimas mudas, tomándolo de la mano, besándolo con lentitud, susurrándole una despedida al oído ya completamente sordo, en ese instante que para mí pinta la materialización del dolor. No fui yo el único en emocionarme, y descubrí como los ojos limpios de Juanjo se cuajaban de agua, al verme a mí, al recordar a mi madre. Fue ahí cuando me preguntó si sigo manteniendo con ella esa relación tan especial, si sigue siendo la gran persona que era cuando la conoció. Recordó las tardes que pasamos en mi cuarto oyendo música y hablando, junto a la cocina, y la forma en que mi madre siempre lo trató, con esa ternura y familiaridad.

Estos son los famosos higos picos. No sé si los comemos sólo en Canarias, pero son deliciosos. Aviso: peladlos antes, están llenos de picos.
Juanjo lleva con la misma pareja quince años. Quince años. Me contó que pensaban casarse, pero no por reivindicar un derecho demodé, sino de corazón. Conozco bien a Juanjo, a pesar de los años, y sé que lo quiere con locura por la forma en que sonríe cuando habla de él, por su manera de disimular una felicidad casi infantil. Ojalá tenga la oportunidad de conocerle.
¿Y tú?, me dijo. Y yo... le conté. Como si él lo hubiera sabido desde siempre. Nos contamos estos quince años, apurados, por turnos, dejándonos hablar, deseosos de conocer. Al rato, como quien no quiere la cosa, me preguntó si yo tenía tan claro que entendía cuando estaba con él. Una vez más, le conté. He tenido en mi vida pocos episodios de sinceridad absoluta como el de ayer. Me preguntó ¿nos pasó algo, nos enfadamos por algo? Yo le di mi versión de la historia, no sin un toque de dolor.
Era de noche, pero aquella mesa metálica y coja estaba inundada de luces. De la luz de la verdad, que es cegadora. De la luz del amor que fue y el cariño que es. Nos confesamos el amor que nos teníamos, un amor grande, el primero. Me dijo que yo había sido el primer hombre que le había hecho sospechar su orientación. Por lo mucho que nos tocábamos, por las cosas que nos decíamos, por la necesidad imperiosa que teníamos de estar juntos. Recordó aquella fiesta en mi casa, en la que me emborraché y llegué a perder el conocimiento. Me llevaron entre varios al baño, me desnudaron, me metieron en el agua fría de la bañera, me colocaron hielo en la nuca, me hicieron beber café salado. Después, ya perdido en la inconsciencia, me acostaron. Juanjo rememoró aquel episodio como uno de los momentos más tiernos de su historia conmigo. La posibilidad que tuvo de cuidarme, de arroparme, de quedarse a solas conmigo y, en mi sopor, poder contarme todo lo que sentía por mí sin miedo a que yo lo escuchara.

Estas plantas nacen en eriales desérticos. Son la prueba de la supervivencia.
¿Has estado enamorado, Yarince? ¿Han sabido quererte? ¿Eres feliz? ¿Eres bueno en tu trabajo? ¿Y la música, sigue siendo lo más importante de tu vida? Aún tengo todas tus cartas, tus libros dedicados. ¿Sabes que me tienes para lo que quieras? Las preguntas directas de Juanjo, sorprendentes, de nuevo sonando en mi oído. Y su naturalidad que me derrite, alargando la mano para quitarme una pelusa del hombro, o colocarme el pelo, o atusando mi barbilla. Su risa enorme, franca. Sus ojos inquisidores a los que es imposible mentir.

Os conté alguna vez la historia del cardón. Su savia es venenosa, y puede dejarte ciego. Pero en su base crece una planta, siempre a su sombra. Esa planta posee el antídoto. Es la que veis enroscada a los picos. Me comentaba una amiga que la foto parece de libro de botánica. El veneno y el antídoto, contrarrestándose en un abrazo.
Fueron tres horas de conversación. Podían haber sido tres días. Nos despedimos, esta vez con tres abrazos. Subí a casa por la avenida, esquivando las luces de las farolas. Tosía y pensaba. Sonreía. Comentaba en voz alta, porque lo que me bullía tenía que salir por algún sitio.
Durante el trayecto, llamé a mi madre para decirle cuánto la quería. Llamé a Carlos, que esperaba con ansia el resultado de aquella entrevista, sabiendo lo importante que era para mí. Quedé en llamarlo de nuevo al llegar a casa, para hablar con calma. Le hablé de él a Juanjo. Me preguntó, de nuevo certero, ¿no estás enamorado de él? De pocas cosas estoy tan seguro como de que no estoy enamorado de Carlos. También sé que no quiero a nadie tanto como a él. Te lo pregunto por la forma en que hablas de él, por cómo se te ilumina la cara, por la forma de apasionarte cuando me dices lo increíble que es, me dijo Juanjo. Es que no hay mucha gente como él, ni muchas amistades como la nuestra. Sin él, no habría sobrevivido a estos últimos años.

La tabaiba, una planta hermosa.
Hablé con Carlos sentado en el balcón de mi casa. Nos reímos, me emocioné, quedamos en brindar este fin de semana, cómplices, por este momento tan importante en mi vida. Ayer sentí que volvía a tener 18 años, y que la vida me había dado la oportunidad de volver a arreglar lo que estropeé. Que hoy empieza mi nueva vida, que ya estoy en paz con el pasado. Que soy un hombre afortunado. Que no hay de qué preocuparse, que las personas que han de caminar contigo en la vida, aunque las empujes y las eches de la vereda, acabarán por aparecerse de nuevo, por arte de magia. Se acaba el año maldito, y diciembre me trae un poco de la luz que llenará el 2005, el pronóstico de que mi vida se endereza. Llevaba mucho tiempo sin sentirme feliz, y ayer por la tarde, ayer por la noche, lo fui.
PS. Me acaba de llegar un mensaje de Juanjo. Resume, como siempre, toda mi postal, y a Juanjo en sí mismo. Me dice que acaba de estar con mi madre, que la fue a ver para darle un beso. Un beso, después de quince años, un beso que no le ha dado gente que la ve todos los días. Qué valor el de Juanjo, qué integridad, qué dulzura. Qué suerte tengo, a veces no soy consciente. He tenido la fortuna de conocer a un puñado de gente que tiene corazones colosales, sentimientos en peligro de extinción. Y me quieren, joder, me quieren. Y por fin empiezo a creer que me lo merezco.
Esta postal de hoy va por Juanjo y por Carlos, mis Amigos. El de ayer y el de hoy. Los de mañana. Para que nunca me falten. Para no fallarles nunca. Para que mi corazón les abrace siempre como ellos me abrazan todos los días, dándome el calor, reanimándome, reafirmándome, poniendo su dedo en mi barbilla y levantándola. Ordenándome “quiérete”.

Vale la pena que pinchéis para ampliarla. Estoy muy orgulloso de esta foto. Me da esperanza. En ese cielo encapotado que deja paso a un claro, en el azul, en la capacidad de volar, en los despegues, en la música del viento.
Comentario:
16 Duciembre
Precioso post el de Juanjo y Carlos.
Los amigos no caducan. Puedes estar tiempo sin verles, sin hablarles con calma, pero siguen ahí.
Creo que esa es la prueba de que hacen honor a su nombre. El tiempo no puede con ellos.
Besotes lentos.
¿Sabes? Estoy pensando que esto de escribir a destiempo tiene su puntito, porque es casi un correo privado a no ser que alguien de marcha atrás para volver a leerte. Responder a los post diarios es mostrar lo que quieres decir a todo el que entre. Y a veces no está en mis planes.
Precioso post el de Juanjo y Carlos.
Los amigos no caducan. Puedes estar tiempo sin verles, sin hablarles con calma, pero siguen ahí.
Creo que esa es la prueba de que hacen honor a su nombre. El tiempo no puede con ellos.
Besotes lentos.
¿Sabes? Estoy pensando que esto de escribir a destiempo tiene su puntito, porque es casi un correo privado a no ser que alguien de marcha atrás para volver a leerte. Responder a los post diarios es mostrar lo que quieres decir a todo el que entre. Y a veces no está en mis planes.
Comentario:
Me abrigué con tu increíble regalo, una bufanda de palabras llenas de silencio y cuando te leí el otro día apenas pusiste esta historia y estas fotos de belleza espeluznante, tu bufanda me abrigaba, me abrigaba más y más... y aunque oía la música desde las plumas de mi sueño, nada pude decirte, nada hasta ahora.
Hasta ahora... y es que fueron demasiadas cosas, desde la regresión del título a los molinos de viento, desde la belleza de tus fotos que dejan más callado que nunca a mi bosque...(¿me las prestarás como compañeras de mis palabras alguna vez?)a esos encuentros llenos de emoción... más azares cruzándose...
Y una frase que suscribo hasta la médula porque hasta en ese nombre coincidimos..."De pocas cosas estoy tan seguro como de que no estoy enamorado de Carlos. También sé que no quiero a nadie tanto como a él."
A mi me llamó Carlos el viernes para que se me fuera el frío y para recordarme lo que valía...
Nada mejor que los amigos recordándonos que nos queramos...
Quiérete, siempre!
Hasta ahora... y es que fueron demasiadas cosas, desde la regresión del título a los molinos de viento, desde la belleza de tus fotos que dejan más callado que nunca a mi bosque...(¿me las prestarás como compañeras de mis palabras alguna vez?)a esos encuentros llenos de emoción... más azares cruzándose...
Y una frase que suscribo hasta la médula porque hasta en ese nombre coincidimos..."De pocas cosas estoy tan seguro como de que no estoy enamorado de Carlos. También sé que no quiero a nadie tanto como a él."
A mi me llamó Carlos el viernes para que se me fuera el frío y para recordarme lo que valía...
Nada mejor que los amigos recordándonos que nos queramos...
Quiérete, siempre!
Comentario:
tirito entre sonrisas, finjo serenidad, sueño melodías. leo, acerco el aliento y percibo el escandaloso paisaje que desprendes, la ruta hacia tu corazón. cuan afortunado me siento! qué ruedas de molino son éstas! cuántos círculos ancestrales cierras mientras te leo. siento miedo absoluto, e impotencia. un abrazo.
Comentario:
Tus poemas son siempre maravillosos, impresionantes y bellos hasta el límite, son como la música que tanto amas, son tu música. Las vivencias que compartes con nosotros crean un espacio de amistad y compenetración dificil de explicar para los que no se puedan sumergir en ellas. gracias por todo, pero especialmente por transmitir ese sentimiento de que todo va a ser mejor, de que todo es posible, de que el año va a cerrar y todo va a ser nuevo y limpio.
Con la belleza de tus fotografías la esperanza y un lugar para la felicidad.¡Qué te acompañe siempre!
Con la belleza de tus fotografías la esperanza y un lugar para la felicidad.¡Qué te acompañe siempre!
Comentario:
siempre es un regalo leerte, q bonitos recuerdos, q bonias vivencias, no als olvides nunca.
Y como siempre, acompañas a tus palabras con dignas inagenes de ti.
Besitos salados de CHOI
Y como siempre, acompañas a tus palabras con dignas inagenes de ti.
Besitos salados de CHOI
Comentario:
Eres una joyita tú, eh?? :)
Precioso. Lo q escribes y lo se deja adivinar detrás de estas letras.
Precioso. Lo q escribes y lo se deja adivinar detrás de estas letras.
Comentario:
Como siempre preciosas palabras llenas de ternura, y preciosas imagenes
Un saludo
Un saludo
Comentario:
unadelicia leerese reencuentro.las fotos soberbias.
Comentario:
es tan delicioso como escribes tus vivencias!!! Me alegro que te vengas arriba.
Comentario:
Un amigo es un tesoro de valor incalculable.Un amigo de verdad es aquel que aunque no se tenga contacto, sabemos que está, que si lo buscamos aparecerá, aquel al que no hay que explicarle, porque sabe leer en nuestros ojos, porque lee más allá de lo escrito o entiende más allá de lo dicho. Un amigo de verdad es el que está cuando lo necesitas y cuando no lo necesitas.
Tu tienes la suerte de tener AMIGOS de verdad y eso es porque tu eres también AMIGO.
Pienso lo mismo que Al fin solos, la vida da muchas vueltas y siempre te vuelve a cruzar con las personas a las que queda algo por decir.
Tras el nefasto año bisiesto para muchos, llegará el 2005 cargado de ilusiones, esperanzas y deseos cumplidos.
Besos
Tu tienes la suerte de tener AMIGOS de verdad y eso es porque tu eres también AMIGO.
Pienso lo mismo que Al fin solos, la vida da muchas vueltas y siempre te vuelve a cruzar con las personas a las que queda algo por decir.
Tras el nefasto año bisiesto para muchos, llegará el 2005 cargado de ilusiones, esperanzas y deseos cumplidos.
Besos
Comentario:
Disfruta de este momento mágico de los reencuentros y las deudas saldadas. Yo soy una convencida de que todo gira y que te vuelves a encontrar con las personas con las que no se ha dicho todo. Un fuerte abrazo.
Comentario:
Felicidades sinceras por ese rayo que asomó a tu vida de forma inesperada. Espero que se acabe pronto el año para que empieces un 2005 cargado de esperanzas, muchas ilusiones y desde luego, con horribles ganas de vivir.
Brindo por ti con cava!!!!
Un abrazo
Brindo por ti con cava!!!!
Un abrazo





