el niño rojo
Éste fue mi primer intento hace dos años de escribir un cuento para niños. Originalmente lo dediqué a mis cinco sobrinos como cinco soles, con la esperanza de que crezcan en un mundo lleno de colores.
Nota: hay fotos salpicadas, que hice el día de reyes en los alrededores de la casa de mis padres. No las comento durante el texto para no romper la linealidad. Espero que lo / las disfrutéis.
EL NIÑO ROJO

Esta es la historia de Lailo, un niño rojo nacido en un pueblo rojo, de padres de color rojo. Pasó su infancia entre libros rojos, que le enseñó a leer su maestro rojo en su escuela roja. Y jugaba al escondite con niños rojos que se ocultaban en matorrales rojos y se salpicaban con agua roja.
Un día, del temible cielo que no era rojo cayó la peligrosa lluvia sin color. Todos en el pueblo rojo corrieron a esconderse a sus casas rojas. Pero Lailo estaba perdido, y no sabía cómo volver con sus padres rojos. Y allí permaneció, empapándose, en medio de la plaza roja, llorando lágrimas rojas. Se quedó dormido del cansancio. Lo despertó el ruido de voces. Al abrir los ojos vio a un grupo de gente roja que lo rodeaba y lo miraba con miedo y desprecio. En sus bocas rojas que murmuraban sólo podía leer la palabra AZUL. Fue entonces cuando Lailo miró sus manos. Ya no eran rojas. ¡La lluvia las había convertido en azules!

Asustado observó como su padre se acercaba. Corrió hacia él y lo abrazó.
- Papá, ¿por qué soy azul? Ayer era rojo, como todos los demás. ¿Qué ha pasado con mi color?
Su padre lo miró con ternura y le contó:
- Lailo, nunca has sido rojo. Al nacer, tu madre y yo nos asustamos porque no eras como todos. Y te pintamos para que nadie se diera cuenta y pudieras seguir con nosotros. Y ahora la lluvia ha hecho desaparecer la pintura revelando tu verdadero color.
El terror se dibujó en los ojos de su padre, que lo empujó y le gritó:
- ¡Sal corriendo, Lailo! ¡Vete antes de que te metan en la cárcel con los demás colores! ¡Busca el pueblo de tu color!
Y el Lailo azul, aterrorizado, echó a correr por las calles rojas y atravesó la puerta roja que había en las murallas rojas de la ciudad roja. Corrió sin parar hasta tropezarse con una nueva muralla, que era de color verde. En la puerta, un guardián verde le dijo:
- Este no es tu pueblo. Aquí no queremos gente de tu color. Sois vagos y traicioneros. Vete por donde viniste o tendré que avisar a la policía.
Lailo, entristecido, comenzó a rodear la muralla verde, para no adentrarse en el bosque al que sus padres le habían prohibido ir. Al cabo de un rato, vio una ventana en la muralla. Y se asomó por ella. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver varias habitaciones. Una de ellas estaba llena de gente de color amarillo. Otra con gente marrón. Una tercera con gente roja. Entre estos últimos, encontró a gente que recordaba de su pueblo, gente que había traspasado las murallas y que nunca había vuelto. Desaparecidos.
Fue entonces cuando Lailo cayó en la cuenta de que aquello era la cárcel. ¡Ese era el destino que le esperaba si no encontraba pronto el pueblo azul!
Echó a correr una vez más. Y pasó por murallas amarillas, negras, violetas, grises, blancas, sin pararse en ninguna de ellas. Lailo estaba exhausto. Empezaba a perder la esperanza de encontrar algún día ese anhelado mundo azul, donde no sería rechazado y encarcelado por su color.
Lailo se sentó en el camino y rompió a llorar. '¿Dónde está el mundo azul?' pensaba. '¿Cómo podré encontrarlo?' Y en ese momento, alguien le tocó el hombro. Al levantar la vista vio a una mujer que le sonreía. Era una mujer verde.
- Me llamo Deira, pequeño. Sígueme.
- No - contestó Lailo. - No me querrán de donde tú vienes. Soy azul.
Ella se agachó y con un guiño le dijo:
- De donde yo vengo no hay sólo un color.

Deira comenzó a adentrarse en el bosque. Lailo recordó la advertencia de sus padres y dudó en seguirla. Pero tras pensarlo un momento pensó que ya no tenía nada que perder. Estaba solo en un mundo sin azul. Y la siguió, aún con los ojos llenos de lágrimas. Pasó mucho tiempo y acabaron llegando a un claro del bosque donde vio un pueblo en el que no había murallas. Lailo enjugó sus lágrimas, y pudo ver a niños amarillos jugando con niñas verdes en jardines rojos. A cualquier sitio donde miraba veía miles de colores. Un hombre añil le acarició la cabeza al pasar a su lado. La gente lo miraba y sonreía. '¿Eres nuevo?' preguntaban. 'Bienvenido.' Lailo no podía creerlo, y buscó a Deira con su mirada, sorprendido. Se sentaron en un banco y la mujer comenzó a hablar.
'Hace mucho tiempo no existían los colores. Y un buen día, nació un niño, también sin color. Sus padres, que tenían mucho dinero, quisieron hacerlo especial y distinguirlo de los demás niños. Lo pintaron de amarillo y lo enseñaron, orgullosos. ¡La comunidad estaba encantada con el nacimiento de un color distinto! Ese niño creció y pintó a sus hijos de color marrón. Y así fueron surgiendo el resto de los colores.
Pero pronto empezaron los problemas. Después de tanto tiempo, la pintura había teñido ya la piel, y no se podía quitar. Y acabaron separándose. Los amarillos iban con los amarillos. Los naranjas con los naranjas. Y así con el resto de la paleta. Los padres verdes decían a sus hijos verdes 'Desconfía de los niños que no son verdes. No juegues con ellos. No son como tú.' Y acabaron instalándose en pueblos en los que sólo se permitía entrar a la gente de ese color. Levantaron muros pintados para que los demás colores supieran que no eran bienvenidos. Se juntaban entre ellos para que sus hijos tuvieron un color más puro.
Pasado mucho tiempo, un joven verde salió de su pueblo verde para coger manzanas rojas en el campo. Pero cuando volvía al pueblo cayó en un agujero del que no podía salir solo. Y por casualidad pasó por allí una muchacha azul que se había arriesgado a salir de su pueblo azul para coger flores amarillas. Al oírlo pedir socorro, se acercó y lo ayudó a salir. Él en agradecimiento le regaló una manzana roja que la muchacha mordió con sus labios azules. Ella le prendió una flor amarilla de su camisa verde.
Y siguieron así, viéndose a escondidas. Y un día decidieron huir juntos al bosque. Y construyeron una casa con tejado rojo, paredes amarillas y puertas verdes. Y plantaron margaritas blancas y lavandas azules.

Y de esa forma surgió un nuevo pueblo, con millones de colores. En los poblados de un solo color surgió la leyenda de un sitio donde daba igual el color. Donde se mezclaban rojos con verdes. ¡Donde existían malvas y azules marino! ¡Donde habían personas con la piel naranja, el pelo azul y los labios marrones! Donde no había colores buenos o malos, sino simplemente distintos.
Y algunos se aventuraron a buscar ese pueblo de leyenda. Muchos sólo llegaron a otros pueblos de un color y acabaron en sus cárceles. Pero algunos lo encontraron. Y se quedaron. Igual que tú lo has encontrado hoy. Éste, Lailo, es el pueblo de los mil colores.'
El niño la miraba con suspicacia. Lo que Deira decía tenía sentido, pero había oído muchas veces que sólo lo rojo era bueno. La mujer sonrió otra vez.
- ¿No me crees? Dime una cosa. Cuando sueñas, cuando cierras los ojos, ¿qué colores ves?
Lailo bajó la mirada avergonzado. Se sentía culpable, porque siempre había soñado con todos los colores, aunque nunca lo había admitido. Para no parecer raro, siempre decía que soñaba en rojo.
- No hace falta que contestes - dijo Deira. - Todos soñamos en color, pequeño. Todos. Pero nadie se atreve a confesarlo hasta que no llega a este pueblo.
Lailo la miró atónito.
- A ver, ahora cierra los ojos. - Lailo obedeció - Toma, come este pedazo de pan rojo. Cómelo.
Lailo metió el pedazo de pan en su boca y lo saboreó. Era delicioso.
- Ahora ponte esta camisa roja.
La camisa era perfecta, el tacto de la tela era como una nube, y Lailo nunca se sintió más arropado por ningún material como con aquel.
- Huele esta rosa roja.
Y le llegó el perfume más maravilloso que nunca antes había olido.
- Y por último, escucha el sonido de este violín rojo.
Y sus oídos se deleitaron con la más hermosa de las músicas. 'Decididamente las mejores cosas son rojas', pensó.
- Abre los ojos, Lailo.
Lailo contempló en silencio. En una de sus manos se encontraba una rosa amarilla. En la otra un pan marrón. Sobre su pecho, una prenda naranja. Y a sus pies, un violín negro.
Deira se arrodilló ante Lailo y lo miró a los ojos.
- Aquí serás feliz. Tu color no importa. Sólo has de recordar una cosa. A las flores, júzgalas por su olor. Al instrumento, por su música. A la comida, por su sabor. A la ropa, por su tacto. Somos como algodón, Lailo. Todos tenemos el mismo color. Sólo el tinte es distinto.

Lailo sonrió. Y miró a los niños de colores que jugaban junto a la fuente gris con agua azul. Deira con un gesto le indicó que fuera con ellos.
Y el niño azul con su camisa naranja y la nariz pintada de polen amarillo fue corriendo a dar con la niña celeste y el niño bermellón que jugaban con la pelota roja sobre el césped verde. Y al rato se unieron a ellos la niña marrón con lazos añiles y el niño violeta de los zapatos blancos, mientras que a unos metros, Deira observaba complacida cómo aquel grupo de chiquillos, a los que sus ojos no les veía color alguno, jugaban sobre la hierba verde con una pelota roja.
Y al cabo de un rato se levantó, como tantos otros, a buscar a esas personas todavía perdidas en mundos tan pobres, tan pobres, tan pobres, que de tan pobres que son, ¡sólo tienen un color!

Nota: hay fotos salpicadas, que hice el día de reyes en los alrededores de la casa de mis padres. No las comento durante el texto para no romper la linealidad. Espero que lo / las disfrutéis.
EL NIÑO ROJO

Esta es la historia de Lailo, un niño rojo nacido en un pueblo rojo, de padres de color rojo. Pasó su infancia entre libros rojos, que le enseñó a leer su maestro rojo en su escuela roja. Y jugaba al escondite con niños rojos que se ocultaban en matorrales rojos y se salpicaban con agua roja.
Un día, del temible cielo que no era rojo cayó la peligrosa lluvia sin color. Todos en el pueblo rojo corrieron a esconderse a sus casas rojas. Pero Lailo estaba perdido, y no sabía cómo volver con sus padres rojos. Y allí permaneció, empapándose, en medio de la plaza roja, llorando lágrimas rojas. Se quedó dormido del cansancio. Lo despertó el ruido de voces. Al abrir los ojos vio a un grupo de gente roja que lo rodeaba y lo miraba con miedo y desprecio. En sus bocas rojas que murmuraban sólo podía leer la palabra AZUL. Fue entonces cuando Lailo miró sus manos. Ya no eran rojas. ¡La lluvia las había convertido en azules!

Asustado observó como su padre se acercaba. Corrió hacia él y lo abrazó.
- Papá, ¿por qué soy azul? Ayer era rojo, como todos los demás. ¿Qué ha pasado con mi color?
Su padre lo miró con ternura y le contó:
- Lailo, nunca has sido rojo. Al nacer, tu madre y yo nos asustamos porque no eras como todos. Y te pintamos para que nadie se diera cuenta y pudieras seguir con nosotros. Y ahora la lluvia ha hecho desaparecer la pintura revelando tu verdadero color.
El terror se dibujó en los ojos de su padre, que lo empujó y le gritó:
- ¡Sal corriendo, Lailo! ¡Vete antes de que te metan en la cárcel con los demás colores! ¡Busca el pueblo de tu color!
Y el Lailo azul, aterrorizado, echó a correr por las calles rojas y atravesó la puerta roja que había en las murallas rojas de la ciudad roja. Corrió sin parar hasta tropezarse con una nueva muralla, que era de color verde. En la puerta, un guardián verde le dijo:
- Este no es tu pueblo. Aquí no queremos gente de tu color. Sois vagos y traicioneros. Vete por donde viniste o tendré que avisar a la policía.
Lailo, entristecido, comenzó a rodear la muralla verde, para no adentrarse en el bosque al que sus padres le habían prohibido ir. Al cabo de un rato, vio una ventana en la muralla. Y se asomó por ella. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver varias habitaciones. Una de ellas estaba llena de gente de color amarillo. Otra con gente marrón. Una tercera con gente roja. Entre estos últimos, encontró a gente que recordaba de su pueblo, gente que había traspasado las murallas y que nunca había vuelto. Desaparecidos.
Fue entonces cuando Lailo cayó en la cuenta de que aquello era la cárcel. ¡Ese era el destino que le esperaba si no encontraba pronto el pueblo azul!
Echó a correr una vez más. Y pasó por murallas amarillas, negras, violetas, grises, blancas, sin pararse en ninguna de ellas. Lailo estaba exhausto. Empezaba a perder la esperanza de encontrar algún día ese anhelado mundo azul, donde no sería rechazado y encarcelado por su color.
Lailo se sentó en el camino y rompió a llorar. '¿Dónde está el mundo azul?' pensaba. '¿Cómo podré encontrarlo?' Y en ese momento, alguien le tocó el hombro. Al levantar la vista vio a una mujer que le sonreía. Era una mujer verde.
- Me llamo Deira, pequeño. Sígueme.
- No - contestó Lailo. - No me querrán de donde tú vienes. Soy azul.
Ella se agachó y con un guiño le dijo:
- De donde yo vengo no hay sólo un color.

Deira comenzó a adentrarse en el bosque. Lailo recordó la advertencia de sus padres y dudó en seguirla. Pero tras pensarlo un momento pensó que ya no tenía nada que perder. Estaba solo en un mundo sin azul. Y la siguió, aún con los ojos llenos de lágrimas. Pasó mucho tiempo y acabaron llegando a un claro del bosque donde vio un pueblo en el que no había murallas. Lailo enjugó sus lágrimas, y pudo ver a niños amarillos jugando con niñas verdes en jardines rojos. A cualquier sitio donde miraba veía miles de colores. Un hombre añil le acarició la cabeza al pasar a su lado. La gente lo miraba y sonreía. '¿Eres nuevo?' preguntaban. 'Bienvenido.' Lailo no podía creerlo, y buscó a Deira con su mirada, sorprendido. Se sentaron en un banco y la mujer comenzó a hablar.
'Hace mucho tiempo no existían los colores. Y un buen día, nació un niño, también sin color. Sus padres, que tenían mucho dinero, quisieron hacerlo especial y distinguirlo de los demás niños. Lo pintaron de amarillo y lo enseñaron, orgullosos. ¡La comunidad estaba encantada con el nacimiento de un color distinto! Ese niño creció y pintó a sus hijos de color marrón. Y así fueron surgiendo el resto de los colores.
Pero pronto empezaron los problemas. Después de tanto tiempo, la pintura había teñido ya la piel, y no se podía quitar. Y acabaron separándose. Los amarillos iban con los amarillos. Los naranjas con los naranjas. Y así con el resto de la paleta. Los padres verdes decían a sus hijos verdes 'Desconfía de los niños que no son verdes. No juegues con ellos. No son como tú.' Y acabaron instalándose en pueblos en los que sólo se permitía entrar a la gente de ese color. Levantaron muros pintados para que los demás colores supieran que no eran bienvenidos. Se juntaban entre ellos para que sus hijos tuvieron un color más puro.
Pasado mucho tiempo, un joven verde salió de su pueblo verde para coger manzanas rojas en el campo. Pero cuando volvía al pueblo cayó en un agujero del que no podía salir solo. Y por casualidad pasó por allí una muchacha azul que se había arriesgado a salir de su pueblo azul para coger flores amarillas. Al oírlo pedir socorro, se acercó y lo ayudó a salir. Él en agradecimiento le regaló una manzana roja que la muchacha mordió con sus labios azules. Ella le prendió una flor amarilla de su camisa verde.
Y siguieron así, viéndose a escondidas. Y un día decidieron huir juntos al bosque. Y construyeron una casa con tejado rojo, paredes amarillas y puertas verdes. Y plantaron margaritas blancas y lavandas azules.

Y de esa forma surgió un nuevo pueblo, con millones de colores. En los poblados de un solo color surgió la leyenda de un sitio donde daba igual el color. Donde se mezclaban rojos con verdes. ¡Donde existían malvas y azules marino! ¡Donde habían personas con la piel naranja, el pelo azul y los labios marrones! Donde no había colores buenos o malos, sino simplemente distintos.
Y algunos se aventuraron a buscar ese pueblo de leyenda. Muchos sólo llegaron a otros pueblos de un color y acabaron en sus cárceles. Pero algunos lo encontraron. Y se quedaron. Igual que tú lo has encontrado hoy. Éste, Lailo, es el pueblo de los mil colores.'
El niño la miraba con suspicacia. Lo que Deira decía tenía sentido, pero había oído muchas veces que sólo lo rojo era bueno. La mujer sonrió otra vez.
- ¿No me crees? Dime una cosa. Cuando sueñas, cuando cierras los ojos, ¿qué colores ves?
Lailo bajó la mirada avergonzado. Se sentía culpable, porque siempre había soñado con todos los colores, aunque nunca lo había admitido. Para no parecer raro, siempre decía que soñaba en rojo.
- No hace falta que contestes - dijo Deira. - Todos soñamos en color, pequeño. Todos. Pero nadie se atreve a confesarlo hasta que no llega a este pueblo.
Lailo la miró atónito.
- A ver, ahora cierra los ojos. - Lailo obedeció - Toma, come este pedazo de pan rojo. Cómelo.
Lailo metió el pedazo de pan en su boca y lo saboreó. Era delicioso.
- Ahora ponte esta camisa roja.
La camisa era perfecta, el tacto de la tela era como una nube, y Lailo nunca se sintió más arropado por ningún material como con aquel.
- Huele esta rosa roja.
Y le llegó el perfume más maravilloso que nunca antes había olido.
- Y por último, escucha el sonido de este violín rojo.
Y sus oídos se deleitaron con la más hermosa de las músicas. 'Decididamente las mejores cosas son rojas', pensó.
- Abre los ojos, Lailo.
Lailo contempló en silencio. En una de sus manos se encontraba una rosa amarilla. En la otra un pan marrón. Sobre su pecho, una prenda naranja. Y a sus pies, un violín negro.
Deira se arrodilló ante Lailo y lo miró a los ojos.
- Aquí serás feliz. Tu color no importa. Sólo has de recordar una cosa. A las flores, júzgalas por su olor. Al instrumento, por su música. A la comida, por su sabor. A la ropa, por su tacto. Somos como algodón, Lailo. Todos tenemos el mismo color. Sólo el tinte es distinto.

Lailo sonrió. Y miró a los niños de colores que jugaban junto a la fuente gris con agua azul. Deira con un gesto le indicó que fuera con ellos.
Y el niño azul con su camisa naranja y la nariz pintada de polen amarillo fue corriendo a dar con la niña celeste y el niño bermellón que jugaban con la pelota roja sobre el césped verde. Y al rato se unieron a ellos la niña marrón con lazos añiles y el niño violeta de los zapatos blancos, mientras que a unos metros, Deira observaba complacida cómo aquel grupo de chiquillos, a los que sus ojos no les veía color alguno, jugaban sobre la hierba verde con una pelota roja.
Y al cabo de un rato se levantó, como tantos otros, a buscar a esas personas todavía perdidas en mundos tan pobres, tan pobres, tan pobres, que de tan pobres que son, ¡sólo tienen un color!

Comentario:
llegue aqui sin intenciones.. y lei solo por curiosidad y uff... tu cuento esta espectacular!!! es bueno que existan personas asi... asi como seria bueno que el mundo fuera = a ese de colores! me despido..! kro! =) espero que leas este mensaje y si es de tu agrado me agregs o visites mi space.. soy de venezuela!
Comentario:
sigue escribiendo y sacando sonrisas con tus palabras.
un besazo, me encanta
un besazo, me encanta
Comentario:
que cuento mas hermoso!!! puedo usarlo con mis estudiantes?
quiero un mundo de colores para ellos!!!
fue un placer encontrate :D
quiero un mundo de colores para ellos!!!
fue un placer encontrate :D
Comentario:
llegue aqui de casualidad.... y quede maravillada, hermoso cuento y las fotos ni que decir me encantaron!!!se lo leere a mis sobrinas tambien :)
Comentario:
Bravo!, precioso, hermoso, necesario...gracias por compartirlo. Nunca dejes de soñar.
"Si has dejado de creer en la magia y en el misterio es como si estuvieras muerto"
-Albert Einstein.
Un abrazo.
"Si has dejado de creer en la magia y en el misterio es como si estuvieras muerto"
-Albert Einstein.
Un abrazo.
Comentario:
Esa metáfora arcoiris debería estar en el horizonte de todos, en el deseo de todos, para todos, de todos los colores...
¡Qué fotos! ¿Qué árbol es?
Muchos besos
¡Qué fotos! ¿Qué árbol es?
Muchos besos
Comentario:
El cuento es precioso y creo que deberían leerlo todos lo niños no solo tus sobrinos. Es una gran lección de mirada oblicua, me ha encantado.
Comentario:
No sé lo que pensaría alguien de otro mundo de éste, en el que dividimos las jerarquías en colores y otorgamos poder a trozos de papel, en el que existen máquinas que fabrican sueños (es real, lo he visto en el telediario)y adoramos a dioses de lo absurdo...
Ojalá tu coherencia, tu sensibilidad fuera contagiosa... :*
Ojalá tu coherencia, tu sensibilidad fuera contagiosa... :*
Comentario:
¡Precioso Yarince!
Es exactamente como el mundo real, a alguien diferente lo rechazan, lo marginan y, sin embargo, por dentro todos somos iguales.
Ojalá que el mundo fuera como este mundo adonde caben todos y no hay desprecio por las diferencias. Que lindo sería...
Es exactamente como el mundo real, a alguien diferente lo rechazan, lo marginan y, sin embargo, por dentro todos somos iguales.
Ojalá que el mundo fuera como este mundo adonde caben todos y no hay desprecio por las diferencias. Que lindo sería...
Comentario:
Tantas son las emociones y el cúmulo de maravillas que siento despues de haberte leido que yo que no soy tú jamás podría transmitirte lo bueno que eres escribiendo, trnamitiendo.
Apenas acabo de limpiar la última lágrima que me resbala en la mejilla. Lágrimas de regalo de tu texto. Lágrimas de regalo Yarince, las de los sentidos que manipulan las mariposas que vuelan entre tus letras que dibujan y desdibujan retazos de realidad. Sutil, callado, casi de puntillas dejas unas huellas profundas e inborrables a tu paso.
Un canto a la vida, a la igualdad, en contra de la homofóbia, la xenofóbia, contra los males de esta sociedad que atentan a la dignidad humana. Cómo y de qué manera buscar el antidoto que acabe con todo eso.
Todos ponemos pequeñas semillas, somos esencia. Despojemos al mundo de todo lo que le reduce y nos reduce como personas. Tú, amado Yarince, calas las entrañas.Emanas una fuerza sobrecogedora. No sólo eres semilla, eres motivo.
Apenas acabo de limpiar la última lágrima que me resbala en la mejilla. Lágrimas de regalo de tu texto. Lágrimas de regalo Yarince, las de los sentidos que manipulan las mariposas que vuelan entre tus letras que dibujan y desdibujan retazos de realidad. Sutil, callado, casi de puntillas dejas unas huellas profundas e inborrables a tu paso.
Un canto a la vida, a la igualdad, en contra de la homofóbia, la xenofóbia, contra los males de esta sociedad que atentan a la dignidad humana. Cómo y de qué manera buscar el antidoto que acabe con todo eso.
Todos ponemos pequeñas semillas, somos esencia. Despojemos al mundo de todo lo que le reduce y nos reduce como personas. Tú, amado Yarince, calas las entrañas.Emanas una fuerza sobrecogedora. No sólo eres semilla, eres motivo.
Comentario:
Por lo que tú si tienes, por favor no dejes de hacerlo nunca.
Comentario:
Precioso cuento y preciosas fotos.
Un abrazo. Muralla.
Un abrazo. Muralla.
Comentario:
Tu cuento me dice tantas cosas que solamente con sus ecos podría viajar al "País de Nunca Jamás" :)
Ha sido una experiencia mágica la lectura con el acompañamiento visual de las flores. ¡Me encanta cómo escribes! :) Amenazo con quedarme a dormir en algun rinconcito de este blog y soñar con sus colores contínuamente, aunque me pesen los renglones encima del cuerpo o se me caiga alguna mayúscula desde el infinito mientras acomodo mi cabeza sobre una almohada de letras. ;)
Este cuento además me ha contado un secreto: a pesar de las diferencias, todo es igual; nada cambia, sólo los ojos que se apartaron de la verdad de todos los cuentos y se perdieron en el mundo de la apariencia.
La estructura es la que permanece, como la gota que se une a otra gota y juntas vuelven o escapan al Océano. Y ese niño rojo tan inocente y tan puro, tan primordial (rojo como lo propiamente primigenio, volcánico...) parece surgir, como la punta del iceberg, para recordarnos que la verdad sigue existiendo, bajo el disfraz del color de la piel, la voz o los ojos que no ven.
Un beso :*
Isabel
Comentario:
Es un cuento precioso, esos sobrinos tuyos tienen una suerte tremenda.
Un abrazo de mil colores!
Un abrazo de mil colores!
Comentario:
Es muy bonito, gracias por compartirlo.
Comentario:
Yarince...es precioso!!! Si este ha sido el primer intento...cómo serán los siguientes!
Y las fotos, están vivas!
Por un mundo lleno de colores, de todos los colores...lleno de sonrisas azúles, palabras anarajandas y bosques verdes
Y las fotos, están vivas!
Por un mundo lleno de colores, de todos los colores...lleno de sonrisas azúles, palabras anarajandas y bosques verdes





