Madre (con mayúsculas)
A veces pienso que os hablo demasiado de mí. Y no de lo realmente importante en mi vida, que son las personas que me han tocado en suerte. La principal de ellas es mi madre.
No sólo me gusta querer a mi gente, me gusta que sepan que los quieros. Para mí es prioritario. Lo intento decir a través de detalles, de contacto físico, de tiempo a su lado. Y a veces el detalle es una carta.
No sabía si colgarla en el blog. Pero decidí hacerlo por varias razones. Quiero que sepáis quién es mi madre, la persona mejor que he conocido. Quiero que sepáis lo que siento por ella. Quiero homenajearla. Inmortalizarla en la lectura de gente que no la conoce. Mi madre y su vida merecen tener eco.

Querida mamá,
Sesenta años. Se dice pronto, y seguro que para ti han pasado en un suspiro. Pero el DNI no miente. Eres una mujer sexagenaria. Como si eso quisiera decir algo.
No creas que te escribo esto para conmemorar la ocasión. Por supuesto que no. Me alegro de celebrarlo juntos, pero lo que te quiero decir lo pienso todos los días. Cuando te veo y cuando te pienso. No es fruto de la melancolía o las celebraciones de la fiesta. Quizá sólo me aprovecho de ellas para contarte lo que siento por ti.
Lo más maravilloso de que cumplas esa edad es que nos ha permitido compartir tantas cosas, y que nuestra relación de madre-hijo haya pasado por tantas etapas, que nos haya dado tantos recuerdos, que haya generado tantos ecos, que ahora seas mucho más que, y no es poco, mi madre.
Se me llena la boca de decirlo. Mi madre. Nunca he sentido envidia de las madres de mis amigos cuando era chico. Ni de mayor. Siempre he pensado que la única razón por la que sería sinceramente envidiado, es por tener una madre como tú. Y me he sentido orgullosísimo de ello. No te cambiaría por ninguna. Porque quizá las hay iguales, pero no mejores. Apostaría mi cabeza.
Han sido casi 36 años contigo, mamá, y todo, TODO lo que me has dado, ha sido increíble. No tengo ni un solo reproche contigo, ni un mal momento, ni una mala contestación. Nunca has perdido los nervios. Nunca se te ha agriado la mirada, o la expresión. Siempre has sido para mí una estampa de paz y de serenidad. Has sido mi sosiego. A lo largo de toda la vida. Ese muelle en donde siempre te sientes seguro. Quisiera poderte regalar el elixir de la vida, y que no me faltaras nunca. Aunque después de tanto tiempo y tantas cosas juntos, ya nunca me faltarás. Estás entretejida y enredada en mi alma con tanta fuerza, que te confundes conmigo.
No me olvidaré de las tardes en la tienda. Ni de los conciertos y los cines. De pasear por la Plaza brincando y cantando el “limpio mi casita”. De cuando no me acordaba de tu cara cuando fuiste de viaje por Europa. De tus filosofadas y cómo le cambias el nombre a las películas. De cuando abuelo le “regaló” un ramo de flores a abuela. De mi desilusión cuando no podías ir a buscarme al cole. De cuando después de aquella bronca que tuve con papá, simplemente viniste y pusiste sobre mi mano temblorosa la tuya, sin decir nada y diciendo tanto. De las veces que te he visto llorar, siempre de pena, y siempre por personas, nunca por cosas. De tu cara de alegría cuando, en tu día libre, trabajas como una esclava para darle de comer al batallón familiar, sin quejarte y sin perder tu radiante sonrisa. De cuando me independicé y me dijiste, preocupada, “a tu padre y a mí no nos molestas”. De cuando te sentabas conmigo a hacer la tarea, con aquella enciclopedia universal en que venían pintados dos niños por fuera. De cuando fuimos a comprarme el traje de primera comunión. De cuando, yo siendo un crío, en el baño, me explicaste, preocupadísima y agobiadísima, qué significaba aquella palabra que había oído en el colegio… follar. De tantas veces que me has mirado, adivinando siempre con acierto, y me has dicho “¿qué te pasa?” De cuando cantábamos en el coche. De ver la tele contigo por la noche. De las películas juntos. De los cientos de desayunos que me has traído a la cama. De cuando me compraste un single de Nino Bravo porque había sacado buenas notas. De los millones de abrazos y de besos. Son tantas cosas que sería imposible contarlas todas.

No puedo olvidarme antes de terminar de una ocasión que nunca, nunca olvidaré. Fue una situación que me dijo mucho de ti. Que me hizo verte bajo otra luz. Una luz más divina, y más humana si cabe. Recuerdo que te oía hablar y sentía ganas de llorar. Ganas de abrazarte y protegerte y no dejar que nadie te hiciera daño. No hice nada de eso, y ni siquiera creo que nunca te hablara de lo que significó para mí aquel momento.
Fue una tarde de sábado en casa, hace muchos años. En el cuarto de la tele. Creo que cosías y que hacía sol. Y que estábamos abuela, tú y yo. Y empezaste a contar la historia de mi hermano, el que nació entre Manu y yo. Por supuesto yo ya la sabía, pero a grandes rasgos. Sin detalles. Ahora sé que en la vida los detalles lo son todo. Y te recuerdo perfectamente. Mientras hablabas. Ensimismada. Más para ti que para nosotros. Cuando les dijiste “quiero verlo”. Y cuando le describiste, tan completo, del tamaño de un lápiz, pero con sus manitas, sus piececitos, sus uñas. No hablabas de “algo”, como haría el resto de la gente. Hablabas de “alguien”. De mi hermano. De un hermano que no permitiste que tiraran en una basura de hospital, porque era tu hijo. Que pusieron en una cajita de puros y metieron por un ladito en la tumba de tu abuela. Un hijo del que, 36 años después, te sigues acordando. Que te sigue quebrando la voz. Un niño en el que no dejas de pensar ni un solo día, cómo sería, qué sería. Un niño al que sigues llevando flores en los Santos y los Inocentes.
Mamá, aquella historia me dijo tanto de ti. No te imaginas. Me dijo de tu compromiso con los demás, que cuando quieres es para siempre, que los tuyos son tuyos en cualquier circunstancia, que tus dolores, a pesar de ser tan sincera y transparente, son dolores del alma y los demás no podemos ni imaginarlos. Que eres grande en tu amor y en tu sacrificio. Y pensé “si quiere tanto a un niño que nunca llegó a ser, ¿cómo me querrá a mí?”
Dijiste en aquella ocasión, con resignación y ese lado optimista y esperanzador tan característico tuyo que quizá si aquel hijo hubiera vivido, nunca me habrían tenido a mí. Y recuerdo que me rasqué el nudo en la garganta para decirte que seguro que no. Que también me habrías tenido a mí. O que yo habría sido aquel niño. Que es completamente imposible que tú y yo no nos hubiéramos conocido. Que de no haberte tenido como madre, me habría pasado la vida entera buscándote.
Sin duda papá ha sido el artífice de mi profesionalidad, de mi formación académica, de mi compromiso y responsabilidad. Del lado racional y visible. Pero tú lo eres de mi lado emocional, del invisible. Lo que soy por dentro, lo que siento, te lo debo a ti. Mi afecto, mi esperanza, mi alegría, y mi capacidad de amor son tuyas. Las sembraste tú. Las abonaste tú. Las hiciste crecer tú. A veces la gente me pregunta de dónde nace mi sensibilidad y mi imaginación. Para escribir, para escuchar, para la belleza, para la ternura. Y mi respuesta es siempre la misma. De mi madre.
Ese es tu don. Cuando tocas a la gente, la contagias de emoción. Porque a tus sesenta años, todavía tienes ojos de niña. Iluminados, llenos de afecto, juguetones, esperanzados. Y qué suerte he tenido, de hacerme un hombre mirándome en esos ojos.
Te quiero tanto, mami. Te lo digo mucho, pero nunca es bastante, porque el amor es inmenso. No te imaginas. A veces me desborda. Y te quiero no sólo por lo que haces (que es mucho), sino por lo que dejas de hacer. Te quiero por lo que dices, pero también por lo que callas. Porque nunca has sido una madre invasiva ni posesiva. Me has dejado vivir mi vida, siempre, respetando mi espacio. Sabiendo estar en él sin agobios y sin exigencias. Haciéndome saber que siempre estarás ahí, cuando yo quiera. Y cuando has sufrido por mí, no has venido a recriminarme ni a exigirme ni a demandarme. Has esperado en silencio a que yo volviera. Con los brazos abiertos. Nunca te he oído un “te lo dije” o “estoy esperando a que me pidas perdón” o “no ves cuánto me haces sufrir?”. De tus labios sólo he oído “te quiero” o “que alegría de verte”. Soy tu hijo, pero has sabido comprender que la maternidad no otorga derechos. Que es mucho más que eso. Que una buena madre, además de querer a sus hijos, debe respetarlos. Dejarlos volar. Vivir su propia vida. Esa es la prueba más grande de amor.
Y no sólo te quiero yo. Te queremos todos. Si tu 60 cumpleaños fuera una fiesta de puertas abiertas, la gente que te quiere no cabría aquí dentro. Te has pasado la vida repartiendo amor sincero. Y espero de corazón que hayamos sabido darte los frutos. Porque te lo mereces. Eres la persona más buena que he conocido nunca. Y encima tengo la suerte de que eres mi madre!
Mamá, mami, mamuchi… No hay regalo en el mundo para expresar mi cariño. No existe. Bueno, quizá haya uno. Prestado del poema de Rubén Darío que me enseñaste de niño, y que recitábamos juntos, abrazados en nuestro kiosco de malaquita, bajo un gran manto de tisú. Pero no puedo regalártelo en una caja. Es imposible. Porque me tendría que ir a cortar una estrella a la azul inmensidad, sin saber por qué, por las olas y en el viento. Para regalártela, decorando un prendedor, con un verso y una perla, y una pluma y una flor.

Te quiero, pase lo que pase, sobre todas las cosas.
No sólo me gusta querer a mi gente, me gusta que sepan que los quieros. Para mí es prioritario. Lo intento decir a través de detalles, de contacto físico, de tiempo a su lado. Y a veces el detalle es una carta.
No sabía si colgarla en el blog. Pero decidí hacerlo por varias razones. Quiero que sepáis quién es mi madre, la persona mejor que he conocido. Quiero que sepáis lo que siento por ella. Quiero homenajearla. Inmortalizarla en la lectura de gente que no la conoce. Mi madre y su vida merecen tener eco.

Querida mamá,
Sesenta años. Se dice pronto, y seguro que para ti han pasado en un suspiro. Pero el DNI no miente. Eres una mujer sexagenaria. Como si eso quisiera decir algo.
No creas que te escribo esto para conmemorar la ocasión. Por supuesto que no. Me alegro de celebrarlo juntos, pero lo que te quiero decir lo pienso todos los días. Cuando te veo y cuando te pienso. No es fruto de la melancolía o las celebraciones de la fiesta. Quizá sólo me aprovecho de ellas para contarte lo que siento por ti.
Lo más maravilloso de que cumplas esa edad es que nos ha permitido compartir tantas cosas, y que nuestra relación de madre-hijo haya pasado por tantas etapas, que nos haya dado tantos recuerdos, que haya generado tantos ecos, que ahora seas mucho más que, y no es poco, mi madre.
Se me llena la boca de decirlo. Mi madre. Nunca he sentido envidia de las madres de mis amigos cuando era chico. Ni de mayor. Siempre he pensado que la única razón por la que sería sinceramente envidiado, es por tener una madre como tú. Y me he sentido orgullosísimo de ello. No te cambiaría por ninguna. Porque quizá las hay iguales, pero no mejores. Apostaría mi cabeza.
Han sido casi 36 años contigo, mamá, y todo, TODO lo que me has dado, ha sido increíble. No tengo ni un solo reproche contigo, ni un mal momento, ni una mala contestación. Nunca has perdido los nervios. Nunca se te ha agriado la mirada, o la expresión. Siempre has sido para mí una estampa de paz y de serenidad. Has sido mi sosiego. A lo largo de toda la vida. Ese muelle en donde siempre te sientes seguro. Quisiera poderte regalar el elixir de la vida, y que no me faltaras nunca. Aunque después de tanto tiempo y tantas cosas juntos, ya nunca me faltarás. Estás entretejida y enredada en mi alma con tanta fuerza, que te confundes conmigo.
No me olvidaré de las tardes en la tienda. Ni de los conciertos y los cines. De pasear por la Plaza brincando y cantando el “limpio mi casita”. De cuando no me acordaba de tu cara cuando fuiste de viaje por Europa. De tus filosofadas y cómo le cambias el nombre a las películas. De cuando abuelo le “regaló” un ramo de flores a abuela. De mi desilusión cuando no podías ir a buscarme al cole. De cuando después de aquella bronca que tuve con papá, simplemente viniste y pusiste sobre mi mano temblorosa la tuya, sin decir nada y diciendo tanto. De las veces que te he visto llorar, siempre de pena, y siempre por personas, nunca por cosas. De tu cara de alegría cuando, en tu día libre, trabajas como una esclava para darle de comer al batallón familiar, sin quejarte y sin perder tu radiante sonrisa. De cuando me independicé y me dijiste, preocupada, “a tu padre y a mí no nos molestas”. De cuando te sentabas conmigo a hacer la tarea, con aquella enciclopedia universal en que venían pintados dos niños por fuera. De cuando fuimos a comprarme el traje de primera comunión. De cuando, yo siendo un crío, en el baño, me explicaste, preocupadísima y agobiadísima, qué significaba aquella palabra que había oído en el colegio… follar. De tantas veces que me has mirado, adivinando siempre con acierto, y me has dicho “¿qué te pasa?” De cuando cantábamos en el coche. De ver la tele contigo por la noche. De las películas juntos. De los cientos de desayunos que me has traído a la cama. De cuando me compraste un single de Nino Bravo porque había sacado buenas notas. De los millones de abrazos y de besos. Son tantas cosas que sería imposible contarlas todas.

No puedo olvidarme antes de terminar de una ocasión que nunca, nunca olvidaré. Fue una situación que me dijo mucho de ti. Que me hizo verte bajo otra luz. Una luz más divina, y más humana si cabe. Recuerdo que te oía hablar y sentía ganas de llorar. Ganas de abrazarte y protegerte y no dejar que nadie te hiciera daño. No hice nada de eso, y ni siquiera creo que nunca te hablara de lo que significó para mí aquel momento.
Fue una tarde de sábado en casa, hace muchos años. En el cuarto de la tele. Creo que cosías y que hacía sol. Y que estábamos abuela, tú y yo. Y empezaste a contar la historia de mi hermano, el que nació entre Manu y yo. Por supuesto yo ya la sabía, pero a grandes rasgos. Sin detalles. Ahora sé que en la vida los detalles lo son todo. Y te recuerdo perfectamente. Mientras hablabas. Ensimismada. Más para ti que para nosotros. Cuando les dijiste “quiero verlo”. Y cuando le describiste, tan completo, del tamaño de un lápiz, pero con sus manitas, sus piececitos, sus uñas. No hablabas de “algo”, como haría el resto de la gente. Hablabas de “alguien”. De mi hermano. De un hermano que no permitiste que tiraran en una basura de hospital, porque era tu hijo. Que pusieron en una cajita de puros y metieron por un ladito en la tumba de tu abuela. Un hijo del que, 36 años después, te sigues acordando. Que te sigue quebrando la voz. Un niño en el que no dejas de pensar ni un solo día, cómo sería, qué sería. Un niño al que sigues llevando flores en los Santos y los Inocentes.
Mamá, aquella historia me dijo tanto de ti. No te imaginas. Me dijo de tu compromiso con los demás, que cuando quieres es para siempre, que los tuyos son tuyos en cualquier circunstancia, que tus dolores, a pesar de ser tan sincera y transparente, son dolores del alma y los demás no podemos ni imaginarlos. Que eres grande en tu amor y en tu sacrificio. Y pensé “si quiere tanto a un niño que nunca llegó a ser, ¿cómo me querrá a mí?”
Dijiste en aquella ocasión, con resignación y ese lado optimista y esperanzador tan característico tuyo que quizá si aquel hijo hubiera vivido, nunca me habrían tenido a mí. Y recuerdo que me rasqué el nudo en la garganta para decirte que seguro que no. Que también me habrías tenido a mí. O que yo habría sido aquel niño. Que es completamente imposible que tú y yo no nos hubiéramos conocido. Que de no haberte tenido como madre, me habría pasado la vida entera buscándote.
Sin duda papá ha sido el artífice de mi profesionalidad, de mi formación académica, de mi compromiso y responsabilidad. Del lado racional y visible. Pero tú lo eres de mi lado emocional, del invisible. Lo que soy por dentro, lo que siento, te lo debo a ti. Mi afecto, mi esperanza, mi alegría, y mi capacidad de amor son tuyas. Las sembraste tú. Las abonaste tú. Las hiciste crecer tú. A veces la gente me pregunta de dónde nace mi sensibilidad y mi imaginación. Para escribir, para escuchar, para la belleza, para la ternura. Y mi respuesta es siempre la misma. De mi madre.
Ese es tu don. Cuando tocas a la gente, la contagias de emoción. Porque a tus sesenta años, todavía tienes ojos de niña. Iluminados, llenos de afecto, juguetones, esperanzados. Y qué suerte he tenido, de hacerme un hombre mirándome en esos ojos.
Te quiero tanto, mami. Te lo digo mucho, pero nunca es bastante, porque el amor es inmenso. No te imaginas. A veces me desborda. Y te quiero no sólo por lo que haces (que es mucho), sino por lo que dejas de hacer. Te quiero por lo que dices, pero también por lo que callas. Porque nunca has sido una madre invasiva ni posesiva. Me has dejado vivir mi vida, siempre, respetando mi espacio. Sabiendo estar en él sin agobios y sin exigencias. Haciéndome saber que siempre estarás ahí, cuando yo quiera. Y cuando has sufrido por mí, no has venido a recriminarme ni a exigirme ni a demandarme. Has esperado en silencio a que yo volviera. Con los brazos abiertos. Nunca te he oído un “te lo dije” o “estoy esperando a que me pidas perdón” o “no ves cuánto me haces sufrir?”. De tus labios sólo he oído “te quiero” o “que alegría de verte”. Soy tu hijo, pero has sabido comprender que la maternidad no otorga derechos. Que es mucho más que eso. Que una buena madre, además de querer a sus hijos, debe respetarlos. Dejarlos volar. Vivir su propia vida. Esa es la prueba más grande de amor.
Y no sólo te quiero yo. Te queremos todos. Si tu 60 cumpleaños fuera una fiesta de puertas abiertas, la gente que te quiere no cabría aquí dentro. Te has pasado la vida repartiendo amor sincero. Y espero de corazón que hayamos sabido darte los frutos. Porque te lo mereces. Eres la persona más buena que he conocido nunca. Y encima tengo la suerte de que eres mi madre!
Mamá, mami, mamuchi… No hay regalo en el mundo para expresar mi cariño. No existe. Bueno, quizá haya uno. Prestado del poema de Rubén Darío que me enseñaste de niño, y que recitábamos juntos, abrazados en nuestro kiosco de malaquita, bajo un gran manto de tisú. Pero no puedo regalártelo en una caja. Es imposible. Porque me tendría que ir a cortar una estrella a la azul inmensidad, sin saber por qué, por las olas y en el viento. Para regalártela, decorando un prendedor, con un verso y una perla, y una pluma y una flor.

Te quiero, pase lo que pase, sobre todas las cosas.
Comentario:
Cai en esta página sin saber cómo ni por qué un día de Octubre y ley "tantas y tantas cosas". Me tenía que callar. Hoy la emoción es muy parecida, muy profunda, pero tengo que decir. Decir que sé lo que dices .......y además, lo que no quieres decir, es guapa, es muy guapa.
Comentario:
MADRE, mi mama, sonora palabra que encierra el más puro de los amores...
Nunca cambiaría a mi madre por nada, desde niña me atormenta la idea de la vida sin ella, porque ya no sería vida...
Sin duda, alguien capaz de dar vida a una persona como tú, guerrero Yarince, alguien capaz de dejarte ser, dejarte crecer y madurar a tu modo, ese alguoen debe ser infinitamente grande y especial...
Felicidades por esa mama :), felicidades a ella por saber ser MADRE!
Nunca cambiaría a mi madre por nada, desde niña me atormenta la idea de la vida sin ella, porque ya no sería vida...
Sin duda, alguien capaz de dar vida a una persona como tú, guerrero Yarince, alguien capaz de dejarte ser, dejarte crecer y madurar a tu modo, ese alguoen debe ser infinitamente grande y especial...
Felicidades por esa mama :), felicidades a ella por saber ser MADRE!
Comentario:
No es un sueño Yarince, es real.
Gracias por pasar
Gracias por pasar
Comentario:
Hoy he pasado todo el día con mi madre... en casa y luego fuera. Siento pasión por mi madre, como hija la veo la mejor de las madres pero es que lo es. Y no puedo evitar recordar que estoy en el mundo gracias a ella por partida doble (el día de mi nacimiento y el día que me llevó a urgencias...). Ya se me escapan las lágrimas, que tonta.
Comentario:
hace unos días entré y miré tu página por encima porque no tenía tiempo, luego no era capaz de volverla a encontrar y hoy por fin di con ella y me encuentro con este homenaje a tu madre que seguramente para ella será mucho y para tí insuficiente. ser madre es tan maravilloso, ver como tu hijos crecen, pero cuando además estos hijos reconocen el esfuerzo de una madre, el orgullo ya es completo. gracias por tus letras, creo que no solo con ellas homenajeas a tu madre sino a todas las madres que intentan educar a sus hijos de la mejor manera posible.
Comentario:
Ayer por primera vez en mi vida entré en un weblog y es en el tuyo, no pude leer ni siquiera una pequeña parte, pero te añadí a mis favoritos.
Hoy decidí leer lo que pudieses haber escrito y me has conmovido, una lagrima quiso visitarme cuando tu madre puso su mano temblorosa sobre la tuya. Te seguiré leyendo. Un abrazo.
Hoy decidí leer lo que pudieses haber escrito y me has conmovido, una lagrima quiso visitarme cuando tu madre puso su mano temblorosa sobre la tuya. Te seguiré leyendo. Un abrazo.
Comentario:
qué preciosidad de post!
Y nunca, ni de pequeño, dijiste alguna vez "qué mierda de padres me han tocado". Sinceramente, yo algunas veces lo he pensado, en el fondo los aprecio, pero creo que hasta que no sea mayor no lograré apreciarlos del todo.
Felicidades a tu mami, que por cierto, no aparenta 60 ni haciendo esfuerzo!! Un besito!
Y nunca, ni de pequeño, dijiste alguna vez "qué mierda de padres me han tocado". Sinceramente, yo algunas veces lo he pensado, en el fondo los aprecio, pero creo que hasta que no sea mayor no lograré apreciarlos del todo.
Felicidades a tu mami, que por cierto, no aparenta 60 ni haciendo esfuerzo!! Un besito!
Comentario:
es muy hermoso el gesto de escribirle y mostrarlo, emocionante.
Comentario:
ayss las mamis q grandes son!! "mi gordi" tb es genial,es un post muy lindo wuapeton!!
Besitos salados de CHOI
Besitos salados de CHOI
Comentario:
Querido Yarince,
Has tocado un tema que me llega profundamente a lo más profundo... Mi madre era mi mejor amiga, sigue siendo aunque ya no esté fisicamente aqui conmigo. Pero además de mi mejor amiga era la persona que más me entendpía y la que me amó a pesar de mis errores, defectos, equivocaciones, a pesar de todo.
Me encanta que ames asi a tu madre, lo merece absolutamente. Disfrutala mucho, mucho, mucho.
Un beso.
Has tocado un tema que me llega profundamente a lo más profundo... Mi madre era mi mejor amiga, sigue siendo aunque ya no esté fisicamente aqui conmigo. Pero además de mi mejor amiga era la persona que más me entendpía y la que me amó a pesar de mis errores, defectos, equivocaciones, a pesar de todo.
Me encanta que ames asi a tu madre, lo merece absolutamente. Disfrutala mucho, mucho, mucho.
Un beso.
Comentario:
Sólo si estuviese absolutamente segura de que sabría criar y querer a un hijo como para que me escribirera una carta similar en el futuro me atrevería a tenerlo sin vacilar.
Una de las muchas razones por las que afirmo que no quiero tener hijos es porque temo no saber cuidarle, educarle y quererle..., trasmitirle valores importantes. Pero esto no viene a cuento.
Es una carta maravillosa, preciosa y sobretodo con una ternura y una sinceridad envidiables.
¿Sabes Yarince? yo no me atrevo a decirles a mis padres que les quiero. Es algo estúpido y sin sentido, pero no puedo. No sé si es vergüenza o qué, pero me bloqueo y no puedo.
Trato de demostrárselo mucho ya que con palabras me quedo corta, pero siempre tengo la duda de si les llegará bien el mensaje. De si realmente son conscientes de lo mucho que les quiero. Yo a veces necesito oirlo. Supongo que ellos también.
Como decía hace poco en un post, este último año empecé a saber quererles, más y mejor, y también a demostrárselo. Aprendí a abrazar y a dar besos más que a la hora de irme a la cama.
Nada más, sólo que yo entraba a dejarte un comentario en el cuento del otro día sobre los niños de colores y acabé emocionándome leyendo una carta que no iba dirigida a mí.
Un beso fuerte.
Una de las muchas razones por las que afirmo que no quiero tener hijos es porque temo no saber cuidarle, educarle y quererle..., trasmitirle valores importantes. Pero esto no viene a cuento.
Es una carta maravillosa, preciosa y sobretodo con una ternura y una sinceridad envidiables.
¿Sabes Yarince? yo no me atrevo a decirles a mis padres que les quiero. Es algo estúpido y sin sentido, pero no puedo. No sé si es vergüenza o qué, pero me bloqueo y no puedo.
Trato de demostrárselo mucho ya que con palabras me quedo corta, pero siempre tengo la duda de si les llegará bien el mensaje. De si realmente son conscientes de lo mucho que les quiero. Yo a veces necesito oirlo. Supongo que ellos también.
Como decía hace poco en un post, este último año empecé a saber quererles, más y mejor, y también a demostrárselo. Aprendí a abrazar y a dar besos más que a la hora de irme a la cama.
Nada más, sólo que yo entraba a dejarte un comentario en el cuento del otro día sobre los niños de colores y acabé emocionándome leyendo una carta que no iba dirigida a mí.
Un beso fuerte.
Comentario:
Ha sido precioso este articulo amigo. Nuestras madres son siempre especiales pero tu tienes todo un diamante.
Un saludo
Un saludo
Comentario:
Felicidades a esa madre, a esa compatriota en años, que ha sabido , no sólo rodearte de ternura y sensibilidad, sino que también te ha enseñado a ser un gran hijo y manifestarlo.
Preciosa carta que tu madre guardará como el mejor tesoro que le ha dado la vida.
Gracias en nombre de todas las madres.
Muchos besos. Muralla.
Preciosa carta que tu madre guardará como el mejor tesoro que le ha dado la vida.
Gracias en nombre de todas las madres.
Muchos besos. Muralla.
Comentario:
Abro la página principal de los blogs de Ya.com y por una vez veo a uno de mis favoritos en el podio, y me digo que a veces la masa no es tan boba, que algunas veces la belleza sí escala peldaños entre los ladrillos... Sí, una chorrada, lo sé, y que te da igual, pero me ha hecho ilusión ver al guerrero Yarince como el tercer blog "más visto".
Tiene triple mérito, porque hoy en día no se estila dedicarle una parcela del ocio al sentimiento, porque tu página ha de ser, por fuerza, leída y sentida, no puede quedar la estadística en visita somera. Y porque esta bitácora de secretos es uno de los diarios más desnudos de toda la "blogosfera". Y pinta un hermoso cuadro con esa piel de corazón inquieto.
En fin, que uno se dispone satisfecho por el amigo a leer, con tiempo, que no con calma... hoy que uno no tiene demasiadas ganas de escribir... y se encuentra con esa carta.
Y con todo el cariño del mundo esboza un "qué cabrón" entre dientes, por haberme licuado la mirada en unos minutos. Por mucho más de lo que escribes. Por la parte del espejo en la que no me veo, por la ausencia, y por mil cosas más.
Sobre pilares eternos (Ella -y esta lleva mayúscula más regia que la de mis escritos-) se levanta un templo majestuoso (tú). Del océano llueven todos los ríos del mundo. Hasta que un mal día nos judeocristianizamos e idiotizamos todos, por algo todas las diosas del orbe eran madres.
"Qué cabrón", Yarince, que me has dejado zimbreando como espiga de trigo.
Estrujabrazo inmenso.
Tiene triple mérito, porque hoy en día no se estila dedicarle una parcela del ocio al sentimiento, porque tu página ha de ser, por fuerza, leída y sentida, no puede quedar la estadística en visita somera. Y porque esta bitácora de secretos es uno de los diarios más desnudos de toda la "blogosfera". Y pinta un hermoso cuadro con esa piel de corazón inquieto.
En fin, que uno se dispone satisfecho por el amigo a leer, con tiempo, que no con calma... hoy que uno no tiene demasiadas ganas de escribir... y se encuentra con esa carta.
Y con todo el cariño del mundo esboza un "qué cabrón" entre dientes, por haberme licuado la mirada en unos minutos. Por mucho más de lo que escribes. Por la parte del espejo en la que no me veo, por la ausencia, y por mil cosas más.
Sobre pilares eternos (Ella -y esta lleva mayúscula más regia que la de mis escritos-) se levanta un templo majestuoso (tú). Del océano llueven todos los ríos del mundo. Hasta que un mal día nos judeocristianizamos e idiotizamos todos, por algo todas las diosas del orbe eran madres.
"Qué cabrón", Yarince, que me has dejado zimbreando como espiga de trigo.
Estrujabrazo inmenso.
Comentario:
Ay Yarince...me acabas de hacer llorar...y ahora, escondida tras las gafas en el despacho, sólo puedo decir que tu madre y tú tenéis la suerte de teneros por igual...todo lo que has dicho de ella, estoy segura que se puede decir de ti...
Eres maravilloso!
Un beso, lleno de lagrimas hoy...
Eres maravilloso!
Un beso, lleno de lagrimas hoy...
Comentario:
Tu madre parece maravillosa, un ser excepcional, Yarince. Y ha sabido criar a otro ser digna de ella.
Muchas veces, estos seres maravillosos que nos rodean no oyen, o leen jamás lo que pensamos de ellos. Se quedan sin saberlo, pero esta carta lo dice todo.
Me has conmovido de tal modo que no sé como voy a dormirme ahora (eso no esta bien, guerrero, deberías poner, post no apto antes de irse a la cama)
Un beso, y gracias por compartir la carta.
Muchas veces, estos seres maravillosos que nos rodean no oyen, o leen jamás lo que pensamos de ellos. Se quedan sin saberlo, pero esta carta lo dice todo.
Me has conmovido de tal modo que no sé como voy a dormirme ahora (eso no esta bien, guerrero, deberías poner, post no apto antes de irse a la cama)
Un beso, y gracias por compartir la carta.
Comentario:
No te conozco pero me has conmovido, enlacé tus letras de la página de una amiga y la verdad es que aunque sólo haya leído una mínima parte de lo que escribes me ha parecido haber leído mucho de ti. Tu madre y tú sois muy afortunados por saber comunicar y querer, algo que falta en muchas familias. Creo que vas a tener un nuevo lector, espero no entrometerme demasiado pero te cotillearé y te comentaré si me dejas, claro.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Dejenme entrar a la fiesta porfavor, que vea esa madre como lloran mis ojos de amor sembrado de semillas que Yarince deja al pasar.
Pero tú preciosa mujer,eres esa belleza por fuera y por dentro,tu saber estar y amor se ha esparcido por toda la casa impregnando a Yarince de por vida.
La empatía es un dón que no todos tenemos, con la sensibilidad ocurre lo mismo, no tiene genero masculino o femenino, tiene dirección, la del pronombre personal TÚ y tú, dulce mamá, has abierto camino, dejando huellas imborrables, por si se necesitan si te pierdes por el camino.
Has dejado a Yarince utilizar todas sus armas, la sensibilidad.
Veo piedras preciosas en tus ojos, Yarince.
Dejame darte hoy a tí mamá las gracias de corazón, te reconozco, mi madre es la misma. Terrón de azucar, piedra preciosa, no hace falta decir "No dejes que tus alas de libertad, pierdan una sóla pluma" por que tú, eres lo más parecido a libertad que he leido en un blog.
Un abrazo emotivo, con el corazón en un puño, a pecho descubierto y la sensibilidad a flor de piel.
Yarince dice: "los demás no son un buen sitio donde buscarse. Pero sí donde encontrarse".
Serena dice:Yo ya me he encontrado. Aquí, estoy en casa.
Pero tú preciosa mujer,eres esa belleza por fuera y por dentro,tu saber estar y amor se ha esparcido por toda la casa impregnando a Yarince de por vida.
La empatía es un dón que no todos tenemos, con la sensibilidad ocurre lo mismo, no tiene genero masculino o femenino, tiene dirección, la del pronombre personal TÚ y tú, dulce mamá, has abierto camino, dejando huellas imborrables, por si se necesitan si te pierdes por el camino.
Has dejado a Yarince utilizar todas sus armas, la sensibilidad.
Veo piedras preciosas en tus ojos, Yarince.
Dejame darte hoy a tí mamá las gracias de corazón, te reconozco, mi madre es la misma. Terrón de azucar, piedra preciosa, no hace falta decir "No dejes que tus alas de libertad, pierdan una sóla pluma" por que tú, eres lo más parecido a libertad que he leido en un blog.
Un abrazo emotivo, con el corazón en un puño, a pecho descubierto y la sensibilidad a flor de piel.
Yarince dice: "los demás no son un buen sitio donde buscarse. Pero sí donde encontrarse".
Serena dice:Yo ya me he encontrado. Aquí, estoy en casa.
Comentario:
Sin duda tu madre es un ser inmensamente bello. Eres afortunado de tenerla, de haberla conocido y de quererla.
Y ella, es inmensamente afortunada por tenerte :)
Un beso :*
Isabel





