Noches en blanco Kowalski
Mi noche a punto de acostarse se despierta abriendo una ventana a Mercurio. Se desvela con caras amarillentas que esgrimen coincidencias e intercambios. Una noche de insomnio inducido por el ruido de olas en círculos de arena. Por lámparas que alumbran poesías. Por fantasmas que rasgan guitarras sepultando todos los antes de ti. Siete horas de vigilia en ojos traviesos y radiantes sonrisas. Minutos colgados de rostros ocultos tras palmas. Desvelo de Cecilias llevadas en brazos a palacios de Ítaca. La droga dura del asombro acelerando el metabolismo del búho. Mi noche común, mimetizada en noche extraordinaria.
Y el amanecer alumbra la incertidumbre y deslumbra la realidad. Y todo parece un sueño. Porque sólo en él se pueden meter siete horas densas como siete días. Siete escalofríos nuevos como setenta. Todo este cansancio de más de treinta años. Y setecientas notas de Szpilman tocando nocturnos de Chopin.
¿Qué punto de inflexión se produjo en mi sueño? ¿Qué viento me trajo en su estela la bondad de los extraños? ¿Qué resorte en mi pecho deletrea en mi mente un ‘quizás’?
Y el amanecer alumbra la incertidumbre y deslumbra la realidad. Y todo parece un sueño. Porque sólo en él se pueden meter siete horas densas como siete días. Siete escalofríos nuevos como setenta. Todo este cansancio de más de treinta años. Y setecientas notas de Szpilman tocando nocturnos de Chopin.
¿Qué punto de inflexión se produjo en mi sueño? ¿Qué viento me trajo en su estela la bondad de los extraños? ¿Qué resorte en mi pecho deletrea en mi mente un ‘quizás’?
Comentario:
El viento resorte del abismo. Dos fuerzas aparentando inapariencia, dos mentirosos salvándose del destino: un danzón profundo.





