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Bitácora de secretos
Apuntes de lo que nunca se dice, mis historias escondidas
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Soy un alma fantasma que vaga por este weblog. Que cuenta lo que pocos saben, y lo que nadie sabe de mí. Regalando el yo más íntimo a desconocidos que no tendrán la oportunidad de conocerme.
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la segunda carta de amor
Galería del martes 25:

Hoy las fotos no son mías. Este personaje viajero se merece algo mejor. Y son las fotos de Yann Arthus Bertrand, en su serie "La Tierra vista desde el cielo". Tuve la suerte de verlas en su inmenso tamaño en una exposición que viaja por todo el mundo. Aún recuerdo la electricidad que me recorría ante las imágenes. Nunca podré olvidarlo.

los azufres del Parque de Yellowstone

Carta del martes 25:

Añorada Hannah,

Sin temor a que me contestes, puedo escribirte hoy la carta que nunca recibiste. Algunos pensarán que es tarde para hacerlo, pero ese término ya no tiene significado para mí. Tarde fue ayer. Demasiado tarde fue hace cien meses y cuatro días, en aquel jardín de Innsbruck, la última vez que hablamos. Hoy, como en aquella ocasión, serás incapaz de contestarme. Sin embargo, Hannah, sé que me escuchas. Un latido apresurado en este pecho anciano me delata tu presencia. Quizá sea sólo un presentimiento, un presagio. Y acaso esta carta te la alcanzará una paloma, prendida como una rama de olivo. O sus cenizas atravesarán la tierra o el cielo durante mil siglos para esconderse en tu pelo.

Tu viejo profesor no es el mismo, Hannah. Es probable que ni siquiera reconocieras en mis facciones quemadas por el sol la cara adusta que te acompañó durante treinta cortos años. Ya no hay yugos en mi entrecejo ni tensión en la comisura de mis labios. El viento del desierto se ha encargado de limar mi rostro con la misma constancia con la que esculpe y suaviza las dunas de arena. Quedan pocos restos del hombre áspero al que le comprabas violetas, del que apenas recibías caricias.

fijaos en ese azul...

Te resultará asombroso, pero hace siete años que abandoné la Universidad y la enseñanza. Ya sé que me dijiste un millar de veces que debía aminorar la marcha, dejar vagar mis ojos por otros lugares que no fueran bibliotecas y aulas, que nunca te hice caso. Pensaba que me hablabas de esas utopías que se marchitan cuando los años se cuentan por veintenas, y desacredité tu opinión como siempre hacía, con una mirada de reprobación y una sacudida de manos. Lo siento, Hannah, ahora sé que tu consejo era la única salida, y que tu sabiduría nunca estuvo reñida con tu descarada juventud. Hizo falta el poder de una tormenta y su repicar en la Plaza Mayor de Salamanca para saber que tenías razón, la pasión de un poeta escrito en un banco empapado para dar un giro a mi vida. No creo que la tempestad hubiera terminado cuando partí con lo puesto y poco más hacia Egipto. El único recuerdo que viajó conmigo en busca del calor fue tu cinta del pelo, la azul, la que te dejaste olvidada la última vez que viniste a verme. Ahora, Hannah, soy un vagabundo que salta entre países de esos que llaman por desarrollar, como yo. Confiando en el porvenir y olvidándome de prever. Sin casa ni sueldo, sólo con mis alpargatas y un puñado de cartas. Quisiera que estuvieras conmigo para poder contarte las maravillas que han presenciado mis ojos. Estarías tan orgullosa de mí, de tu viejo profesor.

Han sido estos siete intensos años los que me han hecho reflexionar. Tuvo que llegarme el ocaso de la vida y la locura para por fin disponer de tiempo, el bien más preciado, el tesoro de los hombres con un alma millonaria. Sólo así he podido pensar en ti, en nosotros, en nuestros treinta años de historia. Los he vivido de nuevo, y he contestado de forma diferente a tus preguntas, he cambiado nuestro guión por otro protagonizado por un profesor dispuesto a ser alumno. He querido enmendar mis errores, aunque fuera en mi imaginación, para paliar el inmenso dolor de no haber sido el hombre que tú te mereciste.

aves escarlata sobrevolando la lava

Quiero contarte lo que cambié, quiero que entiendas mi pudor de quererte, mi férrea disciplina y aquella abominable distancia a la que te condené. Este anciano, adorada Hannah, no pudo quererte más, pero si pudo demostrártelo y no lo hizo. Ese es su lamento, el único que duele en su vida, y que pretende purgar con esta carta. Sólo me tenías a mí, y juzgué oportuno infundirte fortaleza con mi conducta, convertir tu carne limpia en un basalto indestructible, que nunca dependieras de nadie, ni siquiera de mí, para que nadie tuviera en sus manos la hoz que podría amputarte el corazón. Que no tuvieras el pecho hueco, como el mío, vacío desde hace cuarenta años. He sido un viejo estúpido, Hannah. Tu sinceridad y tu pasión, el candor y la inocencia que se te resbalaban de los ojos te convertían ya en una mujer invulnerable. Por eso no te destrozaste en mi fachada de granito, en tus repetidas embestidas, intentando abrirte paso.

Aún recuerdo tus besos cuando salías de mi despacho. Tus palabras cómplices, tus guiños sin respuesta. El olor de tus violetas, que sólo me atrevía a aspirar cuando ya no estabas. Los besos que te di a escondidas, cuando te perdías en el sueño. Mis llamadas de teléfono cuando me urgía oír tu voz, mi instinto de colgar el auricular apenas contestabas, para que permaneciera en secreto mi insoportable necesidad de ti, de tu presencia.

En mi aventura por la cuna del mundo he llegado hasta Jerusalén, Hannah. Y es aquí desde donde te escribo esta carta. Frente a los restos del templo de Salomón y ante miles de buzones que quizá lleven mi carta allá donde estés. Nada me recuerda al cementerio austriaco en el que te dije adiós, mientras plantaba violetas junto a tu lápida. Sólo tu cinta del pelo, enrollada entre mis dedos. La que te compró tu madre apenas una semana antes de abandonarnos, cuando eras solamente una niña. Ataré esta carta con ella antes de meterla en este muro de las lamentaciones, porque ya no me hace falta un objeto para recordarte. No necesito tus reliquias porque hoy se acabaron las elegías. Hoy, hija mía, por fin te celebro.

la ballena nos dice adiós desde el agua

Quizá pediste permiso, allá donde estés, para sacudir las nubes sobre aquella plaza, alentándome a escapar. Quizá disfrazaste tu voz en el repicar de la lluvia, llamándome por primera vez papá. Seguro que en aquellas gotas mandaste tus últimos besos a mi frente. Los míos te los doy hoy, terminado ya mi calvario, con éstas, mis primeras lágrimas.

Lamento no haber sabido quererte. Lamento haber tardado diez años en decírtelo. Y sobre todo lamento que no seas tú quien me escribe esta carta.

Tu padre, siempre,

Wilhelm

las escamas del desierto

Nota a la carta de hoy:

Mi amiga Amanda fue la que me infundió la chispa. "Escribe desde Wilhelm," me dijo. Y el único amor de mi personaje es el de su hija. Los demás son préstamos. Escribí la carta para que fuera leída por gente que no lo conoce. Que pareciera un mensaje a una amante antigua y de tiempo, sólo para descubrir al final que se trata de su niña. Hannah murió en otra carta, hace mucho tiempo. Pero hoy Wilhelm purga su dolor. ¿Mi intención? Perdonarlo. Y bucear en la certeza de que el amor, cuando le sustraemos el sexo, es similar en sus distintas variaciones.
 
Comentario:
Como has conseguido tenerme llorando a moco tendido? Será que tengo la sensibilidad subida.

Joder fui tan estupida, tuve esas fotos en Ceuta y por no pagar 3 estupidos euros las dejé marchar, ahora me arrepiendo como de tantas y tantas cosas que no he hecho... siempre arrepintiendome de la ausencia...

Un beso, voy a por la tercera, la primera creo que ha sido la que me ha puesto sensiblona (ademas de los pelos de punta) para terminar llena de lágrimas con esta.
 
Comentario:
Impresionate!!! que facilidad tienes para coser palabras. mmmmm no estoy muy de acuerdo con lo que dices en la explicación de la carta, pero vaya! son matices!
 
Comentario:
¿De donde puedes sacar la capacidad para convertirte a fondo en lo que no eres? Un nudo se deshace y otro se hace, emocionante......una y mil veces más sin palabras.
 
Comentario:
No tengo palabras!!!! Maravilloso!!!
 
Comentario:
Preciosa carta, bonitas fotos, hermoso blog. Yarince, ¿a qué concurso enviaste tu carta? ¿A éste?

http://www.escueladeescritores.com/modules.php?name=Sections&op=viewarticle&artid=68
 
Comentario:
La belleza de las fotos no alcanza a igualar la que has conseguido plasmar en la carta.
Felicidades por ese don que posees.
Besos. Muralla.
 
Comentario:
Todas las palabras de alabanza que pueda escribir hoy no serán nada más que la sombra de tu genialidad.
Muxus!
 
Comentario:
aysss XD!! no puedo ver na, mis ojos estan asi como llorosos!! XD!! Yarince!!! snif snif jop
Besitos salados de CHOI
 
Comentario:
impresionante!! si estas dos cartas son asi, las q hemos leido, como será de fantastica la q has mandado??
Un saludo
 
Comentario:
yarince, me confieso una asidua consumidora de tus pensamientos, me identifico plenamente con muchos de ellos. Hoy me atrevi a escribirte porque colocaste una fotografia de mi pais Venezuela (es la de las aves rojas)y me parecio inspirador. Te admiro muchisimo
 
Comentario:
Tengo un nudo en la garganta. Tengo que agachar la cabeza para que mis compañeros de despacho no me vean los ojillos brillantes como un personaje de manga. Es una carta impresionante. Me ha emocionado como sólo tú eres capaz de hacerlo.

Gracias.
 
Comentario:
¿por qué tanto a miedo a expresar lo que se siente?
P.D. Las fotos son impresionantes, tuve la suerte de verlas a tamaño real, tu texto lleno de calidad...
Aunque el amor de padre como tema, no me resulta tan novedoso como la carta de ayer.
Me encanta venir por aqui..
 
Comentario:
¿Y esta es la carta no seleccionada?

SE me encogen lsa entrañas... Definitivamente iré al recital a escuchar tu nombre...

:*
 
Comentario:
Yarince,

Las fotos preciosas, sí, pero tu carta es impresionante. No sé cómo será la que finalmente decidiste enviar al concurso, pero tiene que ser colosal para superar ésta.

Genial el giro final y la sorpresa definitiva.

Enhorabuena.

Besos voladores ;-)
 
Comentario:
Mi querido guerrero,

Estoy segura que las palabras de Wilhelm alcanzarán a Hannah allá donde se encuentre. Su invulnerabilidad prosigue a pesar de haberla dejado enterrada en tierras tirolesas. Igual que la invulnerabilidad hacia la necedad que en su viaje va alcanzando Wilhelm, dichoso él por convertirse progresivamente en un hombre con alma millonaria.

Como la tuya.

PD. Impresionantes fotos! Me quedo con la última: Escamas del desierto como las que crecen por tu piel de arena

 
Comentario:

Yarince, las fotos...inmensas. Son increiblemente bellas...

He sido feliz ante "el regreso de Wilhelm". Aún no he olvidado aquella carta a "la dulce Ana".

Preciosa carta, Yarince.

Un beso :*


 
Comentario:
Madrecita amigo. Chapeau o como se escriba Chapó!

Se me ha dao un vuelco al corazón.
Se presagiaba un enigmático final abierto, como los que dejas dejandonos la boca y el pecho al descubierto, pero esto ya ha sido lo máximo. Al amor "cuando le sustraemos el sexo, es similar en sus distintas variaciones" y si alguien las inmortaliza como lo haces tú, ni te cuento!!!!
Recuerdo como me apasionó uno de tus textos de Wilhelm vagabundo.Buscaré tiempo para leerte, el tiempo en el que no posaban mis ojos estas lineas y tan desdichados eran.
 
Comentario:
Las fotos entre más se ven más te atrapan, comprendo la electricidad que te recorrió cuando las viste.

Es verdad, el amor cuando le sustraemos el sexo se parece a todo el que sentimos por amistades, cosas especiales, etc. De ello podemos deducir que el erotismo, o sencillamente el sexo, es sustantivo, pero que el amor es vital.

Un besito.
No