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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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virgen extra
Tras el paréntesis pictórico y legendario (que espero os gustara tanto como a mí), volvemos a la realidad con dos retazos de la mía.

Hoy, a colación de un artículo de Carlos Fuentes hablando sobre el maremoto, mandé a una lista de escritura a la que pertenezco el post que escribí “tigres de agua en bengala.” Un compañero de la lista (y excelente escritor), me contestó que la cantidad de muertos importa. Que hay diferencias entre quien muere por un tsunami, por una guerra, o de hambre. Esto fue lo que contesté:


el momento de recoger las redes
al atardecer los pescadores recogen en la playa de Nabeul, mientras Yarince observa

“Uf, Jose, si empezamos a diferenciar entre muertes por su cantidad y calidad... Una cosa es que uno como individuo sienta cosas distintas. Como dije en el post, con el dolor que me puedan causar las muertes del tsunami, no son comparables con el que sentí con la de mi hermano, porque lo conocía, lo quería, y compartía con él la vida. Son dolores distintos, y de muy distinta intensidad. También sería diferente si se estrellara un avión con un grupo de canarios que vuelve de Venezuela. Por proximidad, es inevitable. Y cuando se trata de desconocidos, me impactan más un millón de muertos que cien. Pero eso no quiere decir que importen menos.

A nivel global no debería ser menos importante la muerte de uno que la de cientos. Porque cuentan de forma individual, y no se acumulan. Cuando un indigente muere de frío en invierno, no hay nadie que pida en maratones televisivos. Porque es fácil ocultar algunas muertes, que sean silenciosas. Y nadie merece morir en silencio. Pero es incómodo que se te muera alguien en el portal de tu casa, hay que esconder los esqueletos en el armario.

una combinación perfecta: callaos, arena y mar
la orilla de la playa de La Lanzada

Entrar en tu argumento pondría en peligro muchas cosas, porque si damos distinto peso a la muerte, eso querría decir que hay gente que merece menos morir. Quizá por eso a los de EEUU les cuenta tanto administrar la inyección letal a alguien que no sea hispano o negro. Por eso las bajas de guerra en filas se ceban en hijos de familias modestas. Quizá por eso se llenan los correos de imágenes de niños suecos y australianos, huérfanos por la tragedia, y no de los de Sri Lanka o Ceilán. ¿Porque hay gente que se merece "menos" la desgracia? Yo creo que no. Creo que hay que ser democrático, incluso en la desgracia y en la muerte. Porque todas las muertes injustas importan, una por una, aunque no sean portada de un telediario.

Aparece un bebe en un cubo de basura y nos echamos las manos a la cabeza, y ponemos a su madre en la picota. Nos quedamos tranquilos porque encontramos al culpable. Es más fácil que pensar por qué lo hizo. Más fácil que empatizar con una cría de 15 años aterrorizada por quedarse embarazada, por la reacción de su familia, de sus vecinos, de sus compañeros de clase. Una cría que no tuvo la oportunidad de que le practicaran un aborto en condiciones, que carece de ninguna educación sexual. Y no la disculpo, cometió un delito y debe hacerse algo. Pero no podemos erigirnos en jueces y declararla culpable con total impunidad, porque buena parte de la culpa es social. 'Habría que correrla a palos,' he oído decir a los mismos que firman para evitar la lapidación de Amina en Nigeria. Doble moral. Poca memoria. Hipocresía.

Es verdad que hay diferencia entre los tres casos que mencionas. Las mentiras que nos creemos para evitar sentirnos responsables. El mundo desarrollado es un pesticida para los más desfavorecidos (y no hablo sólo de los que viven en la bahía de bengala o senegal, sino de los que se esconden a tres manzanas de nuestras casas), y seguimos limpiándonos la conciencia usando de pañuelo un billete. El tsunami es la excusa perfecta para apenarse, para sentirnos magnánimos y solidarios. Y para darnos la vuelta a un montón de muertes por las que, además de pena, deberíamos sentir vergüenza.”

el momento previo a la caída
el agua se precipita a las cataratas del Niágara. Los haces de luz frente al foco son mosquitos!

Y en otro orden de cosas, ahora más poéticas para sacarme del bache, alasdemusica me hizo tres preguntas en un comentario a uno de mis textos: “¿Dónde estás tú? ¿En la orilla en calma? ¿En medio de la tempestad?” Mi contestación fue breve, tres frases, pero me dejaron pensando. Tanto que me puse a escribir algo más largo, porque desglosadas en ellas estaba mi pasado, mi presente y mi futuro, mis años, mis meses y mis días. Las raíces, el tronco y las ramas de mi…

Olivo Virgen

Al caer la tarde, todas las tardes, echo raíces en la orilla. Tiendo los recuerdos a lo largo de la línea que traza el océano en calma, observando cómo se baten en la brisa y escurren sus lamentos con la ayuda del último sol. Llegan sus gotas en avalanchas de agua a acunar mis pies, que descalzos intentan deletrear las palabras mágicas que abran la gruta que esconde la arena.

Al caer la noche, todas las noches, me arrebata la tormenta y abrazo mis sarmientos a la espuma. Me yergo en tronco sobre los hervores de olas, ahogado en la tempestad que lideran los árboles que talé y que reclaman su sitio en mi cuerpo, ahorcados en las mismas ramas de mi mar abierto junto a los frutos podridos en sal de este huerto de agua.

Al caer la aurora, casi todas las auroras, presencio un perenne milagro. El de amanecer coronado con ramas de olivo, varado en el aceite de tu playa.

amanecer esperando un transbordador
en el camino a la isla de Djerba...
 
Comentario:
la muerte es igual, basta con sentirse un humano, igual de fragil que los demás ante la adversidad, los bombardeos , el frío etc.
las miserias de nuestro 4ª mundo, el de la pobreza en el 1º, nos revuelven las tripas más porque lo sabemos de antemano, y miramos a otro lado, a veces al tsunami, aunque hay más dinero donado del que se puede dar/invertir/ hacer util en asia en este momento. Ser y sentirse humano es siempre, no ante algo.
(preciosas fotos)
 
Comentario:
en el maremoto no hay a quién culpar, pero yo creo en la solidaridad todos los días (pertenezco-colaboro con MSF).
Preciosas las fotos.
 
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Pues a mi me duele todas y cada una, los que tenían familia, por ellos, y por su familia, los que no la tenían, por eso mismo, casi hasta más, alguien tiene que dolerse por ellos,no?

Un abrazo!
 
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¡Excelente respuesta Yarince!, pero no me extraña nadita que asi sea.

La fotografía de la playa de Nabeul me parece que solamentge le falta moverse... ¡bellisima!
 
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Ya te lo he dicho antes, por correo, pero te lo repito: ¡qué buena tu respuesta!
Amanecer esperando... un transbordador o cualquier cosa, ese es el milagro.
Besos
 
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Desgraciadamente a todos nos llega probar la guadaña negra, y creo que por eso, porque TODOS caemos en sus garras negras, no hay que dar categorias. Siempre lleva crespones de tristeza
 
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Desgraciadamente a todos nos llega probar la guadaña negra, y creo que por eso, porque TODOS caemos en sus garras negras, no hay que dar categorias. Siempre lleva crespones de tristeza
 
Comentario:
A mí me revuelve el alma que cada una de esas 220.000 PERSONAS muertas por el tsunami tenía una familia, unos amigos, unos vecinos, que si han sobrevivido, deben estar anímicamente hundidos en ese fango que les ha quedado.
 
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la muerte es una visita q nos llega a todos lamentablemente y es siempre dolorosa.
un paseo por la playa, mojando los pies descalzos y sintiendo la arena, es una forma de superar cualquier estado de pena
Besitos salados de CHOI
 
Comentario:
Empecé a escribir y no podía parar...

Mira el resultado de mi visita a tu playa, porque acabo de hacer un "post" de lo que debería haber sido este comentario.

Gracias.

pd: Para quitar hierro... ¿a quien hay que matar para estar en La Lanzada ahora mismo...?

:_) snifs...
 
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cuanta razón tienes, nadie es mas q nadie, todos somos importantes en vida, y todos merecemos un calido adios
Un saludo
 
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Es difícil cambiar el ánimo pasando de la dureza de tus palabras por la muerte de tanta gente a la dulzura y melancolía del último párrafo. Pero lo has conseguido.
Lo que más me gusta de ti es tu empatía. Tu capacidad de ver las cosas desde todos los puntos de vista. Tienes una percepción de la realidad muy rica, nada sesgada. Y me alegra que tengas tan buen dominio de la palabra como para abrirnos los ojos.

Un abrazo sincero.
 
Comentario:
"Cuando un indigente muere de frío en invierno, no hay nadie que pida en maratones televisivos". Esa frase, Yarince, me ha revuelto el alma...quizás porque de repente me ha venido la mirada de un viejo conocido que vivía en un banco en el Paseo de Recoletos en Madrid. Durante meses cruzamos nuestras miradas dos veces al día en mi ida y vuelta al trabajo, durante meses ví como bebía cartones de vino y trataba de aislarse con cartones de un otoño especialmente lluvioso...durante días nos vimos, hasta que de repente una mañana dejó de estar y su ausencia me hizo desesperadamente echarle de menos...pero fue tarde...murió con el frío del invierno en el pasadizo de Colón. Y yo me odié a mí misma sin saber muy bien porqué y sabiéndolo al mismo tiempo. Muchas veces cuando aún paso por Recoletos no puedo dejar de mirar su banco y echarle de menos...demasiado tarde, quizás...

Y en cuanto a tu texto final, qué puedo decir...nunca mejor combinación que la de los árboles y el mar...

Un beso, triste...así me he quedado hoy...
 
Comentario:
Hace tiempo leí en algún sitio una frase sobre la importancia del número de muertes, pero no tuve la precaución de copiarla porque creí que la recordaría... Era alco así como 1 muerte es una pesadilla, cien una desgracia, mil una ¿? y a partir de ahí una simple estadística.

El párrafo que habla sobre el bebé abandonado y un montón de gente pidiéndo la cabeza de la madre me ha revuelto algo dentro porque cada vez que oigo en el telediário una noticia así lo que pienso es "esa mujer debía estar acojonada" y siento angustia.

También siento pena por el bebé ¡claro que si! pero lo primero que se me suele venir a la cabeza es que la persona que lo hizo tenía que estar verdaderamente asustada.
El tema de la doble moral necesitaría posts y más posts...

Nada más, un beso que voy a continuar leyéndote.
 
Comentario:
Una cosa que me rompe la cabeza son las muertes evitables, las de una guerra son evitables y las del maremoto también lo eran. Por otro lado es lógico que la muerte de un hermano duela más que un millón de maremotos, eso no tiene discusión...
Un abrazo.
 
Comentario:

Yo pienso, querido Yarince, que todas las muertes son igual de dolorosas. Pero, como tú bien dices, no todas nos duelen igual: el tránsito de alguien que nos deja, a quien amamos, a quien hemos conocido, con quien hemos hecho brotar, al unísono, ramas, raices, tallos y hojas; con quien hemos reído, llorado, sufrido o echado a volar las alas de alegría, no puede ser, en sentido estricto, igual a otras muertes.

Y esas otras muertes, que nos parecen tan incomprensibles, por lo impactantes ( a mi lo del bebé en la basura, me taladra las sienes), y que nos duelen especialmente en nuestra sensibilidad, son algo duro de admitir. Pero sí, hay mucha hipocresía. Y nadie se pone a ahondar en la historia sumergida de algunos seres.

Te dejo un beso y un abrazo grande grande, y una sonrisa que espero te llegue y te aleje de la tristeza :* :)

Isabel
 
Comentario:
briznas -imperceptibles- de hierba se entrelazan y se anudan a tus dedos de ramas, cada mañana, para que te agarres al suelo y no resbales. Para que descanses y tomes aliento. Para que cuando se ponga el sol, ya deshechos los nudos, te deslices de nuevo hacia el mar revuelto de tus noches.
No