logotipo

img_google
Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
Acerca de
Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
Sindicación
Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com
 
el informal
Hace un par de años mi amigo Carlos (el mejor, el más duradero, el que se quedará siempre) nos fuimos un fin de semana a Gran Canaria. Ese viaje y un episodio en particular cambiaron su vida. Tanto que me pidió que se lo escribiera, para no olvidarlo nunca. Así lo hice. Le pedí permiso para postear en mi blog aquel texto, porque no sólo habla del amor tan grande que le tengo, sino de una flor rara que tambalea los cimientos de todo en lo que crees. Esas inflexiones que cambian el rumbo, el bache que te saca de la carretera polvorienta y te deja paseando en un campo de amapolas.

separaciones
jardines japoneses de tierra y piedra. rastrillos. fronteras y surcos.

Dice Benedetti que el amor es un informal. Sin duda lo es. Un informal que se presenta sin avisar, y que se va de la misma forma. Quizá por eso el amor es siempre francés, porque se despide a la manera gala.

Acostumbrado a escribir en primera persona, hoy tengo que tomar prestada la segunda del singular. O del plural. Porque me toca meterme en otra piel para contar un recuerdo. Para poder constatar algo que pasó, para que no se olvide. Es un regalo, hecho de corazón a un gran amigo que me lo ha pedido. Como quien hace una foto, pero sin tanta fiabilidad. O quien sabe, quizá con más, porque no hay nada más real que los sentimientos.

Fue un viernes y fue un mes de julio. En unas mini-vacaciones. La edad y la fecha formaban un número mágico, como el inicio de una cuenta. Pero hacia adelante, nunca para atrás. Es curiosa la forma que tiene la vida de darnos un revolcón. No suele hacerlo con estridencias, sino de la forma más pícara, como quien no quiere la cosa. Una sucesión de acontecimientos que desenlazan en algo que lo cambia todo, o que simplemente revolucionan tu mundo para en unos instantes volver a ordenarlo, con una nueva figura.

Lo viste allí detrás, mientras pedías una copa para tomar a medias. Tu eterno JB con cola. Me dijiste, como tantas veces, que te parecía gracioso aquel sentado detrás de mí. Con inocencia, sin ninguna doble intención. Porque nunca has tenido mala idea, ni va en tu carácter hacer planes de conquista. Tenías muchas copas encima, quizá demasiadas. Todos las teníamos. Y por vacilar un rato, y hasta quizá por instruirme un poco en el arte de dar un primer paso, me dijiste "vamos a decirle algo". Y yo, cortado como siempre, hice el ademán pero te dejé ir solo. No sé si eso hace recaer en mí algo de culpa. Si es así, la asumo sin problemas. De aquí en adelante mi relato es una cábala. Una conversación adivinada o recreada a partir de lo que me has contado. Cambia lo que no sea exacto. Tacha lo que no proceda.

Empezaste a hablarle como quien no quiere la cosa, qué tal, tomándote algo, te diviertes. Con tu mejor arma puesta, eso sí, la sonrisa. Y la naturalidad, que se te ve en la cara, o en los ojos, o en el conjunto, no lo sé, pero se ve. Lo que empezó siendo una picardía te jugó una mala pasada. Aquella conversación trivial fue transformándose en una complicidad que nunca te esperaste. En un sentido común del humor, en un juego en el que cada vez te sentías más inmerso. Te estabas enamorando, en apenas 5 minutos.

Te imagino hablando de boberías, sintiéndote cada vez más protagonista de una película. Estaba yendo todo demasiado bien. Lo examinarías sin que se diera cuenta, no sé si buscando el error, el fallo como en esos pasatiempos pictóricos, ese pequeñísimo detalle que te alertara de que cometías un error. Fuera como fuera, seguro que te enganchó el pelo desordenado en la frente, rubio, apuntando a todos lados, en el que te fijaste cuando se giró para dejar la copa en la barra. Y los ojos de un azul transparente, que daban vértigo al mirarlos, como si te fueras a hundir dentro de ellos; tanto que tenías que apartar la vista para no perderte. Y la sonrisa, que asomaba perfecta por los labios tan finos. Lo que empezó como una broma era ya un cortejo. Un callejón con una única salida. En un momento fugaz, cruzarían la mirada y leerían en vez de escuchar. Y los dos leyeron lo mismo. Seguro que no sabes si fue un segundo o un minuto. Ese instante que precede al primer beso es el tiempo más difícil de medir que existe.

Ese beso es el que acerté a ver de refilón. El que me dejó boquiabierto, porque nunca pensé que te atrevieras a llevar a término el juego. No me lo podía creer. A partes iguales me alegré y me compadecí de ti. Me alegré porque te vi tomar una decisión, una decisión que tendría consecuencias! Por fin. La vida se movía para ti. Y me alegraba de ese torrente de cosas que estarías sintiendo, de esa pasión juvenil, ese juego prohibido. Me alegré de que el morbo se hubiera metido en tu vida ordenada, aunque fuera un fisquito. Pero ya te digo que me compadecí de ti. Porque no sabía si estarías preparado para lo que se te venía encima. Me preocupó que no supieras llevarlo bien. Me agonizaba que de alguna forma me culparas por lo que te estaba pasando.

Pero hay otra cosa más. Mi niño. Sabes que mi camino ha sido largo, y que conozco muy bien, por suerte o por desgracia, lo que es engancharse con un desconocido en un bar, o en una plaza. Pero mi experiencia se reduce a algo tan delimitado como la simple lujuria. Ver a alguien que te gusta y acercarte. O que alguien se te acerque. Y notar que el corazón te late más deprisa, que el rozarte es un escalofrío, y que simple y llanamente te calientas. Siempre una presión bajo la cintura, un mordisco en el cuello, un beso con lenguas protagonistas. Y con urgencia. Pero el beso que yo vi no era de esos a los que uno acostumbra en situaciones así. Era un beso de ternura. Quizá fue lo más que me sorprendió. Seguro que a él también. Esa ternura en un beso dado en un bar a un extraño, es algo realmente insólito.

fronteras
de un lado, la calma. del otro, el mar abierto. en qué lado estás tú?

Dejé de mirar, porque me pareció algo demasiado íntimo para macharlo. No sabía cómo reaccionar. Soy tu amigo, no sabía si debía animarte, si debía recordarte tu situación. Da igual. A lo hecho pecho. Otra casualidad más hizo que las luces del bar se encendieran, echándonos a la calle. Y que no supiéramos dónde podíamos seguir la fiesta, con lo que lo único que te quedaba era el apartamento. La vida seguía jugando con sus picardías. Y para allí salimos... en dirección contraria. De eso no me olvidaré nunca. Nosotros dos apretamos el paso, para dejarlos atrás y que se dieran una alegría al cuerpo. Una alegría que yo pensaba que sería únicamente un atracón de bocas contra una pared, o en zaguán. Te confieso que nunca pensé que fueras a llegar más lejos.

Seguro que esos ratos hasta subirse al taxi fueron increíbles. Que envidia me das. Prometí recrearte la situación, pero me temo que lo mío no es la literatura erótica! Y menos en segunda persona. Tendrás que llenar tú esta parte. Haz memoria. De los portalones donde se apoyaron. Si tomabas la iniciativa tú o la tomaba él. De cómo te agarraba, y por donde. De la presión. Y de que probablemente en ningún momento se te pasó por la cabeza lo que arriesgabas. Que era como un paréntesis donde no existía nada más. Por un momento estabas viviendo simplemente el presente, sin pensar en el pasado ni en cómo ponías en peligro el futuro.

Hasta que cogieron el taxi, después de un rato. Fueron los dos detrás? Me imagino que sí. Y que no podrían evitar tocarse en los pocos minutos que tardó en llegar a los apartamentos. Quizá la mano en el muslo. O simplemente una presión atando las rodillas.

Llegaron al hotel, ya con urgencia, anticipando lo que iba a pasar. La intimidad del ascensor era el marco perfecto. El primer momento completamente solos, sin temor a que pasara un coche, o un trasnochado despistado. Y el recorrido del pasillo también estaría salpicado de sus momentos, imagino. A veces la pasión es tanta que no da tiempo a llegar a la habitación que está a cinco metros, y ese pequeño espacio tarda una eternidad en recorrerse, con paradas a cada centímetro. Menudo disgusto sería tocar la puerta del paraíso y que no hubiera portero para abrirla. Nos odiarías pensando que estábamos dentro. Y tuviste que bajar para que te abrieran con la llave maestra. Te importó una mierda lo que pensaría el portero, solo querías que te abrieran esa puta puerta YA.

Ahora sí que me niego a relatarte los episodios "escabrosos". Hasta me da un poco de vergüenza. Ni el de la madrugada ni el de la mañana en la ducha. Como sólo se trata de que recuerdes la experiencia, te doy unos datos para que te sirvan de pequeña referencia. Recuerda que era como tú, a mediana escala, pero sin barriga. Que hiciste un uso bastante poco habitual del protector solar (a propósito, el único protector que usaste, loco, que no te vuelva a pasar). Que los dos tenían compromisos. Que era algo mayor que tú. Que la palabra "lindo" ya nunca tendrá el mismo significado para ti. Que te dijo lo más bonito que se puede decir, que podría enamorarse de ti. Que su pierna bastó para quitarte los nervios que te provocó la chica de la limpieza por allí revoloteando. Que cuando se iba, sin teléfonos, volvió para darte otro abrazo.

Es curiosa la vida, verdad? Y las confusiones que genera. Nosotros pensábamos que te sentirías culpable. Lo seguí pensando hasta el domingo. Pero no era eso, estabas enganchado! Lo siento, rey, tenía que haberme dado cuenta. Me imagino tus nervios todo el día, esperando verlo en la playa, en el hotel al llegar, por la noche en los bares, tu estrategia maestra para tener cubierta la última hora contigo en el apartamento y nosotros en la discoteca. Seguro que esperabas encontrarlo en la puerta cuando llegaste al hotel. O en tu móvil, deseoso de que lo hubiera cogido durante la noche para memorizar tu número. Verlo el domingo en el maldito kiosco 7. Si llego a saberlo hubiera intentado ayudarte, decirte algo, animarte. Buscarle. Algo. La próxima vez, habla! Pensaba que sólo querías verle por curiosidad, a la luz del día, por rematar la faena.

Eres tremendo. Sigue siempre así. Es el momento de lamentarse y pasarlo un poco mal, pero pasará. Me alegro de que la vida te haya servido en bandeja esta experiencia, porque ahora sabrás que hay algo más. Que no puedes conformarte con las cosas, por estabilidad. Que sólo el que arriesga gana, aunque sea una noche de la que no te puedas olvidar.

Espero que guardes esta carta. No para recordar a Gustavo, a quien te aseguro que olvidarás en un tiempo. Lo que nunca podrás olvidar es lo que te hizo sentir. Y no debes hacerlo. Para que puedas reconocer el instante cuando vuelva a pasarte, y al menos pidas un teléfono. Hay gente que necesita orden en la vida, control. Yo pensaba que tú eras de esos. Y me equivoqué. También pensaba que yo era así, y también metí la pata. La vida, a su endiablada y maravillosa manera, nos ha dado un revolcón. Nos ha hecho abrir los ojos. Ahora, lo único que debe importarte, es que sería un pecado volver a cerrarlos.

hasta los ojos saben sonreir
Yarince y Carlos, con los ojos bien abiertos
 
Comentario:
Aissss Yarince, tendrías que dedicarte a escribir las historias de los demás, un trabajo donde te pagaran por darle musica y letras a lo que te contamos desde el corazón.

Sin duda Carlos, rememorara con dulzura su historia cada vez que te lee :)
 
Comentario:
demasiado, yo he vivido algo muy parecido, me has hecho recordar.
 
Comentario:
aysss q lindo es siempre viajar a tus memorias junto a ti,
Besitos salados de cHOI
 
Comentario:
Amigos, amigos, amigos. Brindarle a un amigo también tus letras es maravilloso.
La sorpresa lo mejor del pastel.
 
Comentario:
preciosos recuerdos, haces q viajar al pasado contigo sea una delicia
Un saludo
 
Comentario:
Están tan bien relatadas estas vivencias que me he puesto a 100, uffffffff.
Que delicia!
 
Comentario:
Las sorpresas de la vida, aunque dejen añoranzas, es bueno vivirlas, aunque sólo sea para recordar que no todo es monotonía.
Un abrazo. Muralla.
 
Comentario:
Lo peor del amor... habitaciones separadas. Yo, como casi siempre, del lado del mar abierto...
 
Comentario:
Yarince, eres evocador..cualquier pensamiento que llevas en tus bolsillos..en tus fotos tan genuinas, lástimas en cada resquicio del corazón por todo lo que derrochas..levantas pasiones y tienes que ser totalmente consciente...ya nos vamos conociendo..y hay un hilo finisimo que va uniendo...cambia una hasta la identidad por pertecener de alguna manera..un papelito de esos que llevas en tus bolsillos...te adoro...un millón de besos.....
 
Comentario:
Creo que voy a contratarte como mi escritor personal de recuerdos. Lo has hecho fenomenal...abro los ojos, no quiero volver a cerrarlos. Me quedo con: "No para recordar a Gustavo, a quien te aseguro que olvidarás en un tiempo. Lo que nunca podrás olvidar es lo que te hizo sentir."
Un abrazo de personas altas.
 
Comentario:

Una historia muy hermosa. Un beso para ambos :**

Isabel.
 
Comentario:
Ay Yarince...qué bien lo has contado! Qué difícil contar de otros y qué bien te ha quedado! Estoy completamente convencida de que has dado en el clavo... en ese clavo dual que a muchos nos acompaña, esa dualidad entre abandonarse al deseo, no puramente físico, sino mágico, envolvente, sacudidor de las entrañas o continuar con la estabilidad aprendida, con los guiños cómplices pero a veces tan manidos...

Dualidad, dualidad...pero nunca hay que olvidarse de los números de teléfono!

Un besazo
 
Comentario:
Es una carta muy bonita. Me ha gustado sobretodo porque relata algo que yo, hasta el día de hoy, no me he atrevido a hacer con nadie. Quizás sea de los tipos que creen que la estabilidad lo es todo. La verdad es que lo dudo. A lo mejor debería jugar a la lotería...
 
Comentario:
Somos un cúmulo de carencias y querencias. Lo peor del amor es cuando pasa. Mejor no idealizar, pero tenemos el todo el derecho de hacerlo.

Mañana reconoceremos la dosis de un amor sincero aunque sólo dure un momento. No importa, CHUPA EL MOMENTO!
Exprime esos momentos que podrán darte aliento cuando lo necesites. Un día reconocerás las diferencias, llegarás incluso a preferir por momentos, lo efimero y a diferenciar una bragueta de otra, sin desdeñar lo que vas a recibir a cambio. Seres como nosotros necesitan pensar en el sexo con amor, eso no es obstaculo, disfracemoslo cada noche aunque tengamos que inventarnos un nombre.

El milagro es coincidir en las ganas de amar. Aprovechalas, no importa lo demás, Carlos.

No temas Yarince por tus secretos, propongo desaparecernos todos para que vuelvan ellos. sSSSsszzzuuuuu
 
Comentario:
Somos un cúmulo de carencias y querencias. Lo peor del amor es cuando pasa. Mejor no idealizar, pero tenemos el todo el derecho de hacerlo.

Mañana reconoceremos la dosis de un amor sincero aunque sólo dure un momento. No importa, CHUPA EL MOMENTO!
Exprime esos momentos que podrán darte aliento cuando lo necesites. Un día reconocerás las diferencias, llegarás incluso a preferir por momentos, lo efimero y a diferenciar una bragueta de otra, sin desdeñar lo que vas a recibir a cambio. Seres como nosotros necesitan pensar en el sexo con amor, eso no es obstaculo, disfracemoslo cada noche aunque tengamos que inventarnos un nombre.

El milagro es coincidir en las ganas de amar. Aprovechalas, no importa lo demás, Carlos.

No temas Yarince por tus secretos, propongo desaparecernos todos para que vuelvan ellos. sSSSsszzzuuuuu
 
Comentario:
Por supuesto que seria terrible volver a cerrar los ojos, de acuerdo contigo.

Nuestras vidas están hechas de experiencias, aprendemos infinidad de ellas, y gracias a ellas podemos mirar mejor. Me ha gustado que tu amigo carlos viviera esta experiencia seguro inolvidable.

Un beso.
 
Comentario:
Nunca se sabe cuando te atrapará la locura, me alegro de que Carlos la viviera, aunque es verdad que cuando hay un cierto orden en tu vida, sin querer, intentas que aquello que desordenaste tenga sentido para ti.

Y a veces no lo hay, sólo se te permite vivirlo.

Un abrazo!
No