glimpse

No sé la razón por la cual la inmensa tristeza de la nochebuena, demoledora, extirpada de alegría y preñada de imágenes y recuerdos, dio paso a una noche de navidad moderadamente alegre. Quizá porque ya pasó, porque una de las pruebas más duras se superó con lágrimas, y necesitaba bailar y reír y plantarle una sonrisa a la vida.
Y todo eso, aún más inexplicablemente, me hace hoy recordar dos rostros. Dos rostros anónimos que el tiempo no ha desfigurado. Dos expresiones.
El primero es el de un chico pelirrojo, probablemente holandés o alemán. Tendría 24 años, o algo así. Lo vi sentado a la vera de una pista donde unos transformistas hacían su espectáculo, en una discoteca del norte de la isla. Yo tenía 17 años. No recuerdo muy bien qué hacía allí. Era domingo por la noche, yo ni siquiera asumía que entendía, ni por supuesto tenía relaciones con otros chicos, me quedaba aún un camino muy largo por recorrer. Por tanto, mi mirada sobre aquel chico no tenía deseo, ni atracción ni nada por el estilo. Ni siquiera era especialmente guapo. Estaba allí sentado, se le notaba cansado, y dejaba descansar su cabeza sobre el hombro de su novio, y cerraba los ojos. Yo dejé de mirar el espectáculo para concentrarme en él, totalmente embobado. Algo en sus facciones, en su despreocupación, en su masculinidad, en la ternura con que descansaba la cabeza sobre su pareja, me tenía completamente hipnotizado. Tanto que hoy, casi 20 años después, aún tengo su imagen grabada en mi cabeza. Si volviera a verlo sabría que es él.

El segundo rostro pertenece a una mujer, a la que vi hace cinco años en el Strasse, el bar más popular de La Laguna. Veníamos de una comida de cumpleaños, de alguna amiga, y serían las nueve de la noche cuando decidimos continuar la jornada tomando una copa en aquel local. Ella llegó con unas amigas y se apuntalaron de pie en una mesa cercana al pedazo de barra donde estábamos. Me llamó la atención su estilo, su camisa blanca y sencilla desabotonada hasta casi la mitad del pecho, su pelo lacio y castaño, con unas discretas mechas, cayéndole como agua sobre el cuello blanco. Sin parecérseles en nada, me hizo pensar en Charlotte Rampling y Jacqueline Bisset. Probablemente pocos chicos del local se fijarían en ella, porque no era espectacular, ni tenía muchas curvas. No era agresiva con su belleza. Como decía Neruda, era simple y bella, como un anillo.
Nos miramos en varias ocasiones, con esas miradas furtivas que delatan un interés especial. Me sentí halagado de que aquella mujer, espectacular sólo para mis ojos, se fijara en mí. Un par de amigas que iban conmigo lo notaron. Había un túnel entre ella y yo, un expreso entre nuestras miradas donde no cabía el resto del bar. Sigue siendo una imagen indeleble en mi mente, su rostro y su cuerpo sin piernas, su medio plano desde la cintura, lo único que dejaba ver la mesa.

Debe ser eso que llaman magnetismo. Esa atracción irremisible que se siente ante determinadas personas, da igual la orientación del que mira o sin son más o menos guapas. Es algo interno, una llamada codificada cuya llave está sólo en unos determinados ojos que la contestan. Con ambos rostros sentí amor a primera vista, un flechazo. Creo que no me ha pasado en más ocasiones. Y creo que si me vuelve a pasar, no me quedaré parado ni callado. Me da igual que sea un hombre o una mujer.
Ese magnetismo también forma parte de mí, y se ejerce de forma autónoma sobre determinadas personas. Normalmente, y esa es mi maldición, sobre las mujeres. Mujeres que me ven en unas fotos, como la sobrina de un amigo, y se quedan prendadas conmigo, no sólo por la apariencia, sino por algo, según ellas, que se transmite. Acaban siempre soltando ese topicazo de “todos los hombres que valen la pena están casados o son gays.” Durante mi vida se han enamorado de mí mujeres maravillosas, si hubiera sido hetero sería un hombre tremendamente afortunado. Mujeres con carácter, con iniciativa. Mujeres que te miran a los ojos, a tu misma altura, desafiantes. Mujeres que saben lo que quieren. Guerreras.

Con algunos hombres también me pasa, pero no se cumple el principio de la reciprocidad. Me llegan rumores de que éste o aquel están locos conmigo, y que les encanto. Pero yo no siento lo mismo. Lo he intentado en alguna ocasión, pero siempre fracaso estrepitosamente, no hay química.
Porque a mí me gustan los hombres equivocados. Esos que dan la impresión de no estar, los ausentes, a los que confundimos con soberbios. Los que no miran, sino cuando tú no te estás fijando. Aquellos con los que nunca sabes. Los que te dan ese pálpito de que te traerán problemas y mala vida. El hombre canalla. Y cuando me han tocado hombres así, he comprobado que eran sólo eso. Impresiones. Que su ternura es inaccesible pero inmensa. Que son sólo la fachada de un interior lleno de tesoros, presas de un Asuán de afecto. La crueldad se esconde en fachadas amistosas e impolutas, nunca bajo posturas de granito. Como la mía. Nadie que me vea esperando la guagua, o cruzando un semáforo, o tomándome un Johnnie con 7up en un bar sospecharía que hago fotos distintas, o que escribo, o que mantengo un blog, o que mi sangre lleva notas de música. Soy un baúl cerrado. Quizá por eso estoy solo. Porque lo que me va a mí son otros baúles como yo. Otros planetas de azufre. Y la única forma de conocerse es una colisión astral. De esas que se dan cada milenio.

Nota: un comentario radicalmente distinto, aparte del post. No sé si conocéis a Shirley Horn, una pianista de jazz, un clásico. Quizá algún día la habéis oído por la radio y la habéis confundido con Diana Krall, porque tienen un timbre muy similar en la voz, casi idéntico. La de Shirley es la original, y Diana ha reconocido en muchas ocasiones que es una de sus inspiraciones. Es una experiencia oír a Shirley Horn, un rito delicado, escalofriante, de ojos cerrados. Es música de ciudad, de coche conducido en una noche sin luz, a lo largo de una autopista desierta. Es voz de humo de club de jazz. Inolvidables su Light Out of Darkness, o su homenaje a Miles Davis, o su interpretación de la canción de los teleñecos Being Green. No puedo resistir la tentación de colgar su SOBERBIA versión del Yesterday de Lennon, para que la disfrutéis como lo he hecho yo durante este fin de semana. Espero que tengáis ADSL y os la podáis bajar rápido. Es un regalito de ese señor gordo que va vestido de rojo y que no suele venir a verme. Pero en el calcetín de mis amigos que no tienen cara, sino unas hermosas letras, me dejó esta canción.
Sigo haciendo muchas fotos. Parece que estoy inspirado. Ya os las iré enseñando poco a poco. Una foto da para mucho. Siempre hay más de lo que parece. Hoy, todas las que he puesto, todas las piezas de este puzzle, salen del mismo contacto. De una foto tirada esta tarde, con la cámara en trípode mirando al suelo de mi salón, cubierto con mi manta naranja. Sobre él, yo, trasnochado y triste, con una de las rosas que compré el viernes descansando en mi pecho. Escondiéndome de la tristeza. Al verla en el ordenador vi tantos ángulos, tantas composiciones que me sugería. La rosa fantasma, grabada sin volumen en la camiseta, el ángulo del brazo tapándome el rostro, la luz amaneciéndome en el pecho. La mezcla de desamparo y hastío, la postura del cuerpo como un cadáver sobre un féretro forrado de naranja. Todas esas visiones, todos los recortes…

… salieron de aquí.
Comentario:
Supongo que ahí esta la magia... en una instántanea atracción por alguien "normal" y desconocido, que sin saber por qué, nos tambalea los esquemas preestablecidos... ¿por qué alguien "normal" nos parece extraordianrio sin haber itnercmabiado ni una palabra? ¿por qué esa persona y no otra? ue bonita sensación...
En mi caso sólo he sentido algo así uan vez, suecedió en la biblioteca, nunca lo olvidaré ;)
P.D. Lindisima serie de fotos... precioso
En mi caso sólo he sentido algo así uan vez, suecedió en la biblioteca, nunca lo olvidaré ;)
P.D. Lindisima serie de fotos... precioso
Comentario:
¡Que secuencia de fotos! y la degradación es perfecta.
Tu cámara y tu deben de ser inseparables, que lindo.
Un abrazo.
Tu cámara y tu deben de ser inseparables, que lindo.
Un abrazo.
Comentario:
vamos, k si hay q esperar un milenio pa conocer gente como tu, vale la pena esperar... Solo q hoy lamento no haber llegado aki antes... muy buen blogs... pero afortunadamente sé q no estas solo, es cosa de pensar y sentir un poco pa darse cuenta
Comentario:
Es cierto, perdona que empiece con tu regalo (gracias), si no es por ti la hubiera confundido con Diana Krall. A partir de ahora la seguiré, ¡me gusta mucho!
En cuanto a tu post, a mi siempre me ha dado miedo esa química que marea. No por nada, sino porque pueden suceder dos cosas, que todo vaya de maravilla y andes entre nubes; o todo lo contrario. Y qué decir de la ruptura, es tremenda. Sientes que no habrá nadie más como ella. Hasta que vuelve a surgir esa explosión de miradas...
Un abrazo y recuerda que él está a tu lado
En cuanto a tu post, a mi siempre me ha dado miedo esa química que marea. No por nada, sino porque pueden suceder dos cosas, que todo vaya de maravilla y andes entre nubes; o todo lo contrario. Y qué decir de la ruptura, es tremenda. Sientes que no habrá nadie más como ella. Hasta que vuelve a surgir esa explosión de miradas...
Un abrazo y recuerda que él está a tu lado
Comentario:
eyss esas fotos son geniales!!! kedarian de p.m. en mi pared de imagenes!!! jeje
Besitos salados de CHOI
Besitos salados de CHOI
Comentario:
siempre preciosas fotos, una serie muy creativa
Y ya de la spalabras para q hablar!!
Un saludo
Y ya de la spalabras para q hablar!!
Un saludo
Comentario:
la crueldad coloniza demasiado, y toma disfraces, eso es cierto.
preciosa secuencia de fotos..y sobre todo:que bien que pasaran bien la nochebuena.
hug!
preciosa secuencia de fotos..y sobre todo:que bien que pasaran bien la nochebuena.
hug!
Comentario:
"Porque lo que me va a mí son otros baúles como yo. Otros planetas de azufre. Y la única forma de conocerse es una colisión astral. De esas que se dan cada milenio." Me has dejado embrujada con estas palabras, y con tus fotos... Eres un auténtico mago. Un beso muy fuerte y que disfrutes del resto de las Navidades.
Comentario:
Me han gustado mucho las fotos que hoy muestras. El amor es así, muchas veces inconveniente
Comentario:
NOTA: Evidentemente, "recambio" de batería es con M, que está al lado de la tecla N, qué le vamos a hacer.
Comentario:
Nono... Yarince confundido y Brocco sonrojado... Las fotos a las q aludes en mi glorioso blog -señores, pasen y vean, de trivialidades está el mundo lleno- no son mías, las recojo x la red... Son mías las q suelen ser malas... Y las que llevan mi dirección web más o menos a la vista... Dejémoslo en que tengo buen gusto y busco y rebusco, ejem...
Por otro bonito lado me resulta enoooormemente halagador q te haya gustado una de mis múltiples obsesiones de post adolescente. Toda tuya, seguro q haces maravillas (ay, éso m habría gustado a mí hacer con aquél prsonaje...)
**Brocco doblemente sonrojado**
Por otro bonito lado me resulta enoooormemente halagador q te haya gustado una de mis múltiples obsesiones de post adolescente. Toda tuya, seguro q haces maravillas (ay, éso m habría gustado a mí hacer con aquél prsonaje...)
**Brocco doblemente sonrojado**
Comentario:
Muy apañadas las fotos. Aj, me quedé sin batería y sin recanbio de batería en pleno ataque fotográfico (voy tan poco a menudo al terruño q siempre temo q lo q quiero fotografiar ya no esté cuando vuelva).
Recuerdo una escena arrebatadora -para mí sola, of course-, en el metro. Qué lugar tan curioso y qué de gente para observar. Y qué mujer. Qué-mu-jer. Lo único q recuerdo fue la parada en la q se bajó, mi obsesión durante semanas con ella... Hasta el punto de q busqué su número de teléfono en la guía, después de mermorizar su nombre, escrito en una bolsita de ésas de radiografías... Nunca contestó nadie... Chán, como un fantasma. Y q fuese de treinta y pico y titular de la línea hizo q mi imaginación volase... Ay. Desde entonces leo y sólo miro zapatos.
En cuanto a los baúles... A mí me llamaba cierta persona "tortuga". Porque era dura por fuera, pero cuando m quitaba el caparazón -al estar con ella-, me convertía en un ser tiernito, con pijama verde (¿?). Deberíamos hacer una hoguera con esos baúles, caparazones, muros, barreras, escudos y demás, porque si tenemos q esperar a q a los astros les de x ahí... A veces pienso la de cosas q m pierdo por llevarlo puesto. Y lo q pesa, oiga.
Recuerdo una escena arrebatadora -para mí sola, of course-, en el metro. Qué lugar tan curioso y qué de gente para observar. Y qué mujer. Qué-mu-jer. Lo único q recuerdo fue la parada en la q se bajó, mi obsesión durante semanas con ella... Hasta el punto de q busqué su número de teléfono en la guía, después de mermorizar su nombre, escrito en una bolsita de ésas de radiografías... Nunca contestó nadie... Chán, como un fantasma. Y q fuese de treinta y pico y titular de la línea hizo q mi imaginación volase... Ay. Desde entonces leo y sólo miro zapatos.
En cuanto a los baúles... A mí me llamaba cierta persona "tortuga". Porque era dura por fuera, pero cuando m quitaba el caparazón -al estar con ella-, me convertía en un ser tiernito, con pijama verde (¿?). Deberíamos hacer una hoguera con esos baúles, caparazones, muros, barreras, escudos y demás, porque si tenemos q esperar a q a los astros les de x ahí... A veces pienso la de cosas q m pierdo por llevarlo puesto. Y lo q pesa, oiga.





